Cómo la tecnología perturba la verdad

 

Un artículo impresionante, de la directora de The Guardian, Katharine
Viner,

traducido
por Reyes Valenciano Valeros, una alumna de este curso, que demuestra sus ganas de salir del patio de vecinos de la Prensa patria. Un regalo que nos hace tod*s. Mil gracias por su generosidad.

 

Un lunes por la mañana del pasado septiembre, Gran Bretaña se despertó
con una noticia depravada en los periódicos. El primer ministro,
David Cameron, había cometido un “acto obsceno con la cabeza de un
cerdo muerto”, según el Daily Mail.” Un distinguido coetáneo de
Oxford afirmaba que Cameron participó una vez en una ceremonia de
iniciación indignante en un evento del Piers Gaveston en la que
estaba involucrado un cerdo muerto” declaraba el periódico. Piers
Gaveston
 es el nombre de un club social libertino gastronómico de la
universidad de Oxford; los autores del relato afirmaban que su fuente
era un miembro del Parlamento que dijo tener pruebas fotográficas:“
Su extraordinaria insinuación era que el futuro Primer Ministro
insertó una parte íntima de su anatomía en el animal.”
La historia, extraída de la nueva biografía de Cameron, provocó un
furor inmediato. Era repugnante, una gran oportunidad para humillar a
un primer ministro elitista, y a muchos les sonó a verídico por ser
miembro del infame Club Bullingdon. En cuestión de minutos #Piggate
y #Hameron eran trending topic en Twitter, e incluso los políticos
de mayor relevancia lo encontraron divertido: Nicola Sturgeon dijo
que las acusaciones habían “entretenido
a todo el país
”, mientras que Paddy Ashsown bromeaba sobre que Cameron “acaparaba (juego de palabras en que hog es cerdo y hogging es acaparar) los
titulares”. Al principio, la BBC se negó a mencionar las
acusaciones, y el número 10 de Downing Street dijo que la noticia no
merecía respuesta- aunque poco tiempo después se vio obligado a
desmentirlo emitiendo una nota oficial. Y así fue como un hombre
poderoso era avergonzado sexualmente de una forma que no tenía nada
que ver con lo polémico de su política, y de una forma en la que no
podía ni responder. Pero, ¿a quién le importa? Que se aguante.
Entonces,
después de un día entero de muchas risas online, pasó algo
sorprendente. Isabel Oakeshott, la periodista del Daily Mail que
había co-escrito
la biografía

con lord Ashcroft, un billonario hombre de negocios, fue a la
televisión y admitió que ella no sabía si su gran escandalosa
exclusiva era si quiera cierta. Cuando fue presionada para que
aportara alguna prueba sobre su increíble declaración, Oakeshott
admitió que no tenía ninguna.

“No pudimos llegar al
fondo sobre la fuente de donde provenían esas acusaciones” dijo
en las noticias del Canal 4.” así que simplemente informamos sobre
lo que la fuente nos dijo…no llegamos a decir si nosotros creíamos
que era verdad” En otras palabras, no había ninguna prueba de que
el primer ministro del Reino Unido hubiera alguna vez ”metido
alguna parte privada de su anatomía” en la boca de un cerdo
muerto- la noticia fue citada en docenas de periódicos y compartida
en millones de Tweets y de actualizaciones de Facebook, con lo cual
mucha gente presumiblemente todavía a día de hoy cree que es
cierta.

Oakeshott,
fue todavía más allá de absolverse de toda responsabilidad
periodística “le corresponde a la gente decidir si le dan
credibilidad o no” concluyó. Esta no ha sido, por supuesto, la
primera vez que una declaración estrafalaria ha sido publicada con
evidencias de base poco sólidas, pero esta sí que fue una inusual
respuesta desvergonzada. Parecía que los periodistas ya no
necesitaban creer en que sus noticas eran verdad, no, aparentemente,
no necesitaban ni aportar pruebas. De hecho le correspondía al
lector- el cual no conoce la identidad de la fuente- averiguarlo.
Pero, ¿basado en qué? ¿Una corazonada, una intuición, el estado
de ánimo?
¿Es
que ya no importa la verdad?
Nueve
meses después de que Gran Betraña despertara con la risa nerviosa
por las hipotéticas intimidades porcinas de Cameron, el país
amaneció la mañana del 24 de Junio con la escena real del primer
ministro de pie en el exterior de Downing Street a las 8 de la mañana
anunciando
su dimisión
.

Los británicos han votado para abandonar la Unión Europea y eso
debe ser respetado” declaró Cameron” No ha sido una decisión
tomada a la ligera, principalmente porque se han dicho muchas cosas
desde diferentes organizaciones sobre lo que implicaba esta decisión.
Así que no podemos dudar sobre el resultado”.
Pero
lo que pronto empezó a ser claro es que casi todo estaba en duda. Al
final de la campaña que dominó las noticias durante meses, resultó
de pronto obvio que el lado ganador no tenía ningún plan sobre cómo
o cuándo abandonaría UK la UE- mientras que los engañosos
argumentos que llevaron a la campaña a la victoria se vinieron
abajo repentinamente. A las 6.31 de viernes 24 de junio, justo una
hora después de que se conocieran los resultados del referéndum de
la UE. El líder de Ukip Nigel Farage admitió
que la Gran Bretaña post-Brexit no dispondría de los 350 millones
de libras a la semana de reserva para pagar el NHS(Servicio Nacional
de Salud)- Una de la claves de los Brexiteers (pro-brexit) con las
que habían ornamentado la campaña de autobús del ” vote leave”.
Unas pocas horas más tarde, Daniel Hanna del grupo Tory reveló que
la
inmigración probablemente no se reduciría

– otra afirmación clave.
No
era la primera vez que los políticos no cumplían lo que
prometieron, pero puede que haya sido la primera vez que han admitido
la mañana después de una victoria que sus promesas eran todas
falsas. Fueron las primeras votaciones grandes en la era de la
política de la post-verdad: la
apática campaña de los partidarios

de quedarse trató de lidiar la fantasía con hechos, pero
rápidamente fueron conscientes de los hechos estaban devaluados.
En
el bando que defendía la permanencia estuvieron preocupándose por
los datos y los expertos preocupados fueron desestimados como “el
proyecto miedo”- y rápidamente neutralizados con hechos
contrarios: si 99 expertos dijeron que la economía de caería y uno
no estaba de acuerdo, la BBC nos decía que cada bando tenía un
punto de vista diferente de la situación (era un error desastroso
que terminaba oscureciendo la verdad, y que parece un eco de cómo
informan algunos sobre el cambio climático). Michael Gove declaró
que “la
gente en este país está harta de expertos

en Sky News. También comparó
a los 10 ganadores del nobel de economía que firmaron una carta en
contra del Brexit con los científicos nazis fieles a Hitler.
Durante
cuatro meses, los medios euroescépticos presionaron para proclamar
cualquier declaración ambigua menospreciando todas las alarmas de
los expertos, llenando las portadas con demasiados titulares de corte
“anti-inmigrantes” como para contarlos- muchos de ellos
corregidos mas tarde de forma silenciosa con letra muy pequeña. Una
semana antes del referéndum- en el mismo día que Nigel Farage
enseñara su incendiario póster ”Breaking point” (punto de no
retorno)y la parlamentaria laborista Jo Cox, que hizo una campaña
incansable por los refugiados, fuera asesinada por un disparo- la
portada del Daily Mail destacaba una fotografía de unos inmigrantes
en la parte de atrás de un camión entrando en UK, con el titular
“Somos europeos- déjenos entrar!”. Al día siguiente, The Mail y
The Sun, que también cubrieron la noticia, tuvieron que admitir que
los polizones eran en realidad de Irak y Kuwait.
La
descarada indiferencia frente a los hechos no cesaron ni después del
referéndum: Hace poco, la por poco tiempo candidata a líder del
partido conservador Andrea Leadsom, que tuvo un papel estelar en la
campaña pro-leave, hizo una demostración del poder de la evidencia
menguante. Después de decir al Times que al ser madre podía ser
mejor primer ministra que su rival Theresa May, se quejó de
periodismo
amarillista

y acusó al periódico por tergiversar sus declaraciones-después de
que hubiera dicho exactamente eso, clara y categóricamente y además
grabado en una cinta. Leadsom es una política de la postverdad
incluso sobre sus propias verdades.
Cuando
un hecho empieza a parecer por lo que sea que es verdad, resulta muy
difícil para cualquiera distinguir la diferencia entre las
informaciones que son verdad y las que no lo son. La campaña a favor
del abandono fue muy consciente de esto- y se aprovechó de la
certeza de saber que la Autoridad para la ética en la
publicidad (ASA)
no tenía competencias sobre las declaraciones de carácter político
.
Pocos días después del referéndum, ArronBanks, el mayor donante y
principal fundador de la campaña del abandono al UE, dijo
a The Guardian

que su bando sabía que con las hechos no triunfarían.” Se adoptó
una aproximación al estilo mediático americano” dijo Banks.”Lo
que ellos dijeron al principio fue que “los hechos no funcionan”,
y es así. La campaña a favor de quedarse mostró hechos, hechos,
hechos, hechos, hechos. Eso no funciona. Tienes que conectar con la
gente emocionalmente. Ese es el éxito de Trump”
Fue
una pequeña sorpresa que mucha gente se sorprendiera después del
resultado al descubrir que el Brexit puede tener serias consecuencias
y muy poco de las ventajas prometidas. Cuando “la información no
funciona” y los votantes no confían en los medios, todo el mundo
cree en su propia “verdad”- y los resultados, como acabamos de
ver, pueden ser devastadores.
¿Cómo
hicimos que terminara? y ¿cómo lo arreglamos?
Veinticinco
años después de que el primer sitio web funcionara en línea, está
claro que estamos viviendo en un periodo de una transición
vertiginosa. Durante los 500 años posteriores a Gutenberg, en los
que la página impresa fue la forma dominante de la información; el
conocimiento se distribuía mediante un formato fijo, uno que
alentara a los lectores a creer en verdades estables y establecidas.
Ahora,
estamos atrapados en una serie de confusas batallas entre fuerzas que
se oponen: entre la verdad y la falsedad, el hecho y el rumor, la
bondad y la crueldad, entre los pocos y los muchos, los conectados y
los alienados, entre la plataforma
abierta de la web como sus arquitectos concibieron

y los recintos cerrados de Facebook o de otra red social; entre un
público informado y una multitud equivocada.
Lo que
es común en esas luchas- y lo que hace que su resolución sea un
tema urgente-es que están envueltas en un decreciente estatus de la
verdad. Lo cual no significa que no haya verdades. Simplemente
significa, que, cómo nos ha dejado muy claro este año, que no
podemos estar de acuerdo en cuáles son esas verdades, y cuando no
hay consenso sobre la verdad y no hay forma de alcanzarlo, el caos no
tarda en llegar.
Cada
vez más, lo que cuenta como un hecho es básicamente una opinión de
alguien que tiene la sensación de que es verdad- Y la tecnología ha
hecho muy fácil para esos “hechos” puedan circular con una
velocidad y un alcance inimaginables en la época de Gutenberg( o
incluso hace una década). Una noticia dudosa sobre Cameron y cerdo
aparece en un tabloide una mañana, y al mediodía, ya ha fluido por
todo el mundo a través de los medios sociales y llega a aparecer en
fuentes fiables de noticias en todas partes. Puede parecer una
nimiedad, pero sus consecuencias son enormes.
“La
verdad, como Peter Chippindale y Chris Horrie escribieron en Stick It
Up Your Punter!, su historia sobre el periódico The Sun, es una
“simple afirmación que cada periódico publica por su cuenta y
riesgo”. Existen normalmente diversos conflictos con la verdad
sobre cualquier tema, pero en la época de la prensa impresa, las
palabras quedaban clavadas en la página, fueran ciertas o no. La
información daba la sensación de verdad, al menos hasta el día
siguiente que se nos trajera otra actualización o corrección, y
todos compartíamos una serie de hechos en común.
Esta
“verdad” establecida era normalmente heredada de arriba: una
verdad establecida, a menudo fijada desde una institución. Este
acuerdo no estaba exento de defectos: una parte demasiado grande de
la prensa exhibía sesgos conservadores y una deferencia hacia la
autoridad, y era extraordinariamente difícil para la gente común
desafiar al poder de la prensa. Ahora, la gente desconfía mucho
sobre lo que se le presenta como un hecho- particularmente cuando la
información en concreto es incómoda, o está en una sintonía
distinta a la de sus propias opiniones- y aunque algunas de sus
desconfianzas son erróneas, otras no lo son.
En la
edad digital, es más fácil que nunca publicar información falsa
que es rápidamente compartida y tomada por verdadera- como vemos
frecuentemente en situaciones de emergencia, cuando las noticias se
dan en tiempo real. Seleccionando un ejemplo entre muchos, durante
los atentados terroristas de Paris en noviembre del 2015, se
extendieron rápidamente los rumores en las redes sociales de que el
Louvre y el Pompidou habían sido atacados, y que a François
Hollande le había dado un ataque. Se necesitan medios fiables que
desacrediten los cuentos chinos.
A
veces los rumores como esos se desatan por pánico, a veces por
malicia y a veces por una manipulación deliberada, en los que una
autoridad o régimen paga a personas para transmitir su mensaje. Sea
cual sea el motivo, las falsedades y los hechos ahora se difunden de
la misma forma, a través de lo que los académicos llaman una”
información en cascada”. Como describe la investigadora en derecho
y experta en acoso por internet Danielle
Citron
,”
la gente reenvía lo que otros piensan, incluso si la información es
falsa, engañosa o incompleta, porque ellos piensan que han aprendido
algo valioso”. Este ciclo se repite a sí mismo, y antes de darte
cuenta la cascada ya es imparable. Compartes algo que ha publicado un
amigo en Facebook, a lo mejor para mostrar afinidad o acuerdo, o que
“estas enterado”, y así aumentas la visibilidad de lo que han
publicado otros.
Los
algoritmos como los que nutren el flujo de noticias de Facebook,
están diseñados para darnos más de lo que ellos piensan que
queremos- lo que significa que la versión del mundo que encontramos
en nuestro flujo personal ha sido invisiblemente confeccionado para
fortalecer nuestras creencias pre-existentes. Cuando Eli Pariser, el
co-fundador de Upworthy, acuñó el término “burbuja de filtros”
in 2011, estaba hablando sobre cómo las páginas Web personalizadas-
y en particular la personalización de la búsqueda en google, que
implica que la búsqueda de dos personas en Google de una misma cosa
nunca tiene el mismo resultado-significa que es menos probable vernos
expuestos a información que suponga un reto o amplíe nuestra visión
del mundo y que es menos probable encontrar hechos que refuten la
falsa información que otros han compartido.
La
petición de Pariser, en ese momento, fue que todas aquellas
plataformas de medios sociales deberían garantizar que “sus
algoritmos dieran prioridad a las compensación de vistas y noticias
que son importantes, no solo a los chismes más populares o más
valorados por la gente” Pero en menos de cinco años, gracias al
increíble poder de unas pocas plataformas sociales, la burbuja de
filtros que Pariser descubrió se ha vuelto mucho más extrema.
En el
día después del refendum de UE, en una publicación de Facebook, el
activista en internet y fundador de mysociety británico , Tom
Steinberg, proporcionó una brillante ilustración del poder del
filtro burbuja – y de las distintas consecuencias cívicas para un
mundo donde la información fluye a lo largo de las redes sociales:
Estoy
buscando activamente en Facebook a gente que esté celebrando la
victoria del abandono del Brexit, pero el filtro burbuja es tan
fuerte, y se extiende tanto en cosas como las búsquedas
personalizadas de Facebook que no puedo encontrar a nadie que esté
feliz “a pesar del hecho de que la mitad del país está claramente
de celebración hoy” y a pesar del hecho de que estoy tratando
activamente de escuchar lo que están diciendo.
Este
problema de cámara de eco es TAN grave y TAN crónico que sólo me
queda rogar a algunos amigos que tengo que trabajando en Facebook o
en otras grandes redes sociales y tecnológicas que les digan a sus
jefes que no actuar ahora frente a este problema es lo mismo que
apoyar y financiar el destrozo de la estructura de nuestras
sociedades…estamos creando países donde la mitad no sabe nada de
nada sobre la otra mitad.”
Pero
pedir a las compañías tecnológicas que hagan algo con respecto al
filtro burbuja supone que es un problema que se puede arreglar
fácilmente- y no uno que parte del concepto mismo de las redes
sociales, que están diseñadas para darte lo que tú y tus amigos
queréis ver.
Facebook
, que fue lanzada tan solo en 2004, ahora tiene 1,6bn de usuarios a
lo largo del mundo. Se ha convertido en la
forma preferida

de buscar noticias en internet- y de hecho domina en ese terreno de
una forma que hubiera sido imposible de imaginar en la época de los
periódicos. Como escribió
Emily Bell: “Los medios sociales no solo han engullido el
periodismo, se lo han tragado todo. Se han tragado las campañas
políticas, el sistema bancario, las historias personales, la
industria del entretenimiento, las ventas, incluso el gobierno y la
seguridad”.
Bell ,
la directora de Tow Centre for Digital Journalism en la Universidad
de Columbia- y miembro de Scott Trust, que pertenece a The Guardian-
ha resaltado el impacto sísmico de los medios sociales para el
periodismo” Nuestro ecosistema de noticias ha cambiado más
drásticamente en los últimos cinco años” -escribió en marzo-
”que quizá en ningún otro momento de los últimos 500 años”.
El futuro de la edición esta puesto en “las manos de unos pocos,
que ahora controlan el destino de muchos”. Las nuevas publicaciones
han perdido el control sobre la distribución de su periodismo, que
para muchos lectores está ahora” filtrado a través de algoritmos
y plataformas de forma opaca e impredecible” Esto significa que las
compañías de las redes sociales se han vuelto poderosas de una
forma abrumadora determinando lo que leemos- y tremendamente
rentables monetizando el trabajo de otros. Como Bell anota” Hay de
lejos una concentración mayor de poder que en ningún otro momento
del pasado”.
Las
publicaciones supervisadas por los editores han sido en muchos casos
reemplazadas por información compartida seleccionada por amigos,
contactos y familia, procesada por algoritmos secretos. La vieja idea
de una web abierta -donde los hipervínculos de un sitio a otro
crearían una red no jerárquica y descentralizada de información-
Ha sido suplantada en gran parte por plataformas diseñadas para
aprovechar al máximo tu tiempo dentro de sus muros, algunos de ellos
(como Instagram y Snapchat ) no permiten ningún link externos.
Mucha
gente, de hecho, especialmente los adolescentes, ahora emplean más y
más tiempo en aplicaciones de chats cerrados, los cuales permiten a
los usuarios crear grupos para compartir mensajes de forma privada-
quizá porque son jóvenes y están más acostumbrados a enfrentarse
al acoso por internet, procuran tener más cuidado en espacios
sociales protegidos. Pero los espacios cerrados o las aplicaciones de
chat son un silo más restrictivo que el jardín vallado de Facebook
u de otras redes sociales.
Como
escribió
en The guardian

el bloguero pionero iraní Hossein Derakhsha, que fue recluido
durante seis años en Teheran por su actividad online a principios de
este año, la “diversidad de la web de banda ancha originalmente
imaginada” se ha encaminado a” la centralización de la
información” dentro de unas pocas selectas redes sociales- y el
resultado final está “Haciéndonos menos poderosos en relación al
gobierno y las instituciones”.
Por
supuesto, Facebook no decide lo que lees- al menos no en la forma
tradicional de tomar decisiones- y no nos dicta lo que las nuevas
empresas producen. Pero cuando una plataforma se convierte en la
fuente principal para acceder a la información, las nuevas
organizaciones ajustarán su trabajo a las demandas de este nuevo
medio.( La prueba más evidente de la influencia de Facebook en el
periodismo es el pánico que acompaña cualquier cambio sobre los
algoritmos que se alimentan de las noticias que amenace la reducción
de las páginas vistas enviadas a los publicistas).
En
los últimos pocos años, muchas empresas de noticias se han desviado
del periodismo de interés público y encaminándose a “noticias
basura”, en busca de visitas en la página con la banal esperanza
de atraer click y publicidad (o inversión)- pero al igual que con la
comida basura, te odias a ti mismo cuando te atiborras de ella. La
manifestación más extrema de este fenómeno ha sido la creación
del laboratorio de noticias falsas, que atraen el tráfico con falsos
reportajes que son diseñados para aparentar ser noticias de verdad,
y que por lo tanto son ampliamente compartidas en las redes sociales.
Pero se aplica el mismo principio a las noticias engañosas o
sensacionalistamente deshonestas, incluso si no fueron creadas para
engañar: la nueva medida del valor para muchas empresas de
comunicación es la viralidad antes que la verdad o la calidad.
Por
supuesto, los periodistas han hecho muchas cosas mal en el pasado-
tanto por error como por prejuicios como a veces
intencionadamente.(Freddie Starr Probablemente no se comió un
hámster). Así que sería un error pensar que este es un nuevo
fenómeno de la era digital. Pero lo que es nuevo y significativo es
que hoy, los rumores y mentiras se leen tan extensamente como los
hechos contrastados o con frecuencia más incluso, porque son más
salvajes que la realidad y más estimulantes para compartirlas. El
cinismo de este enfoque fue expresado manifiestamente por Neetzan
Zimmerman, anteriormente trabajador de Gawker como especialista de
noticias virales con un tráfico alto” Hoy en día no es importante
si la noticia es real” –dijo
en 2014

“ lo único que importa es si la gente lo cliquea “. Los hechos,
insinuó, están acabados; son una reliquia de la época de la presa
escrita, cuando los lectores no tenían elección. Continuó “Si
una persona no comparte una nueva noticia, es, en el fondo, una no
noticia”.
El
aumento del predominio de este punto de vista sugiere que estamos en
medio de un cambio fundamental en los valores del periodismo-el turno
del nuevo consumismo. En lugar de fortalecer lazos sociales, o crear
una sociedad informada, o la idea de que las noticias sean un bien
cívico, una necesidad democrática, lo que crea son grupos, que
difunden mentiras que encajan con sus opiniones, reforzando sus
propias creencias, haciendo que la gente se mantenga aún más en
esas opiniones compartidas, en lugar de en hechos contrastados.
Pero
el problema es que el modelo de negocio de la mayoría de las
empresas de comunicación está basado en los clicks. Los medios de
todo el mundo han llegado al punto álgido de la fiebre de frenéticos
anuncios al por mayor, con la idea de rascar los peniques y céntimos
de la publicidad digital.( Y no hay más publicidad para dar: en el
primer cuarto de 2016,
85 céntimos de cada dólar gastado en publicidad online de Estados
Unidos

fueron para Google y Facebook. Que solían ser para los medios de
comunicación).
En
las noticias que llegan a tu móvil, todas las noticias parecen
igual- tanto si provienen de una fuente fiable como si no. Y, cada
vez más, las fuentes que por lo demás eran fiables también
publican noticias falsas, confusas o deliberadamente indignantes. “El
cebo de los clicks es el rey, así que las redacciones publicaran sin
ningún criterio algunos de los peores chismees, lo que le otorga
legitimidad a la inmundicia” dijo Brooke Binkowski, un editor de la
desacreditada web Snopes, en
una entrevista con the Guardian

en abril. “No todas las redacciones son así, pero muchas si lo
son”.
Deberíamos
tener cuidado para no descartar los titulares digitales atractivos
como si fueran un cebo de clicks- Los titulares digitales son algo
bueno si conducen al lector a un periodismo de calidad, sean serios o
no. Creo que lo que distingue un buen periodismo de un periodismo
pobre es el trabajo: el periodismo que la gente valora más es aquel
del que se puede decir lleva mucho trabajo detrás- donde se puede
sentir el esfuerzo personal, por encima de si es un trabajo grande o
pequeño, importante o entretenido. Es la otra cara de lo que se
conoce como “churnalism”, el infinito reciclaje de las noticias
elaboradas por otras personas para obtener clicks.
El
modelo publicitario digital no suele distinguir entre lo que es
verdad o no, solo si es grande o pequeño. Como escribió
el reportero político Dave Weigel

a propósito de una noticia falsa que se convirtió en un éxito
viral en todas partes en 2013” Demasiado bueno solía ser lo que
disparaba las alarmas de los editores de los periódicos para no caer
en historias falsas. Ahora es un modelo de negocio”.

 

Una
industria de comunicación buscando desesperadamente clicks baratos
no suena a una industria que esté en una posición fuerte, y de
hecho, las editoriales como negocio tienen problemas. El cambio a la
edición digital ha sido un progreso apasionante para el periodismo-
como dije yo misma en mi conferencia de AN Smith en la Universidad de
Melbourne, “The
Rise of the Reader
”,
ha provocado” Un rediseño fundamental en la relación de los
periodistas con nuestra audiencia, en cómo pensamos sobre nuestros
lectores, en nuestra percepción de nuestro papel en la sociedad, en
nuestro estatus”. Lo cual significa que hemos encontrado nuevas
formas de elaborar nuestras noticias-de nuestra audiencia, de los
datos, de los medios sociales. Se nos han dado nuevas formas de
contar noticias- con las tecnologías interactivas y ahora con la
realidad virtual. Se nos han dado nuevas formas de distribuir nuestro
periodismo, encontrando nuevos lectores en sitios sorprendentes; y se
nos han dado nuevas formas de involucrar a nuestras audiencias,
abriéndonos al desafío y al debate.
Pero
mientras las posibilidades del periodismo se han fortalecido con los
desarrollos digitales de los últimos años, el modelo de negocio
está bajo una gran amenaza. Si cobras a los lectores para acceder a
tu periodismo tienes un gran reto para persuadir al consumidor
digital que está acostumbrado a obtener información gratis a que lo
haga con su dinero.
Los
medios de todas partes buscan beneficios y los ingresos caen
dramáticamente. Si quieres una imagen cruda de la realidad de los
medios digitales, compara los resultados del primer cuarto financiero
que publicaron del New York Times y Facebook con solo una semana de
diferencia. El New York Times publicó que sus beneficios habían
caído un 13% a 51.5m- siendo más próspero que la mayoría del
resto de la industria informativa, pero un descenso importante.
Facebook, mientras tanto, reveló que sus beneficios en la red se
habían triplicado en el mismo periodo-a la muy asombrosa cifra de
$1.51bn
Muchos
periodistas han perdido sus trabajos en la última década. El número
de periodistas de Gran Bretaña se redujo a un tercio entre 2001 y
2010; las editoriales de Estados Unidos disminuyeron en una cantidad
parecida entre 2006 y 2013. En Australia, hubo una reducción del 20%
de periodistas solo entre 2012 y 2014. A principios de ese año, en
The Guardian publicamos que necesitábamos perder 100 puestos de
trabajo de periodistas. En marzo, the
Independent dejo de existir como periódico de papel
.
Desde 2005, conforme al informe de Press Gazette, el número de
periódicos locales en Gran Bretaña ha caído
a 181

de nuevo, no porque sea un problema de periodismo, sino por el
problema para financiarlo.
Pero
que los periodistas pierdan sus trabajos no es solo un problema para
los periodistas: tiene un impacto perjudicial para toda la cultura.
Como advirtió el filosofo alemán Jüger Habermas, el
pasado 2007

”cuando la reorganización y los recortes de fondo ponen en peligro
los estándares del periodismo, se golpea de lleno el corazón de la
esfera pública política. Porque, sin un flujo de información
alcanzada a través de una gran investigación, y sin la estimulación
de los argumentos basados en la experiencia y no baratos, la
comunicación pública pierde su vitalidad discursiva. El público de
los medios dejaría de oponer resistencia a las tendencias populares,
y podrían no cumplir más la función que debieran en el contexto de
un estado democrático constitucional”.
Quizás,
entonces, el foco de las empresas de comunicación necesita cambiar a
una innovación comercial: Cómo rescatar la financiación del
periodismo, que está bajo amenaza. El periodismo se ha innovado
drásticamente en las últimas dos décadas digitales, pero los
modelos de negocio no. En las palabras de mi compañera, Mary
Hamilton, directora ejecutiva de edición para la audiencia del the
Guardian: “Hemos transformado todo lo concerniente al periodismo y
no lo suficiente sobre nuestro negocio”.
El
impacto de la crisis en el modelo de negocio en el periodismo es que,
en la persecución de clicks baratos a expensas de la precisión y la
veracidad, las empresas de comunicación socavan la verdadera razón
de su existencia: descubrir cosas y decir a los lectores la
verdad-informar, informar, informar.
Muchas
redacciones están en peligro de perder lo que más importa en el
periodismo: el duro, valioso, cívico oficio de patearse las calles,
escudriñar bases de datos, hacer preguntas incómodas para descubrir
cosas que alguien no quiere que sepas. El periodismo serio, de
interés público, es exigente. Y lo necesitamos más que nunca.
Ayuda a mantener honestidad en el poder, ayuda a la gente a entender
el mundo y su lugar en él. Los hechos y la información fiable son
esenciales para el funcionamiento de la democracia, y la era digital
ha hecho que eso sea aún más obvio.
Pero
no deberíamos permitir que el caos del presente arroje al pasado
luces de color rosa- Como se puede ver desde la reciente resolución
de la tragedia que se convirtió en uno de los momentos más oscuros
de la historia del periodismo británico. A finales de abril, una
investigación que duró dos años resolvió que las 96 personas que
murieron en el desastre de Hillsborough en 1989 habían sido
asesinadas y que no tuvieron responsabilidad en la peligrosa
situación que se produjo en el campo de futbol. El veredicto era la
culminación de una infatigable campaña de 27 años de las familias
de las víctimas, cuyo caso fue cubierto durante dos décadas con
gran detalle y sensibilidad por el periodista
de the Guardian David Conn
.
Su trabajo periodístico ayudó a destapar la verdad sobre lo que
ocurrió en Hillborough y el posterior encubrimiento de la policía-
un ejemplo clásico de lo que es un reportero que obliga a los
poderosos a rendir cuentas en nombre de los menos poderosos.
Contra
lo que habían estado luchando las familias durante cerca de tres
décadas era con una mentira que puso en circulación el diario The
Sun. El editor agresivo del conservador tabloide, Kelvin MacKenzie,
culpó a los forofos del desastre, sugiriendo que habían entrado por
la fuerza al campo sin entradas-una declaración que se demostró más
tarde que era falsa. Según la historia de Horrie y Chippindale
sobre el The Sun, MacKenzie desautorizó a su propio corresponsal y
puso las palabras”LA VERDAD” en la portada, alegando que los
segidores del Liverpool estaban borrachos, que habían robado
carteras a las víctimas, que habían pegado puñetazos, patadas a
los policias y que habían orinado sobre ellos, que habían gritado
que querían tener sexo con una de las mujeres fallecidas. Los
forofos, dijo un”alto cargo de la policía” estaban ”actuando
como animales”. La noticia, como escribieron Chippindale y Horrie,
es una “calumnia clásica” sin ninguna prueba que se pueda
aportar y que “precisamente encajaba con la formula de MacKenzie de
divulgar un prejuicio ignorante poco elaborado y vocearlo por todo el
país”
Es
difícil imaginar que Hillborough pudiera ocurrir ahora: si 96
personas fueran aplastadas hasta la muerte delante de 53.000
smartphones, con fotografías y los testimonios de testigos oculares
todos publicados en los medios sociales, ¿se hubiera tardado tanto
en descubrirse la verdad? Hoy, la policía- o Kelvin MacKenzie- no
hubieran sido capaces de mentir tan descaradamente y durante tanto
tiempo.
La
verdad es una lucha. Requiere un trabajo duro. Pero el esfuerzo
merece la pera: los valores tradicionales periodísticos son
importantes y merece la pena defenderlos. La revolución digital ha
supuesto que los periodistas- correctamente, desde mi punto de
vista-sean más responsables de su audiencia. Y como nos muestra la
historia de Hillsbotough, los medios de comunicación antiguos eran
definitivamente capaces de perpetrar horribles falsedades, que podían
tardar años en aclararse. Algunas de las antiguas jerarquías han
sido definitivamente enterradas, lo que ha permitido un debate más
abierto e importante que desafía a las viejas élites cuyos
intereses solían dominar los medios. Aunque la era de la
información incesante e instantánea- y de las verdades inciertas-
puede ser abrumadora. Salimos corriendo de un escándalo a otro
escándalo, pero las olvidamos muy rápidamente: vivimos un
apocalipsis cada mediodía.
Al
mismo tiempo, el nivel del panorama informativo ha desatado nuevos
torrentes de racismo y de sexismo y nuevas formas de deshonrar o de
acosar, sugiriendo un mundo en el que los argumentos más chillones y
más crueles prevalecerán. Es una atmósfera que ha demostrado ser
particularmente hostil con las mujeres y con la gente de color,
revelando que las injusticias del mundo físico se reproducen con
demasiada facilidad en los espacios online. The Guardian no es
inmune-razón por la que una de mis primeras iniciativas con jefa
editora fue lanzar la Web We
Want project
,
con la idea de combatir los abusos de la cultura general online y
preguntarnos como institución cómo podíamos fomentar
conversaciones mejores y más cívicas en la web.
Ante
todo, los retos del periodismo de hoy no son simplemente la
innovación digital o la creación de nuevos modelos de negocio. Es
establecer qué papel juegan todavía las empresas periodísticas en
el discurso público que se ha vuelto increíblemente fragmentado y
se ha desestabilizado dramáticamente. Los asombrosos acontecimientos
políticos del año pasado – Incluído el voto
del Brexit

y la emergencia
de Donald Trump

como candidato republicano para la presidencia en Estados Unidos- no
son solo las consecuencias del resurgimiento del populismo o de la
revuelta de la izquierda tras el capitalismo global.
Como
el académico Zeynep Tufekci argumenta en un ensayo
a principios de este año, el ascenso de Trump “es de hecho un
síntoma de la debilidad de los medios de comunicación en
desarrollo, especialmente en cuanto al control de lo es aceptable
decir”(podría decirse algo parecido de la campaña del
Bexit)”Durante décadas, los periodistas de las grandes medios de
comunicación actuaban como guardianes que juzgaban qué ideas podían
discutirse públicamente, y cuáles eran consideradas demasiado
radicales”, escribió Tufecki. El debilitamiento de esos guardianes
es positivo y negativo a la vez; hay oportunidades y hay peligros.
Como
podemos ver del pasado, los antiguos guardianes eran capaces de
causar enormes daños, y solían ser arrogantes rechazando dar
espacio a temas que ellos juzgaban que estaban fuera del consenso
político establecido. Aunque sin alguna forma de consenso sería
difícil que enraizara alguna verdad. La baja de los guardianes ha
dado a Trump el espacio para sacar a relucir temas que antes eran
tabú, como el coste del tratado de libre comercio que beneficia a
las empresas más que a los trabajadores, un asunto que las élites
americanas y muchos de los medios de comunicación habían ignorado
mucho tiempo- con lo que ,de una forma obvia, permitieron que sus
intolerables mentiras florecieran.
Cuando
el sentimiento dominante es contra las élites y contra las
autoridades, la confianza en las grandes instituciones, incluyendo a
los medios de comunicación, se desmorona.
Creo
que merece la pena luchar por una cultura periodística fuerte.
También por un modelo de negocio que sirva y recompense a los medios
de comunicación que pongan la búsqueda de la verdad en el centro de
todo –construyendo un público informado, activo, que escudriñe al
poder, no a una pandilla reaccionaria mal informada que ataque a los
vulnerables. Los valores tradicionales del periodismo deben ser
abrazados y celebrados: investigar, verificar, recolectar todas las
declaraciones de los testigos, intentar de forma seria descubrir lo
que de verdad ha pasado.
Tenemos
el privilegio vivir en una época en la que podemos usar muchas
nuevas tecnologías- y la ayuda de nuestra audiencia- para hacerlo.
Pero debemos también luchar con los problemas que apuntalan la
cultura digital, y darnos cuenta de que el cambio del medio de papel
al digital nunca fue sólo una cuestión tecnológica. Debemos
también abordar las nuevas dinámicas de poder que estos cambios
han creado. La tecnología y los medios no existen de manera aislada-
ayudan a dar forma a la sociedad, de la misma forma que ésta les da
forma a ellos. Lo que implica involucrase con la gente como actores
cívicos, ciudadanos, iguales. Es mantenerte fuerte para rendir
cuentas al poder, luchando por un espacio público, y asumir la
responsabilidad de crear el tipo de mundo en el que queremos vivir.

Postureos e imposturas de la Prensa

Víctor Sampedro.
Catedrático de Opinión Pública.

El periodismo español se ha demostrado incapaz de exigir la rendición de cuentas del Presidente Rajoy y de su Gobierno. Es su derrota más manifiesta. Escándalos de igual o menor entidad desalojaron del poder al PSOE en los años 90. Ahora el PP afronta nuevas elecciones con un suelo electoral que representa un techo inalcanzable para el resto de partidos. El control que otorgaba la mayoría absoluta parlamentaria, el sesgo conservador de la judicatura y del propio sistema mediático brindan un contexto favorable a los cargos del PP y a unas tramas delictivas que superan con creces a las Filesas del PSOE. Tampoco ayuda que los votantes avergonzados, que acabaron desertando del felipismo, no abunden entre el electorado conservador, inmune a cualquier otro factor que no sean las necrológicas.

Pero las causas de la impotencia e inanidad de la Prensa para sanear la esfera pública residen en ella misma. Son responsabilidad de quienes trabajan y poseen los medios de referencia. Su función pareciera ser facilitar el postureo de las fuerzas afines y, además, hacerlo desde la impostura. En buena lógica, los medios españoles figuran entre los menos creíbles de nuestro entorno y sus audiencias continúan en caída libre. Incluso tras la última campaña electoral, la más disputada, y las negociaciones para la formación de gobierno. Queda claro que, a la crisis del sistema político del 78, le sobreviene ahora la del sistema comunicativo que lo sustentaba. Los supuestos medios de referencia no dan cuenta de lo que pasa y cada vez importa menos lo que cuentan. Algunos acontecimientos recientes lo refrendan.

Casi todos los periodistas tacharon de postureo los mensajes y gestos de las fuerzas políticas a la búsqueda de gobierno. Extendieron el término, brindándoselo a los protagonistas y alimentando el escepticismo del público. Airearon mensajes contradictorios, sin contrastar o en contra de toda evidencia. Publicitaron comparecencias engañosas. Lanzaron globos sonda que se desinflaron como burbujas sin fundamento. Permitieron, en fin, toda suerte de postureos, propios del cinismo de quien solo cultiva las apariencias. Y, preocupado solo por ellas, convierte la política en mera retórica y gestos grandilocuentes. Con la seguridad de que nadie le recordará que una noticia no es un eslogan. Ni una entrevista, un pacto preestablecido con la fuente. Porque, precisamente, el periodismo está para distinguir la persuasión de la información, la parodia de la representación veraz.

La bipolarización del sistema mediático llegó a su clímax en las penúltimas legislaturas del bipartidismo. La teoría de la conspiración del 11M fue su más obscena expresión, destruyendo los protocolos profesionales mínimos. Y la prensa de referencia fue incapaz de establecer lazos con los protagonistas del nuevo consenso, que expresaba el 15M. Estas tres situaciones conducen al estado de inanidad actual: una Prensa sin modelo profesional ni de negocio.

Ya casi nadie compra el “y tú más” de los escándalos selectivos, dirigidos solo al adversario político. Agoniza el periodismo que señala la paja en el ojo ajeno y no reconoce las vigas podridas que le sustentan. Si en añadidura, se niega la transversalidad (¡sí el término fetiche de las negociaciones!) del 15M, el divorcio con la audiencia señala el fin de una relación, irrecuperable en los mismos términos. Permítanme otra autocita. Hace dos años, con la ayuda de Josep Lobera, recopilamos en un artículo académico las encuestas de Demoscopia que El Paístroceó y editorializó, señalando que el 15M se desinflaba y radicalizaba. Los datos, en cambio, demostraban que el apoyo a las demandas de los indignados eran sostenidas por una amplia mayoría social (entre 7 y 8 de cada 10 votantes). Además, ese apoyo permanecía estable en el tiempo y distribuido de forma bastante homogénea en todos los estratos sociales de edad, clase, educación, género, hábitat… e, incluso, voto (¼ parte de votantes del PP apoyaron Rodea el Congreso).
Negar la evidencia empírica es un requisito previo al postureo. Lo desvelado y ratificado en los tribunales debiera haber iniciado purgas y renovaciones, deseadas por cualquier demócrata. Antes que nadie, por los cargos y militantes honestos del PP y PSOE. El duopolio partidario se ha quebrado, pero sobrevive como zombi en el plano comunicativo. Casi exangüe pretende contagiar a las fuerzas políticas emergentes, porque solo sobrevivirá alimentándose de la desazón de sus partidarios… Y de la falta de profesionalidad de los periodistas.

Quienes plantaron a Pablo Iglesias en la presentación de un libro hace unos días, no reconocen que el postureo electoral solo es posible con su apoyo y connivencia. Nadie representa una farsa si el director de escena —que debiera ser el periodista— lo impide; reclamando respeto a la audiencia y al código profesional. El gesto de los periodistas frente a Pablo Iglesias fue puro postureo. Solo desde la estulticia o la mala fe puede reivindicarse como ejercicio o reclamo de la libertad de expresión. Ésta se defiende ejerciéndola, rebatiendo argumentos falsos con datos y evidencias. Justo lo contrario de lo que hicieron quienes abandonaron la sala falsamente indignados. No dieron (y negaron) réplica a quien les interpelaba y señaló su subordinación a unas líneas editorial-partidarias. Es más, las aplicaron a rajatabla. Retiraron los micrófonos y se reservaron la respuesta para las columnas y los editoriales, plagados de acusaciones a Podemos. Acusaciones desmentidas por los tribunales, pero voceadas por cargos públicos y copiadas de falsos dossieres ¿Alguien ha revisitado el 11M, para no novelarlo más?

Casi ocho de cada diez informadores admiten ceder a las presiones de las fuentes.Varios, por ejemplo en El País, dimitieron de sus puestos de trabajo: les imponían titulares contrarios a sus informaciones. Ese sí es un gesto honesto y coherente. Lo contrario al postureo. Todo gran periodista tiene una biografía plagada de enfrentamientos con sus superiores y los dueños de los medios en los que trabajaron. De hecho, su carrera laboral está jalonada de tensiones corporativas y cambios de trabajo, a la búsqueda de contextos de mayor autonomía. En las antípodas, el postureo periodístico es impostura cuando, en lugar de profesional incómodo, se actúa como propagandista de su jefe y sus intereses.

Los dineros negros de Juan Luis Cebrián (y allegados) en Panamá suscitaron un debate muy interesante. Todos se han retratado, por acción u omisión. Sus palabras y silencios revelan que, entre los empresarios más blindados en la cobertura estándar de los escándalos, figuran algunos dueños de la Prensa. Entre sus servidores más fieles, están los trabajadores precarizados y las estrellas con deontología inexistente, pero abundante minuta.

Por otra parte, están los medios demandados por Cebrián, acompañados de otros muchos, aunque poco conocidos. Nos les infravaloren. Han demostrado vitalidad, con nuevos modelos de negocio y de producción de noticias. Apoyándose en comunidades que les sostienen y colaborando, entre sí y con los públicos más activos. Son el germen de un cuarto poder en red, que viene a sustituir al régimen mediático del 78. Su crisis ha estallado en vísperas del quinto aniversario del 15M y de unas nuevas elecciones. Apoyemos a los profesionales y medios que no incurren en postureos e imposturas, con más suscripciones y filtraciones.

Destapar el Mal

Relato de una hazaña heroica contada en clave realista, casi feista, sobre unos héroes singulares en su sencillez pero que destaparon uno de los grandes pozos de maldad de la historia reciente.

Con un cine casi gélido, que se centra más en dramatizar la infatigable labor de sabueso de muchos periodistas y la necesidad de mantenerse integro, ante una mierda que salpica demasiado pronto. Y al igual que «Todos los hombres del presidente», la cinta de Thomas McCarthy, Spotlight, se aleja de juzgar los hechos, para mostrar la descripción minuciosa, y casi monótona, de una hazaña verídica que nos pone de pie con un aplauso, pero con un nudo en la garganta.

Como colofón, no estaría de más que los responsables de todo aquello, sean juzgados y quienes aún defienden a esa oscura institución, reflexionen mucho sobre el tamaño de la inmoralidad de lo que apoyan. No olviden aquello de la banalidad del Mal.
D.

Apuntes para reinventar el periodismo (y III)

Omar Rincón
Investigador y profesor de Comunicación y Periodismo en la Universidad de los Andes
 

Llegamos al final de las
reflexiones de intelectuales latinoamericanos acerca del futuro de la
profesión periodística, recogidas por
Omar Rincón. Una serie de tres ondanadas, la primera, de la batalla por la revitalización de esta profesión; y la segunda,
de sus desafíos y mandamientos, culminan en esta tercera, con los
consejos de un periodista que perdió su trabajo por el miedo de los
medios a su independencia:

Es Martín Caparrós, que continúa escribiendo en su blog y en twitter, además de ser autor de muy buenos libros como sus últimos “Una luna”, “Los living” y “Contra el cambio”. En Atrapando el mundo con una camarita [periodismo de campaña: una alternativa para hacer reportajes y crónicas para televisión], Bogotá, Taller de periodismo FNPI, octubre 2002, ofrecía consejos a los periodistas audiovisuales:

·  Narrar en televisión tiene que ver con la educación del ojo y la reflexión sobre la mirada. Se debe buscar desgramatizalizar la mirada de la cámara y desarrollar un grado extremo de atención sobre la vida para poder contarla diferente.

·  El periodista no debe exhibirse ni buscar salir en cámara. La presencia del periodista está en el estilo, tono y mirada comunicada en la crónica.

· Cada historia le impone al periodista el modo como debe ser
contada. El periodista y su cámara deben trabajar para reinventar el
concepto de información al recuperar otras miradas, experimentar otras
estéticas, recuperar otros géneros de narración que no son considerados
como informativos.

·  La distancia hace que sea más fácil contar. El ideal es ser
competente para contar la cercanía, esa hecha de hogar y la calle donde
uno vive.

·  El sonido ambiente, los silencios, los tonos y lenguajes de la
gente y la música son marcas que enriquecen el relato televisivo.

(ii)

Martín Caparrós, en Contra los cronistas, Lima, Etiqueta Negra #63, 2008,

“Yo creo que vale la pena escribir crónicas para cambiar el foco y la manera de lo que se considera «información»
–y eso se me hace tan político. Frente a la ideología de los medios,
que suponen que hay que ocuparse siempre de lo que les pasa a los ricos
famosos poderosos y de los otros sólo cuando los pisa un tren o cuando
los ametralla un poli loco o cuando son cuatro millones, la crónica que a mí me interesa trata de pensar el mundo de otra forma
–y eso se me hace tan político. Frente a la ideología de los medios,
que tratan de imponer ese lenguaje neutro y sin sujeto que los disfraza
de purísimos portadores de «la realidad», relato irrefutable, la crónica que a mí me interesa dice yo no para hablar de mí sino para decir aquí hay un sujeto que mira y que cuenta,
créanle si quieren pero nunca se crean que eso que dice es «la
realidad»: es una de las muchas miradas posibles –y eso se me hace tan
político. Frente a la aceptación general de tantas verdades generales, la crónica que a mí me interesa es desconfiada, dudosa, un intento de poner en crisis las certezas –y eso se me hace tan político. Frente al anquilosamiento de un lenguaje, que hace que miles escriban igual que tantos miles, la crónica que a mí me interesa se equivoca buscando formas nuevas de decir, distintas de decir, críticas de decir –y eso se me hace tan político. Frente a la integración del periodismo, la crónica que a mí me interesa buscaba su lugar de diferencia, de resistencia –y eso se me hace tan político”.

(iii)

Martín Caparrós: “Los diarios desdeñan a sus lectores”, El Espectador, octubre 9, 2008
 
Las crónicas son para “generar tensión”, para “que produzca algún
efecto y no que lo evite” y es que en nuestros días “los cronistas están
agrandados. A mí me gustaba ser cronista cuando eso era molesto,
complicado, cuando la gente no sabía qué era, pero además de eso, que es
mi capricho, lo que creo es que una crónica debe tener una intención
política. Ahora se hace crónica de cualquier cosa, es como si fuera un
amaneramiento de la crónica, un manierismo del género. Tiene que haber
dos o tres condiciones que la politizan, el hecho de mirar hacia otro
lado de los objetos de la mirada periodística habitual, ese rompimiento
con la primera persona, y desbaratar la pretensión de ser una máquina de verdades”.

Yo quisiera un periódico que crea que sus lectores son muy
inteligentes, que les tenga casi miedo, que tuviera que hacer esfuerzos
extraordinarios para estar a su altura
. Un lector se define
básicamente porque lee, por lo tanto lo que hay que darle al lector es
lecturas. Nuestros diarios por ese miedo de no saber competir con la
radio, la tele o Internet lo que hacen es ofrecer cada vez menos
lecturas, con lo cual pierden su arma propia”.

(iv)

Martín Caparrós:  “Modestas proposiciones para mantener
la buena relación y convivencia entre los escribas del diario Crítica y
sus queridos puestos de trabajo”
, 2008
|26 de enero de 2012|

Nada nos importa tanto como construir textos que produzcan placer,
asombro, risa, indignación, ganas, respeto, envidia, malhumor, etc. Al
final, eso es lo que hacemos: captar la atención de nuestro lector y
producirle algo con cada texto que escribimos. Si no queremos o podemos,
todo bien: hay otras muchas profesiones honestas en el mundo.

Y sabemos también –debemos saber, convencernos– que nuestros lectores no son tontos.
 

Lo primero es descubrir qué se quiere contar y cómo (…) tengo que confiar en que eso va a llamarle la atención a los demás: confiar en ese entusiasmo por las cosas que me sorprenden o interpelan, y centrarme en ellas.

La lectura o no lectura de una nota, en general, se juega en el
primer párrafo: la cabeza (…) esas historias, diálogos, anécdotas o
datos que invitaban a seguir (…) lo que no se puede, de
ningún modo, es aburrir, banalizar, darle al lector la sensación de que
va a leer un informe burocrático sobre lo que ya sabe o no quiere saber
(…) Un buen truco consiste en pensar qué le contaríamos a un amigo
imaginario, mujer, marido o concubinos diversos a la vuelta de un viaje o
una noche agitada.

La receta es tan simple que muy pocos la usan: desplegar
información, datos y más datos, procurar que cada párrafo tenga por lo
menos uno.

Importa cuidar la diferencia fundamental entre escribir en primera persona y escribir sobre la primera persona. El cronista, aun cuando dice yo, tiene que centrarse siempre en lo que cuenta.

–Escribir es, contra todo lo que se pueda pensar, un ejercicio muy
simple: consiste en elegir palabras. Ni mucho más ni mucho menos: ELEGIR
palabras (…) Hay que tratar de dominar a las palabras, para no dejarse dominar por ellas. Saber qué es lo que uno dice cuando dice: escribir.

Un texto periodístico no es un campeonato de sinonimia, y en general
las segundas palabras son mucho más imprecisas, feas y berretas que las
primeras. Así que, salvo error u omisión: ¡usen las primeras palabras,
que tan bien dicen lo que dicen!

El lugar de los adjetivos está después de los sustantivos (…) Los adjetivos, además, deben mezquinarse.

–Los verbos tienen tiempos y los tiempos son tiranos. No al
libertinaje: cuando uno empieza a escribir en un tiempo debe sostenerlo a
lo largo del texto. Puestos a elegir, el pasado suele ser el más útil,
manejable, creíble.

Las comas son la segunda causa de muerte en accidente laboral
periodístico pero, aún así, queridos desairados: las comas no sirven
para respirar, sino para darle estructura a una frase.

–Estamos, grosso modo, en contra de las relaciones de poder.

–Un problema habitual: cómo empiezo esta frase (…) La forma en que uno empieza la frase determina de qué modo se va a leer.

La frase del citado o entrevistado debe aparecer con su sintaxis y forma original (…) la forma en que alguien dice las cosas es tan
importante, tan significativa, como las cosas que trata de decir.

Releer lo propio es una práctica casi tan útil como leer lo ajeno (…) canten: ¿suena bien lo que acaban de escribir?  (…)  bajito, desafinado, mal, duchado pero cante.

Cuando alguien dice, dice. No confiesa, revela, asegura, repite, define, declara, subraya, etcétera, etcétera.

 (v)

“No soy neutral; nunca lo fui, no quiero serlo. Tengo ideas, solo que trato de desconfiar de ellas: de ponerlas a prueba”.

Martín Caparrós es tan polifacético como polémico, El Tiempo, noviembre 12, 2011

Apuntes para reinventar el periodismo (II)

Omar Rincón
Investigador y profesor de Comunicación y Periodismo en la Universidad de los Andes

Continuamos las reflexiones de intelectuales latinoamericanos acerca del futuro de la profesión periodística, recogidas por Omar Rincón

Una serie de tres ondanadas, aquí la primera, de la batalla por la revitalización de esta profesión, que da entrada a la segunda:

La Universidad del Rosario y Publicaciones Semana invitaron hace tres años al ensayista, escritor y periodista Juan Villorio para que diese la lección inaugural de la maestría en periodismo. La conferencia se llamó irónicamente: “Estudien muchachos o van a acabar de periodistas”. Eso le decía su profesor de Sociología, y esto nos dijo sobre el periodismo:

El periodismo depende de sí mismo y de sus posibilidades. La crisis del periodismo está muy bienvenida porque obliga a generar nuevos lenguajes y a recuperar una verdad que no estábamos buscando.

Los desafíos para el periodismo en estos tiempos son:

*      El desafío de la brevedad,
la velocidad, la simultaneidad… y eso recuerda a Pascal: “escribí un
texto largo porque no tuve tiempo para escribir uno corto”. Y es que la
brevedad evita la autocomplacencia. Y los textos breves son la memoria
de los futuros.

*      El desafío de la estandarización. Los medios se parecen cada vez más, se hace periodismo pensando en lo que los demás hacen. Y la clave es tener lo diferente.

*      El desafío de la credibilidad y la certificación. Todo disponible, nada certificado. Y decimos que navegamos cuando apenas chapoteamos.

Las noticias serán distintas porque los procedimientos culturales son distintos:

*        Cambian los modos de leer y percibir: se
revoluciona la cultura de la letra, se va a aplicaciones, redes,
internet, simultaneidad de lecturas y zapping en una lógica de
transmedialidad

*        Se lee en el tiempo, se escribe en el tiempo. Ya no hay espera. La lectura es un LUGAR, algo en el espacio, en el internet. La relación ya no es de espera.

*        La prensa es un complemento.

*        No sabemos como nos informamos, pero estamos informados. Hay una porosidad por la que nos llega la información. La información es una variante de la atmósfera.

*        La capacidad de respuestas cambia: “los abajo insultantes”, es decir, los usuarios de una web, pueden interpelar al periodista a través de los comentarios.

*        Las estadísticas se convierten en valor de calidad.

*        Apple vende significados y estéticas porque las cosas dependen de su representación

*        Google es un buscador de significados

*        Twitter es un descifrar la realidad en 140 caracteres. Funciona como un aglutinador de aforismos. Es un arte de las máximas que recuerda a Confucio.

Apuntes en forma de tuits creados por Villoro:

→   Si
no está en la pantalla no existe. Esta es la nueva realidad y no la
recibimos de manera directa sino a través del celular o la cámara.

→   Vemos más que hacemos, es pornográfico.

→   El mando a distancia era un símbolo masculino en el hogar. Ese tiempo ya pasó.

→   Las redes sociales generan conectividad pero también crisis de personalidad.

→   Asistimos a un safari audiovisual porque pensamos que nos estamos perdiendo algo

→   El subcomandante Marcos, Chiapas y zapatismo… esa suerte de Woodstock de las ideologías

→   Habitamos un vértigo de la identidad: el no haberme visto, el no reconocerme en los espejos. Y es verdad lo que dicen los espejos: las cosas están más cerca de lo que aparentan.
→   Un periodista que no lee es como un futbolista que no entrena.

→   Un periodista que solo lee de su fuente, ni siquiera sabe de su fuente. Pierde el paisaje en el que actúa su fuente.

→   Hoy los periodistas se engordan (no van a la calle), y los medios se adelgazan (solo negocian sangre)

→   La crónica es la desaceleración del periodismo.

→   La crónica es la mejor manera de combinar lo público (la información) con lo privado (la emoción).

¿Y cómo se cuenta? Siguiendo los 4 evangelios:

→    Marcos: una sola fuente, San Pedro. Es el más antiguo, el primero que fue puesto por escrito, cerca del año 70 de nuestra era, y es también el más breve.Este
Evangelio fue compuesto por un discípulo o, más exactamente, un
“intérprete” del Apóstol Pedro, cuyo nombre completo era Juan Marcos.
Como está dirigido a cristianos provenientes del paganismo, que no
conocían las costumbres judías, Marcos se las explica y, asimismo,
traduce las expresiones arameas que utiliza en varias ocasiones. Su
estilo es vivo y popular, y está lleno de espontaneidad, aunque su
lenguaje es pobre y rudimentario. El Evangelio de Marcos contiene pocos
discursos, y se interesa más por las acciones que por las palabras de
Jesús. En cambio, los relatos se desarrollan con abundancia de detalles,
y en ellos Jesús aparece con las reacciones propias de un ser humano”.

→     Mateo: él mismo es el testigo principal. Mateo
fue un recaudador de impuestos que abandonó su trabajo para seguir a
Jesús, fue escrito hacia el 80 d.C. y está dirigido principalmente a los
cristianos de origen judío. “Dado el carácter de los destinatarios,
Mateo cita con frecuencia textos del Antiguo Testamento y se apoya en
ellos para mostrar que el designio de Dios anunciado por los Profetas
alcanza su pleno cumplimiento en la persona y la obra de Jesús. Él es el
“Hijo de David”, el “Enviado” para salvar a su Pueblo, el “Hijo del
hombre” que habrá de manifestarse como Juez universal, el “Rey de
Israel” y el “Hijo de Dios” por excelencia. Este evangelista atribuye
una especial importancia a las enseñanzas de Jesús y las agrupa en cinco
discursos, que forman como la trama de su Evangelio y están encuadrados
por otras tantas secciones narrativas. El tema central de estos discursos es el Reino de Dios.

→    Lucas: va a los archivos, va a la gente. Escribió sobre lo que ya se conocía.
El texto fue redactado por este compañero de viaje del Apóstol san
Pablo, unos cincuenta años después de la muerte de Jesús. Lucas no era
de origen judío, y su obra está dirigida ante todo a los cristianos que,
como él, provenían del mundo pagano. En el Prólogo de su Evangelio hace
referencia al proceso de predicación, de transmisión oral y de
redacción que precedió a la composición definitiva de los Evangelios.

→    Juan: el último heterodoxo: lírico y filosófico. Estuvo con Jesús. Recupera lo sentimental.
El cuarto Evangelio difiere considerablemente de los tres anteriores,
tanto por su forma literaria cuanto por su contenido. La tradición
cristiana lo atribuye al Apóstol Juan,
a quien identifica con “el discípulo al que Jesús amaba”, y hay varios
indicios en el mismo Evangelio que corroboran esta atribución. De todas
maneras, la redacción final del Libro es el resultado de una larga
elaboración en la que también intervinieron los discípulos del Apóstol.
La obra fue concluida hacia el año 100, y tenía como destinatarios
inmediatos a las comunidades cristianas de Asia Menor.

¿Dónde queda la realidad? ¿cómo sortear los simulacros?

La realidad queda donde los periodistas deben estar, el periodista debe ir más allá de los simulacros: y nuestra última realidad es el texto, ahí se la juega el periodista.

Eso de contar historias… lo hizo bien
el periodismo, y se puede hacer en internet y a contramarcha de los
medios: solo hace falta echar un vistazo al blog pamplinas de Martín Caparrós para comprobarlo.

La razón de los hechos está en los demás: y para contar a los demás se necesita el periodismo. El periodismo asigna sentido provisional al mundo. La verdad se gana por autoría y por certificación: haber estado ahí. Solo al contarnos entendemos. Como Valdano recordando el gol de Maradona a Inglaterra a través del relato de Víctor Hugo Morales.

Apuntes para reinventar el periodismo (I)

Omar Rincón 

Investigador y profesor de Comunicación y Periodismo en la Universidad de los Andes 

Con Jesús Martín-Barbero aprendimos a pensar de otra manera al periodismo y los medios de comunicación: Él nos enseñó que había que perder el objeto para ganar el proceso, que había que pasar de los medios a las mediaciones, que el asunto no es lo letrado sino lo oral-visual. Él nos ha dicho que el buen comunicador debe hacer solo 3 cosas: pensar con la propia cabeza, tener qué decir y ganarse la escucha. El maestro Jesús, el 9 de febrero del 2012, dictó la lección inaugural de la maestría en periodismo de la Universidad de los Andes bajo el título “el país que cabe en el periodismo”. Y dijo así:

Colombia se quedó en el siglo XIX… en el periodismo. Se hace periodismo ideológico de familia: “porque la sangre es espíritu” como lo demostró Carlos Mario Perea en Colombia. Luego, el periodismo es un factor de beligerancia y violencia: mas que informar, calumnia.

¿Qué país cabía en el dogmatismo periodístico? Uno que negaba al otro. Uno que no tenía a la política en común: sino como odio. La radio hablaba más país que la prensa. Y eso que la radio hablaba de música y deporte, y la prensa de política.

El periodismo colombiano del siglo XX fue sectario. Y se asimiló al Frente Nacional: esa ideología del clientelismo, esa muerte de las ideas, esa comunicación en la que manda el mercado, esa publicidad con información: se informa desde las agendas de los anunciantes y los políticos y no desde las agendas de la gente.

Y lo paradójico es que los periodistas colombianos no sienten censura, ya la ejercen automáticamente: la tienen naturalizada. En nuestros días se informa siguiendo la info-familia, la info-amistad, el info-negocio.  Hay que preguntarse cómo se informa la gente, en qué géneros, por dónde circula lo que saben, qué de lo que pasa por los medios les interesa.

Se necesita meter al país en la información de forma urgente. Meter el país que no cabe en RCN y Caracol. Por ahora hay mas país en las telenovelas que en los informativos: cabe más país en la ficción que en las noticias.

La verdad es que hoy tenemos mucha información pero no entendemos nada. La prensa se quiere reinventar mal-imitando a la televisión y el internet: noticias sin relato, sin análisis, sin contexto. Noticias que no cuentan nada y cuya duración es de horas. La idea es que no se pueda comprender.

El país de los medios es uno que no sabe hablar del resto del mundo, un país maniqueo y dualista… que tampoco comprende el país que reconoció la Constitución del 91, en el que coexisten muchas y diversas maneras de ser colombianos.

A los medios, no tanto a los periodistas, les ha quedado grande pensar la complejidad que nos habita como nación: un país que se ha transformado a pesar de vivir la anacronía de sus violencias.

Se requiere con urgencia un periodismo que nos de…

relatos para comprender lo que estamos viviendo/pasando; relatos de lo memorable, del recuerdo; relatos de seguimiento más allá de los destellos: no se requiere nostalgia, sino memoria.

análisis y contextualizaciones históricas y sociales más que entrevistas al poder y espontaneismos explicativos.

eduque en el debate de las ideas y las ciudadanías, que niegue el insulto y el odio como modo de argumentar: sin debate no hay aprendizaje.

documentar que no hay una sola manera de ser colombianos, ni de ser ciudadanos

acabar con el cuento del bueno y el malo para ganar sentido crítico, que se sentido histórico.

Experimentación de géneros para contar lo local en clave mundo

→ Y practicar como decía la carta de estilo de Libération: “lo único que les exijo es que investiguen, después hagan lo que se les de la gana”.

«Debemos replantear la información y los medios desde los derechos y como bien común»

Entrevista a Víctor Sampedro en Fuhem Ecosocial

Los medios de comunicación han experimentado en las últimas décadas la financiarización de su capital, con la entrada en su accionariado de bancos y empresas productivas y su cotización en Bolsa, y un rápido proceso de concentración en grandes grupos mediáticos. Esto, junto a la irrupción de internet, redes sociales y móviles −que han multiplicado las posibilidades de diseminar información y opinión prácticamente a todo aquel con acceso a un dispositivo con conexión− han transformado las lógicas de los medios de comunicación de masas. En paralelo, el derecho a la información ha quedado arrinconado por criterios de éxito comercial y competitividad. Para explorar cuáles son los efectos de todo ello en los medios, hemos conversado con Víctor Sampedro, catedrático de Opinión Pública y Comunicación Política (URJC, Madrid) y profesor-investigador invitado de Comunicació i Politica (UPF, Barcelona). Pertenece, entre otros, a los Consejos Editoriales de Political Communication, International Journal of Press and Politics y del Centro de Investigaciones Sociológicas. Ha escrito más de una decena de libros sobre campañas y elecciones, nuevas tecnologías-comunicación, movilización social y electoral, identidades colectivas y medios, y nuevos géneros de información política, además de numerosos artículos.

Nuria del Viso (NdV): En el actual panorama de los medios de comunicación convencionales, ¿qué tipo de información se privilegia? ¿Cómo y quién lo decide?

Víctor Sampedro (VS): Las decisiones se toman en los medios igual que en cualquier otra institución: por rutina. La gente funciona con unos protocolos que cree efectivos. Hasta ahora se creía adecuado construir una agenda mediática que era efectiva en términos de lucro económico y de relaciones de poder convenientes para las empresas mediáticas. Esto implicaba una serie de rutinas: primaban las fuentes oficiales con poder, daban visibilidad a aquellos políticos o financieros que le podían apoyar, y evitaban ser molestas con quienes les podían perjudicar en su expansión empresarial. De esta manera, producían mucha información de forma muy rápida y con fuentes muy accesibles dándoles visibilidad pública.
El problema es que la cobertura mediática convencional ha acabado convertida en propaganda en el plano político y en publicidad en el plano económico. Es decir, muchas noticias funcionan como carteles electorales encubiertos y/o campañas publicitarias de empresas y mega corporaciones. Esto se sostenía mientras creíamos que algo de esa realidad mediática era cierta y nos permitía «vigilar el entorno”, enterarnos de lo que pasaba para poder reaccionar. Pero las fuentes alternativas de información han desvelado esas agendas mediáticas como agendas del poder. Ese entramado entra en crisis cuando surge un espacio público digital que, sin idealizarlo, crea la posibilidad de desvelar los flujos noticiosos convencionales como propaganda política y publicidad corporativa.
NdV: Durante décadas, la información se entendió como un derecho, incluso está así recogido en la Constitución española, pero la financiarización y concentración de los medios de comunicación ha ido en sentido contrario. ¿En qué medida han afectado estos cambios al derecho a la información? 

VS: El que no se hable ahora de la información como derecho y que lo hagan organizaciones que se consideran antiguas o desfasadas, como UNESCO o la ONU, indica varias cosas: quienes critican el derecho a la información son los grandes voceros del neoconservadurismo, para el cual realmente no existen los derechos colectivos. Por eso, en el marco neocon el derecho de la ciudadanía a una información veraz no tiene ningún sentido: o se paga o no se disfruta. A ello se sumó la transformación de los medios públicos, al margen de los intereses de mercado y de las organizaciones políticas. Y que en nuestro país siempre fueron pensados como medios gubernamentales: en manos del gobierno de turno. 
Para recuperar el lenguaje de los derechos en relación a la información o la comunicación debemos reclamarnos sujetos políticos y comunicativos de pleno derecho, reconociendo que podemos emitir flujos de información haciendo un uso inteligente y estratégico de las nuevas tecnologías. Necesitamos coordinarnos y autoconvocarnos en red, de modo para, literalmente, asegurar y acentuar los rasgos democráticos del poder. En algunas ocasiones lo hemos hecho con éxito, y se sigue haciendo en este país. Por ejemplo, la esfera pública digital ha supuesto la apertura y la receptividad de los representantes establecidos hacia nuevas demandas. Véanse las agendas de los partidos que hace cuatro años negaban todas y cada una de las propuestas de nueva organización y de transparencia que han proliferado en las elecciones desde las Europeas de 2014. Además, se trata no solo de aumentar la receptividad, sino también la rendición de cuentas. O los mecanismos de transparencia se apoyan en el campo digital, o difícilmente van a poder prosperar en las instituciones. Podemos liberar un montón de información que es comprometedora para el poder y debiera haber vías institucionales para hacerlo. La última parte se refiere al castigo o a la sanción política. El nivel en que en nuestro país se han utilizado las nuevas tecnologías y la autoconvocatoria del tejido social resulta apabullante. Todo arrancó con “Nunca mais” y el “No a la guerra”, convertidos luego en el “Pásalo” del 2004, más “V de vivienda”, más el 15M y todas las autoconvocatorias de las mareas. Te das cuenta de que hay una capacidad efectiva de ejercer la sanción política en la calle y que eso acaba teniendo una traducción electoral. A las últimas elecciones me remito: el éxito de nuevos partidos y candidaturas –hablo de Podemos y de las candidaturas municipalistas ciudadanas−, que apenas solo cuentan con medios propios, la calle y la red. El rasgo diferencial e identificativo de lo que ahora se llama nueva política es que se financia con microdonaciones. Eso lo puede hacer un partido en red que llega hasta sus últimas consecuencias, concibiendo su propia economía en red y de forma distribuida. La tesis de fondo a recordar es que las tres funciones clásicas del poder democrático las han podido llevar a cabo las cibermultitudes. No son masas, sino individuos y grupos organizados que, sin perder su identidad, se unen en un momento dado para que el poder sea más receptivo; que rinda cuentas; y reciba sanción política.

NdV: ¿En qué medida en la sociedad actual debe considerarse la información como bien común? 

VS: La información pública, que ha acabado convertida en información gubernamental y en publicidad corporativa, es ajena a los verdaderos intereses políticos, de participación y económicos. Incluso son contrarios a la supervivencia física y económica de nuestras sociedades, del planeta a escala global, por el modelo y los niveles de consumo y desarrollo (insostenibles) que promueven. Solo cabe reivindicar que somos nosotras las que tenemos que hacer la información, porque si no la hacemos, nos la van a hacer. Tenemos que construir las agendas de debate público que promuevan el bien común. Podemos cogestionarlo y responsabilizarnos de ello. Ahora sabemos que tenemos que crear instituciones que incentiven la cooperación, la horizontalidad, y que castiguen la no cooperación. Deberíamos ocuparnos de preservar un flujo de información que, sí o sí, va a ser libre o liberada. Los diseños económicos de los bienes comunes sirven también para la comunicación porque su gestión, como decía Olstrom, impide su degradación y asegura su viabilidad.
Por otra parte, el código con el que nos comunicamos debiera ser abierto, no solo libre, que de hecho ya lo es. Lo podemos privatizar un tiempo, pero a partir de ahí fluye sin apenas restricciones. Pero además, el código de la democracia del siglo XXI será abierto o no será, como el periodismo que defiendo en El Cuarto Poder en red. Porque ni las audiencias ni los votantes se fían ya de las noticias y las campañas electorales, y quieren participar en su construcción. O replanteamos la información y los medios de comunicación desde los derechos y el bien común, o nos va a ser muy difícil avanzar modelos viables de periodismo… y de partidos. Sin darnos cuenta, estamos diseñando nuevas instituciones, nuevas formas de hacer periodismo, nuevas formas de conocimiento y pedagogía social. Aunque hay muchos peros que poner a las utopías digitales, empujan la innovación social. La más urgente consiste en desplegar un código que sirva para ejercer de contrapoder, que es lo que corresponde hacer a la sociedad civil.
NdV: En el otro extremo del continuum comunicativo, la libertad de expresión parece hoy más vinculada a quien puede pagar por divulgar lo que quiere decir que a su sentido original de universalidad. De alguna manera, ¿podríamos decir que se está “privatizando” ese derecho? Si es así, esto nos remite a un problema en cuanto a calidad de la democracia… 
VS: Ahí nos falta cultura política, y la poca que tenemos ha quedado desfasada; es decir, utilizamos conceptos que no dan cuenta de lo que ocurre. La privatización de la información −restringir el acceso a la buena información a quienpuede pagarla− es consecuencia lógica de su mercantilización. Pero resulta muy difícil conseguir el suficiente número de personas dispuestas a pagar por buena información. Son sectores muy reducidos, un 10%, que se conoce como «publico atento” o influencers: tienen influencia y la ejercen en las redes. ¿Qué hace el resto de medios que no cuentan con esas audiencias selectas, con capacidad adquisitiva y suficientes conocimientos para valorar la información –la buena información− y pagar por ella? Pues la banalizan y la trivializan hasta límites insospechados, vulnerando incluso los derechos humanos.
Si no hubiera un mínimo de control deontológico en la profesión, se vulneraría el derecho a la intimidad y a la imagen de manera flagrante. Encontramos, por una parte, un proceso de elitización de la información y, por otro, de masificación y trivialización. En medio, sin embargo, surgen soluciones bastantes inteligentes, que nos deben hacer pensar en nuevos formatos. Me refiero, por ejemplo, a dos programas de éxito, en los que es muy difícil delimitar si son entretenimiento o información: Salvados y El intermedio. Espectacularizan la vida política pero sin degradarla. Al contrario, al mostrarnos su nivel de degradación, nos promueven un debate político que quizá está más pegado a la realidad y a los intereses comunes de la gente. Creo que el pensamiento crítico, en vez de hablar únicamente de degradación, debería señalar las líneas de innovación que están surgiendo, que tienen muy en cuenta la participación ciudadana, presente en el rol que adopta Évole o la sátira de Wyoming.
NdV: Los medios de comunicación constituyen un poderoso instrumento de reproducción ideológica del poder hegemónico. Como indica Manuel Castells, «son el medio donde se crea el poder y donde se deciden las relaciones de poder». Sin embargo, ese proceso ya no se produce en forma de censura directa, sino a través de estrategias más sutiles. ¿Qué instrumentos adopta hoy en día ese proceso? 
VS: Hay dos instrumentos que creo que no han sido suficientemente señalados y que son clave para protegernos en nuestras prácticas mediáticas. El primero es el nivel de complejidad. Nos movemos a un nivel tecnológico tal que no nos permite ser conscientes de lo que estamos haciendo cuando utilizamos software privativo, corporativo, cuando estás utilizando Windows en vez de Linux: con Windows hacen contigo lo que quieren sin que tú te des cuenta, y, por lo tanto, puedas siquiera dar permiso para ello. Con Linux, tú y tus amigos de la comunidad de Linux controláis lo que las herramientas tecnológicas hacen. Por lo menos, podéis evitar que se hagan determinadas cosas sin vuestro consentimiento. Todo esto tiene que ver con la pérdida del libre albedrío. Si estás registrada en todas las prácticas de comunicación digital –y no digital−, como ha demostrado Snowden, van a poder construir contigo el perfil que quieran, de modo que pueden destruirte si pretendes tener una carrera con visibilidad política o pública que amenace los equilibrios de poder. Para eludir esta posibilidad, la autocensura será brutal y se impondrá el cinismo en la esfera pública. No somos conscientes, y seguimos utilizando Whatsapp y Facebook sin saber que son dos portales que se intercambian información en tiempo real. Resultan más rápidos y fiables que cualquier otra fuente de datos para el marketing o la propaganda. En vez de paralizarnos, debemos considerar que este proceso no es irreversible.
La segunda cuestión es muy sutil y funciona cotidianamente sin darnos cuenta: la saturación y la sobreinformación. Juntas son la peor forma de censura y no dejan lugar a la reflexión, necesaria e imprescindible para luego pasar a la acción sobre aquello que te ha indignado o ilusionado. Así, estamos todo el tiempo sumidos en una espiral de cotidianidad que nos abruma. Hasta el punto de ser incapaces de procesarla. Lo importante se confunde con lo banal. Y a menudo lo comunicativo sustituye a lo realmente efectivo off line. A veces quedamos enredados en las redes. En lugar deplantearnos trabajar en las instituciones e iniciar procesos de cambio político, estamos pendientes del siguiente tsunami provocado por el trending topic del día. Esos son los mecanismos en sus trazos más gruesos. Lo que hay detrás son los intereses corporativos, los clásicos de la economía política de los medios: los convencionales y buena parte de los digitales están en manos de muy pocos y siguen siendo cuellos de botella. Sin comparecer en televisión ni estar en Facebook no alcanzas visibilidad ni, por tanto, a las mayorías sociales.
NdV: Por otro lado, los medios alternativos suelen tener audiencias pequeñas…

VS: Sí, pero una vez que se colocan en un diseño de cibermultitud en red pueden cobrar tanta pujanza como la que adquirieron las mareas derivadas del 15M. Las primeras reemplazaron o reinventaron una herramienta política como puede ser la huelga, que había sido desactivada legalmente por los neocon y trivializada por los sindicatos al uso. En la Comunidad de Madrid las mareas paralizaron procesos de privatización, hackeando jurídicamente las leyes antisociales. Las formaban colectivos muy pequeños, coordinados con una red muy distribuida, muy poco jerarquizada, con algunos de medios de autocomunicación de los colectivos implicados, otros de redifusión, otros de denuncia, investigación y acción colectiva, etc. El número de las audiencias es muy importante, pero también importa mucho su calidad porque las audiencias, una vez convertidas en públicos activos, aparte de consumir, pueden redifundir, transformar y crear nuevos flujos comunicativos.

NdV: En ese mar de sobreinformación y de “información contaminada”, en palabras de Ramonet, se propicia que la gente delegue “en los líderes bien informados” de su elección, produciendo una especie de “opinión pública por delegación” y, como has indicado, un “espacio público ‘secuestrado’”. ¿Qué ocurre cuando esos líderes sirven a intereses espurios? ¿Qué ocurre cuando deliberadamente sesgan la información que la gente “debe” recibir?

VS: Me centro primero en la cuestión de la representación. Una cuestión básica de la teoría de opinión pública es que la opinión pública no existe hasta que se construye con mecanismos de representación. En segundo lugar, todo mecanismo de representación lleva aparejado un riesgo de traición y de suplantación. Traición porque se traduce lo que la gente dice o quiere decir. Y el que traduce siempre traiciona. Siempre hay un sesgo, por pequeño que sea, y que se hace continuo una vez que se institucionaliza. Ciertos sesgos son inherentes al proceso de delegación y de representación. Porque no es cierto que la representación directa resulte siempre más real que la indirecta. También hay procesos ilegítimos de empoderamiento y de manipulación de intereses en las asambleas. Asumido esto, lo lógico es pensar qué canales tenemos que diseñar y desarrollar en las instituciones representativas para que los sesgos antidemocráticos sean los mínimos posibles. Es una cuestión de diseño institucional o de arquitecturas de comunicación. Como sostienen los hackers, quien diseña la arquitectura comunicacional, decide la estructura del poder; blindas a unos, desnudas a otros. Les das poder a los de arriba para hablar a los de abajo, o a los de abajo para promover iniciativas hacia arriba. 
Cuando diseñas una arquitectura de comunicación estás invitando a la gente a ocupar espacios de comunicación, ya sean plazas públicas o quioscos. Y los medios con una lógica más privativa funcionan realmente como los peep shows, esos sitios de porno en los que pagas muchísimo para mirar desde la cabina y ser el único que lo disfruta. Los medios privativos funcionan así, dan acceso a información, que antes era secreta, de forma excluyente, y son capaces de representar a cualquiera haciendo cualquier cosa si hay un cliente que lo pide. De ahí proviene la obscenidad de las programaciones que son fruto exclusivo de la mercantilización mediática. 
Afrontamos un momento de creación de institucionalidad. El presente exige nuevas formas de comunicación periódica con una comunidad, desplegar nuevas pedagogías ligadas a la intervención y la participación, crear nuevas formas de hablar con la gente, de llegar a ella y ella a las instituciones. Algunas cuestiones están claras. Primero, la revocabilidad si el representante no se ajusta a su plan de actuación. Esto significa en el plano comunicativo que no haya monopolios de facto. Todo el mundo es prescindible en cuanto vulnera el pacto que ha establecido con la ciudadanía, en política y en comunicación. Segundo, la limitación de mandatos. Tercero, vías de transparencia. Ahora los transparentes somos nosotros, ante Facebook y la NSA. Gran parte de la guerra digital se basa en rescatar perfiles de gente conflictiva para acallarla o ponerla en evidencia. Hay que invertir el proceso: los transparentes deben ser los poderosos. La privacidad y el anonimato han de ser para el ciudadano de a pie, son derechos inalienables de quien ha superado la condición de súbdito. 
Otra de las obviedades en los espacios públicos y la opinión pública es que «si no hablas, serás hablado», que decía Bourdieu. Si no abres la boca, estarás consintiendo. Los líderes inevitablemente acallan con su discurso a los representados, y es responsabilidad del representado controlar esa supuesta autoridad y ese poder. Todos y cada uno de nosotros –como defiendo en el libro El Cuarto Poder en red− somos parte de un capitalismo cognitivo en el que cualquier persona tiene muchas bases de datos a su alcance. El soldado Manning era un recluta de 22 años que con un ordenador y una disquetera puso en jaque a la maquinaria de guerra más poderosa del mundo; esa es la metáfora. Le han acusado de desequilibrado porque creía que podía parar la guerra, y de poco varonil porque en vez de ser chico quería ser chica. No hemos entendido nada. El verdadero revolucionario se cambia a sí mismo dentro de lo que concibe como un proyecto de transformación social. Hemos perdido la capacidad de entender a un hacker tan consecuente que lo primero que hace, cuando le detienen, es exigir el derecho a hackear su código biológico, para llegar a ser quien quiere ser. 
Manning, Snowden y Assange forman parte de la iconografía de las nuevas generaciones que en la primavera árabe se pusieron a soñar… y los poderosos tuvieron unas cuantas pesadillas. Wikileaks llevó a sus últimas consecuencias lo que se puede hacer con la ideología de código libre y abierto en internet. Por eso han ido de manera tan brutal contra ellos. Porque nos proponían pensarnos como ciudadanos que actúan cotidianamente como sujetos comunicativos y políticos de pleno derecho. Conscientes de que cuentan con el capital físico −a veces basta con un teléfono móvil− para escuchar y denunciar al poder ilegítimo casi en tiempo real. Los sueños digitales tienen mucho de sueños ilustrados. Como decía Assange, WikiLeaks nos convocaba a «escribir la historia en tiempo real, desde abajo».
NdV: Chomsky califica a los medios como “empresas del convencimiento” porque tratan de persuadirnos de que este es el mejor sistema posible, reafirmando en todo momento el capitalismo (sin nombrarlo) y alejándonos de aquellos puntos que pudieran ponerlo en cuestión. Los medios construyen la realidad, condicionando nuestro entendimiento del mundo de determinadas maneras, y en ese proceso ocultan o distorsionan ciertos aspectos que cuestionarían esa visión. ¿Qué opciones tenemos frente a esa máquina de fabricar hegemonía?

VS: La propuesta que intento hacer desde hace tiempo admite que ha llegado el momento de aprender de comunicación digital. No podemos seguir utilizando una tecnología que tiene 20 años de protocolos sin saber lo que estamos haciendo con ellos. En ese sentido, actuamos como poblaciones suicidas. Parecemos esos cetáceos que pierden el norte y acaban varados en una playa. Antes llevábamos la iniciativa en la construcción de internet y desde hace unos años la tienen los interesados en privatizarla y que las red no sea entendida como un prerequisito para ejercer de forma efectiva gran parte de los derechos humanos.
En segundo lugar, debemos reflexionar sobre las prácticas derivadas de una alfabetización digital inconsciente. Tenemos que comprender qué estamos haciendo cuando ponemos un like (me gusta) en Facebook. Si esto no se entiende y si nuestra actividad digital no se traduce en prácticas emancipatorias, nada habremos avanzado… Porque si realizáramos determinadas prácticas digitales, nuestras vidas personales y colectivas serían diferentes. Por ejemplo, filtrando escándalos en buzones anónimos tipo WikiLeaks, que en España ya tenemos un par (Fíltrala y X-net). 
En tercer lugar, deberíamos ser conscientes que no sirve solo con lo que uno piensa o lo que uno o unas cuantas hacemos. Luego hay que llevarlo a las instituciones, hay que plantear currículum escolares y un nuevo tejido institucional. Un proyecto que, por cierto, se parece mucho al que surgió en la Ilustración. Entonces con la imprenta y ahora con internet recuperemos y llevemos a sus últimas consecuencias el concepto de amigos y amigas del país, que se reúnen y debaten, con órganos de expresión propios; que participan en esferas públicas interconectadas, sostenidas con sus propias herramientas, aportaciones económicas y las prácticas comunicativas de las comunidades a las que sirven; que no buscan marketing, sino diálogo, etc. A esto se le llama hacer «nueva política”. Tenemos mucho trabajo apasionante por hacer. Insisto, lo único que ha cambiado son las herramientas. En los valores no creo que haya que inventar demasiado respecto a otros momentos en que los fue posible avanzar en la emancipación personal y colectiva. 

Podemos a la parrilla (y IV): La desigualdad acumulativa del sistema mediático

Comunidad editorial de El 4º Poder en Red (@4PoderenRed)

Esta entrega pone fin a una serie de post que analizan la cobertura informativa de Podemos

El 28 de enero de 2015 todos los grandes periódicos en papel exhibían en (falsa) portada un fajín del Banco Santander al lado de la mancheta. Era una demostración de fuerza y la respuesta anticipada a la “Marcha por el Cambio” que Podemos convocaría tres días después: una movilización que celebraba el triunfo de Syriza en Grecia como anticipo de una hipotética victoria de Podemos en España.

Los periódicos “de referencia” se han convertido en medios publicitarios: están en quiebra y en manos de accionistas bancarios, que son sus principales clientes publicitarios. Junto con los entes públicos de radiotelevisión (que obtienen sus peores audiencias y sufren un control político sin precedentes) actúan como instituciones zombi, que diría Ulrich Beck. Aunque en vías de extinción, pueden resultar letales.

Gráfico 1 y 2. La situación de la prensa de papel en España:



Fuente: Noticias de la Comunicación / Reality News, Mongolia, febrero de 2014


Después de ignorar a Podemos en sus orígenes, estos medios pronto pasaron a verter sobre sus líderes medias verdades, tergiversaciones, imputaciones y comparaciones con cargos públicos procesados por corrupción y fraudes de gran calado. Todo ello desembocó en peticiones de dimisión de quienes no eran candidatos oficiales de lista alguna. Por su parte, la televisión comercial en abierto, reproduciendo una agenda fabricada desde instancias gubernamentales, aprendió que obtenía iguales réditos si desinflaba la burbuja mediática que antes había ayudado a hinchar.


Podemos llegó a Bruselas sin haber comparecido como formación política en las televisiones “públicas”, con el sesgo de una fuerte personalización y gracias a las tertulias de las televisiones privadas. En menos de un año, el control de la propiedad de los medios masivos, dibuja un modelo elistista del poder: se evidencia así una estricta campaña de fiscalización y crítica a Podemos que no se aplica al resto de partidos.

Los medios privados han pasado de “hacer negocio” con Podemos -aprovechando su tirón de audiencias- a aplicarles una vara de medir que subvierte las reglas más básicas de la profesión y la deontología periodísticas. Llama la atención, por ejemplo, el contraste actual en la cobertura mediática que tiene este partido frente a Ciudadanos. Mientras Podemos es presentado como un peligro para la estabilidad del país, Ciudadanos es la cara “amable” de un cambio “responsable”.

Como caso paradigmático, en febrero de 2014 coincidieron en el tiempo dos “escándalos” provocados por sendas filtraciones. El primero atañe a Juan Carlos Monedero, uno de los principales ideólogos de Podemos, que en ese momento encabezaba las encuestas en intención directa de voto. El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, filtró a la prensa un presunto fraude fiscal de Monedero, por un dinero que provenía de unos informes elaborados por el profesor universitario para los países latinoamericanos del ALBA. El ministro dejaba, además, entrever futuros escándalos de otros líderes de la formación.

Esta filtración, que era parte de una estrategia electoral del Gobierno, recibió mucha más cobertura que los escándalos financieros de dinero negro que afectaban a algunas de las principales fortunas de toda Europa y, en especial, de España. De forma simultánea al caso Monedero, el hacker Hervé Falciani, en colaboración con el International Consortium of Investigative Journalism, había desvelado el nombre de cientos de españoles con cuentas opacas en Suiza, destinadas a la evasión fiscal.

Sin embargo, ninguno de los implicados (entre los que había banqueros -entre ellos la familia propietaria del Banco Santander-, empresarios, cargos públicos y hasta celebridades del deporte) recibió grandes críticas ni se vio forzados a responder, al contrario de lo que había sucedido con Monedero. Aunque tarde, el profesor universitario presentó todas sus facturas y aclaró su situación fiscal y, junto a ello, Podemos inauguró un portal de transparencia donde se detallan las cuentas del partido.

Este caso de estudio es representativo de la “desigualdad acumulativa” generada por los medios convencionales y su labor de minado de la comunicación política que les cuestiona. Como ya se relataba en el primer post de esta serie, frente a las continuas peticiones de dimisión de alguien que no ocupaba ningún cargo público como Monedero, apenas hubo críticas al titular de Hacienda, quien podría haber incurrido en delito por desvelar datos fiscales. Sólo el periodista Federico Jiménez Losantos, identificado con la derecha más radical, salió a denunciar a Montoro.

El resto de medios y periodistas se mantuvieron en silencio. De otra forma, Montoro podría haber comenzado a supervisar las cuentas de los medios en cuestión lo que, tal vez, habría supuesto el cierre de la mayoría. El discurso importa, pero también quien lo paga o subvenciona.

Podemos a la parrilla (III): La remezcla de la nueva y la vieja comunicación política

Comunidad editorial de El 4º Poder en Red (@4PoderenRed)
Esta es la tercera entrega de una serie sobre la cobertura informativa de Podemos.
Lo muy innovador no triunfa: no se entiende, desconcierta o asusta a las mayorías. El éxito reside en una estrategia híbrida, que combina los medios según sus audiencias (número de inviduos atentos o sintonizados) y su relación con los públicos (pasivos en los tradicionales y activos en los digitales). La remezcla de lo existente y lo novedoso parece ser la fórmula adecuada.
Podemos tiene algo de berlusconismo: liderazgos y canales televisivos propios, aunque su escala no sea comparable. Los programas de TV digital de Podemos – en plataformas o cadenas ajenas – señalan una situación más débil que la llamada “TDT party” (confluencia de Tea Party y televisiones digitales en abierto) y en manos de la (ultra)derecha. Estos canales fueron los primeros que se abrieron a P. Iglesias. Y coinciden con Podemos en que el proyecto político se fragua, primero, como comunicativo. Esto es, el medio antecede al partido. Podemos buscaba en estas televisiones visibilidad: audiencias masivas, movilizables  hacia el voto (si son afines) o a la abstención (si son contrarias). No quería construir un “media party”, que es como se catalogaba a Forza Italia. Este modelo presupone un control mucho mayor de la televisión en abierto y masiva.
Podemos también hegemonizó la Red, sumando y canalizando la actividad de los internautas. Otro condottiere mediático, esta vez digital, Beppe Grillo ha sido tambien invocado como referente de Podemos. Les diferencia la personalización, el centralismo y el autoritaritarismo del cómico italiano en su organización(1). La tecnopolítica digital también ligaría Podemos y el Partido X, máximo exponente de un partido en red: sin nombres ni caras públicas, llevó las lógicas del entorno digital a sus últimas consecuencias. Comparte con Podemos la premisa de que la arquitectura comunicativa precede a (y así determina) la estructura organizativa. La concentración y flujos de información, las ventanas de transparencia y participación determinan el reparto del poder. Esto en el Partido X era un axioma, que postulaba el ámbito digital como prioritario para el activismo y la movilización electoral.
Podemos ha cooptado miembros e iniciativas de este “partido en red” pionero, que ya no se presentará a más elecciones, tras no conseguir escaños en el Parlamento Europeo. Y Podemos, en lugar de absolutizar la Red como plataforma única o prioritaria, la subordina a la construcción de un partido más convencional, que antepone la movilización en las calles o hacia las urnas. Esto último, el “asalto electoral” a las instituciones, les diferencia del quincemayismo menos politizado.
Pero las novedades de Podemos como partido provienen del 15M o la tecnopolítica. Del primero toma la transversalidad, el asamblearismo, los mecanismos de revocación y transparencia, el autofinanciamiento con micromecenazgos… nada de ello posible sin Internet. Y, como ya apuntamos, Podemos usa las redes sociales no sólo como medio de comunicación, sino también de organización. Votaciones masivas con dispositivos digitales han decidido la estructura, los candidatos y los programas. Y se han combinado con asambleas multitudinarias, locales o sectoriales, que también se apoyan en herramientas digitales para alcanzar consensos. Podemos destaca como el mayor usuario de Reddit, Loomio o Appgree.
El nuevo partido entendió la televisión como plataforma en la que las elites se proyectan según sus disposiciones e intereses. Aquí se trataba de introducir “el sentido común” y articularlo políticamente, para alterar la correlación de fuerzas. Algo que las elites constataron con los primeros resultados electorales. Podemos utilizó la Red para promover la conversación social y rentabilizar la autonomía de su público afín. Éstos constituyeron comunidades de afinidad (a veces anteriores a los grupos de militancia presencial o Círculos), viralizaron y remezclaron los programas de Podemos.
La secuencia ha sido, por tanto, primero asegurarse una producción propia (académica y televisiva), que acabaría adoptando el formato de tertulia. Difundirla, al mismo tiempo, en canales ciudadanos: al inicio, una televisión local (Tele K, decana de la televisión comunitaria madrileña desde 1992, amenazada por la Comunidad de Madrid) y, luego, las redes sociales. Así Pablo Iglesias logró captar la atención de algunas televisiones digitales extranjeras, a las que su equipo de producción entregaba el programa cerrado. Luego le invitaron a las tertulias de las teles digitales de la derecha y, finalmente, de dos cadenas generalistas en abierto (Cuatro y La Sexta). La televisión (hegemónica en la dieta mediática, incluso de los internautas) y las tertulias (el formato de “información” política por excelencia)  daba visibilidad. Pero fue la Red la que permitió el trasvase hacia las grandes televisiones. Y las redes sociales cooperaron simbióticamente con las cadenas privadas, aumentando su difusión, viralizando los programas o los fragmentos más intensos de las tertulias. Sin embargo, la estrategia de colaboración parece haber llegado a su fin.
(1)Treré, E. y Barassi, V. (en imprenta). “Net-Authoritarianism? How Web Ideologies reinforce Political Hierarchies in the Italian ‘5 Star Movement’”, Italian Journal of Cinema and Media Studies, vol 3:3.
Este texto remezcla y simplifica el artículo de Víctor Sampedro que aparecerá en el próximo número de la revista Teknokultura
Con ésta ya son 100 las entradas publicadas en el blog de El 4º Poder en Red, desde su inicio en febrero de 2014. Hemos escrito y publicado en pie de igualdad, sin distingos académicos ni laborales. Sin fronteras disciplinares ni retribución económica y, por tanto, sin filtro previo. En un espacio que, liberado de licencias privativas, ofrecemos como espacio comunal y mancomunado. Un remedo, apenas un esbozo de la esfera pública que ansiamos. El orgullo de mantenerla activa se justifica por haber sido capaces de convocarles a todos ustedes a habitar este lugar. Pasen y escriban, comenten, viralicen, redifundan y remezclen. Suyo es, y nuestro no.

Podemos a la parrilla (I)

Comunidad editorial de El 4º Poder en Red


*Esta es la primera entrega de una serie que publicaremos sobre la cobertura informativa de Podemos. Nos basamos en las Sesiones del Curso sobre Esfera Pública Digital del Máster CCCD.

Ha pasado un año desde la irrupción de Podemos. Un año en el que, de nuevo, se demostró que la esfera pública española es un campo de batalla donde impera la ley del más fuerte: un darwinismo mediático marcado por las alianzas partidarias y económicas de los medios de comunicación convencionales.

Podemos fue clave al introducir en los medios el discurso quincemayista, crítico con la Transición y con el Régimen del 78. Sin embargo, ese discurso corre el riesgo de ser fagocitado por Ciudadanos, partido más afín a las élites que Podemos pretende combatir. La lógica mercantilista y las alianza partidarias señalan una secuencia marcada por: la guerra de audiencias, el cierre discursivo y la guerra sucia.

Primera fase: la audiencia lo es todo

Podemos da audiencia. Pablo Iglesias aumenta el número de espectadores de los programa televisivos en los que aparece gracias a: su particular lenguaje, que mezcla lo emocional y lo estético; su temple, al hacer frente a tertulianos vociferantes y acostumbrados a la marrullería; y al incipiente “discurso del sentido común”, que más tarde se convertirá en el principal eslogan de su formación. Características que conectan, casi instantáneamente, con el imaginario del público.

Sin saberlo, en su afán por ganar audiencia, los medios permiten que el latente “No nos representan” derrumbe su muro mediático. Antes, dicho discurso había pasado tres años a fuego lento en los medios alternativos, calando poco a poco en la opinión pública.

Fue desde principios de 2014 cuando Iglesias logra introducir un discurso que recoge, ente otras, las principales demandas de la PAH y de las distintas mareas, así como las voces más críticas con el capitalismo… Las lanza, ni más ni menos, que en prime time. La falta de carisma y aparente desconexión con la realidad de los principales líderes políticos (Rajoy en el PP, Rubalcaba en el PSOE, Cayo Lara en IU) hacen el resto: le ofrecieron en bandeja la rampa de lanzamiento para un mensaje que se llevaba perfeccionando cinco años.

Justo cinco años antes de las Elecciones Europeas de 2014, Pablo Iglesias presentó el primer programa de 99 segundos en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Un espacio de debate creado por alumnos y docentes de la propia universidad. Poco tiempo después comenzó a emitirse La Tuerka en la televisión local de Vallecas, TeleK. Después, Iglesias da el salto a la TDT, donde sorprende a tertulianos de extrema derecha, a quienes utiliza de sparring mediáticos. Se entrena con ellos, pule su estilo y entra en los platós de las grandes televisiones.

El último paso de esta etapa se da en los platós de Cuatro y La Sexta. Desde ahí, la figura mediática de Pablo Iglesias se transforma en Podemos. Logrará más de un millón de votos y envía cinco diputados al Parlamento Europeo.

Segunda Fase: el cierre discursivo

Los resultados de las Elecciones Europeas son el primer toque de atención. Por primera vez en 30 años, los votos de PP y PSOE sumados no superan el 50%. Hasta aquel momento, las élites y los medios del bipartidismo se habían limitado a ignorar a Podemos. A partir de entonces, empezarán a considerarlo una amenaza.

Las encuestas demoscópicas de septiembre de 2014 comienzan a mostrar que la formación liderada por Iglesias no había sido una simple receptora del voto de protesta en unas elecciones menores. Podemos se consolida como opción política, y los poderes políticos empiezan a darse cuenta de que el espacio discursivo de Podemos debe cerrarse. Mensaje que pronto encuentra correlación en los medios convencionales, que actúan en consecuencia.

La reprimenda llega incluso a darse en antena. Esperanza Aguirre, líder del Partido Popular en la Comunidad de Madrid, cuestionó en directo el tratamiento informativo que un medio de comunicación privado había dado a las elecciones griegas, así como la relación establecida entre Syriza y Podemos. Aguirre calificó de “propaganda” dicha cobertura y terminó increpando a la presentadora.

Los medios captaron el mensaje. La estrategia es clara: generar la mayor visibilidad posible del partido (aprovechando su tirón de audiencia), pero con un sesgo mediático negativo. El grifo de la transmisión de ideas se cierra y los miembros de Podemos ya solo aparecerán para defenderse de ataques y descréditos. La formación de Iglesias tiene parte de responsabilidad en este giro. Si responde a las preguntas de los periodistas sobre las líneas básicas de su programa diciendo que esto será consultado a los expertos y a los seguidores, solo cabe centrarse en lo líderes. Serán objetivos a batir.

Portada de ABC del 10 de febrero de 2015:

Portada de La Razón del 27 enero de 2015:
Tercera fase: comienza la guerra sucia
La última etapa comienza con la campaña contra Juan Carlos Monedero. Dicha estrategia cumple con éxito sus objetivos: derribar al número tres de la formación, implantar el mensaje de que nadie está limpio de corrupción y frenar el impacto electoral de Podemos. Era el bloqueo al potente inicio de campaña electoral que había protagonizado tras la multitudinaria convocatoria de la Marcha por el Cambio.
La portada de ABC (10/02/2015) fue significativa de las prioridades informativas imperantes. Era el día después de la eclosión del escándalo de la lista Falciani. El periódico utilizó su portada para, en vez de dar cuenta de ello, atacar la imagen de las universidades españolas. ¿Tendría algo que ver la presencia del apellido Luca de Tena –fundador e histórico editor de ABC– en la lista?
Surge la paradoja. Mientras medios de todo el mundo tratan las lista Falcini, los principales medios españoles hacen caso omiso y dedican un amplio despliegue a Monedero, profesor universitario, y sin ningún puesto de responsabilidad política. En contraposición, nadie dedica atención a cómo un banco internacional ha orquestado una operación masiva para que las principales fortunas del país rebajen al mínimo su carga impositiva, Una vez más, la esfera pública española vuelve a traicionar el derecho a la información de los ciudadanos.
Portada El Mundo 10 de febrero 2015:
Portada El País 10 febrero 2015:
Para El País, los vagos recuerdos de Claus Offe, un académico de ochenta años que reconoce tener “mala memoria”, son utilizados para acusar en portada a Juan Carlos Monedero de haber falsificado su currículum. Una decisión periodísticamente inaceptable que lleva, días después, a la Defensora del Lector del propio diario a reprender al director adjunto del periódico y a pedir disculpas a los propios lectores.
A la maniobra contra Podemos se suman incluso las instituciones del Estado. Cristobal Montoro, ministro de Hacienda, utiliza el fisco español para amedrentar a Iglesias, Monedero y al resto de miembros del partido. Estrategia que es definida, incluso por Federico Jiménez Losantos, como una “vulneración de sus derechos” contraria al marco legal sobre protección de datos fiscales vigente en España.

Sin embargo, la campaña consigue sus objetivos. Se descubre que Hacienda llamó uno a uno a los españoles de la lista Falciani para que se pusieran al día con sus obligaciones fiscales. Pero Monedero tuvo que presentar una declaración complementaria, dar una rueda de prensa con las facturas de su trabajo y apartarse, finalmente, de la primera línea del partido.

La estrategia político-mediática se había cumplido. Refuerza lo existente y frena lo emergente.

Continuará…