El 15M cumple 50 y los medios se hacen eco


Víctor Sampedro Blanco.
Catedrático de Comunicación Política.

“Sólo se reconoce lo que espera” (Marta Sanz).

El 15M ha sido, ante todo, un espacio de debate y movilización: una red de redes, digitales y físicas, con extensiones en la calle. La oposición a la ley Sinde (la ley “anti-piratería” del PSOE) permitió aglutinar un frente de oposición irreconocible por quienes no estaban conectados, ni en la red ni en las plazas. Expresó un nuevo consenso muy diferente al de la Transición: más amplio y más transversal. Basado en el conflicto y en el diálogo. Contrario al que se logró imponiendo vetos y silencios. De hecho, el 15M expresa un consenso conflictivo, que denuncia a los responsables de una doble crisis: económica (compartida con el resto de países) e institucional (propia de aquí). Ese espacio público también generó nuevas herramientas de intervención pública, de carácter social y político. Cinco años después, las herramientas comunicativas que surgieron a partir del 15M demuestran que la crisis del sistema institucional ha alcanzado a los medios que lo sustentaban.

Todo esto suena muy abstracto. Pero es obvio que desde mayo de 2011 hablamos y participamos en la vida pública abordando temas antes prohibidos, que eran objeto de (auto)censura. Contamos también con nuevos actores y canales para informarnos y debatir. Si alguien hubiese entrado en coma en 2011 y despertase hoy, no reconocería España. Si fuese un afiliado del PP o del PSOE, de CC.OO. o U.G.T… o un lector monodependiente de El País o ABC, fliparía en colores. Sus líderes, organizaciones y plataformas de expresión han perdido el duopolio.

El blanco y negro –“yo o el caos” y “conmigo o contra mí”– ha evolucionado en arcoiris. Como las opciones sexuales, las ideológicas –modos de ver el mundo– han ganado colorido. Tanto que, ante el empuje podemita para ganar la hegemonía ideológica –establecer un modo de ver el mundo– los socialdemócratas cambian las monturas de sus gafas por otras más pintonas. Ya sabemos que lo que importan son los cristales. Y que la derecha nunca se quitó del todo las gafas ahumadas. La presbicia del PSOE y la ceguera del PP resultan ahora manifiestas. Las de quienes fueron sus periodistas e intelectuales de cabecera, también. No reconocieron el 15M, porque no (se) lo esperaban. Siguen sin hacerlo

Los cinco años de 15M parecieran 50; cada uno, una década. Como publiqué en los anteriores aniversarios, el primero celebró la toma de conciencia de un cuerpo social desconocido, cuya existencia había sido y quiso ser negada. Con diez años, ya mostraba “uso de razón”. Una mayoría social (entre 7 y 8 de cada 10 votantes) rechazaba ser la mercancía de los políticos y los banqueros. Pero los medios del PP y el PSOE –hegemónicos– presentaron a los “perro-flautas” como adanistas (prepotentes) y anti-políticos (rechazaban el Edén de la democracia irreal que les habían regalado).

Para el segundo cumpleaños, ya con 20 –como es de recibo y necesitado de pagarlos– el 15M luchó por el derecho a techo y a los servicios públicos. La PAH y las Mareas fueron sus herramientas o instrumentos, creando un lobby social, redes de protesta y autoayuda, sin el sindicalismo entregado al ladrillo. En el tercer aniversario, algunos quincemayistas treintañeros perfilaron un actor político capaz de desbaratar el juego electoral. Los cinco eurodiputados de Podemos en 2014 ya habían pasado de la protesta a las propuestas. Y, con otros aliados, recabaron el poder a nivel local para intentar llevarlas a cabo. Como responde a un cuarentón que ha demostrado suficientes méritos y reconocimiento.

Ya en su quinto año de vida el 15M, parlamentarizado en Podemos y federalizado en las coaliciones periféricas, tuvo que admitir, como todo cincuentón, que no podía obviar su ADN ni la herencia familiar. El techo electoral de Podemos era manifiesto, así como la necesidad de coaligarse con “los compas” mayores, que antes había menospreciado, y las familias afines de las que renegaba. Esto ocurre, ahora, en un contexto en el que la quiebra del mapa electoral se solapa con la del sistema comunicativo que lo mantenía.

Si los medios hubieran empleado contra el PP el mismo arsenal que contra Podemos, sin duda habríamos tenido elecciones anticipadas. Un golpe semejante habría sufrido la Cultura de la Transición, que Guillén Martínez denunció a pleno pulmón quincemayista. Tuvo que venir Gregorio Morán –con más años y lecturas– a hacerle la autopsia en El cura y los mandarines. Es lo que ahora, sin compartir el término ni sus presupuestos, I. Sánchez-Cuenca denuncia como La desfachatez intelectual.

Recordemos que apenas un par de intelectuales reconocidos, Manuel Castells (en la Plaza de Cataluña) y Carlos Taibo (en Sol), tomaron la palabra en las plazas con el consentimiento de las asambleas. El primero hace tiempo que actúa en una esfera pública global y el segundo ha renunciado a participar en los medios nacionales. Castells, también casi en solitario, había sido el primero en reivindicar las manifestaciones del “Pásalo” en 2004. Fue entonces cuando se fraguó la emergencia de una esfera de debate autónoma, antagonista y, a la vez dialogante, con la oficial. Ahora esta última hace aguas.

Nadie mejor para evidenciarlo que su custodio, la Asociación de la Prensa de Madrid, el último vestigio de los sindicatos verticales del franquismo. Quienes dicen representar a los trabajadores y a los dueños de la comunicación, dispararon contra la web del Ayuntamiento de Madrid, negándole la posibilidad de desmentir infundios sobre su actuación. El contraste de las falsedades mediáticas con los documentos y las publicaciones oficiales de una administración pública fue tachado de ataque a la libertad de expresión. Lo afirmaba una asociación que ha permanecido muda ante los excesos de los medios “de referencia”.

La APM nunca dijo nada cuando el exdirector de ABC declaró haber “amenazado la estabilidad del Estado”, en la coalición de medios que tumbó a Felipe González. No se le conoce opinión sobre la “teoría de la conspiración del 11M” o el cese de los directores del El País, La Vanguardia y El Mundo antes de las elecciones de 2015… Y tampoco cuando se descubrieron los negocios de Cebrián (presidente de PRISA) en el paraíso fiscal panameño. Porque nada hay más deontológico que contravenir las normas de tu empresa, denunciar judicialmente y despedir a los compañeros de profesión que te critican.

La línea de defensa de Cebrián, en la entrevista masaje de Pepa Bueno, atribuyéndolo todo a una conspiración como la sufrida desde la extrema derecha en sus primeros tiempos de El País, queda para la antología de la infamia periodística. Reproduce, punto por punto, la actitud de un político corrupto: no afronta los hechos, no responde ante su propia organización, criminaliza al opositor, judicializa la crítica y despide al colaborador disidente.

Pero las purgas internas del Búnker ya no sirven ante a un periodismo que se ha ido construyendo al margen de los oligopolios mediáticos del bipartidismo. Máxime cuando están en bancarrota y existen modelos de negocio invulnerables a la censura nacional. En este contexto, resulta lucrativo criticar al periodismo inmundo de las campañas de difamación, ahora encarnadas en Inda y antes por su maestro Pedro J. Porque ese autocontrol profesional se venía pidiendo a gritos y es un clamor de las redes sociales. Ya sale a cuenta (en términos de prestigio y resultados económicos) colaborar entre varios medios, aumentar los márgenes de autonomía de cada uno de ellos y hablar de lo que realmente importa. Por ejemplo, los paraísos fiscales que comparten los banqueros, políticos y “periodistas” del régimen del 78.

La simbiosis colaborativa con los públicos más activos toma forma de buzones de filtraciones contra la corrupción. Entre (verdaderos) compañeros de profesión, se fraguan alianzas internacionales de medios que explotan de forma conjunta informaciones que antes se querían “exclusivas”. La colaboración que Podemos realizó con algunas televisiones, viralizando sus apariciones y aumentando las audiencias, seguirá dando réditos a ambas partes. Muestra la potencia de unos contenidos forjados en alianza con actores que actúan como sujetos comunicativos de pleno derecho, con mensajes y canales propios. Ojalá que las lógicas partidarias y corporativas, de la nueva política y el nuevo periodismo, no invisibilicen al movimiento.

Nos gustan las cosas nuevas

David Álvarez García
Miembro de la comunidad del máster en Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digitales
El 20 de noviembre de 2011 el Partido Popular ganó las elecciones generales. El mismo año que el 15M floreció en las plazas españolas. Ivar Muñoz-Rojas (guionista) y servidor nos fuimos con una cámara a charlar con la gente reunida a las puertas de la sede del PP.
Teníamos en la cabeza hacer algo parecido a Heavy Metal Parking Lot, un documental ‘low cost’ con un montón de enloquecidos fans de Judas Priest hablando de su grupo preferido en el desolador parking de un concierto. Pero lo que nos encontramos en la calle Génova fue bastante más “heavy”.
Muchas de las personas con las que hablamos estaban realmente emocionadas, pensaban que Mariano Rajoy iba a arreglar la situación del país. Creyeron sus promesas de que no subiría impuestos, no bajaría las pensiones ni recortaría en educación y sanidad, cumpliría el objetivo de déficit, bajaría el paro, y un largo etcétera cuya deriva ya conocemos todos.

Resulta extraño verlo ahora, pero hace tres años no sabíamos:
– qué eran las tarjetas black;
– qué eran los sobres de Bárcenas;
– qué era una «indemnización en diferido»;
– que alguien podía tener un Jaguar aparcado en el garaje y no saberlo;
– que cada vez más catalanes exigirían su derecho a decidir;
– nada sobre los negocios de Urdangarin con Jaume Matas;
– nada sobre los negocios de Urdangarin con Rita Barberá;
– nada sobre los negocios de Urdangarin con Francisco Camps;
– que el gobierno sacrificaría un perro clave en la investigación de una enfermedad incurable;
– que Miguel Blesa urdió una estafa a gran escala con las preferentes;
– la trama de corrupción en Parla, Valdemoro y demás ayuntamientos implicados en la Operación Púnica;
– qué era la ley mordaza;
– etc.
Nunca imaginamos la de cosas nuevas que nos esperaban.

Reinventando el patio de vecinas

Carolina Pulido Castro
Socióloga, Educadora social y activista de PAH Madrid y Alternativas desde Abajo

“Disculpen las molestias, esto es una revolución”, de esta forma irónica quiso tranquilizar el subcomandante Marcos, jefe militar y vocero del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), a unos turistas que pasaban por allí el día 1 de enero de 1994.

Muchos fueron también los y las turistas que se sorprendieron al encontrarse en la primavera del 2011 con una Puerta del Sol abarrotada de gente con pancartas. Gentes, que salieron a la calle para vivir ese momento de catarsis colectiva que supuso el 15-M. Salieron con la ilusión de compartir un momento único, y acabaron participando  en una movilización social sin precedentes en la historia reciente de Madrid.

Aún recuerdo el día en que se iniciaron las acampadas en la Puerta del Sol. Había multitud de gente concentrada en la plaza y alguien cogió un megáfono y dijo: “Compañeras, compañeros, esto es una asamblea ciudadana”. Era la primera vez en mi vida que participaba en algo así. Tuve la sensación de estar viviendo un momento histórico y a la vez sentí una conexión casi espiritual con el resto de personas que estábamos congregadas allí. Después, todas nos sentamos en el suelo. Para mí ese momento será inolvidable.

El 15 de Mayo de 2011 apagamos la tele y escapamos del sillón rumbo a la puerta del sol. Y de Sol a la plaza del barrio y de la vecindad al patio de vecinas. Y es aquí en el patio de vecinas donde voy a asomarme, como una cotilla, para ver qué se ha estado  trajinando estos tres años. Porque es allí, entre guiso y guiso, donde se mezclan los ingredientes que hacen posibles los cambios y donde se cocina la revuelta de la hierbabuena, que no es más que ese momento que surge cuando te acercas a casa de tu vecina para pedirle la ramita de hierbabuena que te falta y de paso, compartes recetas, saberes, penas y alegrías. ¿Lo hueles?. ¿Lo imaginas? Porque es en este hablar de lo que nos pasa donde arraiga la semilla que empodera.

Luisa me abrió la puerta de su casa para enseñarme sus fogones y regalarme historias. Luisa llevaba  más de 12 años en España, llegó con su marido y sus hijas. Ante las buenas expectativas económicas, compraron una vivienda y pusieron en marcha un proyecto de vida en común. Como tantas otras familias sufrieron los estragos de la estafa inmobiliaria y pronto se encontraron en situación de impago. Hubo un día en el que me habló de sus parálisis ante un semáforo en rojo. Su marido ya se había ido del país aterrado por  la presión del banco, la había dejado sola, con la deuda y dos hijas que sacar adelante. Se sentía abandonada e incapaz de hacer nada por si misma, ni cruzar la calle. El semáforo se puso en rojo para los peatones y los coches no dejaban de pitar. Fueron unos segundos eternos, tiempo suficiente para que le sobrevinieran todo tipo de pensamientos inconexos y paralizantes….” ¿que hago?”. Finalmente se escuchó otro pitido más y no tuvo otro remedió que avanzar. Cruzó el semáforo y arrastró a casa su indecisión. Un día, paseando por el barrio, se encontró a mucha gente concentrada en el portal de al lado, y allí estaba su vecina, megáfono en ristre. Cuando se enteró de que estaba resistiendo para parar un desahucio, se quedó para verlo. Allí descubrió a sus nuevas vecinas de lucha y comenzó su proceso de transformación. Ahora es ella la que está ayudando a sus comadres a “cruzar el semáforo”.  Han pasado unos años y Luisa  comparte gastos y hogar con otra mujer que tiene un hijo pequeño al que ha visto crecer, ambas se acompañan y se ayudan mutuamente con el cuidado de sus hijas y así pueden tener más tiempo para seguir asambleándose.  No ha sido fácil. Para consguirlo,  Luisa ha puesto en marcha un proyecto autogestionado y vende comida de su país que ella misma cocina. A veces,  incluso le da para emplear a alguna de sus compañeras de lucha, de aquellas con las que compartía la hierbabuena en el patio de vecinas. Así conoció a Rocío.

Rocío también tiene dos niñas. Su marido se quedó en paro hace tres años y no encontra empleo. Durante algún tiempo consiguieron aguantar con el trabajo de Rocío, hasta que también la despidieron. Después de  varios impagos, decidió levantarse y acudir al patio de vecinas para recoger firmas y así conseguir una negociación con el banco.

“…Iba de casa en casa recogiendo firmas y en estas que llamé a casa de mi vecina. Llevaba viviendo en ese portal más de 10 años y nunca había cruzado con ella, más que un saludo de cortesía. Cuando le conté lo que estaba haciendo se me puso a llorar y me dijo que había recibido una carta del banco, llevaba meses si pagar y tenía la carta escondida porque si su marido se enteraba temía que cometiera una locura. Ahora vamos juntas a las asambleas y no hay quien nos pare”. Rocío y su vecina, junto con otras compañeras y compañeros del barrio pusieron también en marcha un mercadillo de intercambio de libros de texto, además de una despensa de alimentos y forman parte de una red de apoyo mutuo en el barrio.

En mayo de 2012 mujeres como Luisa y como Rocío y su vecina, decidieron no permanecer impasibles y pusieron en marcha un proyecto de vida en común. Con el apoyo de otras vecinas recuperaron un edificio en Sevilla al que bautizaron como “Corrala utopía”.

Allí aprendieron, entre otros saberes, a asamblearse, a compartir aprendizajes, a recuperar espacios comunes, etc. El edificio fue desalojado pero no así la esperanza de estas mujeres que siguen poniendo en práctica lo aprendido en otros espacios. Proyectos como estos se vienen “cocinando” desde aquél famoso día en el que muchas y muchos descubrimos en la puerta del sol, lo que era una asamblea ciudadana.

Corralas donde las  vecinas se juntan por la tarde y se sientan en círculo a “cocinar” estrategias para recuperar el común con prácticas colectivas. Espacios, donde se tejen redes de solidaridad y apoyo mutuo. Vivencias que dan cuenta de la transformación social en la que estamos inmersas.

El 15-M ha servido para poner en práctica nuevas formas de acción colectiva fuera de las instituciones. Muestra de esto es todo lo que ha ido surgiendo alrededor de las plazas: la PAH, las mareas, nuevos centros sociales recuperados, etc. Pero sobre todo ha servido para reivindicar el sentido comunitario de la vida y para renovar la vida política colectiva, devolviendo la razón de ser, si es que algún día la perdieron, a los patios de vecinas.

De alguna manera el 15-M ha conseguido “reinventar las plazas”, pero también esta “redescubriendo los patios de vecinas”. El proceso de cambio esta iniciado, y no va ha parar. En fin, como decía el subcomandante Marcos: “Disculpen las molestias, esto es una revolución”.

“La información entendida como bien común, exige colaboración económica y participación ciudadana”

libroSegunda parte de la entrevista en Periodismo Ciudaano sobre el libro: “El Cuarto Poder en red. Por un periodismo (de código) libre”. Ahí va:

Nos asomamos a otros tipos de “periodismos”, en donde se dan cabida
numerosas opciones que participan, en la actualidad, de otra forma de
entender la comunicación y las sociedades interconectadas. Periodismo
abierto, visualización de datos, macro-filtracioneso o periodismo de
denuncia, en donde periodistas y ciudadanos colaboran en aras de la
información veraz, son algunas de las claves que nos ofrece Sampedro:

PC-
Frente a la crisis de los medios de comunicación, reivindicas en este
libro un periodismo de código abierto y libre. Cuales consideras que son
los principales obstáculos con los que se está encontrando este tipo de
periodismo.

VS- Muchos, pero ninguno de ellos insalvable. El periodismo de código abierto y libre tiene consecuencias muy profundas.
Requiere y acarrea cambios de enorme calado. El periodismo abierto
demuestra su veracidad, adjuntando a la información los registros
completos que la avalan. Por ejemplo, toda visualización de datos va
ligada a los documentos e informes. Y las entrevistas, a la
transcripción entera de la grabación. No existe ningún impedimento
técnico ni económico para hacerlo.

Al contrario, la rentabilidad es obvia. Ofrece al
lector no solo poder contrastar las noticias, sino aportar nuevos
enfoques y análisis. Y la empresa (o el periodista freelance bloguero)
pueden ofrecer la documentación a un precio determinado. No es una idea
peregrina, sino una fuente de ingresos para publicaciones de éxito como ProPublica,
Los obstáculos son las fuentes y los medios que acumulan un enorme
poder. Con favores mutuos deciden de forma oportunista y lucrativa lo
que sabemos y lo que no. En España Jordi Pujol se permitió decirles a los periodistas “Este tema no toca” durante tres décadas. Finalmente, supimos que el tema era su patrimonio personal y familiar.

PC- Qué opinas sobre la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual, y en particular sobre la aprobación del gobierno del canon AEDE, que pretende conseguir que paguemos por enlazar información.

VS- La pregunta me permite añadir lo que sería el periodismo de código libre, además de abierto. Por libre no queremos decir gratis. Al contrario, la libertad se paga a un precio muy alto. Para tener una Prensa libre la hemos de costear.
Las micro-donaciones impiden el control de un solo donante. Y las
suscripciones implican una confianza que se traduce en pagos, realizados
antes de recibir la información. Pagas porque sabes que la necesitas
para conocer y defender tus intereses.

Asegurado lo anterior, nada impide que (con embargos temporales o sin
ellos) toda la información acabe teniendo código libre. Es decir, que
pueda ser difundida, modificada y empleada por cualquiera y con
cualquier fin. Así convertimos la información privada (legítima y necesaria) en bien público, una vez extraída su rentabilidad. Las leyes a las que aludías son obsoletas tecnológicamente, criminalizan prácticas sociales muy extendidas y resultan ruinosas para el conocimiento colectivo y la innovación.
Las promulgan quienes defienden unos modelos de negocio vetustos, por
inercia, incompetencia e ignorancia. Ocultan su incapacidad y retrasan
su extinción presionando a los Gobiernos, de los que acaban siendo
rehenes. Y representan los intereses de una casta de empresarios
“culturales” ligados al poder, amamantados por él desde antaño.
Recordemos el reciente cambio de tres directores de diarios españoles.
Una medida simultánea a las tasas Google o AEDE, y las ayudas aprobadas
para los medios privados.

PC- En periodismo ciudadano hemos hablado de Fíltrala,
una plataforma puesta en marcha por una parte del equipo de Assange, se
podría considerar un ejemplo de ese periodismo de código abierto y
libre que defiendes.

VS- Me sorprenden quienes afirman que WikiLeaks fue derrotada. Sigue funcionando en contra de todos los gobiernos y ejércitos del mundo. Y su modelo está más vivo que nunca. Fíltrala es
un magnífico ejemplo. Retoma las macro-filtraciones y vincula la
plataforma a ciudadanos y a determinados medios, para así formar desde
el inicio una Red de contrapoder. Se asegura la afinidad de los medios
con un periodismo de denuncia, entendido como deber cívico, de
quienes manejan la información; ciudadanos que gestionan bases de datos y
periodistas que las publican
. Y, por otra parte, determinadas
organizaciones sociales se encargan de que la información tenga impacto
político e institucional. Nada de esto es casual. El libro señala la conexión del 15-M y los hacktivistas españoles con el apoyo a WikiLeaks, Assange… y con algunos gobiernos progresistas en búsqueda de una economía del bien común. Pero esto ya es otro tema…

PC- “Los medios privados han equiparado la libertad de prensa y
de empresa. Supeditan el derecho de expresión al negocio”. Esto
significa que este periodismo de código abierto también plantea un nuevo
modelo de negocio con un tipo de rentabilidad distinta.

VS- Sí, hemos de dar con un modelo sostenible y abandonar el afán de lucro,
la codicia que nos han llevado al desastre encadenado: precarizar a los
trabajadores y degradar la oferta, pulverizar la confianza social en la
profesión y lograr así su consecuente desvalorización. Sostenible
quiere decir que sólo busca el dinero necesario, el justo, para
salvaguardar la autonomía del profesional y la empresa. Y un periodismo mancomunado, de la información entendida como bien común, exige colaboración económica y participación ciudadana.
Sabemos que no hay suficiente gente como para pagar por información
política de gran calidad. Nunca será rentable económicamente y, por eso,
hay que sostenerla con otras secciones, formatos y actividades que den
ingresos suficiente. En este sitio
paráis de aportar ejemplos de cómo intentarlo con éxito. Ha llegado el
momento de hacerlo, intentarlo, personal e institucionalmente, cada uno
de nosotros y las fuerzas políticas que creemos. Más que nada, porque en
la senda actual, los periodistas convencionales parecen lemmings
abocados al abismo. Corren detrás de trabajos precarios que degradan aún
más a la profesión.

PC- Aún así señalas que “hay razones para el optimismo, pero que no las encontraremos en los medios convencionales”…

VS- Exagero, para servir de acicate. De ningún modo, quiero desanimar
ni desacreditar globalmente. Resulta increíble todo lo que hemos
construido en los últimos años. La agenda institucional y los marcos de
discurso de la Transición han sido desbordados. No superados, pero sí
rebasados por nuevos temas y enfoques, mucho más ligados a la sociedad
civil. Fíltrala se conecta de forma directa a cuatro medios que son
sociedades limitadas de periodistas o cooperativas asamblearias. Sus
promotores tienen el ADN del 15M.
Se ha inoculado y extendido viralmente entre la ciudadanía. Muchos
sectores profesionales y organizaciones cívicas sirven ahora de fuente y
promueven la sanción política y judicial de comportamientos antes
normalizados. Y cada día surgen periodistas (jóvenes y reciclados) que
han asumido que no les queda otra que hacer aquello que siempre
proclamaron: servir al público. Ya no como cliente, porque ha dejado de
serlo. Ni como objetivo publicitario, porque ya no lo es: no tiene
capacidad suficiente de consumo. Le queda dirigirse a la ciudadanía como
colaboradora imprescindible y ganarse su credibilidad: el único capital
que garantiza la existencia de esta profesión.

Puedes leer la primera parte de esta entrevista aquí.

“España es Diferente”: Podemos y el 15-M

De Cristina Flesher Fominaya
Doctora en Sociología por la Universidad de California en Berkeley.
Actualmente es Profesora Titular de la Universidad de Aberdeen.
Tomado de nuestro blog en Público, El 4º Poder en Red.

Si en varios países de Europa como el Reino Unido y Francia, el
populismo de la extrema derecha logró cautivar el voto de la
indignación, en España, gracias sin duda al impacto del movimiento 15-M
(ampliamente definido), el voto indignado asumió un color político del
todo diferente, demostrando una vez más que, como reza el eslogan
turístico, “Spain is Different”. Al igual que el Partido X, o el Partido
Pirata, pero con resultados electorales muy diferentes, Podemos se
conoce como partido “15mayista”. Esto ha llevado a algunos medios, como
el New York Times, a suponer que el voto a Podemos venía de
participantes en este movimiento.

Pero conviene reflexionar sobre la
etiqueta “15mayista” y las contradicciones que conlleva para un partido
político. ¿En qué sentido es Podemos “15mayista”? Claramente, en su
postura contundente contra la corrupción política, el fraude bancario y
su apoyo a la mayor parte de las reivindicaciones del llamado movimiento
15-M. El movimiento también se ve reflejado en el modelo participativo
de la elaboración del programa electoral, un modelo abierto en el que
cualquier ciudadano pudiera participar sin necesidad de ser militante
del partido, una dinámica muy alejada de las tradiciones de militancia
de partidos como IU, el PSOE o hasta el PP.

Otro fuerte elemento
“15mayista” ha sido el lenguaje “anti-ideológico” que busca un
acercamiento al ciudadano de a pie. De la misma manera que los
activistas del 15-M buscaban un lenguaje que lograra romper con las
divisiones ideológicas profundas que separan la izquierda y la derecha
en España (siguiendo, hay que reconocer, una estrategia y deseo de
movimientos asamblearios y autónomos anteriores aunque con muchísimo más
éxito), Podemos se presenta como un partido de gente decente y
corriente, gente “como tú”. De esta manera comenzaba el manifiesto DRY :
“Somos personas normales y corrientes. Somos como tú…” La carta de
campaña de Pablo Iglesias comienza “Cuidadana, ciudadano” que aún cuando
no refleja la estrategia discursiva de los quincemayistas, basada en el
uso del plural femenino para articular y afirmar una posición política
feminista, al menos apunta en esa dirección.

La campaña en sí, con sus
cartas echadas a mano en los buzones, su boca a boca, y su travesía por
numerosos colectivos y espacios de indignación, ilusión y alternativas,
también tenía más de estilo movimentista que partidista. Por todas estas
razones y más, se entiende que a Podemos se le conozca como
“15mayista”. Sin embargo, no se puede afirmar que el apoyo a Podemos
haya venido rotundamente desde el mismo movimiento 15-M, donde el
surgimiento del partido ha provocado un intenso debate.

El debate sigue más o menos éstas líneas:

Para quienes estaban en contra o “no lo ven”, Podemos representa la
cooptación de un movimiento autónomo y apartidista, cuyo señas de
identidad incluía el no permitir la participación de partidos políticos o
sindicatos en capacidad representativa.

– En el 15-M se trataba de imaginar una nueva forma de democracia
directa desde abajo, no generar un partido político representativo.

– Podemos en realidad representa las mismas políticas que IU o Izquierda
Capitalista, y por tanto es un partido que no aporta en realidad nada
nuevo.

– Podemos reproduce la característica clásica de la política española
del personalismo, donde un líder carismático, generalmente rodeado de
acólitos, se alza por encima de los demás.

– Cuando los movimientos sociales invierten su energía en partidos
políticos, esto inevitablemente facilita su declive. Este argumento se
reflejaba bien en un tweet post-electoral: “Dejar de tomar y hacer cosas
para empezar a pedírselas a Pablo Iglesias es sólo cuestión de tiempo
para algunas personas.”

Como un movimiento horizontal, sin líderes y asambleario, no es de
extrañar que existan reticencias a la idea misma de un partido
15mayista, cosa que para muchos quincemayistas es un oxímoron. Y los que
conocen la historia del declive de los movimientos sociales después de
la llegada al poder del PSOE también entenderán los miedos de quienes
afirman que la vía partidista resta energía a las resistencias
colectivas a pie de calle.

Pero no todos lo ven así. Para quienes apoyan a Podemos (o de hecho
dejaron de militar en colectivos para dedicarse a la campaña) los
argumentos son más o menos así:

– El 15-M fue maravilloso, pero ya ha terminado y hay que plasmar esa
energía en algo constructivo en las instituciones antes de que
desvanezca del todo.

– El 15-M no ha terminado, pero ha evolucionado en multitud de proyectos, uno de los cuales es Podemos.

– Podemos es el partido más participativo y que recoge el espíritu del 15-M, por tanto es 15mayista.

– Los medios exigen líderes y no es realista pensar que un partido pueda triunfar sin recurrir al personalismo.

– No hay que limitarse a una sola línea de resistencia, se puede tener
un pie en las instituciones y cien en la calle, y no tiene por qué haber
una contradicción entre movimiento y partido.

Si bien es cierto que muchos participantes en 15-M ven en Podemos (o
cualquier partido) una contradicción irremediable, también es cierto que
otros tenían claro que hacía falta una alternativa institucional
efectiva. Después de que cientos de miles de personas hayan expresado su
indignación y rechazo hacia un gobierno que ha hecho oídos sordos a sus
demandas, no es de extrañar que hasta algunos de los que en un
principio hayan reivindicado una respuesta en las calles ahora se
plantean una opción electoral. También es cierto que dentro de los
movimientos autónomos siempre ha existido una tradición de doble o
multi-militancia. Podemos ha sabido leer muy bien el sentimiento
nacional, ha aprendido bien no solo del 15-M sino de movimientos
anteriores, y ha logrado plasmar la indignación y deseo de renovación y
cambio de al menos 1,25 millones de Españoles en votos a su favor. En
esto ha logrado mostrar que España, en el voto también, “es diferente”.

De la acampada a la campaña electoral

En tres años – parecieran treinta – la multitud acampada en
las plazas hace campaña. O al menos eso percibo en las clases. Aquel “No
les votes” – contra la Ley Sinde – tiene un significado más rotundo:
generacional. Un joven estudiante proponía hace meses realizar carteles
conjuntos para los nuevos partidos del 15M: “Papás, abuelos, hacedlo por
mí. No les votéis”. No hacía falta, según él, añadir más. Todo el mundo
entendería quién representa el pasado. Quien les ofrece trabajo basura o
exilio económico. Hipotecas o desahucios. Silencio o multa. Zanahorias
podridas o palos uniformados, en la calle y en la Red.

Dado el primer paso (descartar el pasado como futuro intolerable),
otros compañeros planteaban, en positivo, “echar a suerte el voto”. Si
en 2011 “no sabíamos nada” de partidos, ahora dudaban entre apoyar a
cuatro o cinco formaciones. Ya que no han sido capaces de presentarse
unidas, proponían que decidiese el azar entre las más afines. Nótese que
los alumnos plantean soluciones antes impensables. Primero, colaborar
con una red de nuevos partidos, sin distingos, para acabar con lo que
perciben como la red clientelar del PPSOE. Segundo, la elección por
azar, la decisión más democrática: dar idénticas oportunidades a quienes
se considera igualmente capaces de representarnos.

No tenían demasiadas dudas para identificarlos. Las candidaturas del
quincemayismo han aplicado – algunas muy a fondo – la democracia directa
y digital. Han desarrollado primarias para elegir sus listas
electorales, movilizando recursos y participantes que suponen un hito en comparación con nuestro entorno. El Partido X
aplicó la tecnopolítica más avanzada, sin parangón. Ningún partido
pirata o el de Beppe Grillo ha elaborado desde abajo su programa y,
sobre todo, partiendo de cero. Debe ser la primera formación que
presenta a las elecciones de la UE un candidato extranjero. Su cabeza de
lista es un hacker extranjero que casi mete en la cárcel a Botín.
Representaría el segmento votante del 15M más empoderado en la Red:
pragmáticos y sin fronteras. Su contraparte más ideológica y socializada
en la izquierda, Podemos, recogió el legado del
altermundismo latinoamericano, a cuyos gobiernos asesoraron varios de
sus líderes. Organizaron círculos de apoyo con el modelo de las
movilizaciones ciudadanas que eligieron a gobernantes populistas (de
Chávez a Lula, pasando por Evo, Correa y los Kirchner). En pocos meses
la formación de Pablo Iglesias aparece en las previsiones de escaños.
Propone cambios estructurales, compatibles con procesos electorales y de
movilización cívica. Recurre al populismo como ingrediente de una
cultura política capaz de desplazar el (no menos populista)
individualismo posesivo del capitalismo.

Equo e IU también aparecían renovados ante el alumnado. Consideraban votarles en sus plataformas con otros partidos: respectivamente, Primavera Europea e Izquierda Plural.
Por haberse implicado en las resistencias y movilizaciones sociales.
Por aplicar mecanismos (si bien desiguales) de participación y
transparencia interna. Estas eran las cuatro opciones que manejaban los
alumnos de Madrid. Compañeros de Galiza, Euskadi y Catalunya quizás
habrían incluido Los Pueblos Deciden (BNG-Bildu). Cinco
opciones para echar a suertes. Solo quedaba una cara del dado sin
siglas. ¿Un comodín? Eso es. Otra sigla nueva, pero un remedo de las que
se pedía que no votasen los padres y abuelos. No: mejor echar de nuevo
el dado. Hasta que salga cualquiera de las que, en la próxima elección,
debieran presentar candidaturas y carteles conjuntos.

Nada de esto resta un ápice de valor al quincemayismo que no reconoce
el juego partidario ni la representación parlamentaria como
manifestaciones de una mayoría de edad política. Sus portavoces y
activistas más cabales, partidarios de abstenerse o votar nulo, merecen
la más alta estima y agradecimiento. Su coherencia y entrega son
encomiables. Entiéndaseles bien. Propugnan la abstención activa,
precedida y seguida de compromiso y militancia. No anularán solo las
papeletas (tachando, por ejemplo, los nombres de los corruptos), sino la
existencia de un poder sin contrapoder.

Votar u ocupar un escaño no hace a nadie mejor ni peor sujeto
político. Tampoco al 15M. Sumar años tampoco. Pero la edad conlleva
cierto cansancio y el deseo de materializar algún cambio, sin fiarlo a
un futuro que se sabe cada vez más corto. No es cobardía, sino
pragmatismo. Esto no lo sostienen los estudiantes de 20 años, sino
muchos yayoflautas. Pregúntenles si van a votar o no. ¡Hubiera sido tan
oportuno que alguna candidatura del 15M los hubiese incluido! Todo se
andará. Recuerden, vamos lejos. El tiempo juega a favor. Sigue minando
lo caduco, traerá nuevas movilizaciones y elecciones.

Artículo entero: http://blogs.publico.es/el-cuarto-poder-en-red/2014/05/15/el-15m-al-otro-lado-del-espejo/

La ley contra la calle

Hasta que este artículo sea ilegal, hablaremos alto y claro: la
Ley orgánica de protección de la seguridad ciudadana –popularmente conocida ya
como ‘ley mordaza’- es una ley de autodefensa de un estado y de un sistema a la
deriva. Tras el escándalo que ha provocado, ha sido rebajada la cuantía de
algunas de sus sanciones económicas, aunque con este Gobierno ya estamos
acostumbrados a la táctica del lanzamiento de globos sonda para acabar
imponiendo finalmente el núcleo duro de políticas y leyes antisociales.

Se ha hablado de una ‘ley anti15M’ y es cierto que castiga
prácticas más o menos novedosas de este movimiento, pero es una ley básicamente
contra toda la ciudadanía y contra la democracia, entendida como participación
cívica y cotidiana y no como mero formalismo electoral. Una ley contra el ágora
política constituyente que representan ahora calles y plazas, cuando en los
parlamentos se hace difícil, si no imposible, hacer política para y con los
ciudadanos. Así, la creación de este nuevo dispositivo represivo se ha
convertido en una pieza imprescindible en una estrategia preventiva de
contención. La venda antes que la herida, en previsión de una crisis económica
y política de larga duración, para afrontar los largos años de desgobierno que
nos esperan…
Después de los recortes económicos vienen los recortes de las
libertades que son, de nuevo, castigos económicos. De 30.000 a 600.000 euros
por infracciones muy graves como alterar un acto público, manifestarse frente a
una ‘infraestructura crítica’ o celebrar un espectáculo público no autorizado.
De 1.000 a 30.000 por infracciones graves como convocar una concentración por
internet, manifestarse ante un parlamento aunque esté vacío, paralizar un
desahucio, colgar una pancarta en un ministerio u ‘ofender’ a una bandera. De
100 a 1.000 por infracciones leves como plantar una tienda en una plaza o
colgar un video de la policía dando estopa. Infracciones administrativas que no
por sustituir a sanciones penales dejan de ser una perversa muestra normativa
de la proliferación del microfascismos que viene.
Bajo la lógica de la crisis, el objetivo ya no son tanto los
cuerpos rebeldes como los bolsillos desfondados. Los aparatos del estado han
redescubierto la deuda como mecanismo de alienación y han convertido a la multa
en la nueva porra económica contra todo lo que se mueva. El despliegue de la burorrepresión para generar un clima de
miedo y progresivamente la naturalización de una democracia con sordina, al
gusto de la mayoría silenciosa. En definitiva, la instauración de una
democracia autoritaria, propia de un estado fallido y roído por la corrupción,
como ya se estila en algunos países del este de Europa.
Con la polémica desorbitada de los escraches y las detenciones del
25S o, más cerca, con el ensañamiento contra los tartalaris y la operación
contra Ateak Ireki, ya le hemos visto las orejas al lobo. Pero ahora llega otro
lobo, más peligroso si cabe, bajo la piel del recaudador y con la ley en la
mano. Pero esta es solo la primera fase, luego vendrá la segunda, con una ley
de huelga restrictiva y, más tarde, quién sabe qué nos tienen reservado…quizá
asfixiar con ordenanzas el puro ejercicio de la libertad de expresión o las
listas negras de revoltosos habituales gracias a delirantes ‘informes fantasma’.
Y nos preguntamos: ¿Por qué no son tan contundentes legislando las malas
prácticas políticas, el despilfarro, la corrupción o el fraude fiscal? Pero ya
sabemos la respuesta.
Si desde la noviolencia activa y la desobediencia civil,
desafiando pacíficamente esta ley en la calle y en las redes, en los medios, en
los tribunales y en los parlamentos, no nos enfrentamos de manera activa y
constante, acabaremos aceptando lo inaceptable: la clausura definitiva de la
democracia y de la expectativa de su regeneración radical.
Necesitamos generar laboratorios
activistas que nos ayuden no solo a sortear esta ley antidemocrática sino
también a crear nuevas formas de movilización. Y para ello resulta
imprescindible la confluencia de partidos, sindicatos, colectivos y de toda la
ciudadanía, capaz de resistir y proyectar con entusiasmo y energía un nuevo
ciclo de protestas y propuestas.
En los próximos días y semanas se han convocado los primeros actos
contra esta ley de inseguridad ciudadana,
esta ley contra la calle; en la
mano de cada uno de nosotros y nosotras está responder asumiendo el reto que
plantea.
Y cuando este artículo sea ilegal, esperamos ser multitud para
delinquir alto y claro en la calle y en la plaza, con rabia y la imaginación
que se merecen. Será nuestro derecho y también nuestra obligación.
Arturo Cisneros
Amaia Uriz
Clara Flamarique
Amaia Esparza
Chema Berro
Javier Echeverria
Iñaki Arzoz

Elitismo puro

Ayer veíamos este modelo de poder en clase. Decíamos que es insuficiente para explicarlo todo, pero que acertaba cuando las elites consideran los medios de comunicación como su cortijo y declaran la guerra a la disidencia. Aquí dos pruebas de ello. Las mentiras confesas de una periodista de Canal 9 y el estigma etarra una vez más aplicado por el ABC.

Esta es la introducción del primer texto, del colectivo antimilitarista Tortuga.

Nunca es tarde si la dicha es buena. Pero en todo
caso, no parece mucho mérito decir estas cosas ahora que se es
ex-trabajadora, después de tanto y tanto tiempo colaborando con la
implantación del pensamiento único. Si la empresa no tuviese anunciado
su cierre, y la trabajadora siguiese en plantilla ¿denunciaría estas
cosas?, ¿se plantaría ante los atropellos? ¿O más bien seguiría
tragando? Pensamos que este tardío escrito, medio confesión, medio
crítica despechada, retrata bastante bien, no solo a los medios de
comunicación, sino a los profesionales que trabajan en ellos. Muestra a
las claras como se pliegan, se venden y colaboran con la divulgación de
la mentira para mantener sus trabajos asalariados. ¿Qué enseñan
exactamente en las facultades de periodismo?


Una extrabajadora de Canal 9 relata cómo el PPCV convirtió la televisión pública en su cortijo particular

“Mis mentiras en Canal 9″, es el post que ha difundido la periodista
Iolanda Marmol, extrabajadora de la radiotelevisión pública valenciana,
sobre su trabajo en el ente público. Trata de resumir la manera en la
que el Partido Popular utilizó a su antojo este medio como órgano de
propaganda dinamitando su prestigio y credibilidad. Reproducimos el
texto de Iolanda:

Mis mentiras en Canal 9
Recuerdo cuando nos exigían grabar a Eduardo Zaplana de su perfil
bueno. Y la oda que me encargaron sobre él cuando dejó la presidencia de
la Generalitat Valenciana para ser ministro. También recuerdo la bronca
y los gritos que me dedicaron cuando en ese video de retrospectiva
Zaplana aparecía en una imagen con la tránsfuga que le había permitido
hacerse con la alcaldía de Benidorm. Recuerdo poco después, cuando de
ser el Elegido, paso a ser en inmombrable. Cómo nos prohibieron que
apareciera en los planos. Cómo buscaba perífrasis absurdas cuando no
podía nombrarle en mis directos en los leones, a pesar de ser el
portavoz del PP en el Congreso.
Cuando Camps impuso su ley en Canal 9. Cuando nos dieron la orden de
dejar de llamarle Francesc para que fuese llamado Francisco,
coincidiendo con la época en que se postulaba como posible sucesor de
Rajoy. Cuando trataron de prohibirme que contase que Zaplana dejaba su
escaño en el Congreso. Cuando me prohibieron decir que Zapatero había
anunciado el cheque-bebé, como si de este modo los valencianos no fuesen
a conocer la noticia. Cuando escribías ‘fracaso estrepitoso’ y te lo
cambiaban por ‘éxito discreto’. Cuando nos desplegaron para loar las
maravillas de Terra Mítica en su inauguración y no podíamos decir que no
había ni una sombra. Cuando me reñían porque me salía el acento catalán
‘y eso molesta a los blaveros’.
También recuerdo cómo corría el cava en las plantas de dirección de
Canal 9 en Burjassot las noches electorales de mayorías del PP, mientras
que los redactores comíamos bocatas de salami. Cuando se pagaban
directos millonarios para que Camps saliese hablando en directo en pleno
Amazonas. Y los millones de veces en las que no me dejaron poner
declaraciones de la oposición. O de cualquier ciudadano que criticase al
PP, o a la Generalitat. Y recuerdo también cuando nos prohibieron decir
‘recortes’. Tampoco pude decir que miles de manifestantes gritaban
contra el gobierno. Los manifestantes no ‘colapsaban’el Paseo del Prado,
la manifestación ‘transcurría por’. Y no poníamos pancartas explícitas
contra Rajoy, ni contra el PP. Y fueron tantas, tantas, que un día
empiezas a sentir vergüenza de trabajar para ellos. Ahora se termina.
Injustamente. Pero lo ganaron a pulso.

Sobre la ETA refugiada en las Corralas sevillanas del 15M y la PAH, aquí está la mano que mece la cuna:
«Parece que al ABC de Sevilla no le sienta nada bien la crítica
permanente que las familias de la Corrala Utopía hacen al Ayuntamiento
de Sevilla y a su Alcalde, Juan Ignacio Zoido (PP), por haber dejado sin
suministro eléctrico y de agua a las más de 100 personas que viven en
el inmueble. Curiosamente el ABC de Sevilla recibe este año 2013 una jugosa subvención de 527.000 euros procedentes del Consistorio por
la realización de la web ‘Sevilla Ciudad’. Esta subvención, el pasado
año 2012, tan sólo era de 165.00 euros. Cuanto menos, curioso.» Más en Diagonal.

«Acabou a mordomia, o Rio vai virar uma Turquia»

Acabó  la corrupción (o la vida mansa y/o la regalía), Río será otra Turquía. Esto gritaban las calles cariocas, indignadas por las subidas de tasas de transporte. El derecho de las clases populares a moverse en las ciudades en Brasil, prendió la mecha. Como antes, en Estambul, ocuparon y defendieron la plaza de Taksim. En ambas, el derecho a moverse y a reunirse por encima del derecho a comerciar y a transitar en coche. En España, desde el derecho a navegar y piratear en Internet (no a la Ley Sinde) al de votar haciendo una diferencia (No les votes)… y todo lo que vino después.


¿Qué tienen en común – yendo atrás en el tiempo – las primaveras árabes (que se prolongan todo el año en Egipto), el 15M, los Occupy anglosajones y «lo de ahora» en Brasil?

1.- Son una expresión política nueva: prepolítica (lo más básico, lo que te hace considerarte ciudadano) y ciudadanismo (reinvindicando y ejerciendo los derechos asociados). Es decir, nada y, a la vez, todo. Nadie y, a la vez, todos.

2.- Comparten un lenguaje político prestado de la Red: la democracia online se funde con la offline y las multitudes dan el espectáculo, frente a los espectáculos oficiales: una campaña electoral o un campeonato de fútbol. Las multitudes se autoconvocan y, con sus propios medios y contenidos, emiten una parrilla con programas novedosos: usan una gramática virtual, donde el género se (con)funde al escribirse con @; aplican la semántica digital, donde los significados son abiertos y cualquiera puede impugnarlos; y pretenden (r)escribir la historia con una sintaxis en red, donde los lemas se fraguan en horizontal, sin jerarquías ni centros de control.

3.- Expresan una revolución generacional. Mientras las huestes del 68 pretendían conquistar del poder, los indignados exigen reconquistar los derechos ahora recortados. Carecen de la épica de la conquista y la mayoría se conformaría con recatar la democracia representativa y el estado de derecho; que están hechos trizas.

4.- La nota común más negada es que, a pesar de no poder llamarse revoluciones (no cortan cabezas, ni desplazan a las elites caducas ni siquiera otras nuevas toman y redistribuyen el poder) las cibermultitudes hacen emerger nuevas instituciones para gestionar la política y la economía con otros parámetros. Más bien, avanzan formas de autogestión política: partidos, parlamentos, gobiernos y administraciones abiertos a la participación y la transparencia, respetando la autonomía social. Y, por otra parte, se construyen otros modelos de autogestión y emprendimiento económicos con valores sociales que son post- o anticapitalistas: empresas de código abierto y ético volcadas al bien común, cooperativas y grupos de autoapoyo que socializan recursos y beneficios…

5.- Los principales protagonistas, también están desdibujados y emborronados. Alcanzaron la mayoría de edad, para trabajar como precarios mileuristas e hipotecarse como millonarios, antes que la edad de voto. Pudieron votar cuando las urnas ya no servían para frenar la guerra económica (empobrecimiento de la clase media y exclusión de las clases populares) y la guerra contra la disidencia (el autoritarismo del Estado represor en las calles se traducía en el totalitarismo del espionaje masivo de la Red). 

En resumen, los hijos políticos de Zapatero, Erdogan y Lula non son adolescentes indignados, sino jóvenes a los que se les niega la capacidad de llegar a adultos, de ser dueños de su destino político y económico. Los nativos digitales trazan nuevos recorridos, inventan y reclaman un territorio político propio que les es negado.

¿Como medir sus frutos? En dos tiempos.
1.- En corto: viendo las medidas políticas que adoptan o sufren los cargos oficiales: dimisiones o ceses y castigos o vuelcos electorales, innovación de políticas públicas, ampliación de derechos civiles, aplicación de nuevas tecnologías para la participación y la transparencia.. desde las wikilegislaciones a los referéndums tradicionales la democracia representativa se trufa de mecanismos de democracia directa.
2.- A medio-largo plazo se tendría que producir mayor protagonismo de la sociedad civil en las instituciones, regeneración de estas desde abajo y emergencia de una nueva institucionalidad volcada al bien común. El lucro individual y los servicios públicos aparecen ahora, en todo caso, contagiados y aliados con una comunidad de intereses pero también de valores. Lo cual nos lleva a preguntarnos por quienes llevarán a cabo el cambio, con qué objetivos y por cuánto tiempo

Actores. Del 15M, «Geraçao á rasca», «Yo soy el 132», «Passe Livre»… surgirán los nuevos líderes de los partidos y las empresas que están por venir. Pueden ser instrumentos de antipolítica (que niegue la democracia en lugar de profundizarla) o anticapitalismo, que también puede libertariano (solo cuenta el individuo) o libertario (el individuo cobra sentido en la comunidad donde ejerce el poder compartido). Esos resultados finales no dependen solo de los indignados, también de sus interlocutores. Que además están tocados de muerte, pero les necesitan más que nunca. Me refiero a los políticos profesionales que no renuevan caladeros ni fidelidades electorales (ni siquiera clientelas, a falta de pesebres). Y me refiereo a los periodistas convencionales, a sueldo de unos gestores que han cambiado la credibilidad de la audiencia por la confianza de los mercados.

¿Pasajero? ¡Ja!… y las risas estallan de nuevo en las plazas Tahrir y Gezi, en las calles de Sao Paulo y de ¿?, en la embajada de Ecuador (Assange) y la zona de tránsito del areopuerto de Moscú (E. Snowden)… Esta es una lucha por reconquistar la esfera pública de las cárceles y los CIE del Estado para reiventarla en la asamblea abierta – virtual+física – que alimenta toda democracia. Esta es la batalla noviolenta por recobrar el coraje y la soberanía frente a los zarpazos de los Mercados. Es en suma, la resistencia prolongada, el estallido intermitente, la lucha sin cuartel contra la barbarie y en favor de la supervivencia. El derecho inalienable de cada generación a afirmar que, visto lo previsto, no tiene nada que perder y todo por ganar




Inspirado en Revuelta Brasileña: entrevista a Giuseppe Cocco

Tomado del imprescindible agregador BREVOLUÇAO de Bernardo Gutiérrez, donde podéis encontrar mil y un textos a cada cual más pertinente. Entre otros, las 8 claves que publica en diario.es para entender la #Brevolution. Otra consulta de fondo: Ángel Calle.


Más allá de la izquierda y la revolución

Esos son los dos términos que se esgrimen para señalar las diferencias sobre futuras plataformas electorales ligadas al 15M. Se esgrime la etiqueta de la «Izquierda», para marcar distancias con el centro izquierda-derecha del PPSOE. Se enarbola la bandera la «Revolución» para señalar las diferencias entre rupturistas y reformistas del régimen del 78, entre quienes quieren construir una «democracia del común» y los que pretenden rescatar el Estado del bienestar, entre quienes defienden unas iniciativas basistas de cambio radical y los resignados a la reforma institucional.

Dos textos, pues, para abrir debates estancados. Lo que no sé es si llevan a alguna parte. El primero reinvidica «la creatividad política distribuida y sin etiqueta» del 99% encarnado en la PAH o las mareas. El segundo replantea el concepto de revolución desde el postfeminismo.

Una píldora contra la Unidad:

» Creemos en estar juntas. Pero hemos aprendido que
estar juntas no significa siempre ser lo mismo, hacer lo mismo o
someterse a la voluntad del otro. Llevamos dos años organizándonos
masivamente sin necesidad de etiquetas ideológicas cerradas,
encontrándonos incluso con aliados inesperados. Nos hemos coordinado en
momentos clave para golpear mortalmente a un régimen que se tambalea.
Han perdido la calle, han perdido las redes y han perdido la opinión
pública. Ya tenemos la unidad, somos el 99%,  no estamos sólo quienes
nos etiquetamos como la izquierda.

«Somos muchísimas personas
diferentes juntas quienes luchamos porque estamos afectadas por las
mismas cosas, nos oprimen los mismos enemigos, y porque vivimos un mundo
común que producimos. Y vamos a echarles. Pero para eso tenemos que
darnos cuenta de que la izquierda es sólo una parte de una respuesta
social mucho más compleja y difusa. Componiendo un espacio multicolor,
diverso y distribuido, siguiendo el ejemplo de experiencias
organizativas como la PAH pero extendido a otros frentes y a otros
niveles, con un alto grado de conflicto con el poder y también una
elevada capacidad de resolver la situación urgente de miles de
ciudadanos, habremos ganado.» Toda la dosis de Azofra, aquí.

Otra píldora contra la Revolución:

«Se refieren a  “ideología” como mi madre hablaba de “marido”. No
necesitamos ninguna de las dos cosas. Las nuevas feministas no
necesitamos al segundo porque no somos mujeres, de la misma forma que
nos sobra la primera porque no somos un pueblo. Ni comunismo ni
liberalismo ni la vieja cantinela católico-musulmano-judía.

«Usamos distintos lenguajes. Cuando ellos hablan de representación,
nosotrxs decimos experimentación. Ellos dicen identidad, nosotrxs
multitud. Quieren domesticar la banlieue, nosotrxs queremos una ciudad
mestiza. Hablan de deuda y nosotrxs queremos cooperación sexual e
interdependencia somática. Hablan de capital humano y nosotros deseamos
la alianza entre especies. Nos sirven carne de caballo en nuestra mesa y
nosotrxs apostamos por cabalgar juntos para escapar del matadero
global.» Toda la dosis de Beatriz Preciado, aquí.

Persisten las preguntas urgentes, a pesar de la lucidez que aporta deconstruir lo que decimos cuando invocamos a una «izquierda unida» (sin mayúsculas):
–  ¿Es posible hacer política para el 99% sin incurrir en el populismo? ¿Un cartel electoral o un gobierno que represente al 99% no apelan peligrosamente a un consenso y a una fraternidad ficiticios?
– Y, por otra parte, ¿creéis que el lenguaje de la «nueva política» postideológica, postfeminista, post-todo puede conectar con quien todavía no está de vuelta de nada, porque aún no ha llegado a ninguna parte ya que le han arrebatado sus objetivos de desarrollo personal, no digamos colectivo?

En suma: ¿es posible una unidad que se nutra y fortalezca con las diferencias internas?, ¿la revolución personal es posible sin un marco legal que garantice el desarrollo de los derechos individuales sin menoscabo de los derechos colectivas?

Porque la fuerza de los de abajo proviene de que se crean unidos en todos los frentes de opresión a los que hacen resistencia.
Porque el ejercicio de las libertades civiles, de los que no las pueden ejercer, depende de un marco político-lega que las garantice y haga efectivas.

Y todo ello, sin menoscabo de que: la autogestión de la rebeldía social debe hacerse compatible con la representación parlamentaria de las mayorías sociales; y de que toda revolución politica es personal o no lo es.