El 15M cumple 50 y los medios se hacen eco


Víctor Sampedro Blanco.
Catedrático de Comunicación Política.

“Sólo se reconoce lo que espera” (Marta Sanz).

El 15M ha sido, ante todo, un espacio de debate y movilización: una red de redes, digitales y físicas, con extensiones en la calle. La oposición a la ley Sinde (la ley “anti-piratería” del PSOE) permitió aglutinar un frente de oposición irreconocible por quienes no estaban conectados, ni en la red ni en las plazas. Expresó un nuevo consenso muy diferente al de la Transición: más amplio y más transversal. Basado en el conflicto y en el diálogo. Contrario al que se logró imponiendo vetos y silencios. De hecho, el 15M expresa un consenso conflictivo, que denuncia a los responsables de una doble crisis: económica (compartida con el resto de países) e institucional (propia de aquí). Ese espacio público también generó nuevas herramientas de intervención pública, de carácter social y político. Cinco años después, las herramientas comunicativas que surgieron a partir del 15M demuestran que la crisis del sistema institucional ha alcanzado a los medios que lo sustentaban.

Todo esto suena muy abstracto. Pero es obvio que desde mayo de 2011 hablamos y participamos en la vida pública abordando temas antes prohibidos, que eran objeto de (auto)censura. Contamos también con nuevos actores y canales para informarnos y debatir. Si alguien hubiese entrado en coma en 2011 y despertase hoy, no reconocería España. Si fuese un afiliado del PP o del PSOE, de CC.OO. o U.G.T… o un lector monodependiente de El País o ABC, fliparía en colores. Sus líderes, organizaciones y plataformas de expresión han perdido el duopolio.

El blanco y negro –“yo o el caos” y “conmigo o contra mí”– ha evolucionado en arcoiris. Como las opciones sexuales, las ideológicas –modos de ver el mundo– han ganado colorido. Tanto que, ante el empuje podemita para ganar la hegemonía ideológica –establecer un modo de ver el mundo– los socialdemócratas cambian las monturas de sus gafas por otras más pintonas. Ya sabemos que lo que importan son los cristales. Y que la derecha nunca se quitó del todo las gafas ahumadas. La presbicia del PSOE y la ceguera del PP resultan ahora manifiestas. Las de quienes fueron sus periodistas e intelectuales de cabecera, también. No reconocieron el 15M, porque no (se) lo esperaban. Siguen sin hacerlo

Los cinco años de 15M parecieran 50; cada uno, una década. Como publiqué en los anteriores aniversarios, el primero celebró la toma de conciencia de un cuerpo social desconocido, cuya existencia había sido y quiso ser negada. Con diez años, ya mostraba “uso de razón”. Una mayoría social (entre 7 y 8 de cada 10 votantes) rechazaba ser la mercancía de los políticos y los banqueros. Pero los medios del PP y el PSOE –hegemónicos– presentaron a los “perro-flautas” como adanistas (prepotentes) y anti-políticos (rechazaban el Edén de la democracia irreal que les habían regalado).

Para el segundo cumpleaños, ya con 20 –como es de recibo y necesitado de pagarlos– el 15M luchó por el derecho a techo y a los servicios públicos. La PAH y las Mareas fueron sus herramientas o instrumentos, creando un lobby social, redes de protesta y autoayuda, sin el sindicalismo entregado al ladrillo. En el tercer aniversario, algunos quincemayistas treintañeros perfilaron un actor político capaz de desbaratar el juego electoral. Los cinco eurodiputados de Podemos en 2014 ya habían pasado de la protesta a las propuestas. Y, con otros aliados, recabaron el poder a nivel local para intentar llevarlas a cabo. Como responde a un cuarentón que ha demostrado suficientes méritos y reconocimiento.

Ya en su quinto año de vida el 15M, parlamentarizado en Podemos y federalizado en las coaliciones periféricas, tuvo que admitir, como todo cincuentón, que no podía obviar su ADN ni la herencia familiar. El techo electoral de Podemos era manifiesto, así como la necesidad de coaligarse con “los compas” mayores, que antes había menospreciado, y las familias afines de las que renegaba. Esto ocurre, ahora, en un contexto en el que la quiebra del mapa electoral se solapa con la del sistema comunicativo que lo mantenía.

Si los medios hubieran empleado contra el PP el mismo arsenal que contra Podemos, sin duda habríamos tenido elecciones anticipadas. Un golpe semejante habría sufrido la Cultura de la Transición, que Guillén Martínez denunció a pleno pulmón quincemayista. Tuvo que venir Gregorio Morán –con más años y lecturas– a hacerle la autopsia en El cura y los mandarines. Es lo que ahora, sin compartir el término ni sus presupuestos, I. Sánchez-Cuenca denuncia como La desfachatez intelectual.

Recordemos que apenas un par de intelectuales reconocidos, Manuel Castells (en la Plaza de Cataluña) y Carlos Taibo (en Sol), tomaron la palabra en las plazas con el consentimiento de las asambleas. El primero hace tiempo que actúa en una esfera pública global y el segundo ha renunciado a participar en los medios nacionales. Castells, también casi en solitario, había sido el primero en reivindicar las manifestaciones del “Pásalo” en 2004. Fue entonces cuando se fraguó la emergencia de una esfera de debate autónoma, antagonista y, a la vez dialogante, con la oficial. Ahora esta última hace aguas.

Nadie mejor para evidenciarlo que su custodio, la Asociación de la Prensa de Madrid, el último vestigio de los sindicatos verticales del franquismo. Quienes dicen representar a los trabajadores y a los dueños de la comunicación, dispararon contra la web del Ayuntamiento de Madrid, negándole la posibilidad de desmentir infundios sobre su actuación. El contraste de las falsedades mediáticas con los documentos y las publicaciones oficiales de una administración pública fue tachado de ataque a la libertad de expresión. Lo afirmaba una asociación que ha permanecido muda ante los excesos de los medios “de referencia”.

La APM nunca dijo nada cuando el exdirector de ABC declaró haber “amenazado la estabilidad del Estado”, en la coalición de medios que tumbó a Felipe González. No se le conoce opinión sobre la “teoría de la conspiración del 11M” o el cese de los directores del El País, La Vanguardia y El Mundo antes de las elecciones de 2015… Y tampoco cuando se descubrieron los negocios de Cebrián (presidente de PRISA) en el paraíso fiscal panameño. Porque nada hay más deontológico que contravenir las normas de tu empresa, denunciar judicialmente y despedir a los compañeros de profesión que te critican.

La línea de defensa de Cebrián, en la entrevista masaje de Pepa Bueno, atribuyéndolo todo a una conspiración como la sufrida desde la extrema derecha en sus primeros tiempos de El País, queda para la antología de la infamia periodística. Reproduce, punto por punto, la actitud de un político corrupto: no afronta los hechos, no responde ante su propia organización, criminaliza al opositor, judicializa la crítica y despide al colaborador disidente.

Pero las purgas internas del Búnker ya no sirven ante a un periodismo que se ha ido construyendo al margen de los oligopolios mediáticos del bipartidismo. Máxime cuando están en bancarrota y existen modelos de negocio invulnerables a la censura nacional. En este contexto, resulta lucrativo criticar al periodismo inmundo de las campañas de difamación, ahora encarnadas en Inda y antes por su maestro Pedro J. Porque ese autocontrol profesional se venía pidiendo a gritos y es un clamor de las redes sociales. Ya sale a cuenta (en términos de prestigio y resultados económicos) colaborar entre varios medios, aumentar los márgenes de autonomía de cada uno de ellos y hablar de lo que realmente importa. Por ejemplo, los paraísos fiscales que comparten los banqueros, políticos y “periodistas” del régimen del 78.

La simbiosis colaborativa con los públicos más activos toma forma de buzones de filtraciones contra la corrupción. Entre (verdaderos) compañeros de profesión, se fraguan alianzas internacionales de medios que explotan de forma conjunta informaciones que antes se querían “exclusivas”. La colaboración que Podemos realizó con algunas televisiones, viralizando sus apariciones y aumentando las audiencias, seguirá dando réditos a ambas partes. Muestra la potencia de unos contenidos forjados en alianza con actores que actúan como sujetos comunicativos de pleno derecho, con mensajes y canales propios. Ojalá que las lógicas partidarias y corporativas, de la nueva política y el nuevo periodismo, no invisibilicen al movimiento.

Los partidos políticos más raros

«El Mejor Partido: Estos lo tienen claro, hasta en el título. Leemos en su web que son «un partido político sin promesas electorales creíbles, vamos, como las de todos los demás partidos».

Se definen como «varones heterosexuales canosos y cegatos» y aseguran que, de pactar, lo harían con el PP porque «las siglas parecen botas ortopédicas al revés, y eso es lo que necesita el país: caminar recto, pero con el culo mirando al cielo». Todo clase.»

http://www.huffingtonpost.es/2015/05/19/partidos-raros-24m_n_7314392.html?utm_hp_ref=spain

D.

¿La burbuja digital de Podemos?

Entrevistamos al Equipo de Participación de Podemos y salió en Público en dos partes: una y dos.
 Se nos quedó una pregunta por hacer y nos la acaban de contestar. Ahí va:

¿No véis el
riesgo de que Podemos acabe siendo una «burbuja tecnopolítica»: «hay que
procurar que la construcción de un engrasado dispositivo virtual esté
encaminado a provocar cambios y acciones reales, aparte de emitir votos
digitales».
Hemos tomado el término de un artículo de Iñaki Arzoz.

Respuesta:

Entendemos
el uso de herramientas informáticas como un plus para facilitar la
participación a todos los niveles. En ningún caso queremos sustituir los
encuentros físicos, las asambleas. Nuestro deseo es facilitar que cada
persona, independientemente de su situación personal o laboral, pueda
participar en Podemos. Se trata de aumentar los canales de participación
pero sobretodo de saber coordinarlos y potenciarlos entre si.

Es
esencial poder trasladar los debates de la calle a las redes y de las
redes a la calle. Un ejemplo de la potencia deliberativa de estas
herramientas es el debate que se está manteniendo en Plaza Podemos
acerca de los documentos de la Asamblea Ciudadana y la conexión y
traslación que están teniendo estos debates en las asambleas de los
círculos.

La idea es seguir abriendo y fomentando estos espacios
deliberativos, pero también ampliar las vías telemáticas para potenciar
la realización de proyectos concretos
, que entre todo el mundo se puedan
proponer, debatir, mejorar, y elegir las mejores ideas. A partir de
ellas, debemos facilitar los recursos y el contacto entre las personas
interesadas, para que se puedan hacer realidad. Desde el Equipo de
Participación apostamos por continuar profundizando en estas nuevas vías
de democratización y descubrir entre todos el potencial y los límites
que tienen, a partir de los cuales incorporarlas de la mejor manera en
Podemos.

Mil gracias a M. Ardanuy y el resto del Equipo que coordina.

Kids don’t vote



Cómo gobernar una ciudad corrupta hasta la médula, desestructurada económicamente, sin participación ciudadana y con 7.500 millones de deuda.

The Wire, como con casi todo, ya lo anunciaba… El futuro de la ciudad de Madrid está en juego:

D.

“España es Diferente”: Podemos y el 15-M

De Cristina Flesher Fominaya
Doctora en Sociología por la Universidad de California en Berkeley.
Actualmente es Profesora Titular de la Universidad de Aberdeen.
Tomado de nuestro blog en Público, El 4º Poder en Red.

Si en varios países de Europa como el Reino Unido y Francia, el
populismo de la extrema derecha logró cautivar el voto de la
indignación, en España, gracias sin duda al impacto del movimiento 15-M
(ampliamente definido), el voto indignado asumió un color político del
todo diferente, demostrando una vez más que, como reza el eslogan
turístico, “Spain is Different”. Al igual que el Partido X, o el Partido
Pirata, pero con resultados electorales muy diferentes, Podemos se
conoce como partido “15mayista”. Esto ha llevado a algunos medios, como
el New York Times, a suponer que el voto a Podemos venía de
participantes en este movimiento.

Pero conviene reflexionar sobre la
etiqueta “15mayista” y las contradicciones que conlleva para un partido
político. ¿En qué sentido es Podemos “15mayista”? Claramente, en su
postura contundente contra la corrupción política, el fraude bancario y
su apoyo a la mayor parte de las reivindicaciones del llamado movimiento
15-M. El movimiento también se ve reflejado en el modelo participativo
de la elaboración del programa electoral, un modelo abierto en el que
cualquier ciudadano pudiera participar sin necesidad de ser militante
del partido, una dinámica muy alejada de las tradiciones de militancia
de partidos como IU, el PSOE o hasta el PP.

Otro fuerte elemento
“15mayista” ha sido el lenguaje “anti-ideológico” que busca un
acercamiento al ciudadano de a pie. De la misma manera que los
activistas del 15-M buscaban un lenguaje que lograra romper con las
divisiones ideológicas profundas que separan la izquierda y la derecha
en España (siguiendo, hay que reconocer, una estrategia y deseo de
movimientos asamblearios y autónomos anteriores aunque con muchísimo más
éxito), Podemos se presenta como un partido de gente decente y
corriente, gente “como tú”. De esta manera comenzaba el manifiesto DRY :
“Somos personas normales y corrientes. Somos como tú…” La carta de
campaña de Pablo Iglesias comienza “Cuidadana, ciudadano” que aún cuando
no refleja la estrategia discursiva de los quincemayistas, basada en el
uso del plural femenino para articular y afirmar una posición política
feminista, al menos apunta en esa dirección.

La campaña en sí, con sus
cartas echadas a mano en los buzones, su boca a boca, y su travesía por
numerosos colectivos y espacios de indignación, ilusión y alternativas,
también tenía más de estilo movimentista que partidista. Por todas estas
razones y más, se entiende que a Podemos se le conozca como
“15mayista”. Sin embargo, no se puede afirmar que el apoyo a Podemos
haya venido rotundamente desde el mismo movimiento 15-M, donde el
surgimiento del partido ha provocado un intenso debate.

El debate sigue más o menos éstas líneas:

Para quienes estaban en contra o “no lo ven”, Podemos representa la
cooptación de un movimiento autónomo y apartidista, cuyo señas de
identidad incluía el no permitir la participación de partidos políticos o
sindicatos en capacidad representativa.

– En el 15-M se trataba de imaginar una nueva forma de democracia
directa desde abajo, no generar un partido político representativo.

– Podemos en realidad representa las mismas políticas que IU o Izquierda
Capitalista, y por tanto es un partido que no aporta en realidad nada
nuevo.

– Podemos reproduce la característica clásica de la política española
del personalismo, donde un líder carismático, generalmente rodeado de
acólitos, se alza por encima de los demás.

– Cuando los movimientos sociales invierten su energía en partidos
políticos, esto inevitablemente facilita su declive. Este argumento se
reflejaba bien en un tweet post-electoral: “Dejar de tomar y hacer cosas
para empezar a pedírselas a Pablo Iglesias es sólo cuestión de tiempo
para algunas personas.”

Como un movimiento horizontal, sin líderes y asambleario, no es de
extrañar que existan reticencias a la idea misma de un partido
15mayista, cosa que para muchos quincemayistas es un oxímoron. Y los que
conocen la historia del declive de los movimientos sociales después de
la llegada al poder del PSOE también entenderán los miedos de quienes
afirman que la vía partidista resta energía a las resistencias
colectivas a pie de calle.

Pero no todos lo ven así. Para quienes apoyan a Podemos (o de hecho
dejaron de militar en colectivos para dedicarse a la campaña) los
argumentos son más o menos así:

– El 15-M fue maravilloso, pero ya ha terminado y hay que plasmar esa
energía en algo constructivo en las instituciones antes de que
desvanezca del todo.

– El 15-M no ha terminado, pero ha evolucionado en multitud de proyectos, uno de los cuales es Podemos.

– Podemos es el partido más participativo y que recoge el espíritu del 15-M, por tanto es 15mayista.

– Los medios exigen líderes y no es realista pensar que un partido pueda triunfar sin recurrir al personalismo.

– No hay que limitarse a una sola línea de resistencia, se puede tener
un pie en las instituciones y cien en la calle, y no tiene por qué haber
una contradicción entre movimiento y partido.

Si bien es cierto que muchos participantes en 15-M ven en Podemos (o
cualquier partido) una contradicción irremediable, también es cierto que
otros tenían claro que hacía falta una alternativa institucional
efectiva. Después de que cientos de miles de personas hayan expresado su
indignación y rechazo hacia un gobierno que ha hecho oídos sordos a sus
demandas, no es de extrañar que hasta algunos de los que en un
principio hayan reivindicado una respuesta en las calles ahora se
plantean una opción electoral. También es cierto que dentro de los
movimientos autónomos siempre ha existido una tradición de doble o
multi-militancia. Podemos ha sabido leer muy bien el sentimiento
nacional, ha aprendido bien no solo del 15-M sino de movimientos
anteriores, y ha logrado plasmar la indignación y deseo de renovación y
cambio de al menos 1,25 millones de Españoles en votos a su favor. En
esto ha logrado mostrar que España, en el voto también, “es diferente”.

Podemos: de “nuevos príncipes”, amores y pedagogías

De Germán Cano, antes de que salga en el 4º Poder en Red, de Público.

Es signo de que las cosas
andan rematadamente mal el que las reivindicaciones simples y obvias se
conviertan en una provocación. Se nos dice que es imaginable que de la noche a
la mañana, superando todos los límites sociales, económicos y de clase, nos transformemos,
como si saliéramos del escenario de “Lluvia de Estrellas” de Bertín Osborne, en
empresarios gestores de nuestro capital humano. Sin embargo, se responde que es
intransigente reivindicar cosas tan modestas como el derecho al agua o una
mamografía que prevenga del cáncer de mama. Otro nombre que utilizan los
técnicos que aparecen en la tele para criticar estas demandas tan ofensivas es:
“populistas” o “demagógicas”. En Román Paladino: que no tenemos ni idea de lo
complejo que es el mundo.
Sin embargo, lo simple y
obvio, el sentido común, no es como un bloque monolítico y compacto a la
espera
: es contradictorio y fragmentario; se asemeja más a un campo de
lucha, donde es importante no dar nada por hecho, tomar partido, intervenir con
urgencia y marcar los tiempos. Uno de los rasgos interesantes de la figura
mediática en la que se ha convertido Pablo Iglesias es que no ha caído nunca en
la trampa elitista del “no es necesario crear marcos” ni el de asumir el guión
abstracto de “profesor” al que continuamente se invita desde los medios. Mucha
gente tradicional de Izquierda o incluso libertaria sostiene a menudo que “los
hechos hablan por sí solos”. No es cierto. Continuamente utilizamos marcos,
gramáticas o estructuras mentales arraigadas en nuestro sentido común que
configuran nuestra comprensión del mundo para entender la realidad. De ahí la
importancia de enmarcar políticamente los hechos en los medios o de recusar el
marco del adversario político. Es más, lejos de dar por hecho de que hay
verdades de Perogrullo, la política tiene que ver con el trabajo incómodo de
enmarcar ciertas “verdades” para que se vean precisamente como verdades de
sentido común. El sentido común no es un don caído del cielo, sino un trabajo
con impurezas. No requiere sacerdotes, sino artesan@s o boxeador@s.
En un momento en el que los
Economistas de turno entran en los platós televisivos dotados de un aura
sagrada casi de inefabilidad, tachar la sencillez argumentativa de Iglesias de
“demagógica” es no esforzarse en entender. Su gesto político no es el de
alguien que pretende reducir de forma oportunista la complejidad de la realidad
-para estos críticos, se deduce, solo accesible a los “técnicos”- a lo vulgar-,
sino el de quien se empeña en traducir lo supuestamente complejo a un lenguaje
más accesible, para todos. El desplazamiento es interesante porque este
movimiento provoca una alteración de las fronteras entre estos dos falsos
extremos. En pocas palabras: si el lenguaje complejo de la tecnocracia política
puede enmarcarse en términos simples, entonces no era tan complejo como
parecía, y si lo simple puede servir como traducción adecuada de esa presunta
complejidad accesible a unos pocos, entonces tampoco era tan simple como nos
decían para hablar por nosotros.
Puede entenderse por qué
explorar esta gramática plebeya desde Podemos
se antoja pedagógicamente determinante para generar musculatura democrática y
catalizar interés por la política. En el marco de atonía generado por el
discurso tecnocrático de la llamada “posdemocracia” resulta interesante
analizar cómo uno de los efectos de la aparición de Pablo Iglesias en algunos
medios de comunicación ha sido el de despertar un nuevo interés por la
política, sacudiendo cierta resignación y cinismo imperantes, sobre todo en
nuevas clases medias desclasadas y jóvenes. Quién sabe si incluso este mensaje
puede politizar a los “cuñaos”. Sea como fuere, no puede dejarse de agradecer a
La Tuerka su estrategia político-pedagógica en esta dirección.
Si Podemos ha entrado en la escena política de las mayorías sociales
como un actor ha sido, entre otras razones, por “envenenar” con su gramática
plebeya esta falsa polaridad entre lo popular y lo técnico sin adoptar el
típico tono idealizante de la Izquierda. A la luz de esta intervención en el espacio
público entendemos también mejor los bloqueos eróticos de sus “príncipes
azules” a la hora de conquistar a la “princesa del pueblo”. Seducidos ellos
mismos por esta metáfora, de corte machoálfico, han mitificado y, lo que es
sutilmente lo mismo, despreciado al mismo tiempo, al “pueblo” que buscaban
cortejar en vano, nunca por definición a la altura de su amor idealizado. Como
escribe Terry Eagleton, la actitud de los grupúsculos de la Izquierda hacia las
clases populares ha sido un poco como la de la Virgen María hacia el Niño
Jesús: aceptación reverente de su divinidad, pero ligera desilusión después de
haberle limpiado el culete.
No es preciso insistir en el
lenguaje platónico típico del militante amoroso. Nunca se viaja suficientemente
a la Izquierda para el radical-cansinismo, que desea resguardarse al margen del
lenguaje de lo posible.  Esperar pacientemente al Godot de LA Revolución,
EL gran Movimiento del Poder Constituyente, LAS Condiciones objetivas maduras,
LA Rebelión, EL Acto perfecto, LA Regeneración de la socialdemocracia… no es
solo como condenar los amores concretos, imperfectos y sucios que se cruzan en
tu vida por aguardar a tu “media naranja”; es sencillamente renunciar a
contaminar la tramposa división entre la jerga de los expertos y la falsa
simpleza de los dominados. Si ha de estar esperando el amor cursi de su
engalanado Príncipe Azul y su vieja retórica sexista, la Princesa del Pueblo,
en el caso de que exista, hará bien en irse con otro.
O se quede con el sapo.

De la acampada a la campaña electoral

En tres años – parecieran treinta – la multitud acampada en
las plazas hace campaña. O al menos eso percibo en las clases. Aquel “No
les votes” – contra la Ley Sinde – tiene un significado más rotundo:
generacional. Un joven estudiante proponía hace meses realizar carteles
conjuntos para los nuevos partidos del 15M: “Papás, abuelos, hacedlo por
mí. No les votéis”. No hacía falta, según él, añadir más. Todo el mundo
entendería quién representa el pasado. Quien les ofrece trabajo basura o
exilio económico. Hipotecas o desahucios. Silencio o multa. Zanahorias
podridas o palos uniformados, en la calle y en la Red.

Dado el primer paso (descartar el pasado como futuro intolerable),
otros compañeros planteaban, en positivo, “echar a suerte el voto”. Si
en 2011 “no sabíamos nada” de partidos, ahora dudaban entre apoyar a
cuatro o cinco formaciones. Ya que no han sido capaces de presentarse
unidas, proponían que decidiese el azar entre las más afines. Nótese que
los alumnos plantean soluciones antes impensables. Primero, colaborar
con una red de nuevos partidos, sin distingos, para acabar con lo que
perciben como la red clientelar del PPSOE. Segundo, la elección por
azar, la decisión más democrática: dar idénticas oportunidades a quienes
se considera igualmente capaces de representarnos.

No tenían demasiadas dudas para identificarlos. Las candidaturas del
quincemayismo han aplicado – algunas muy a fondo – la democracia directa
y digital. Han desarrollado primarias para elegir sus listas
electorales, movilizando recursos y participantes que suponen un hito en comparación con nuestro entorno. El Partido X
aplicó la tecnopolítica más avanzada, sin parangón. Ningún partido
pirata o el de Beppe Grillo ha elaborado desde abajo su programa y,
sobre todo, partiendo de cero. Debe ser la primera formación que
presenta a las elecciones de la UE un candidato extranjero. Su cabeza de
lista es un hacker extranjero que casi mete en la cárcel a Botín.
Representaría el segmento votante del 15M más empoderado en la Red:
pragmáticos y sin fronteras. Su contraparte más ideológica y socializada
en la izquierda, Podemos, recogió el legado del
altermundismo latinoamericano, a cuyos gobiernos asesoraron varios de
sus líderes. Organizaron círculos de apoyo con el modelo de las
movilizaciones ciudadanas que eligieron a gobernantes populistas (de
Chávez a Lula, pasando por Evo, Correa y los Kirchner). En pocos meses
la formación de Pablo Iglesias aparece en las previsiones de escaños.
Propone cambios estructurales, compatibles con procesos electorales y de
movilización cívica. Recurre al populismo como ingrediente de una
cultura política capaz de desplazar el (no menos populista)
individualismo posesivo del capitalismo.

Equo e IU también aparecían renovados ante el alumnado. Consideraban votarles en sus plataformas con otros partidos: respectivamente, Primavera Europea e Izquierda Plural.
Por haberse implicado en las resistencias y movilizaciones sociales.
Por aplicar mecanismos (si bien desiguales) de participación y
transparencia interna. Estas eran las cuatro opciones que manejaban los
alumnos de Madrid. Compañeros de Galiza, Euskadi y Catalunya quizás
habrían incluido Los Pueblos Deciden (BNG-Bildu). Cinco
opciones para echar a suertes. Solo quedaba una cara del dado sin
siglas. ¿Un comodín? Eso es. Otra sigla nueva, pero un remedo de las que
se pedía que no votasen los padres y abuelos. No: mejor echar de nuevo
el dado. Hasta que salga cualquiera de las que, en la próxima elección,
debieran presentar candidaturas y carteles conjuntos.

Nada de esto resta un ápice de valor al quincemayismo que no reconoce
el juego partidario ni la representación parlamentaria como
manifestaciones de una mayoría de edad política. Sus portavoces y
activistas más cabales, partidarios de abstenerse o votar nulo, merecen
la más alta estima y agradecimiento. Su coherencia y entrega son
encomiables. Entiéndaseles bien. Propugnan la abstención activa,
precedida y seguida de compromiso y militancia. No anularán solo las
papeletas (tachando, por ejemplo, los nombres de los corruptos), sino la
existencia de un poder sin contrapoder.

Votar u ocupar un escaño no hace a nadie mejor ni peor sujeto
político. Tampoco al 15M. Sumar años tampoco. Pero la edad conlleva
cierto cansancio y el deseo de materializar algún cambio, sin fiarlo a
un futuro que se sabe cada vez más corto. No es cobardía, sino
pragmatismo. Esto no lo sostienen los estudiantes de 20 años, sino
muchos yayoflautas. Pregúntenles si van a votar o no. ¡Hubiera sido tan
oportuno que alguna candidatura del 15M los hubiese incluido! Todo se
andará. Recuerden, vamos lejos. El tiempo juega a favor. Sigue minando
lo caduco, traerá nuevas movilizaciones y elecciones.

Artículo entero: http://blogs.publico.es/el-cuarto-poder-en-red/2014/05/15/el-15m-al-otro-lado-del-espejo/

Partido X: política de futuro y sin complejos

Se aproxima el Día de la Bestia, que diría Alex de la
Iglesia: el 12 de octubre. Y los ultras recabarán más atención que el Partido X
cuando hizo públicas algunas de sus caras. Los camisas azules apenas
necesitaron darla hasta ahora. Gran parte de su proyecto estaba a salvo. Ahora,
que el Régimen del 78 hace aguas, la dictadura y la cultura política de la
Transición se revelan como la antipolítica typical
Spanish
. Los partidos que aún no condenaron el franquismo y las elites herederas
del botín son enemigos de la democracia. Los fachas de la Plaza de Oriente, los
centuriones menos acomplejados. Pero la falta de complejos ha cambiado de
bando.
Los tertulianos del Régimen tildan de antipolítico al
Partido X. Los hijos del zombi Paco, que cantó Siniestro Total, estigmatizan a
profesionales comprometidos, activistas de largo aliento, gentes anónimas que
se reclaman como actores políticos de pleno derecho. Y esto representa todo un
anatema para quienes nos gobernaron diciéndonos, como su mentor, «no se
meta en política». Un sacrilegio para los gobernados que, definiéndose
«apolíticos», comulgaban con una democracia
clerical
, inquisidora de quien desafiara los tabúes de la
Transición.
El Partido X se propone disputar un caladero electoral hasta
ahora vedado a quien no mendigase permiso: un puesto en unas listas cerradas. Desde
las redes sociales (mejor de carne y hueso, antes que digitales) se quiere desalojar
a las redes clientelares que han secuestrado las instituciones. Se impugna la
antipolítica de los que primero se erigieron en padres sangrientos de la patria
y, después, evolucionaron o engendraron a los padres de la Constitución.
Acabaron amputándole la dimensión social, al reformarla en agosto de 2011. Y
ahora actúan, una vez más, como cirujanos de hierro, indiferentes a los costes
sociales. Siempre prefirieron amputar antes que injertar.
Ahí reside la principal novedad del Partido X y no tanto en
sus tintes cibernéticos. Será «el partido del futuro», como dicen, si
logra abrir vías a la savia ciudadana que desde hace tiempo no encuentra
capilares por los que circular en las instituciones. Para entender sus
propuestas, cabe concebirlas como injertos; y a sus protagonistas, virus inoculados
en el sistema. Tarde o temprano contagiarán a otras formaciones políticas. De
hecho esa era su propuesta inicial: que alguien recogiese su programa y les
evitase presentarse a las elecciones. Si alguna formación tomase el testigo, al
menos tendría el futuro asegurado.
En comparativa internacional el Partido X es la forma más
avanzada de partido red, como el 15M lo es entre los indignados occidentales. La
elaboración colaborativa de un programa, en ausencia de una estructura formal o
partidaria previa o de una ideología concreta, no tiene precedentes. Tampoco ningún
Occupy occidental cuenta con los siete de cada diez ciudadanos que, según las
encuestas, suscriben posturas quincemayistas. Son los mismos que consideran a
los políticos como un problema y les tienen la misma baja estima que a los
banqueros. Ese cuerpo electoral ha finiquitado el bipartidismo. Y el Partido X dice
que va a por 1.2 millones de votos en las elecciones europeas y a por 3.5 en
las generales. Fueron las cifras que aportó el exdirectivo de Gallup que les
acompañó en la presentación de Madrid. Triunfalismo de partida, sin duda, pero
formulado por quienes no tienen nada que perder. Por eso se atreven a lo que
otros temen.
El futuro no es solo de los herejes de la Transición. Lo es
también de quienes ofrezcan estructuras de participación acordes con los
saberes y las competencias de los ciudadanos. Partidos que actúen como espacios
de socialización política y solidaridad. Y cuya arquitectura favorezca la
cooperación y la transparencia. El Partido X ha recogido la pulsión de una
democracia de código abierto y libre. Desde hace años ese código se desarrolla
en las calles y está proscrito en las instituciones. Sería un error descomunal
que todo quedase en proclamas ciberfetichistas, en llamadas a hackear y
reiniciar el sistema que se quedasen en retórica narcisista proyectada solo en
las pantallas.
Sería un error (tanto del Partido X como del resto de
partidos) olvidar algunos principios que inspiran su proyecto. Cualquier
candidatura electoral debiera rescatar la política amateur, que pone el amor al bien común antes que el cargo. Desde
esa posición el cargo representa, ante todo, una carga; y su acumulación en pocas
manos, un monopolio intolerable. La democracia de los comunes (commons) necesita también aprovechar el conocimiento
experto distribuido en la sociedad. Los especialistas señalarán las políticas
factibles, los riesgos que conllevan y alentarán el pragmatismo. La ciudadanía
interpelándoles, aceptando o vetando sus propuestas recordarán los valores
sociales que, al final, debieran determinar los costes y beneficios que
conlleva toda decisión política.
Estos principios importan más que las propuestas concretas
del Partido X. El ciudadanismo de los partidos en red no está exento de acabar
en un adanismo infantiloide: inconsciente de la imposibilidad de gobernar para
el 90%. Se trata más bien de prototipar nuevos artefactos políticos. Igual que
las mareas del 15M han realizado el trabajo sindical, hay que ensayar dinámicas
que ahora están excluidas de los partidos. Su faccionalismo les impide ser
inclusivos. Su dogmatismo ideológico e identitario paraliza su capacidad de ser
transversales. Su obsesión electoralista les hace olvidar que el valor de un
triunfo en las urnas depende de la calidad del debate social que lo precede. Su
amarre a unos medios alineados editorialmente, les impide concebir las TIC como
recursos que desarrollamos entre todos. Sus webs y las cuentas oficiales en
Facebook y Twitter siguen los modelos del autobombo, el verticalismo y la crispación.
La clave no es tanto el programa y las medidas concretas del
Partido X, aunque también. Ni siquiera su suerte electoral. Lo peor sería que,
como les pasó al resto, la organización se convirtiese en un fin en sí mismo.
La democracia del siglo XXI, si va a ser real, no será ¡ya! Nos queda un largo
camino para reformular los tres poderes clásicos, adaptándolos a un nuevo
modelo en red. Demos paso a una ciudadanía que ya actúa de cuarto poder. Intenta
aplicar en las calles la sanción política porque la rendición de cuentas no tiene
lugar en los parlamentos, apenas en los tribunales y, menos aún, en las sedes
de los partidos. Quienes ahora son contrapoder están dando el paso de asumir
tareas de gobierno y legislativas. Escriben un código democrático, abierto a la
modificación y de libre uso. Como la democracia. Y punto.
Publicado en Público.

Una nueva victoria del ¡Procomún!



Un tribunal alemán sostiene que el ‘porno’ no posee derechos de autor

El Tribunal de Distrito de Múnich, en Alemania, ha asegurado que las descargas no autorizadas de las películas para adultos de la productora Malibu Media no infringen los derechos de autor. El juez ha asegurado que el contenido de las películas de esta productora ofrecen una «representación primitiva de las actividades sexuales» por lo que no merecen la protección de la Ley de Propiedad Intelectual alemana.

La lucha de la productoras, estudios de Hollywood y discográficas por acabar con la piratería continúa más fuerte que nunca. Sin embargo, las productoras de una determinada temática, como es el caso del cine para adultos, parecen no disfrutar de los mismos derechos en cuanto a piratería que otras compañías.

Según recoge TorrentFreak, el bávaro ha sentenciado que las películas pornográficas no infringen los derechos de autor en el caso de que los usuarios descarguen dicho contenido a través de internet y sin pagar por ello.
«No son creaciones intelectuales»

Esta productora, considerada como un copyright troll, envió en 2012 quejas en Alemania a los suscriptores de internet que habían compartido ilegalmente ocho de sus películas. Como resultado, la productora quería obtener las identidades de esos usarios de redes P2P que se encontraban detrás de las direcciones IP de los archivos. La productora alegó ser la creadora de ese contenido por lo que la descarga a través de estos servicios P2P infringía sus derechos de autor.

Sin embargo, el Tribunal de Múnich no ha fallado a favor de Malibu Media. El juez ha asegurado que no cuenta con los derechos de autor de estas producciones ya que su nombre no aparece en las películas en cuestión. Además asegura que este tipo de películas no cuentan con derechos de autor en Alemania ya que ofrecen una «representación primitiva de las actividades sexuales» por lo que no se clasifican como «pornografía pura», es decir, no se trata de «creaciones intelectuales» por lo que no pueden ser amparadas bajo esta ley en el país.

Vía Jose Miguel.
D.

Más allá de la izquierda y la revolución

Esos son los dos términos que se esgrimen para señalar las diferencias sobre futuras plataformas electorales ligadas al 15M. Se esgrime la etiqueta de la «Izquierda», para marcar distancias con el centro izquierda-derecha del PPSOE. Se enarbola la bandera la «Revolución» para señalar las diferencias entre rupturistas y reformistas del régimen del 78, entre quienes quieren construir una «democracia del común» y los que pretenden rescatar el Estado del bienestar, entre quienes defienden unas iniciativas basistas de cambio radical y los resignados a la reforma institucional.

Dos textos, pues, para abrir debates estancados. Lo que no sé es si llevan a alguna parte. El primero reinvidica «la creatividad política distribuida y sin etiqueta» del 99% encarnado en la PAH o las mareas. El segundo replantea el concepto de revolución desde el postfeminismo.

Una píldora contra la Unidad:

» Creemos en estar juntas. Pero hemos aprendido que
estar juntas no significa siempre ser lo mismo, hacer lo mismo o
someterse a la voluntad del otro. Llevamos dos años organizándonos
masivamente sin necesidad de etiquetas ideológicas cerradas,
encontrándonos incluso con aliados inesperados. Nos hemos coordinado en
momentos clave para golpear mortalmente a un régimen que se tambalea.
Han perdido la calle, han perdido las redes y han perdido la opinión
pública. Ya tenemos la unidad, somos el 99%,  no estamos sólo quienes
nos etiquetamos como la izquierda.

«Somos muchísimas personas
diferentes juntas quienes luchamos porque estamos afectadas por las
mismas cosas, nos oprimen los mismos enemigos, y porque vivimos un mundo
común que producimos. Y vamos a echarles. Pero para eso tenemos que
darnos cuenta de que la izquierda es sólo una parte de una respuesta
social mucho más compleja y difusa. Componiendo un espacio multicolor,
diverso y distribuido, siguiendo el ejemplo de experiencias
organizativas como la PAH pero extendido a otros frentes y a otros
niveles, con un alto grado de conflicto con el poder y también una
elevada capacidad de resolver la situación urgente de miles de
ciudadanos, habremos ganado.» Toda la dosis de Azofra, aquí.

Otra píldora contra la Revolución:

«Se refieren a  “ideología” como mi madre hablaba de “marido”. No
necesitamos ninguna de las dos cosas. Las nuevas feministas no
necesitamos al segundo porque no somos mujeres, de la misma forma que
nos sobra la primera porque no somos un pueblo. Ni comunismo ni
liberalismo ni la vieja cantinela católico-musulmano-judía.

«Usamos distintos lenguajes. Cuando ellos hablan de representación,
nosotrxs decimos experimentación. Ellos dicen identidad, nosotrxs
multitud. Quieren domesticar la banlieue, nosotrxs queremos una ciudad
mestiza. Hablan de deuda y nosotrxs queremos cooperación sexual e
interdependencia somática. Hablan de capital humano y nosotros deseamos
la alianza entre especies. Nos sirven carne de caballo en nuestra mesa y
nosotrxs apostamos por cabalgar juntos para escapar del matadero
global.» Toda la dosis de Beatriz Preciado, aquí.

Persisten las preguntas urgentes, a pesar de la lucidez que aporta deconstruir lo que decimos cuando invocamos a una «izquierda unida» (sin mayúsculas):
–  ¿Es posible hacer política para el 99% sin incurrir en el populismo? ¿Un cartel electoral o un gobierno que represente al 99% no apelan peligrosamente a un consenso y a una fraternidad ficiticios?
– Y, por otra parte, ¿creéis que el lenguaje de la «nueva política» postideológica, postfeminista, post-todo puede conectar con quien todavía no está de vuelta de nada, porque aún no ha llegado a ninguna parte ya que le han arrebatado sus objetivos de desarrollo personal, no digamos colectivo?

En suma: ¿es posible una unidad que se nutra y fortalezca con las diferencias internas?, ¿la revolución personal es posible sin un marco legal que garantice el desarrollo de los derechos individuales sin menoscabo de los derechos colectivas?

Porque la fuerza de los de abajo proviene de que se crean unidos en todos los frentes de opresión a los que hacen resistencia.
Porque el ejercicio de las libertades civiles, de los que no las pueden ejercer, depende de un marco político-lega que las garantice y haga efectivas.

Y todo ello, sin menoscabo de que: la autogestión de la rebeldía social debe hacerse compatible con la representación parlamentaria de las mayorías sociales; y de que toda revolución politica es personal o no lo es.