Un Barrio Feliz: La divertida historia del «hackeo» de las cámaras de videovigilancia del barrio madrileño de Lavapiés.

En febrero de 2010, Medialab Prado lanzó una convocatoria de proyectos (Open Up) para la nueva fachada digital de la Plaza de la Letras, anexa a esta institución madrileña. Al mismo tiempo, en el cercano Lavapiés, hacia un tiempo que los vecinos nos habíamos organizado en contra de otra instalación y otro gasto millonario injustificable por parte del Ayuntamiento de Madrid: las 48 cámaras de video videoviligancia para la policia.

En este blog, (unbarriofeliz.wordpress.com) recogimos todo el proceso de acciones de protesta en contra del que iba a ser el primer sistema de videovigilancia para todo un barrio en España. (…)

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La tecnopolítica que surge del desierto: 40 años de espera, 40 años de resistencia

Periodista, activista, autora del proyecto saharadeudahistorica.info y miembro de la comunidad del Máster en Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digitales

Este 27 de febrero de 2016 se cumplen 40 años de la proclamación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), un país erigido en el exilio y apenas visible para las potencias económicas mundiales. Una nación que clama justicia desde el desierto y… desde la Red.
El conflicto del Sahara Occidental divide a un pueblo, el saharaui, por un muro físico de unos 2.700 kms. de longitud y lo separa del mundo por un muro mediático que hasta la llegada del siglo XXI se mostraba impenetrable. La protesta y la resistencia de este pueblo no ha cesado desde 1970, año en que emerge el primer movimiento de liberación saharaui. Sin embargo, ha sido la llegada de la era digital la que ha permitido a las voces del desierto abrir grietas en ese muro que les imponía silencio.
Desde los campamentos de refugiados, desde los territorios ocupados por Marruecos o desde la diáspora internacional, hemos visto emerger en los últimos años numerosas movilizaciones:
Las intifadas pacíficas de 2005 y años posteriores, permitieron a la opinión pública internacional descubrir la situación del pueblo saharaui bajo la ocupación marroquí gracias a la filtración de imágenes e informaciones que medios alternativos recibíandesde un cibercafé de El Aaiún.
La huelga de hambre de Aminatu Haidar en otoño de 2009, fuertemente apoyada por la sociedad civil movilizada desde la Red, forzó a los medios de comunicación a fijar el foco en el conflicto. Llegando a poner en jaque a la diplomacia española en sus relaciones con Marruecos.
El levantamiento del campamento protesta de Gdeim Izik, considerado detonante de la primavera árabe por analistas internacionales como Noam Chomsky. Más, el posterior desmantelamiento del asentamiento por el ejército marroquí, pudieron ser contados al mundo gracias a las cámaras digitales y teléfonos móviles de las personas que participaban de la protesta. En colaboración con colectivos internacionales de observación y vigilancia de derechos humanos, las imágenes y videos registrados por la población viajaron a través de Internet, logrando eludir elbloqueo informativo institucional dictado por Mohammed VI, compartiendo en tiempo real lo que sucedía en El Aaiún.
La resistencia ante el expolio de recursos naturales en los Territorios Ocupados del Sahara Occidental se vio reflejada en la oposición ante los sucesivos Acuerdos de Pesca entre la Unión Europea y Marruecos o la tentativa de las petroleras San Leon o Kosmos Energy sobre la costa.
Video-protesta realizada en los campamentos de refugiados saharauis.
La República Árabe Saharaui Democrática está reconocida como país por 82 Estados y por la Unión Africana. Sin embargo, ninguno de ellos es un país noroccidental, cuestión que parece deslegitimar la existencia de los pueblos en la geopolítica hegemónica. Suecia, ha sido el primer país europeo en declarar su intención de reconocer la RASD. Esta cuestión levantó ampollas en el Reino de Marruecos, quien declaró el boicot a grandes compañías suecas como IKEA, forzando así la negativa del Gobierno sueco al reconocimiento.
Este invierno pudimos ver como las lluvias torrenciales arrasaban los campamentos de refugiados saharauis, haciendo insostenible la situación y la espera de la población exiliada.
25 años se cumplirán este 2016, desde que la ONU declaró el Alto al fuego entre Marruecos y el Frente Polisario, representante político y militar del pueblo saharaui. 25 años esperando un Referéndum de Autodeterminación que parece no llegar nunca. Recientemente, la cibercampaña #ReferendumNow #WesternSahara surgía como un recordatorio a occidente de que como ciudadanía, se debe exigir el cumplimiento de la legalidad internacional a los responsables políticos de la situación.
Fotografía obtenida [con permiso] de http://poemariosaharalibre.blogspot.com.es/
Cada día, saharauis de los Territorios Ocupados filtran la información documentada de las violaciones de Derechos Humanos en el Sahara Occidental, reclamando, a través de las redes sociales, que su testimonio cuente. Su tecnopolítica surge en las calles y subvierte el espacio digital con la esperanza de un cambio. Pero…¿hasta cuándo ha de continuar la espera? ¿Cuánto tiempo más podrán soportar la situación? La resistencia de este pueblo parece ser permanente.
“La pérdida de toda esperanza será lo que nos lleve a la libertad, porque la vida de los pueblos es mucho más larga que la de los dictadores que la oprimen”.  
Mustafa Ahmed, Activista por los DDHH.

El equilibrio frágil del mundo, según José Mujica

Sara Calvo Tarancón

Periodista y miembro de la comunidad del Máster en Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digitales

El único privilegio que conserva de su etapa como presidente del Uruguay es un grupo de guardas de seguridad que se turnan en una caseta de obra frente a su chacra, a los pies del Cerro, en las afueras de Montevideo. El jefe de Seguridad deJosé Mujica se llama Eturco y va armado con un destornillador y uniformado con una camiseta blanca, una gorra azul a juego con los pantalones y unas botas de montaña. Tiene más pinta de manitas que de segurata, y según cuenta, su función principal es, por las mañanas, recibir a las cerca de treinta personas que se acercan cada día a la casa del Pepe para conocerlo. Por las tardes, se dedica a sacar adelante uno de los sueños de Mujica: la escuela agraria que han montado en unos terrenos que cedió para el proyecto, justo enfrente de su casa.  Dentro de una nave enorme se están acondicionando las aulas para los más de 70 estudiantes, construidas a base de materiales reciclados que ahora se encuentran esparcidos por los rincones: trozos de madera, ventanales apilados, inodoros amontonados cubiertos de polvo, baldosas y sacos de cemento. En la entrada de esa gran nave guarda Eturco, con orgullo, el viejo Fusca azul oscuro que le ha regalado el Pepe. “Cada vez que voy a la gasolinera viene alguien a hacerse una foto con él”, asegura, con una sonrisa ancha.
El propio jefe de Seguridad de la casa de Mujica fue el encargado de ayudar a preparar la garita, desde donde se vigila la entrada a la casa, para que el expresidente —ahora senador— viera Frágil Equilibrio, una película que se va a estrenar la próxima primavera y que utiliza como hilo conductor las palabras y el mensaje de Mujica para entretejer las historias de varios protagonistas en tres escenarios:  Japón, África y España.
Taisuke, protagonista de uno de estos relatos, trabaja como salaryman en una agencia de publicidad de Tokio, donde pasa una cantidad ingente de horas semanales. Puede comprar cualquier cosa, menos libertad, y se debate entre entregar su hoja de despido y el miedo a perder la comodidad económica que no tiene tiempo para disfrutar. Otra de las historias se centra en Kante, uno de tantos jóvenes de Mali que malviven en el monte Gurugú y tratan, cada noche, de cruzar la triple valla de 12 km y mortales cuchillas que separa Marruecos y España. Una valla que, como dicen los africanos en el documentalya no es una frontera sino una máquina de matar. El sueño africano de saltar a Europa a la búsqueda de una vida mejor para ellos y para sus familias choca de bruces con la realidad deAndrés, otro de los protagonistas, madrileño que tuvo que ocupar una casa en el barrio de San Cristóbal cuando perdió, hace algunos años, a su mujer, su trabajo y su hogar.
Guillermo García López es el director de esta producción independiente que cuenta con muchas más ganas e ilusión que presupuesto. En ella ha ido tejiendo estas tres historias globales utilizando como hilo conductor las sabias palabras del expresidente que, de alguna forma, se dedica a resignificar conceptos. Austeridad, consumismo, solidaridad, altruismo, amor. Nadie las pronuncia mejor que Mujica, quizá porque no todo el mundo ha sabido valorar algunos conceptos, como la libertad, de la misma forma que él, que pasó más de 10 años en prisión. Allí aprendió, entre otras cosas, a guardar miguitas de pan para alguna rata que se volvía compañera. Le ayudaba saber que había algo vivo entre aquellas cuatro paredes.
Guillermo hace un par de años que no pisaba el polvoriento camino que conduce a la vivienda del Pepe. Ahora ha vuelto para mostrarle la película en la que lleva trabajando dos años. El expresidente se emociona cuando ve desfilar imágenes punzantes bajo las palabras que él mismo regaló al director, en ese jardín, sentado en una silla y espantando moscas durante una entrevista que le concedió el verano de 2014, cuando todavía era presidente de Uruguay. “Quedó muy buena”, le dice, después de verla, “podés dejarme una copia para que se la muestre a Lucía?”.
Muchos uruguayos coinciden: “Mujica es un filósofo”. De su boca salen grandes reflexiones de ese discurso que lo ha hecho universal en el que enumera los grandes problemas del ser humano, aquellos que hacen tambalear el equilibrio del mundo moderno, inestable y cambiante. “Que Europa termine café con leche es cuestión de tiempo”, dispara Mujica en Frágil Equilibrio, y apunta directamente a los culpables, “la venganza de los pobres está en la fertilidad de sus vientres”, y ya lo decía Galeano, en estas tierras se hace el amor con entusiasmo y sin precauciones. El amor en los tiempos del Capitalismo también le inquieta, “la solidaridad ha creado monumentos civilizatorios pero está en crisis porque no es un producto de mercado”. Pero Mujica está aquí para recordarnos que hay que olvidar todo aquello que esté por delante de las personas, porque lo primero, es la vida. “La vida es una causa en sí misma. Es la causa de todas las causas”.
Y al final, la solución del Pepe contra la insoportable levedad de este frágil equilibrio del mundo es tan simple (y tan compleja hoy) como encontrar “un cacho de tiempo en la vida para ser felices”.

Tetuán de las Victorias

«Me la tienes que entregar, la llave de tu alma, como los moros entregaron las llaves de Tetuán», dicen unos de tientos cantados por el gran Diego Rubichi.

La clave estaba en ese barrio en carnaval. Una hoguera donde a su alrededor danzaban unos locos, los rufianes, los titiriteros de un Madrid que ha vuelto a ser señorial, de paseo de caballos y guardias civiles patrullando por los suburbios buscando anarquistas.
Los barrios que habían estado ocultos se han destapado, y al hacerlo fluye la cloaca, la mugre salpica al burgués y la costra supura tantos años de injurias.
Pero, pronto los de Salamanca quieren encender también sus hogueras para quemarles dentro. Llamas frías bajo un atarceder rojo.

Madrid es hoy una urbe poblada de calesas y demonios. Una urbe mutilada.
D.

¿Acabará Assange como Manning?

Comunidad Editorial del 4º Poder en Red
Julian Assange ha estado los últimos tres años “detenido arbitrariamente” en el Reino Unido. Esa es la conclusión a la que ha llegado el Grupo de Trabajo sobre las Detenciones Arbitrarias de Naciones Unidas.
El fundador de Wikileaks es objeto de una investigación preliminar en Suecia (sin acusaciones formales) desde agosto de 2010 por un supuesto delito de violación y otro de acoso. Sobre él pesa desde entonces una orden de detención para ser interrogado en Estocolmo. En mayo de 2012 el Reino Unido dictaminó que Assange debía ser extraditado para prestar declaración en Suecia, por lo que el australiano decidió pedir asilo a Ecuador y refugiarse en la embajada ecuatoriana en Londres, en la que permanece encerrado desde agosto de ese año.
En los seis años que lleva abierta la investigación, la justicia sueca se ha empeñado en negar a Assange la posibilidad de prestar declaración desde Londres. Sólo en enero del presente año -y ante el temor a que el supuesto delito de violación acabase por prescribir como ya hiciera el de acoso- la Fiscalía sueca abrió la puerta a interrogar al fundador de Wikileaks en la embajada de Ecuador en la capital británica.
A ojos de Assange y de gran parte de la comunidad internacional que ha apoyado su labor, la orden de arresto es solo un trámite previo a una extradición a los Estados Unidos, donde con toda seguridad acabaría ante un tribunal castrense que le aplicaría la ley antiterrorista y lo acusaría de divulgación de secretos.
Los temores de Assange encuentran su mejor sustento en el caso de su colaborador Chelsea Manning (antes Bradley Manning). Infante de Marina de los Estados Unidos, Manning filtró a Wikileaks documentos sobre Irak, Afganistán y las embajadas norteamericanas que revelaban violaciones de derechos humanos que el público desconocía.
Fue detenido en mayo de 2011 y tras pasar once meses en total aislamiento -hecho que fue calificado de tortura por  varias organizaciones humanitarias– en el verano de 2013 pasó a ser juzgado por un tribunal militar que negó que ella tuviera la obligación legal y moral de denunciar las mencionadas vulneraciones de derechos humanos. El resultado: la soldado Manning fue condenada a 35 años de cárcel en un proceso en el que no se admitieron como pruebas de la defensa los documentos que detallaban los crímenes cometidos por el ejército estadounidense.
Recientemente Manning describió en el diario británico The Guardian el calvario que le está suponiendo su encierro en la cárcel de Fort Leavenworth (Kansas). “El abismo entre yo misma y el mundo exterior parece que se hace cada vez más y más grande. Y todo lo que puedo hacer es dejar que ocurra”, asegura Manning tras seis años de privación de libertad.
“Me doy cuenta de que mis amigos y mi familia siguen adelante con sus vidas mientras yo me enfrento a una inactividad impuesta. No voy a las ceremonias de graduación de mis amigos, no voy a sus fiestas de pedida, no voy a sus bodas y no conozco a sus hijos”, prosigue.
Percatarse de la presencia de esos cambios al tiempo que se encuentra encerrada ha provocado que Manning llegue a sentirse como un espectro: “No tengo fotos recientes de mi misma, no tengo selfies. De mis últimos seis años de vida sólo tengo viejas fotografías de Facebook, las instantáneas granuladas de mi expediente y las imágenes de la rueda de reconocimiento. Ahora que todo el mundo está obsesionado con Twitter, Instagram, Snapchat y Whatsapp, empiezo a sentir que no existo en un modo importante, real. En una sociedad que dice ‘si no hay fotos no ha sucedido’ empiezo a preguntarme si yo he sucedido. A veces me siento más que vacía, me siento inexistente.”
A pesar de toda esa apatía, Chelsea Manning se muestra firmemente decidida a no rendirse. Encuentra buenos motivos para no hacerlo en el correo que recibe de gente de fuera de prisión que le recuerda “felizmente” que es “real” y en la lucha por transformar su cuerpo en el de una mujer.
La ausencia de fotos recientes impide comprobarlo, pero ella misma asegura que el tratamiento hormonal que recibe -al que se refiere como un derecho “ganado” y no otorgado- está transformando su apariencia externa. “Tengo la piel más suave y los rasgos faciales menos angulares”, asegura en su artículo en The Guardian.
A sus ojos, el hecho de estar encerrada en Fort Leavenworth -un centro penitenciario para hombres- implica que el Gobierno estadounidense le está negando su “derecho a existir”. “Creo que definirnos a nosotros mismos en nuestros propios términos y en nuestro propio lenguaje es uno de los derechos de mayor poder e importancia que tenemos como seres humanos”, explica Manning, que actualmente, según cuenta en su blog, se encuentra inmersa en una lucha por conseguir que le dejen llevar el pelo largo, en lugar de ser obligada a llevar un corte que se encuentre en el estándar estético habitual en los hombres.
El testimonio de Manning, que asegura “haberse enfrentado a la oscuridad” como consecuencia de destapar crímenes humanitarios, es el mejor aval para la negativa de Assange a ser extraditado. El fundador de WikiLeaks considera que en estos tres años de encierro ha sido privado de sus libertades fundamentales y de derechos tan básicos como el acceso a la luz solar, el aire fresco y las instalaciones médicas adecuadas para preservar sus salud. Ha estado en una ‘prisión’ sin ser juzgado, una situación en la que Londres ha invertido cerca de 20 de millones de dólares en vigilancia.
Ayer, 1.885 días después de entrar en la embajada ecuatoriana, Assange recibía la decisión de la ONU que confirmaba lo que muchos llevamos años diciendo: su detención es arbitraria e ilegal.
Sin embargo, el primer ministro británico, David Cameron, se resiste a dejar en libertad al fundador de Wikileaks. Uno de los portavoces de su Gobierno, aseguró ayer que la decisión de la ONU “no sería legalmente vinculante”  y si Assange sale de la embajada “será arrestado”.
No obstante, el Grupo de Trabajo de la ONU sobre Detenciones Arbitrarias no tardó en responder, asegurando que su decisión “sí es vinculante”. “Las opiniones del Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias son jurídicamente vinculantes en la medida en que están basadas en normas internacionales de derechos humanos, de obligatoria aplicación”.
La ONU exige a Reino Unido y Suecia, tras 1.885 días, que “pongan fin a la privación de libertad” del fundador de WikiLeaks y que también reconozcan su derecho a reclamar una compensación por todos estos años.
Las reacciones no se han hecho esperar, y grandes medios como The Guardian se han posicionado en contra de la decisión de la ONU en su editorial, asegurando que es “errónea” y que debe “enfrentarse a sus presuntos delitos”. Llama la atención que esta posición provenga de uno de los medios que en su día publicó las revelaciones de Edward Snowden sobre el programa de vigilancia de la NSA, de mano del periodista Glenn Greenwald.
Todo apunta a que, como lleva haciendo tres años, el Gobierno británico seguirá vulnerando los derechos fundamentales de Assange obligándole a mantenerse en su prisión de oro si no quiere ser arrestado y deportado. Igual que su socio en el espionaje y en la violación de derechos humanos, EEUU, que castiga a Manning como aviso a navegantes: Airear los trapos sucios de los garantes de la libertad está penado. Todo ello ante la pasividad del resto de gobiernos internacionales que, al igual que con las revelaciones de Assange, Manning y Snowden, conocen lo que está ocurriendo pero no se atreven a importunar a sus poderosos socios.
¿O cabría decir a sus metrópolis?

“El periodismo es un bien público: aporta valor a las personas, lo paguen o no”

Dieciséis años dirigiendo uno de los periódicos más importantes del mundo, de tirada global, dejaron una idea clara a Paul Steiger sobre en qué merecía la pena invertir los últimos años de su carrera: Periodismo de investigación. Puro y duro. Indagaciones de meses, incluso años. Siempre buscando su función social y sin prestar atención al ruido que a veces genera la actualidad. Esos son los principios que rigen el proyecto que ahora encabeza Steiger: ProPublica.
Paul Steiger dirigió el Wall Street Journal desde 1991 a 2007. Se refiere a ese tiempo como la última etapa de la “era dorada” del periodismo, cuando había recursos para hacer un periodismo de investigación de calidad. “Hace diez años nos embarcamos en un viaje en el que la única constante en nuestro trabajo es el cambio. Estamos en 2016 y el cambio todavía va a ir a más”, asegura en una conferencia impartida en Madrid, en la ronda de Conversaciones que la Universidad de Navarra lleva promoviendo desde 2013 con el fin de “celebrar el periodismo”.
Bajo su dirección, el Wall Street Journal ganó 18 Premios Pulitzer. Cuando lo dejó, estaba convencido de que, a pesar de las dificultades, “el periodismo de investigación seguía siendo útil e importante”. Así que decidió lanzar ProPublica, una plataforma sin ánimo de lucro dedicada al reporterismo de investigación con valor de “función social”. Según explica el propio Steiger el periodismo de investigación es un “bien público que aporta valor a las personas aunque estas no quieran pagarlo. Como la policía, los bomberos o las asociaciones que acogen animales”.
Para ilustrar esta idea, Steiger cuenta cómo en 2009, el primer año de ProPublica, sus reporteros fueron capaces de mejorar la sanidad del Estado de California, que estaba fallando a la hora de proteger a los pacientes. Varios centros hospitalarios se encontraron con que una parte de su plantel de enfermeras habían convertido la negligencia en el trato al enfermo y el robo de los bienes del hospital en una costumbre. Muchas fueron despedidas, pero las autoridades carecían de los mecanismos y registros necesarios para evitar que fueran contratadas en otros lugares. Esta circunstancia dio lugar a un fenómeno de enfermeras corruptas itinerantes cuya negligencia ponía en serio riesgo la vida de los pacientes de múltiples centros de salud.
Tras el impacto de la serie de reportajes de ProPublica sobre el tema, no sólo se atajó el problema, sino que se instauraron mecanismos para que no pudiera volver a ocurrir. “Los beneficios no fueron sólo para la gente que leía y financiaba el medio, sino para toda la sociedad como potenciales usuarios de un hospital”, explica Steiger.
Este espíritu de servicio público es el que ha llevado a la plataforma que dirige Steiner a ganar dos Premios Pulitzer en menos de diez años de existencia. El primero con un reportaje (que requirió dos años de investigación) sobre cómo algunos hospitales en Nueva Orleans emplearon la eutanasia con el objetivo de aligerar pacientes de los hospitales tras el Katrina y el segundo con informaciones sobre cómo grandes banqueros de Wall Street se habían enriquecido pasando sin piedad por encima de sus clientes y sus corporaciones.
Los éxitos anteriormente mencionados se deben a un modelo de negocio que blinda la independencia del medio. ProPublica es una organización sin ánimo de lucro que no responde ante una cuenta de resultados. Según reza su propio manifiesto, su objetivo es el de “producir información que denuncie la explotación del débil frente al fuerte” y “seguir la tradición del periodismo como servicio público para estimular cambios positivos”. Para conseguirlo, ProPublica se financia a través de las donaciones de fundaciones y filántropos que, según explica Steiger,“esperan resultados, pero no resultados financieros”.
Estas personas, al ser donantes y no accionistas, carecen absolutamente de poder para decirle a los periodistas en plantilla sobre qué o de qué manera deben informar. “Para que esto funcione como queremos que funcione (de una forma no partidista y no sectaria), la decisión no puede estar en sus manos”, advierte Steiger a las personas que muestran interés en aportar su dinero a la causa.
El fundador de ProPublica habla apasionado del “cambio radical que se está produciendo en el sector del periodismo”. A su modo de ver, el periodismo tiende cada vez más a la colaboración. Muchos de los trabajos realizados por su plataforma se han llevado a cabo en estrecha cooperación junto a profesionales de otros medios como la BBC o The Washington Post. En ese tipo de trabajos las dos partes comparten los frutos del esfuerzo compartido y publican las historias de manera simultánea. “Más empresas están dispuestas a colaborar porque pueden acceder más fuentes, más información y llegar a más público”, afirma el periodista.
Steiger niega que este modelo de cooperación esconda una “subcontratación del periodismo de investigación” ya que, a su parecer, las eventuales colaboraciones que puedan surgir con uno u otro medio no generan un volumen de contenidos que pueda convertir a los trabajadores fijos de los medios de comunicación en prescindibles.
En la plataforma que dirige Steiger, al contrario que Obama, se niegan a “hacer exámenes para decidir quién es periodista y quién no”. La única credencial que Steiger dice necesitar para reconocer a alguien como periodista es que esa persona “haga periodismo”, una competencia que no siempre está ligada a la titulación. A su modo de ver, impedir a un periodista hacer su trabajo es “un crimen contra la humanidad que debería ser castigado” ya que “ninguna instictución debería estar exenta de críticas”.
Steiger cree que, a pesar de los problemas, el gremio periodístico vive “tiempos interesantes”. “Como periodistas, tenemos instintos y habilidades que han inspirado a la humanidad durante milenos. Somos contadores de historias, como los que se encargaban de preservar los conocimientos y la memoria de su pueblo de generación en generación. Contar historias y salvaguardarlas es parte de la genética de los seres humanos. Siempre tendremos un papel que desempeñar. Algunos vemos eso como una oportunidad”, sentencia.

Los indignados turcos a través de la censura mediática

Irene Escudero Martínez

Universidad Jaume I, Castellón

Estambulla ciudad de los tres nombres, no deja a nadie indiferente; serán sus peculiares calles, sus olores variopintos, su inolvidable atardecer en el Bósforo, será la extrañeza de estar situado entre dos continentes, será su sonora llamada al rezo, la cual echas de menos cuando te vas de la mágica urbe.
Esta ciudad, a finales de mayo de 2013, estuvo marcada por las protestas que se dieron en el parque Gezi, donde se sitúa la plaza Taksim. Lo maravilloso de este movimiento de indignados fue su diversidad confluyendo distintas ideologías, religiones, condición sexual, niveles económicos, edades o preparación académica. Los ciudadanos turcos se unieron por reivindicaciones sociales y políticas, que iban desde una mayor calidad democrática hasta una mejora en la libertad de expresión. Un aspecto relevante considerando que Turquía, según datos de Reporteros sin Fronteras, se ubica en el puesto número 154 de 179 entre los países que mejor protegen este derecho.
La reacción de la ciudadanía turca ante el arsenal policial que su presidente, Tayip Erdogan, empleó contra ella, fue muy significativa. Las redes sociales jugaron un papel importante en la transmisión de lo que sucedía en la plaza Taksim, ya que losprincipales medios de comunicación turcos daban la espalda a la realidad, mientras los cañones de agua y los gases lacrimógenos convertían Taksim en un escenario de guerra; el canal Haber Türk emitía un programa sobre la esquizofrenia y CNN türk uno sobre pingüinos.
La gente que acudía a la plaza se informaba a través de las redes sociales, Facebook y Twitter principalmente, de lo que sucedía en el parque. Mientras, los medios de comunicación hegemónicos preferían pasar unas vacaciones sin hacer su trabajo, que era informar. Muchos turcos emplearon estas alternativas formas de información, junto con otras, lo que provocó que el Gobierno ejerciera una política de bloqueo y censura sobre la Red.
Por ello, las personas que estábamos allí en esos momentos, donde el escaso acceso a Internet y el bloqueo era algo habitual, hacía que los acampados nos pidieran que informáramos de lo que pasaba en el parque Gezi. Era la primera vez que yo me encontraba en una situación tan controvertida, pero la gente que estuvimos con los indignados turcos apoyándolos en su protesta nos dimos cuenta que era necesario hacerlo, aunque nos exponíamos a que nos echaran del país, simplemente por dar voz a aquellos que no la tenían.
Dos amigos españoles y yo hicimos entrevistas y convivimos con ellos. Nos hizo volver al 2011, a las plazas ocupadas por los indignados españoles, estábamos entusiasmados de poder hacer de comunicadores, creo que fue una labor importante, junto con asociaciones como la de Reporteros sin FronterasGlobal VoicesGlobal Uprising o Taksim Solidarity. Nos convertimos en altavoces de sus demandas buscando que éstas fueran escuchadas a nivel global, como forma de transmitir las voces de millones de turcos, kurdos, alevíes, homosexuales, mujeres o estudiantes, una variedad de personas que estaban en el parque Gezi por una razón: estaban cansados y querían cambios.
Hay que recordar que en 2013, en el periodo de las manifestaciones, Erdoğan culpó a las redes sociales de la revuelta y dijo que Twitter podía ser mucho más peligroso que un coche bomba. De este discurso me acuerdo muy bien, de hecho estaba con un amigo periodista haciéndole una entrevista a uno de los directores de uno de los hoteles más céntricos de Estambul, el hotel Divan. En aquella entrevista, el director nos explicaba cómo se había habilitado una zona para que los acampados pudieran utilizar los aseos y tener cubiertas las necesidades higiénicas. Al salir del hotel, nos encontramos con mucho revuelo, Erdoğan había calificado desde hacía días que las protestas atentaba contra la democracia y los calificaba de çapulcu(saqueadores).
La creatividad en estos casos, cuando te censuran lo que escribes, tiene una originalidad desconocida para muchos usuarios, en efecto este intrincado contextoforzó el salto de los usuarios a Internet. De manera paralela, empezaron a proliferar medios alternativos como Bianet, T24 u OdaTV y las personas buscaronsitios que proporcionaron una imagen verídica de lo que sucedía en el parque Gezi, entre ellos: #occupygeziwww.facebook.com/OccupyGezi,DelilimVar.tumblr.com o emirkulu.blogspot.com. Todos ellos sitios creados por los usuarios y fuera del circuito de los grandes medios controlados por el gobierno.
El grupo de hacktivistas Redhack inició una campaña de filtración de supuestos documentos confidenciales del Estado. Según un estudio de la empresa Konda, durante las protestas en el parque Gezi de 2013, el 77,6% de los manifestantes se informaron de lo ocurrido por la red. Cabe destacar que elPartido Pirata Turco empezó a tener una relevancia notable, sobre todo durante las manifestaciones del 2013, aunque antes ya tenían sus emisiones y blogs donde la gente podía acudir para obtener una información libre intentando que no estuviera bajo control gubernamental.
De todo aquello, los turcos aprendieron a recurrir a medios de comunicación alternativos donde informarse y evitar los bloqueos momentáneos de redes sociales como Youtube, Facebook y Twitter. Las redes sociales tuvieron un rol significativo en las protestas de Turquía y facilitaron que las personas inmediatamente estuvieran informadas al instante y se pudieran movilizar de forma cohesionada y rápida.
Las redes sociales no hacen las protestas, sino que ayudan a mejorar las estrategias de los ciudadanos al instante, ya que para crear objetivos a largo plazo, hace falta mucho más que twitts, videos en Youtube o noticas en Facebook. Los turcos supieron ingeniárselas para poder enfrentarse al lucrativo juego de los medios de comunicación y la Real Politik. Ahora en 2016, la ciudadanía turca continúa ingeniándoselas en un país lleno de tensiones políticas entre actores diversos

Destapar el Mal

Relato de una hazaña heroica contada en clave realista, casi feista, sobre unos héroes singulares en su sencillez pero que destaparon uno de los grandes pozos de maldad de la historia reciente.

Con un cine casi gélido, que se centra más en dramatizar la infatigable labor de sabueso de muchos periodistas y la necesidad de mantenerse integro, ante una mierda que salpica demasiado pronto. Y al igual que «Todos los hombres del presidente», la cinta de Thomas McCarthy, Spotlight, se aleja de juzgar los hechos, para mostrar la descripción minuciosa, y casi monótona, de una hazaña verídica que nos pone de pie con un aplauso, pero con un nudo en la garganta.

Como colofón, no estaría de más que los responsables de todo aquello, sean juzgados y quienes aún defienden a esa oscura institución, reflexionen mucho sobre el tamaño de la inmoralidad de lo que apoyan. No olviden aquello de la banalidad del Mal.
D.

Cuidar el Suelo

El desarrollo de iniciativas de agrocompostaje local quieren demostrar que se puede llegar a cambiar los costosos sistemas de recogida, transporte y vertido, reduciendo el monopolio exclusivo de las grandes constructoras y contribuir a generar sistemas más sociales y ecológicos, colaborando con las pequeñas producciones periurbanas para tejer sistemas locales de producción y consumo alimentario.

El objetivo es reducir los residuos que se recogen y transportan a vertedero, y derivar la materia orgánica a agrocompostaje de la mano de pequeños productores del entorno local de Madrid, para fertilizar con de esta manera el Suelo que nos alimenta.

Para ello se convoca a pequeños pequeños productores agroecológicos localizados a una distancia no superior a 30 kms. de Madrid centro. El objetivo es retribuir a los agrocompostadores por tonelada de biorresiduo doméstico convertido en compost y aplicado en su huerta. Os esperamos.

Taller sobre agrocompostaje para productoras
19.01.2016 18:30h – 21:00h
Lugar: Cantina Medialab Prado Madrid

http://medialab-prado.es/article/taller-sobre-agrocompostaje-para-productoras
Un taller abierto que se enmarca en la serie de seminarios: “Lo que esconde la comida 2016” de la iniciativa MadridAgroecológico, orientado a productores agrícolas locales y a público en general.

Una propuesta del grupo “MadridAgrocomposta” de la iniciativa MadridAgroecológico, en colaboración en el proyecto de Ciencia Ciudadana: «Suelo Fértil, Denominador Procomún» de Óscar Prada y David Rodríguez, con el objetivo de crear y fomentar estrategias colectivas útiles, tanto para la creación de nuevos tipos de bioindicadores de la calidad mediambiental urbana de la ciudad, de la mano de dinámicas de participación y sensibilización a través de grupos y redes vecinales.Más información de este proyecto en la Comunidad: http://comunidad.medialab-prado.es/en/node/1591
  

Paulina: lo personal es político

Javier Franzé

Profesor de Teoría Política. Universidad Complutense de Madrid.

(Contiene spoilers de la trama) Paulina, de Santiago Mitre, no es una película sobre las instituciones judiciales, sino sobre la justicia, entendiendo esta distinción como diferencia entre legalidad y justicia.
Narra la historia de una joven abogada que abandona su reciente carrera judicial para volver a su ciudad, Posadas —capital de la provincia argentina de Misiones, situada al noreste, en la frontera con Paraguay y Brasil—, a trabajar en una escuela de la periferia como parte de un programa de defensa de los derechos humanos. A poco de iniciar su trabajo —el cual es rechazado por su padre, un juez de la provincia con pasado en organizaciones políticas revolucionarias—, Paulina es violada por un joven trabajador de un aserradero. Éste actúa amparado por un grupo del que forman parte algunos estudiantes de Paulina, que imparte un taller de formación política.
En la atmósfera cenagosa, áspera, desamparada en que se desenvuelve la historia —que recuerda a La isla mínima y La ciénaga—, Paulina y su padre encarnan dos modos de entender la justicia. Tras la violación, Paulina busca a su atacante en el aserradero y lo cita “para charlar”. Su padre utiliza sus contactos para mandar detener ilegalmente a los agresores y arrancarles su confesión bajo tortura. En un giro dramático clave, Paulina decide tener el hijo fruto de la violación y no denunciar a los autores del delito, en nombre de la búsqueda de la justicia.
Paulina¸ de Santiago Mitre
Fotograma de Paulina, de Santiago Mitre
Paulina entiende que la ley es fruto del más poderoso y por eso su proyecto es precisamente empoderar a los actores excluidos. La película no evita laambigüedad que esto implica: ella es blanca, rubia y de ojos claros en un ambiente dominado por el ascendiente aborigen; habla sólo castellano mientras sus estudiantes usan también el guaraní, al que recurren para evidenciar que es la diferencia de clase que los separa  —“usted es caté, “distinguida” en guaraní— lo que permite a Paulina proponerse empoderarlos. Por su parte, para el padre la institución judicial es el único instrumento disponible de la justicia y ésta consiste en evitar nuevas víctimas… aunque recurra a la ilegalidad para intentarlo.
Paulina vincula justicia y víctima de un modo distinto al corriente:  no duda de que los agresores “son unos hijos de puta”, pero también que son fruto de “un mundo horrible que produce violencia”. Y dado que los agresores son pobres, para ella la intervención de la institución judicial no aportará justicia, no evitará nuevos casos, pues al buscar sólo declararlos culpables más bien reproducirá a mayor escala la injusticia que significa la existencia misma de ese grupo agresor. Paulina encarna con radicalidad el mandato socrático según el cual “es peor cometer injusticia que padecerla”.
Pero Paulina personifica una mirada todavía más honda del problema: la imposibilidad de una comunicación profunda que permita la comprensión entre posiciones diferentes y, por lo tanto, ponerse en el lugar del otro. Paulina nos permite pensar que la única forma de ponerse en el lugar del otro es entender su posición, pero no como resultado de una comprensión, sino más bien de una aceptación de la radicalidad de su ininteligibilidad. Desliga así respeto/tolerancia de entendimiento, afecto de intelección.
¿Cómo será posible entonces lo que ella persigue, una comunidad política justa? ¿Cómo se puede definir lo justo si lo injusto es en última instancia ininteligible?
Aquí aparece en toda su riqueza el riesgo estético y ético-político de la película. Paulina no despolitiza su posición, pues ni renuncia a denunciar a sus agresores, ni decide ser madre de ese hijo por motivos privados (miedo, amor, “síndrome Estocolmo”). Tampoco se guía por un igualmente impolítico “idealismo”. Acepta con todas las consecuencias el carácter político del problema: un emergente del modo de vida de la comunidad, no de “personalidades” tomadas de una en una. No quiere ser víctima individual sino entender la situación en su conjunto, para poder sentirse parte de la misma. Intuye que lo primero bloquea lo segundo.
Paulina tampoco despolitiza las circunstancias recurriendo al relativismo, según el cual como todas las posiciones en última instancia son incomunicables, no podemos juzgarlas, tienen el mismo valor y así igual derecho a formar parte de la vida colectiva. Paulina no abandona las instituciones, ni mucho menos la ciudad. Por el contrario, asume la decisión política de trazar la frontera que haga posible la comunidad misma, excluyendo en este caso los valores incompatibles con los derechos humanos: por eso repudia las instituciones jurídicas realmente existente y la conducta de sus agresores.
Su acción no termina de desplegarse en plenitud. En parte porque la institucionalidad impone su lógica y la interrumpe a través del padre (la charla con su agresor nunca tiene lugar), y en parte porque es una búsqueda que sabe mejor dónde no está la justicia, que cómo encontrarla. Lo que sí sabe es que el camino es político, entendido no como lo reducido al ámbito del sistema político, sino como lucha por el sentido directa, por mano propia. Ésta, como una paradoja más de la película y como una de las tantas equivalencias del sentido común que desanuda el personaje, no se vincula con la violencia privada, sino con su rechazo y con la construcción de una nueva voluntad colectiva cuyo requisito es la comprensión —cuasi-heroica en estos tiempos neoliberales— de lo personal- privado como resultado de la politicidad de la comunidad.