Cómo la tecnología perturba la verdad

 

Un artículo impresionante, de la directora de The Guardian, Katharine
Viner,

traducido
por Reyes Valenciano Valeros, una alumna de este curso, que demuestra sus ganas de salir del patio de vecinos de la Prensa patria. Un regalo que nos hace tod*s. Mil gracias por su generosidad.

 

Un lunes por la mañana del pasado septiembre, Gran Bretaña se despertó
con una noticia depravada en los periódicos. El primer ministro,
David Cameron, había cometido un “acto obsceno con la cabeza de un
cerdo muerto”, según el Daily Mail.” Un distinguido coetáneo de
Oxford afirmaba que Cameron participó una vez en una ceremonia de
iniciación indignante en un evento del Piers Gaveston en la que
estaba involucrado un cerdo muerto” declaraba el periódico. Piers
Gaveston
 es el nombre de un club social libertino gastronómico de la
universidad de Oxford; los autores del relato afirmaban que su fuente
era un miembro del Parlamento que dijo tener pruebas fotográficas:“
Su extraordinaria insinuación era que el futuro Primer Ministro
insertó una parte íntima de su anatomía en el animal.”
La historia, extraída de la nueva biografía de Cameron, provocó un
furor inmediato. Era repugnante, una gran oportunidad para humillar a
un primer ministro elitista, y a muchos les sonó a verídico por ser
miembro del infame Club Bullingdon. En cuestión de minutos #Piggate
y #Hameron eran trending topic en Twitter, e incluso los políticos
de mayor relevancia lo encontraron divertido: Nicola Sturgeon dijo
que las acusaciones habían “entretenido
a todo el país
”, mientras que Paddy Ashsown bromeaba sobre que Cameron “acaparaba (juego de palabras en que hog es cerdo y hogging es acaparar) los
titulares”. Al principio, la BBC se negó a mencionar las
acusaciones, y el número 10 de Downing Street dijo que la noticia no
merecía respuesta- aunque poco tiempo después se vio obligado a
desmentirlo emitiendo una nota oficial. Y así fue como un hombre
poderoso era avergonzado sexualmente de una forma que no tenía nada
que ver con lo polémico de su política, y de una forma en la que no
podía ni responder. Pero, ¿a quién le importa? Que se aguante.
Entonces,
después de un día entero de muchas risas online, pasó algo
sorprendente. Isabel Oakeshott, la periodista del Daily Mail que
había co-escrito
la biografía

con lord Ashcroft, un billonario hombre de negocios, fue a la
televisión y admitió que ella no sabía si su gran escandalosa
exclusiva era si quiera cierta. Cuando fue presionada para que
aportara alguna prueba sobre su increíble declaración, Oakeshott
admitió que no tenía ninguna.

“No pudimos llegar al
fondo sobre la fuente de donde provenían esas acusaciones” dijo
en las noticias del Canal 4.” así que simplemente informamos sobre
lo que la fuente nos dijo…no llegamos a decir si nosotros creíamos
que era verdad” En otras palabras, no había ninguna prueba de que
el primer ministro del Reino Unido hubiera alguna vez ”metido
alguna parte privada de su anatomía” en la boca de un cerdo
muerto- la noticia fue citada en docenas de periódicos y compartida
en millones de Tweets y de actualizaciones de Facebook, con lo cual
mucha gente presumiblemente todavía a día de hoy cree que es
cierta.

Oakeshott,
fue todavía más allá de absolverse de toda responsabilidad
periodística “le corresponde a la gente decidir si le dan
credibilidad o no” concluyó. Esta no ha sido, por supuesto, la
primera vez que una declaración estrafalaria ha sido publicada con
evidencias de base poco sólidas, pero esta sí que fue una inusual
respuesta desvergonzada. Parecía que los periodistas ya no
necesitaban creer en que sus noticas eran verdad, no, aparentemente,
no necesitaban ni aportar pruebas. De hecho le correspondía al
lector- el cual no conoce la identidad de la fuente- averiguarlo.
Pero, ¿basado en qué? ¿Una corazonada, una intuición, el estado
de ánimo?
¿Es
que ya no importa la verdad?
Nueve
meses después de que Gran Betraña despertara con la risa nerviosa
por las hipotéticas intimidades porcinas de Cameron, el país
amaneció la mañana del 24 de Junio con la escena real del primer
ministro de pie en el exterior de Downing Street a las 8 de la mañana
anunciando
su dimisión
.

Los británicos han votado para abandonar la Unión Europea y eso
debe ser respetado” declaró Cameron” No ha sido una decisión
tomada a la ligera, principalmente porque se han dicho muchas cosas
desde diferentes organizaciones sobre lo que implicaba esta decisión.
Así que no podemos dudar sobre el resultado”.
Pero
lo que pronto empezó a ser claro es que casi todo estaba en duda. Al
final de la campaña que dominó las noticias durante meses, resultó
de pronto obvio que el lado ganador no tenía ningún plan sobre cómo
o cuándo abandonaría UK la UE- mientras que los engañosos
argumentos que llevaron a la campaña a la victoria se vinieron
abajo repentinamente. A las 6.31 de viernes 24 de junio, justo una
hora después de que se conocieran los resultados del referéndum de
la UE. El líder de Ukip Nigel Farage admitió
que la Gran Bretaña post-Brexit no dispondría de los 350 millones
de libras a la semana de reserva para pagar el NHS(Servicio Nacional
de Salud)- Una de la claves de los Brexiteers (pro-brexit) con las
que habían ornamentado la campaña de autobús del ” vote leave”.
Unas pocas horas más tarde, Daniel Hanna del grupo Tory reveló que
la
inmigración probablemente no se reduciría

– otra afirmación clave.
No
era la primera vez que los políticos no cumplían lo que
prometieron, pero puede que haya sido la primera vez que han admitido
la mañana después de una victoria que sus promesas eran todas
falsas. Fueron las primeras votaciones grandes en la era de la
política de la post-verdad: la
apática campaña de los partidarios

de quedarse trató de lidiar la fantasía con hechos, pero
rápidamente fueron conscientes de los hechos estaban devaluados.
En
el bando que defendía la permanencia estuvieron preocupándose por
los datos y los expertos preocupados fueron desestimados como “el
proyecto miedo”- y rápidamente neutralizados con hechos
contrarios: si 99 expertos dijeron que la economía de caería y uno
no estaba de acuerdo, la BBC nos decía que cada bando tenía un
punto de vista diferente de la situación (era un error desastroso
que terminaba oscureciendo la verdad, y que parece un eco de cómo
informan algunos sobre el cambio climático). Michael Gove declaró
que “la
gente en este país está harta de expertos

en Sky News. También comparó
a los 10 ganadores del nobel de economía que firmaron una carta en
contra del Brexit con los científicos nazis fieles a Hitler.
Durante
cuatro meses, los medios euroescépticos presionaron para proclamar
cualquier declaración ambigua menospreciando todas las alarmas de
los expertos, llenando las portadas con demasiados titulares de corte
“anti-inmigrantes” como para contarlos- muchos de ellos
corregidos mas tarde de forma silenciosa con letra muy pequeña. Una
semana antes del referéndum- en el mismo día que Nigel Farage
enseñara su incendiario póster ”Breaking point” (punto de no
retorno)y la parlamentaria laborista Jo Cox, que hizo una campaña
incansable por los refugiados, fuera asesinada por un disparo- la
portada del Daily Mail destacaba una fotografía de unos inmigrantes
en la parte de atrás de un camión entrando en UK, con el titular
“Somos europeos- déjenos entrar!”. Al día siguiente, The Mail y
The Sun, que también cubrieron la noticia, tuvieron que admitir que
los polizones eran en realidad de Irak y Kuwait.
La
descarada indiferencia frente a los hechos no cesaron ni después del
referéndum: Hace poco, la por poco tiempo candidata a líder del
partido conservador Andrea Leadsom, que tuvo un papel estelar en la
campaña pro-leave, hizo una demostración del poder de la evidencia
menguante. Después de decir al Times que al ser madre podía ser
mejor primer ministra que su rival Theresa May, se quejó de
periodismo
amarillista

y acusó al periódico por tergiversar sus declaraciones-después de
que hubiera dicho exactamente eso, clara y categóricamente y además
grabado en una cinta. Leadsom es una política de la postverdad
incluso sobre sus propias verdades.
Cuando
un hecho empieza a parecer por lo que sea que es verdad, resulta muy
difícil para cualquiera distinguir la diferencia entre las
informaciones que son verdad y las que no lo son. La campaña a favor
del abandono fue muy consciente de esto- y se aprovechó de la
certeza de saber que la Autoridad para la ética en la
publicidad (ASA)
no tenía competencias sobre las declaraciones de carácter político
.
Pocos días después del referéndum, ArronBanks, el mayor donante y
principal fundador de la campaña del abandono al UE, dijo
a The Guardian

que su bando sabía que con las hechos no triunfarían.” Se adoptó
una aproximación al estilo mediático americano” dijo Banks.”Lo
que ellos dijeron al principio fue que “los hechos no funcionan”,
y es así. La campaña a favor de quedarse mostró hechos, hechos,
hechos, hechos, hechos. Eso no funciona. Tienes que conectar con la
gente emocionalmente. Ese es el éxito de Trump”
Fue
una pequeña sorpresa que mucha gente se sorprendiera después del
resultado al descubrir que el Brexit puede tener serias consecuencias
y muy poco de las ventajas prometidas. Cuando “la información no
funciona” y los votantes no confían en los medios, todo el mundo
cree en su propia “verdad”- y los resultados, como acabamos de
ver, pueden ser devastadores.
¿Cómo
hicimos que terminara? y ¿cómo lo arreglamos?
Veinticinco
años después de que el primer sitio web funcionara en línea, está
claro que estamos viviendo en un periodo de una transición
vertiginosa. Durante los 500 años posteriores a Gutenberg, en los
que la página impresa fue la forma dominante de la información; el
conocimiento se distribuía mediante un formato fijo, uno que
alentara a los lectores a creer en verdades estables y establecidas.
Ahora,
estamos atrapados en una serie de confusas batallas entre fuerzas que
se oponen: entre la verdad y la falsedad, el hecho y el rumor, la
bondad y la crueldad, entre los pocos y los muchos, los conectados y
los alienados, entre la plataforma
abierta de la web como sus arquitectos concibieron

y los recintos cerrados de Facebook o de otra red social; entre un
público informado y una multitud equivocada.
Lo que
es común en esas luchas- y lo que hace que su resolución sea un
tema urgente-es que están envueltas en un decreciente estatus de la
verdad. Lo cual no significa que no haya verdades. Simplemente
significa, que, cómo nos ha dejado muy claro este año, que no
podemos estar de acuerdo en cuáles son esas verdades, y cuando no
hay consenso sobre la verdad y no hay forma de alcanzarlo, el caos no
tarda en llegar.
Cada
vez más, lo que cuenta como un hecho es básicamente una opinión de
alguien que tiene la sensación de que es verdad- Y la tecnología ha
hecho muy fácil para esos “hechos” puedan circular con una
velocidad y un alcance inimaginables en la época de Gutenberg( o
incluso hace una década). Una noticia dudosa sobre Cameron y cerdo
aparece en un tabloide una mañana, y al mediodía, ya ha fluido por
todo el mundo a través de los medios sociales y llega a aparecer en
fuentes fiables de noticias en todas partes. Puede parecer una
nimiedad, pero sus consecuencias son enormes.
“La
verdad, como Peter Chippindale y Chris Horrie escribieron en Stick It
Up Your Punter!, su historia sobre el periódico The Sun, es una
“simple afirmación que cada periódico publica por su cuenta y
riesgo”. Existen normalmente diversos conflictos con la verdad
sobre cualquier tema, pero en la época de la prensa impresa, las
palabras quedaban clavadas en la página, fueran ciertas o no. La
información daba la sensación de verdad, al menos hasta el día
siguiente que se nos trajera otra actualización o corrección, y
todos compartíamos una serie de hechos en común.
Esta
“verdad” establecida era normalmente heredada de arriba: una
verdad establecida, a menudo fijada desde una institución. Este
acuerdo no estaba exento de defectos: una parte demasiado grande de
la prensa exhibía sesgos conservadores y una deferencia hacia la
autoridad, y era extraordinariamente difícil para la gente común
desafiar al poder de la prensa. Ahora, la gente desconfía mucho
sobre lo que se le presenta como un hecho- particularmente cuando la
información en concreto es incómoda, o está en una sintonía
distinta a la de sus propias opiniones- y aunque algunas de sus
desconfianzas son erróneas, otras no lo son.
En la
edad digital, es más fácil que nunca publicar información falsa
que es rápidamente compartida y tomada por verdadera- como vemos
frecuentemente en situaciones de emergencia, cuando las noticias se
dan en tiempo real. Seleccionando un ejemplo entre muchos, durante
los atentados terroristas de Paris en noviembre del 2015, se
extendieron rápidamente los rumores en las redes sociales de que el
Louvre y el Pompidou habían sido atacados, y que a François
Hollande le había dado un ataque. Se necesitan medios fiables que
desacrediten los cuentos chinos.
A
veces los rumores como esos se desatan por pánico, a veces por
malicia y a veces por una manipulación deliberada, en los que una
autoridad o régimen paga a personas para transmitir su mensaje. Sea
cual sea el motivo, las falsedades y los hechos ahora se difunden de
la misma forma, a través de lo que los académicos llaman una”
información en cascada”. Como describe la investigadora en derecho
y experta en acoso por internet Danielle
Citron
,”
la gente reenvía lo que otros piensan, incluso si la información es
falsa, engañosa o incompleta, porque ellos piensan que han aprendido
algo valioso”. Este ciclo se repite a sí mismo, y antes de darte
cuenta la cascada ya es imparable. Compartes algo que ha publicado un
amigo en Facebook, a lo mejor para mostrar afinidad o acuerdo, o que
“estas enterado”, y así aumentas la visibilidad de lo que han
publicado otros.
Los
algoritmos como los que nutren el flujo de noticias de Facebook,
están diseñados para darnos más de lo que ellos piensan que
queremos- lo que significa que la versión del mundo que encontramos
en nuestro flujo personal ha sido invisiblemente confeccionado para
fortalecer nuestras creencias pre-existentes. Cuando Eli Pariser, el
co-fundador de Upworthy, acuñó el término “burbuja de filtros”
in 2011, estaba hablando sobre cómo las páginas Web personalizadas-
y en particular la personalización de la búsqueda en google, que
implica que la búsqueda de dos personas en Google de una misma cosa
nunca tiene el mismo resultado-significa que es menos probable vernos
expuestos a información que suponga un reto o amplíe nuestra visión
del mundo y que es menos probable encontrar hechos que refuten la
falsa información que otros han compartido.
La
petición de Pariser, en ese momento, fue que todas aquellas
plataformas de medios sociales deberían garantizar que “sus
algoritmos dieran prioridad a las compensación de vistas y noticias
que son importantes, no solo a los chismes más populares o más
valorados por la gente” Pero en menos de cinco años, gracias al
increíble poder de unas pocas plataformas sociales, la burbuja de
filtros que Pariser descubrió se ha vuelto mucho más extrema.
En el
día después del refendum de UE, en una publicación de Facebook, el
activista en internet y fundador de mysociety británico , Tom
Steinberg, proporcionó una brillante ilustración del poder del
filtro burbuja – y de las distintas consecuencias cívicas para un
mundo donde la información fluye a lo largo de las redes sociales:
Estoy
buscando activamente en Facebook a gente que esté celebrando la
victoria del abandono del Brexit, pero el filtro burbuja es tan
fuerte, y se extiende tanto en cosas como las búsquedas
personalizadas de Facebook que no puedo encontrar a nadie que esté
feliz “a pesar del hecho de que la mitad del país está claramente
de celebración hoy” y a pesar del hecho de que estoy tratando
activamente de escuchar lo que están diciendo.
Este
problema de cámara de eco es TAN grave y TAN crónico que sólo me
queda rogar a algunos amigos que tengo que trabajando en Facebook o
en otras grandes redes sociales y tecnológicas que les digan a sus
jefes que no actuar ahora frente a este problema es lo mismo que
apoyar y financiar el destrozo de la estructura de nuestras
sociedades…estamos creando países donde la mitad no sabe nada de
nada sobre la otra mitad.”
Pero
pedir a las compañías tecnológicas que hagan algo con respecto al
filtro burbuja supone que es un problema que se puede arreglar
fácilmente- y no uno que parte del concepto mismo de las redes
sociales, que están diseñadas para darte lo que tú y tus amigos
queréis ver.
Facebook
, que fue lanzada tan solo en 2004, ahora tiene 1,6bn de usuarios a
lo largo del mundo. Se ha convertido en la
forma preferida

de buscar noticias en internet- y de hecho domina en ese terreno de
una forma que hubiera sido imposible de imaginar en la época de los
periódicos. Como escribió
Emily Bell: “Los medios sociales no solo han engullido el
periodismo, se lo han tragado todo. Se han tragado las campañas
políticas, el sistema bancario, las historias personales, la
industria del entretenimiento, las ventas, incluso el gobierno y la
seguridad”.
Bell ,
la directora de Tow Centre for Digital Journalism en la Universidad
de Columbia- y miembro de Scott Trust, que pertenece a The Guardian-
ha resaltado el impacto sísmico de los medios sociales para el
periodismo” Nuestro ecosistema de noticias ha cambiado más
drásticamente en los últimos cinco años” -escribió en marzo-
”que quizá en ningún otro momento de los últimos 500 años”.
El futuro de la edición esta puesto en “las manos de unos pocos,
que ahora controlan el destino de muchos”. Las nuevas publicaciones
han perdido el control sobre la distribución de su periodismo, que
para muchos lectores está ahora” filtrado a través de algoritmos
y plataformas de forma opaca e impredecible” Esto significa que las
compañías de las redes sociales se han vuelto poderosas de una
forma abrumadora determinando lo que leemos- y tremendamente
rentables monetizando el trabajo de otros. Como Bell anota” Hay de
lejos una concentración mayor de poder que en ningún otro momento
del pasado”.
Las
publicaciones supervisadas por los editores han sido en muchos casos
reemplazadas por información compartida seleccionada por amigos,
contactos y familia, procesada por algoritmos secretos. La vieja idea
de una web abierta -donde los hipervínculos de un sitio a otro
crearían una red no jerárquica y descentralizada de información-
Ha sido suplantada en gran parte por plataformas diseñadas para
aprovechar al máximo tu tiempo dentro de sus muros, algunos de ellos
(como Instagram y Snapchat ) no permiten ningún link externos.
Mucha
gente, de hecho, especialmente los adolescentes, ahora emplean más y
más tiempo en aplicaciones de chats cerrados, los cuales permiten a
los usuarios crear grupos para compartir mensajes de forma privada-
quizá porque son jóvenes y están más acostumbrados a enfrentarse
al acoso por internet, procuran tener más cuidado en espacios
sociales protegidos. Pero los espacios cerrados o las aplicaciones de
chat son un silo más restrictivo que el jardín vallado de Facebook
u de otras redes sociales.
Como
escribió
en The guardian

el bloguero pionero iraní Hossein Derakhsha, que fue recluido
durante seis años en Teheran por su actividad online a principios de
este año, la “diversidad de la web de banda ancha originalmente
imaginada” se ha encaminado a” la centralización de la
información” dentro de unas pocas selectas redes sociales- y el
resultado final está “Haciéndonos menos poderosos en relación al
gobierno y las instituciones”.
Por
supuesto, Facebook no decide lo que lees- al menos no en la forma
tradicional de tomar decisiones- y no nos dicta lo que las nuevas
empresas producen. Pero cuando una plataforma se convierte en la
fuente principal para acceder a la información, las nuevas
organizaciones ajustarán su trabajo a las demandas de este nuevo
medio.( La prueba más evidente de la influencia de Facebook en el
periodismo es el pánico que acompaña cualquier cambio sobre los
algoritmos que se alimentan de las noticias que amenace la reducción
de las páginas vistas enviadas a los publicistas).
En
los últimos pocos años, muchas empresas de noticias se han desviado
del periodismo de interés público y encaminándose a “noticias
basura”, en busca de visitas en la página con la banal esperanza
de atraer click y publicidad (o inversión)- pero al igual que con la
comida basura, te odias a ti mismo cuando te atiborras de ella. La
manifestación más extrema de este fenómeno ha sido la creación
del laboratorio de noticias falsas, que atraen el tráfico con falsos
reportajes que son diseñados para aparentar ser noticias de verdad,
y que por lo tanto son ampliamente compartidas en las redes sociales.
Pero se aplica el mismo principio a las noticias engañosas o
sensacionalistamente deshonestas, incluso si no fueron creadas para
engañar: la nueva medida del valor para muchas empresas de
comunicación es la viralidad antes que la verdad o la calidad.
Por
supuesto, los periodistas han hecho muchas cosas mal en el pasado-
tanto por error como por prejuicios como a veces
intencionadamente.(Freddie Starr Probablemente no se comió un
hámster). Así que sería un error pensar que este es un nuevo
fenómeno de la era digital. Pero lo que es nuevo y significativo es
que hoy, los rumores y mentiras se leen tan extensamente como los
hechos contrastados o con frecuencia más incluso, porque son más
salvajes que la realidad y más estimulantes para compartirlas. El
cinismo de este enfoque fue expresado manifiestamente por Neetzan
Zimmerman, anteriormente trabajador de Gawker como especialista de
noticias virales con un tráfico alto” Hoy en día no es importante
si la noticia es real” –dijo
en 2014

“ lo único que importa es si la gente lo cliquea “. Los hechos,
insinuó, están acabados; son una reliquia de la época de la presa
escrita, cuando los lectores no tenían elección. Continuó “Si
una persona no comparte una nueva noticia, es, en el fondo, una no
noticia”.
El
aumento del predominio de este punto de vista sugiere que estamos en
medio de un cambio fundamental en los valores del periodismo-el turno
del nuevo consumismo. En lugar de fortalecer lazos sociales, o crear
una sociedad informada, o la idea de que las noticias sean un bien
cívico, una necesidad democrática, lo que crea son grupos, que
difunden mentiras que encajan con sus opiniones, reforzando sus
propias creencias, haciendo que la gente se mantenga aún más en
esas opiniones compartidas, en lugar de en hechos contrastados.
Pero
el problema es que el modelo de negocio de la mayoría de las
empresas de comunicación está basado en los clicks. Los medios de
todo el mundo han llegado al punto álgido de la fiebre de frenéticos
anuncios al por mayor, con la idea de rascar los peniques y céntimos
de la publicidad digital.( Y no hay más publicidad para dar: en el
primer cuarto de 2016,
85 céntimos de cada dólar gastado en publicidad online de Estados
Unidos

fueron para Google y Facebook. Que solían ser para los medios de
comunicación).
En
las noticias que llegan a tu móvil, todas las noticias parecen
igual- tanto si provienen de una fuente fiable como si no. Y, cada
vez más, las fuentes que por lo demás eran fiables también
publican noticias falsas, confusas o deliberadamente indignantes. “El
cebo de los clicks es el rey, así que las redacciones publicaran sin
ningún criterio algunos de los peores chismees, lo que le otorga
legitimidad a la inmundicia” dijo Brooke Binkowski, un editor de la
desacreditada web Snopes, en
una entrevista con the Guardian

en abril. “No todas las redacciones son así, pero muchas si lo
son”.
Deberíamos
tener cuidado para no descartar los titulares digitales atractivos
como si fueran un cebo de clicks- Los titulares digitales son algo
bueno si conducen al lector a un periodismo de calidad, sean serios o
no. Creo que lo que distingue un buen periodismo de un periodismo
pobre es el trabajo: el periodismo que la gente valora más es aquel
del que se puede decir lleva mucho trabajo detrás- donde se puede
sentir el esfuerzo personal, por encima de si es un trabajo grande o
pequeño, importante o entretenido. Es la otra cara de lo que se
conoce como “churnalism”, el infinito reciclaje de las noticias
elaboradas por otras personas para obtener clicks.
El
modelo publicitario digital no suele distinguir entre lo que es
verdad o no, solo si es grande o pequeño. Como escribió
el reportero político Dave Weigel

a propósito de una noticia falsa que se convirtió en un éxito
viral en todas partes en 2013” Demasiado bueno solía ser lo que
disparaba las alarmas de los editores de los periódicos para no caer
en historias falsas. Ahora es un modelo de negocio”.

 

Una
industria de comunicación buscando desesperadamente clicks baratos
no suena a una industria que esté en una posición fuerte, y de
hecho, las editoriales como negocio tienen problemas. El cambio a la
edición digital ha sido un progreso apasionante para el periodismo-
como dije yo misma en mi conferencia de AN Smith en la Universidad de
Melbourne, “The
Rise of the Reader
”,
ha provocado” Un rediseño fundamental en la relación de los
periodistas con nuestra audiencia, en cómo pensamos sobre nuestros
lectores, en nuestra percepción de nuestro papel en la sociedad, en
nuestro estatus”. Lo cual significa que hemos encontrado nuevas
formas de elaborar nuestras noticias-de nuestra audiencia, de los
datos, de los medios sociales. Se nos han dado nuevas formas de
contar noticias- con las tecnologías interactivas y ahora con la
realidad virtual. Se nos han dado nuevas formas de distribuir nuestro
periodismo, encontrando nuevos lectores en sitios sorprendentes; y se
nos han dado nuevas formas de involucrar a nuestras audiencias,
abriéndonos al desafío y al debate.
Pero
mientras las posibilidades del periodismo se han fortalecido con los
desarrollos digitales de los últimos años, el modelo de negocio
está bajo una gran amenaza. Si cobras a los lectores para acceder a
tu periodismo tienes un gran reto para persuadir al consumidor
digital que está acostumbrado a obtener información gratis a que lo
haga con su dinero.
Los
medios de todas partes buscan beneficios y los ingresos caen
dramáticamente. Si quieres una imagen cruda de la realidad de los
medios digitales, compara los resultados del primer cuarto financiero
que publicaron del New York Times y Facebook con solo una semana de
diferencia. El New York Times publicó que sus beneficios habían
caído un 13% a 51.5m- siendo más próspero que la mayoría del
resto de la industria informativa, pero un descenso importante.
Facebook, mientras tanto, reveló que sus beneficios en la red se
habían triplicado en el mismo periodo-a la muy asombrosa cifra de
$1.51bn
Muchos
periodistas han perdido sus trabajos en la última década. El número
de periodistas de Gran Bretaña se redujo a un tercio entre 2001 y
2010; las editoriales de Estados Unidos disminuyeron en una cantidad
parecida entre 2006 y 2013. En Australia, hubo una reducción del 20%
de periodistas solo entre 2012 y 2014. A principios de ese año, en
The Guardian publicamos que necesitábamos perder 100 puestos de
trabajo de periodistas. En marzo, the
Independent dejo de existir como periódico de papel
.
Desde 2005, conforme al informe de Press Gazette, el número de
periódicos locales en Gran Bretaña ha caído
a 181

de nuevo, no porque sea un problema de periodismo, sino por el
problema para financiarlo.
Pero
que los periodistas pierdan sus trabajos no es solo un problema para
los periodistas: tiene un impacto perjudicial para toda la cultura.
Como advirtió el filosofo alemán Jüger Habermas, el
pasado 2007

”cuando la reorganización y los recortes de fondo ponen en peligro
los estándares del periodismo, se golpea de lleno el corazón de la
esfera pública política. Porque, sin un flujo de información
alcanzada a través de una gran investigación, y sin la estimulación
de los argumentos basados en la experiencia y no baratos, la
comunicación pública pierde su vitalidad discursiva. El público de
los medios dejaría de oponer resistencia a las tendencias populares,
y podrían no cumplir más la función que debieran en el contexto de
un estado democrático constitucional”.
Quizás,
entonces, el foco de las empresas de comunicación necesita cambiar a
una innovación comercial: Cómo rescatar la financiación del
periodismo, que está bajo amenaza. El periodismo se ha innovado
drásticamente en las últimas dos décadas digitales, pero los
modelos de negocio no. En las palabras de mi compañera, Mary
Hamilton, directora ejecutiva de edición para la audiencia del the
Guardian: “Hemos transformado todo lo concerniente al periodismo y
no lo suficiente sobre nuestro negocio”.
El
impacto de la crisis en el modelo de negocio en el periodismo es que,
en la persecución de clicks baratos a expensas de la precisión y la
veracidad, las empresas de comunicación socavan la verdadera razón
de su existencia: descubrir cosas y decir a los lectores la
verdad-informar, informar, informar.
Muchas
redacciones están en peligro de perder lo que más importa en el
periodismo: el duro, valioso, cívico oficio de patearse las calles,
escudriñar bases de datos, hacer preguntas incómodas para descubrir
cosas que alguien no quiere que sepas. El periodismo serio, de
interés público, es exigente. Y lo necesitamos más que nunca.
Ayuda a mantener honestidad en el poder, ayuda a la gente a entender
el mundo y su lugar en él. Los hechos y la información fiable son
esenciales para el funcionamiento de la democracia, y la era digital
ha hecho que eso sea aún más obvio.
Pero
no deberíamos permitir que el caos del presente arroje al pasado
luces de color rosa- Como se puede ver desde la reciente resolución
de la tragedia que se convirtió en uno de los momentos más oscuros
de la historia del periodismo británico. A finales de abril, una
investigación que duró dos años resolvió que las 96 personas que
murieron en el desastre de Hillsborough en 1989 habían sido
asesinadas y que no tuvieron responsabilidad en la peligrosa
situación que se produjo en el campo de futbol. El veredicto era la
culminación de una infatigable campaña de 27 años de las familias
de las víctimas, cuyo caso fue cubierto durante dos décadas con
gran detalle y sensibilidad por el periodista
de the Guardian David Conn
.
Su trabajo periodístico ayudó a destapar la verdad sobre lo que
ocurrió en Hillborough y el posterior encubrimiento de la policía-
un ejemplo clásico de lo que es un reportero que obliga a los
poderosos a rendir cuentas en nombre de los menos poderosos.
Contra
lo que habían estado luchando las familias durante cerca de tres
décadas era con una mentira que puso en circulación el diario The
Sun. El editor agresivo del conservador tabloide, Kelvin MacKenzie,
culpó a los forofos del desastre, sugiriendo que habían entrado por
la fuerza al campo sin entradas-una declaración que se demostró más
tarde que era falsa. Según la historia de Horrie y Chippindale
sobre el The Sun, MacKenzie desautorizó a su propio corresponsal y
puso las palabras”LA VERDAD” en la portada, alegando que los
segidores del Liverpool estaban borrachos, que habían robado
carteras a las víctimas, que habían pegado puñetazos, patadas a
los policias y que habían orinado sobre ellos, que habían gritado
que querían tener sexo con una de las mujeres fallecidas. Los
forofos, dijo un”alto cargo de la policía” estaban ”actuando
como animales”. La noticia, como escribieron Chippindale y Horrie,
es una “calumnia clásica” sin ninguna prueba que se pueda
aportar y que “precisamente encajaba con la formula de MacKenzie de
divulgar un prejuicio ignorante poco elaborado y vocearlo por todo el
país”
Es
difícil imaginar que Hillborough pudiera ocurrir ahora: si 96
personas fueran aplastadas hasta la muerte delante de 53.000
smartphones, con fotografías y los testimonios de testigos oculares
todos publicados en los medios sociales, ¿se hubiera tardado tanto
en descubrirse la verdad? Hoy, la policía- o Kelvin MacKenzie- no
hubieran sido capaces de mentir tan descaradamente y durante tanto
tiempo.
La
verdad es una lucha. Requiere un trabajo duro. Pero el esfuerzo
merece la pera: los valores tradicionales periodísticos son
importantes y merece la pena defenderlos. La revolución digital ha
supuesto que los periodistas- correctamente, desde mi punto de
vista-sean más responsables de su audiencia. Y como nos muestra la
historia de Hillsbotough, los medios de comunicación antiguos eran
definitivamente capaces de perpetrar horribles falsedades, que podían
tardar años en aclararse. Algunas de las antiguas jerarquías han
sido definitivamente enterradas, lo que ha permitido un debate más
abierto e importante que desafía a las viejas élites cuyos
intereses solían dominar los medios. Aunque la era de la
información incesante e instantánea- y de las verdades inciertas-
puede ser abrumadora. Salimos corriendo de un escándalo a otro
escándalo, pero las olvidamos muy rápidamente: vivimos un
apocalipsis cada mediodía.
Al
mismo tiempo, el nivel del panorama informativo ha desatado nuevos
torrentes de racismo y de sexismo y nuevas formas de deshonrar o de
acosar, sugiriendo un mundo en el que los argumentos más chillones y
más crueles prevalecerán. Es una atmósfera que ha demostrado ser
particularmente hostil con las mujeres y con la gente de color,
revelando que las injusticias del mundo físico se reproducen con
demasiada facilidad en los espacios online. The Guardian no es
inmune-razón por la que una de mis primeras iniciativas con jefa
editora fue lanzar la Web We
Want project
,
con la idea de combatir los abusos de la cultura general online y
preguntarnos como institución cómo podíamos fomentar
conversaciones mejores y más cívicas en la web.
Ante
todo, los retos del periodismo de hoy no son simplemente la
innovación digital o la creación de nuevos modelos de negocio. Es
establecer qué papel juegan todavía las empresas periodísticas en
el discurso público que se ha vuelto increíblemente fragmentado y
se ha desestabilizado dramáticamente. Los asombrosos acontecimientos
políticos del año pasado – Incluído el voto
del Brexit

y la emergencia
de Donald Trump

como candidato republicano para la presidencia en Estados Unidos- no
son solo las consecuencias del resurgimiento del populismo o de la
revuelta de la izquierda tras el capitalismo global.
Como
el académico Zeynep Tufekci argumenta en un ensayo
a principios de este año, el ascenso de Trump “es de hecho un
síntoma de la debilidad de los medios de comunicación en
desarrollo, especialmente en cuanto al control de lo es aceptable
decir”(podría decirse algo parecido de la campaña del
Bexit)”Durante décadas, los periodistas de las grandes medios de
comunicación actuaban como guardianes que juzgaban qué ideas podían
discutirse públicamente, y cuáles eran consideradas demasiado
radicales”, escribió Tufecki. El debilitamiento de esos guardianes
es positivo y negativo a la vez; hay oportunidades y hay peligros.
Como
podemos ver del pasado, los antiguos guardianes eran capaces de
causar enormes daños, y solían ser arrogantes rechazando dar
espacio a temas que ellos juzgaban que estaban fuera del consenso
político establecido. Aunque sin alguna forma de consenso sería
difícil que enraizara alguna verdad. La baja de los guardianes ha
dado a Trump el espacio para sacar a relucir temas que antes eran
tabú, como el coste del tratado de libre comercio que beneficia a
las empresas más que a los trabajadores, un asunto que las élites
americanas y muchos de los medios de comunicación habían ignorado
mucho tiempo- con lo que ,de una forma obvia, permitieron que sus
intolerables mentiras florecieran.
Cuando
el sentimiento dominante es contra las élites y contra las
autoridades, la confianza en las grandes instituciones, incluyendo a
los medios de comunicación, se desmorona.
Creo
que merece la pena luchar por una cultura periodística fuerte.
También por un modelo de negocio que sirva y recompense a los medios
de comunicación que pongan la búsqueda de la verdad en el centro de
todo –construyendo un público informado, activo, que escudriñe al
poder, no a una pandilla reaccionaria mal informada que ataque a los
vulnerables. Los valores tradicionales del periodismo deben ser
abrazados y celebrados: investigar, verificar, recolectar todas las
declaraciones de los testigos, intentar de forma seria descubrir lo
que de verdad ha pasado.
Tenemos
el privilegio vivir en una época en la que podemos usar muchas
nuevas tecnologías- y la ayuda de nuestra audiencia- para hacerlo.
Pero debemos también luchar con los problemas que apuntalan la
cultura digital, y darnos cuenta de que el cambio del medio de papel
al digital nunca fue sólo una cuestión tecnológica. Debemos
también abordar las nuevas dinámicas de poder que estos cambios
han creado. La tecnología y los medios no existen de manera aislada-
ayudan a dar forma a la sociedad, de la misma forma que ésta les da
forma a ellos. Lo que implica involucrase con la gente como actores
cívicos, ciudadanos, iguales. Es mantenerte fuerte para rendir
cuentas al poder, luchando por un espacio público, y asumir la
responsabilidad de crear el tipo de mundo en el que queremos vivir.

Hannah Arendt y el ‘juicio final’ a Europa (I)

Decenas de refugiados llegando en un bote lleno de agua a Lesbos.- OLMO CALVO
Víctor Sampedro y Andrea Lorenzo
En tiempos vacacionales, de traslados voluntarios, rescatamos
en tres entregas uno de los capítulos de ‘Los orígenes del
totalitarismo’ de la filósofa alemana. Sus palabras se centran en los
refugiados de la II Guerra Mundial. Las acompañamos de imágenes de una
reciente exposición de Olmo Calvo y generan un déjà vu de los acontecimientos que se libran a las puertas del continente europeo
 Hannah Arendt fue clara en sus reflexiones sobre los orígenes del totalitarismo,tal y como detalla en la obra que lleva el mismo nombre: “El estado de derecho no puede existir una vez se ha roto el principio de igualdad ante la ley”. Europa, puesta a prueba de nuevo con la crisis de los
refugiados, muestra su peor cara. Uno de los encargados de retratarla
ignorando los derechos humanos y posando de perfil para no encarar una
realidad cruda de la que también es responsable, ha sido el
fotoperiodista Olmo Calvo. Ganador del XIX Premio Internacional de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña, Calvo expuso su serie “Supervivientes en busca de refugio”
hasta el 27 de julio en el EFTI (Centro Internacional de Fotografía y
Cine). Recuperamos también sus sobrecogedoras imágenes, abriendo heridas
que invocan las palabras de Arendt.
La filósofa  tituló en 1951 un capítulo sobre “El declive del estado-nación y el fin de los derechos del hombre“.
E ilustra la gran cantidad de paralelismos entre las dos épocas. Mas
allá de su faceta más visible y práctica – los muros con concertinas o
el internamiento en campos miserables  de quienes huyen de la guerra–
estamos cruzando la línea roja, que define al Estado de Derecho. No sólo
afecta a quienes ven negados sus derechos a la vida y a la seguridad
-sin atrevernos siquiera a ponerles el opulento adjetivo “dignas”- sino a
todos aquellos que se refugian, en teoría, bajo su paraguas.

“Una vez dejada su patria se convirtieron en personas
sin hogar, una vez abandonado su estado de origen se tornaron en
apátridas; una vez se les privó de sus derechos humanos dejaron de ser
considerados como sujetos  con derecho, la escoria de la tierra. Nada de
lo que se estaba llevando a cabo, sin importar cuán estúpido, sin
atender al número de personas que lo sabía y que había advertido de las
consecuencias, podía haberse revertido o prevenido. Cada acontecimiento
tenía el carácter definitivo de un juicio final, un juicio que no habían
emitido ni Dios ni el diablo, sino que parecía más bien la expresión de
una irremediable y estúpida fatalidad”.

El contexto histórico al que se refiere Arendt es notablemente
distinto al actual. Ella se retrotrae al periodo de entreguerras para
explicar el avance progresivo del totalitarismo, no sólo en los países
que acabaron considerándose como tales, sino en los “civilizados”, que
les siguieron el juego y acabaron moviéndose en el mismo marco en
cuestiones como la de los refugiados:

“La desnacionalización se convirtió en un arma
poderosa de las políticas llevadas a cabo por los totalitarismos, y la
incapacidad constitucional de las naciones-estado europeas para
garantizar derechos humanos a aquellos que habían perdido los derechos
garantizados por este sistema -el de la nación-estado- hizo posible que
los gobiernos que perseguían a estas minorías impusiesen sus valores
incluso a sus oponentes”.

Los regímenes totalitarios marcaron los tiempos y abrieron el camino. Así, Arendt prosigue:

“El periódico oficial de las SS, el Schwarze Korps,
afirmaba explícitamente en 1938 que si el mundo aún no se había
convencido de que los judíos eran la escoria de la tierra pronto lo
haría, cuando mendigos anónimos, sin nacionalidad, sin dinero y sin
pasaportes cruzaran sus fronteras. Y es verdad que este tipo de
propaganda de hechos consumados funcionó mejor que la retórica de
Goebbles. No sólo porque catalogaba a los judíos como la escoria de la
tierra, sino porque las tribulaciones a las que se veía sometido un
grupo cada vez mayor de gente inocente eran como una demostración
práctica de los cínicos alegatos que proferían los movimientos
totalitarios sobre la no existencia de unos derechos humanos
inalienables, y que, por el contrario, las afirmaciones de las
democracias eran meros prejuicios, hipocresía y cobardía ante la cruel
majestuosidad de un nuevo mundo”.

Hoy en día también parece que desde dentro de la sacrosanta frontera
de Europa, con los ángeles custodios del Frontex confundidos sobre su
identidad y atribuciones,  se hacen intentos encomiables por dar la
razón a los positivistas: los derechos humanos no son universales y
mucho menos inalienables. Así, un nuevo jarro de agua fría llega
rebosante desde el Mediterráneo para los naturalistas que defienden la
incondicionalidad de los derechos humanos:

“Los tratados que abordaron la cuestión de las
minorías recogían simple y llanamente lo que hasta entonces implicaba la
lógica del estado-nación que estaba operando. Esto es, que sólo los
nacionales podían ser considerados como ciudadanos, que sólo aquellas
personas con un origen nacional común podían disfrutar de la protección
completa que procuraban las leyes, que los individuos de distinta
nacionalidad necesitaban una ley diferente hasta que fueran o mientras
no fueran completamente asimilados por la nueva cultura o se divorciasen
de la original”.

 

Apuntes para reinventar el periodismo (y III)

Omar Rincón
Investigador y profesor de Comunicación y Periodismo en la Universidad de los Andes
 

Llegamos al final de las
reflexiones de intelectuales latinoamericanos acerca del futuro de la
profesión periodística, recogidas por
Omar Rincón. Una serie de tres ondanadas, la primera, de la batalla por la revitalización de esta profesión; y la segunda,
de sus desafíos y mandamientos, culminan en esta tercera, con los
consejos de un periodista que perdió su trabajo por el miedo de los
medios a su independencia:

Es Martín Caparrós, que continúa escribiendo en su blog y en twitter, además de ser autor de muy buenos libros como sus últimos “Una luna”, “Los living” y “Contra el cambio”. En Atrapando el mundo con una camarita [periodismo de campaña: una alternativa para hacer reportajes y crónicas para televisión], Bogotá, Taller de periodismo FNPI, octubre 2002, ofrecía consejos a los periodistas audiovisuales:

·  Narrar en televisión tiene que ver con la educación del ojo y la reflexión sobre la mirada. Se debe buscar desgramatizalizar la mirada de la cámara y desarrollar un grado extremo de atención sobre la vida para poder contarla diferente.

·  El periodista no debe exhibirse ni buscar salir en cámara. La presencia del periodista está en el estilo, tono y mirada comunicada en la crónica.

· Cada historia le impone al periodista el modo como debe ser
contada. El periodista y su cámara deben trabajar para reinventar el
concepto de información al recuperar otras miradas, experimentar otras
estéticas, recuperar otros géneros de narración que no son considerados
como informativos.

·  La distancia hace que sea más fácil contar. El ideal es ser
competente para contar la cercanía, esa hecha de hogar y la calle donde
uno vive.

·  El sonido ambiente, los silencios, los tonos y lenguajes de la
gente y la música son marcas que enriquecen el relato televisivo.

(ii)

Martín Caparrós, en Contra los cronistas, Lima, Etiqueta Negra #63, 2008,

“Yo creo que vale la pena escribir crónicas para cambiar el foco y la manera de lo que se considera «información»
–y eso se me hace tan político. Frente a la ideología de los medios,
que suponen que hay que ocuparse siempre de lo que les pasa a los ricos
famosos poderosos y de los otros sólo cuando los pisa un tren o cuando
los ametralla un poli loco o cuando son cuatro millones, la crónica que a mí me interesa trata de pensar el mundo de otra forma
–y eso se me hace tan político. Frente a la ideología de los medios,
que tratan de imponer ese lenguaje neutro y sin sujeto que los disfraza
de purísimos portadores de «la realidad», relato irrefutable, la crónica que a mí me interesa dice yo no para hablar de mí sino para decir aquí hay un sujeto que mira y que cuenta,
créanle si quieren pero nunca se crean que eso que dice es «la
realidad»: es una de las muchas miradas posibles –y eso se me hace tan
político. Frente a la aceptación general de tantas verdades generales, la crónica que a mí me interesa es desconfiada, dudosa, un intento de poner en crisis las certezas –y eso se me hace tan político. Frente al anquilosamiento de un lenguaje, que hace que miles escriban igual que tantos miles, la crónica que a mí me interesa se equivoca buscando formas nuevas de decir, distintas de decir, críticas de decir –y eso se me hace tan político. Frente a la integración del periodismo, la crónica que a mí me interesa buscaba su lugar de diferencia, de resistencia –y eso se me hace tan político”.

(iii)

Martín Caparrós: “Los diarios desdeñan a sus lectores”, El Espectador, octubre 9, 2008
 
Las crónicas son para “generar tensión”, para “que produzca algún
efecto y no que lo evite” y es que en nuestros días “los cronistas están
agrandados. A mí me gustaba ser cronista cuando eso era molesto,
complicado, cuando la gente no sabía qué era, pero además de eso, que es
mi capricho, lo que creo es que una crónica debe tener una intención
política. Ahora se hace crónica de cualquier cosa, es como si fuera un
amaneramiento de la crónica, un manierismo del género. Tiene que haber
dos o tres condiciones que la politizan, el hecho de mirar hacia otro
lado de los objetos de la mirada periodística habitual, ese rompimiento
con la primera persona, y desbaratar la pretensión de ser una máquina de verdades”.

Yo quisiera un periódico que crea que sus lectores son muy
inteligentes, que les tenga casi miedo, que tuviera que hacer esfuerzos
extraordinarios para estar a su altura
. Un lector se define
básicamente porque lee, por lo tanto lo que hay que darle al lector es
lecturas. Nuestros diarios por ese miedo de no saber competir con la
radio, la tele o Internet lo que hacen es ofrecer cada vez menos
lecturas, con lo cual pierden su arma propia”.

(iv)

Martín Caparrós:  “Modestas proposiciones para mantener
la buena relación y convivencia entre los escribas del diario Crítica y
sus queridos puestos de trabajo”
, 2008
|26 de enero de 2012|

Nada nos importa tanto como construir textos que produzcan placer,
asombro, risa, indignación, ganas, respeto, envidia, malhumor, etc. Al
final, eso es lo que hacemos: captar la atención de nuestro lector y
producirle algo con cada texto que escribimos. Si no queremos o podemos,
todo bien: hay otras muchas profesiones honestas en el mundo.

Y sabemos también –debemos saber, convencernos– que nuestros lectores no son tontos.
 

Lo primero es descubrir qué se quiere contar y cómo (…) tengo que confiar en que eso va a llamarle la atención a los demás: confiar en ese entusiasmo por las cosas que me sorprenden o interpelan, y centrarme en ellas.

La lectura o no lectura de una nota, en general, se juega en el
primer párrafo: la cabeza (…) esas historias, diálogos, anécdotas o
datos que invitaban a seguir (…) lo que no se puede, de
ningún modo, es aburrir, banalizar, darle al lector la sensación de que
va a leer un informe burocrático sobre lo que ya sabe o no quiere saber
(…) Un buen truco consiste en pensar qué le contaríamos a un amigo
imaginario, mujer, marido o concubinos diversos a la vuelta de un viaje o
una noche agitada.

La receta es tan simple que muy pocos la usan: desplegar
información, datos y más datos, procurar que cada párrafo tenga por lo
menos uno.

Importa cuidar la diferencia fundamental entre escribir en primera persona y escribir sobre la primera persona. El cronista, aun cuando dice yo, tiene que centrarse siempre en lo que cuenta.

–Escribir es, contra todo lo que se pueda pensar, un ejercicio muy
simple: consiste en elegir palabras. Ni mucho más ni mucho menos: ELEGIR
palabras (…) Hay que tratar de dominar a las palabras, para no dejarse dominar por ellas. Saber qué es lo que uno dice cuando dice: escribir.

Un texto periodístico no es un campeonato de sinonimia, y en general
las segundas palabras son mucho más imprecisas, feas y berretas que las
primeras. Así que, salvo error u omisión: ¡usen las primeras palabras,
que tan bien dicen lo que dicen!

El lugar de los adjetivos está después de los sustantivos (…) Los adjetivos, además, deben mezquinarse.

–Los verbos tienen tiempos y los tiempos son tiranos. No al
libertinaje: cuando uno empieza a escribir en un tiempo debe sostenerlo a
lo largo del texto. Puestos a elegir, el pasado suele ser el más útil,
manejable, creíble.

Las comas son la segunda causa de muerte en accidente laboral
periodístico pero, aún así, queridos desairados: las comas no sirven
para respirar, sino para darle estructura a una frase.

–Estamos, grosso modo, en contra de las relaciones de poder.

–Un problema habitual: cómo empiezo esta frase (…) La forma en que uno empieza la frase determina de qué modo se va a leer.

La frase del citado o entrevistado debe aparecer con su sintaxis y forma original (…) la forma en que alguien dice las cosas es tan
importante, tan significativa, como las cosas que trata de decir.

Releer lo propio es una práctica casi tan útil como leer lo ajeno (…) canten: ¿suena bien lo que acaban de escribir?  (…)  bajito, desafinado, mal, duchado pero cante.

Cuando alguien dice, dice. No confiesa, revela, asegura, repite, define, declara, subraya, etcétera, etcétera.

 (v)

“No soy neutral; nunca lo fui, no quiero serlo. Tengo ideas, solo que trato de desconfiar de ellas: de ponerlas a prueba”.

Martín Caparrós es tan polifacético como polémico, El Tiempo, noviembre 12, 2011

Apuntes para reinventar el periodismo (II)

Omar Rincón
Investigador y profesor de Comunicación y Periodismo en la Universidad de los Andes

Continuamos las reflexiones de intelectuales latinoamericanos acerca del futuro de la profesión periodística, recogidas por Omar Rincón

Una serie de tres ondanadas, aquí la primera, de la batalla por la revitalización de esta profesión, que da entrada a la segunda:

La Universidad del Rosario y Publicaciones Semana invitaron hace tres años al ensayista, escritor y periodista Juan Villorio para que diese la lección inaugural de la maestría en periodismo. La conferencia se llamó irónicamente: “Estudien muchachos o van a acabar de periodistas”. Eso le decía su profesor de Sociología, y esto nos dijo sobre el periodismo:

El periodismo depende de sí mismo y de sus posibilidades. La crisis del periodismo está muy bienvenida porque obliga a generar nuevos lenguajes y a recuperar una verdad que no estábamos buscando.

Los desafíos para el periodismo en estos tiempos son:

*      El desafío de la brevedad,
la velocidad, la simultaneidad… y eso recuerda a Pascal: “escribí un
texto largo porque no tuve tiempo para escribir uno corto”. Y es que la
brevedad evita la autocomplacencia. Y los textos breves son la memoria
de los futuros.

*      El desafío de la estandarización. Los medios se parecen cada vez más, se hace periodismo pensando en lo que los demás hacen. Y la clave es tener lo diferente.

*      El desafío de la credibilidad y la certificación. Todo disponible, nada certificado. Y decimos que navegamos cuando apenas chapoteamos.

Las noticias serán distintas porque los procedimientos culturales son distintos:

*        Cambian los modos de leer y percibir: se
revoluciona la cultura de la letra, se va a aplicaciones, redes,
internet, simultaneidad de lecturas y zapping en una lógica de
transmedialidad

*        Se lee en el tiempo, se escribe en el tiempo. Ya no hay espera. La lectura es un LUGAR, algo en el espacio, en el internet. La relación ya no es de espera.

*        La prensa es un complemento.

*        No sabemos como nos informamos, pero estamos informados. Hay una porosidad por la que nos llega la información. La información es una variante de la atmósfera.

*        La capacidad de respuestas cambia: “los abajo insultantes”, es decir, los usuarios de una web, pueden interpelar al periodista a través de los comentarios.

*        Las estadísticas se convierten en valor de calidad.

*        Apple vende significados y estéticas porque las cosas dependen de su representación

*        Google es un buscador de significados

*        Twitter es un descifrar la realidad en 140 caracteres. Funciona como un aglutinador de aforismos. Es un arte de las máximas que recuerda a Confucio.

Apuntes en forma de tuits creados por Villoro:

→   Si
no está en la pantalla no existe. Esta es la nueva realidad y no la
recibimos de manera directa sino a través del celular o la cámara.

→   Vemos más que hacemos, es pornográfico.

→   El mando a distancia era un símbolo masculino en el hogar. Ese tiempo ya pasó.

→   Las redes sociales generan conectividad pero también crisis de personalidad.

→   Asistimos a un safari audiovisual porque pensamos que nos estamos perdiendo algo

→   El subcomandante Marcos, Chiapas y zapatismo… esa suerte de Woodstock de las ideologías

→   Habitamos un vértigo de la identidad: el no haberme visto, el no reconocerme en los espejos. Y es verdad lo que dicen los espejos: las cosas están más cerca de lo que aparentan.
→   Un periodista que no lee es como un futbolista que no entrena.

→   Un periodista que solo lee de su fuente, ni siquiera sabe de su fuente. Pierde el paisaje en el que actúa su fuente.

→   Hoy los periodistas se engordan (no van a la calle), y los medios se adelgazan (solo negocian sangre)

→   La crónica es la desaceleración del periodismo.

→   La crónica es la mejor manera de combinar lo público (la información) con lo privado (la emoción).

¿Y cómo se cuenta? Siguiendo los 4 evangelios:

→    Marcos: una sola fuente, San Pedro. Es el más antiguo, el primero que fue puesto por escrito, cerca del año 70 de nuestra era, y es también el más breve.Este
Evangelio fue compuesto por un discípulo o, más exactamente, un
“intérprete” del Apóstol Pedro, cuyo nombre completo era Juan Marcos.
Como está dirigido a cristianos provenientes del paganismo, que no
conocían las costumbres judías, Marcos se las explica y, asimismo,
traduce las expresiones arameas que utiliza en varias ocasiones. Su
estilo es vivo y popular, y está lleno de espontaneidad, aunque su
lenguaje es pobre y rudimentario. El Evangelio de Marcos contiene pocos
discursos, y se interesa más por las acciones que por las palabras de
Jesús. En cambio, los relatos se desarrollan con abundancia de detalles,
y en ellos Jesús aparece con las reacciones propias de un ser humano”.

→     Mateo: él mismo es el testigo principal. Mateo
fue un recaudador de impuestos que abandonó su trabajo para seguir a
Jesús, fue escrito hacia el 80 d.C. y está dirigido principalmente a los
cristianos de origen judío. “Dado el carácter de los destinatarios,
Mateo cita con frecuencia textos del Antiguo Testamento y se apoya en
ellos para mostrar que el designio de Dios anunciado por los Profetas
alcanza su pleno cumplimiento en la persona y la obra de Jesús. Él es el
“Hijo de David”, el “Enviado” para salvar a su Pueblo, el “Hijo del
hombre” que habrá de manifestarse como Juez universal, el “Rey de
Israel” y el “Hijo de Dios” por excelencia. Este evangelista atribuye
una especial importancia a las enseñanzas de Jesús y las agrupa en cinco
discursos, que forman como la trama de su Evangelio y están encuadrados
por otras tantas secciones narrativas. El tema central de estos discursos es el Reino de Dios.

→    Lucas: va a los archivos, va a la gente. Escribió sobre lo que ya se conocía.
El texto fue redactado por este compañero de viaje del Apóstol san
Pablo, unos cincuenta años después de la muerte de Jesús. Lucas no era
de origen judío, y su obra está dirigida ante todo a los cristianos que,
como él, provenían del mundo pagano. En el Prólogo de su Evangelio hace
referencia al proceso de predicación, de transmisión oral y de
redacción que precedió a la composición definitiva de los Evangelios.

→    Juan: el último heterodoxo: lírico y filosófico. Estuvo con Jesús. Recupera lo sentimental.
El cuarto Evangelio difiere considerablemente de los tres anteriores,
tanto por su forma literaria cuanto por su contenido. La tradición
cristiana lo atribuye al Apóstol Juan,
a quien identifica con “el discípulo al que Jesús amaba”, y hay varios
indicios en el mismo Evangelio que corroboran esta atribución. De todas
maneras, la redacción final del Libro es el resultado de una larga
elaboración en la que también intervinieron los discípulos del Apóstol.
La obra fue concluida hacia el año 100, y tenía como destinatarios
inmediatos a las comunidades cristianas de Asia Menor.

¿Dónde queda la realidad? ¿cómo sortear los simulacros?

La realidad queda donde los periodistas deben estar, el periodista debe ir más allá de los simulacros: y nuestra última realidad es el texto, ahí se la juega el periodista.

Eso de contar historias… lo hizo bien
el periodismo, y se puede hacer en internet y a contramarcha de los
medios: solo hace falta echar un vistazo al blog pamplinas de Martín Caparrós para comprobarlo.

La razón de los hechos está en los demás: y para contar a los demás se necesita el periodismo. El periodismo asigna sentido provisional al mundo. La verdad se gana por autoría y por certificación: haber estado ahí. Solo al contarnos entendemos. Como Valdano recordando el gol de Maradona a Inglaterra a través del relato de Víctor Hugo Morales.

¿Para cuándo un periodismo de código abierto?

Hola, El País ha rescatado hoy este texto:

http://politica.elpais.com/politica/2015/09/11/actualidad/1441990802_278107.html

Aquí la entrevista completa:

SAMPEDRO, Víctor “Insumisos:
Diálogo con Manuel Vázquez Montalbán y Lluis Llach sobre
interculturalidad”
 en Ciudadanos de Babel editado
por Fundación Contamíname
.  Punto de Lectura, Madrid.

Increíble que no se haya puesto el link y escamoteado a los lectores una forma tan simple y barata de ampliar/contrastar la información.

Código abierto ya!

Y aquí el comentario que he dejado en el foro:

Las posiciones de Llach y Montalbán rebasan las citas recogidas y
desmienten muchos comentarios. La entrevista acababa así: «no existe
posibilidad alguna de normalización cultural entre los pueblos de
España si los medios, incluidos los públicos, se alinean en una
batalla de identidades que sólo busca la derrota del adversario, ya
sea en las elecciones o en los estadios». Lo mismo cabría alegar de
algunos lectores. Gracias, de todos modos, por recuperar un texto
que pretendía abrir un diálogo intercultural en pleno «Aznarato»,
que diría MVM.

Información y medios como bienes comunes

«Debemos replantear la información y los medios desde los derechos y como bien común» Una entrevista que me hizo Nuria del Viso para FUHEM Ecosocial

Los
medios de comunicación han experimentado en las últimas décadas la
financiarización de su capital, con la entrada en su accionariado de
bancos y empresas productivas y su cotización en Bolsa, y un rápido
proceso de concentración en grandes grupos mediáticos. Esto, junto a la
irrupción de internet, redes sociales y móviles −que han multiplicado
las posibilidades de diseminar información y opinión prácticamente a
todo aquel con acceso a un dispositivo con conexión− han transformado
las lógicas de los medios de comunicación de masas. En paralelo, el
derecho a la información ha quedado arrinconado por criterios de éxito
comercial y competitividad. Para explorar cuáles son los efectos de todo
ello en los medios, hemos conversado con Víctor Sampedro, catedrático
de Opinión Pública y Comunicación Política (URJC, Madrid) y
profesor-investigador invitado de Comunicació i Politica (UPF,
Barcelona). Pertenece, entre otros, a los Consejos Editoriales de Political Communication, International Journal of Press and Politics
y del Centro de Investigaciones Sociológicas. Ha escrito más de una
decena de libros sobre campañas y elecciones, nuevas
tecnologías-comunicación, movilización social y electoral, identidades
colectivas y medios, y nuevos géneros de información política, además de
numerosos artículos.

Nuria del Viso (NdV): En el actual panorama de los medios de
comunicación convencionales, ¿qué tipo de información se privilegia?
¿Cómo y quién lo decide?

Víctor Sampedro (VS): Las decisiones se toman en los medios igual que en
cualquier otra institución: por rutina. La gente funciona con unos
protocolos que cree efectivos. Hasta ahora se creía adecuado construir
una agenda mediática que era efectiva en términos de lucro económico y
de relaciones de poder convenientes para las empresas mediáticas. Esto
implicaba una serie de rutinas: primaban las fuentes oficiales con
poder, daban visibilidad a aquellos políticos o financieros que le
podían apoyar, y evitaban ser molestas con quienes les podían
perjudicar en su expansión empresarial. De esta manera, producían mucha
información de forma muy rápida y con fuentes muy accesibles dándoles
visibilidad pública.

El problema es que la cobertura mediática convencional ha acabado
convertida en propaganda en el plano político y en publicidad en el
plano económico. Es decir, muchas noticias funcionan como carteles
electorales encubiertos y/o campañas publicitarias de empresas y mega
corporaciones. Esto se sostenía mientras creíamos que algo de esa
realidad mediática era cierta y nos permitía «vigilar el entorno”,
enterarnos de lo que pasaba para poder reaccionar. Pero las fuentes
alternativas de información han desvelado esas agendas mediáticas como
agendas del poder. Ese entramado entra en crisis cuando surge un espacio
público digital que, sin idealizarlo, crea la posibilidad de desvelar
los flujos noticiosos convencionales como propaganda política y
publicidad corporativa.

NdV: Durante décadas, la información se entendió como un
derecho, incluso está así recogido en la Constitución española, pero la
financiarización y concentración de los medios de comunicación ha ido en
sentido contrario. ¿En qué medida han afectado estos cambios al derecho
a la información?

VS: El que no se hable ahora de la información como derecho y que lo
hagan organizaciones que se consideran antiguas o desfasadas, como
UNESCO o la ONU, indica varias cosas: quienes critican el derecho a la
información son los grandes voceros del neoconservadurismo, para el cual
realmente no existen los derechos colectivos. Por eso, en el marco neocon el
derecho de la ciudadanía a una información veraz no tiene ningún
sentido: o se paga o no se disfruta. A ello se sumó la transformación de
los medios públicos, al margen de los intereses de mercado y de las
organizaciones políticas. Y que en nuestro país siempre fueron pensados
como medios gubernamentales: en manos del gobierno de turno.

Para recuperar el lenguaje de los derechos en relación a la información o
la comunicación debemos reclamarnos sujetos políticos y comunicativos
de pleno derecho, reconociendo que podemos emitir flujos de información
haciendo un uso inteligente y estratégico de las nuevas tecnologías.
Necesitamos coordinarnos y autoconvocarnos en red, de modo para,
literalmente, asegurar y acentuar los rasgos democráticos del poder. En
algunas ocasiones lo hemos hecho con éxito, y se sigue haciendo en este
país. Por ejemplo, la esfera pública digital ha supuesto la apertura y
la receptividad de los representantes establecidos hacia nuevas
demandas. Véanse las agendas de los partidos que hace cuatro años
negaban todas y cada una de las propuestas de nueva organización y de
transparencia que han proliferado en las elecciones desde las Europeas
de 2014. Además, se trata no solo de aumentar la receptividad, sino
también la rendición de cuentas. O los mecanismos de transparencia se
apoyan en el campo digital, o difícilmente van a poder prosperar en las
instituciones. Podemos liberar un montón de información que es
comprometedora para el poder y debiera haber vías institucionales para
hacerlo. La última parte se refiere al castigo o a la sanción política.
El nivel en que en nuestro país se han utilizado las nuevas tecnologías y
la autoconvocatoria del tejido social resulta apabullante. Todo arrancó
con “Nunca mais” y el “No a la guerra”, convertidos luego en el
“Pásalo” del 2004, más “V de vivienda”, más el 15M y todas las
autoconvocatorias de las mareas. Te das cuenta de que hay una capacidad
efectiva de ejercer la sanción política en la calle y que eso acaba
teniendo una traducción electoral. A las últimas elecciones me remito:
el éxito de nuevos partidos y candidaturas –hablo de Podemos y de las
candidaturas municipalistas ciudadanas−, que apenas solo cuentan con
medios propios, la calle y la red. El rasgo diferencial e identificativo
de lo que ahora se llama nueva política es que se financia con
microdonaciones. Eso lo puede hacer un partido en red que llega hasta
sus últimas consecuencias, concibiendo su propia economía en red y de
forma distribuida. La tesis de fondo a recordar es que las tres
funciones clásicas del poder democrático las han podido llevar a cabo
las cibermultitudes. No son masas, sino individuos y grupos organizados
que, sin perder su identidad, se unen en un momento dado para que el
poder sea más receptivo; que rinda cuentas; y reciba sanción política.

NdV: ¿En qué medida en la sociedad actual debe considerarse la información como bien común?

VS: La información pública, que ha acabado convertida en información
gubernamental y en publicidad corporativa, es ajena a los verdaderos
intereses políticos, de participación y económicos. Incluso son
contrarios a la supervivencia física y económica de nuestras sociedades,
del planeta a escala global, por el modelo y los niveles de consumo y
desarrollo (insostenibles) que promueven. Solo cabe reivindicar que
somos nosotras las que tenemos que hacer la información, porque si no la
hacemos, nos la van a hacer. Tenemos que construir las agendas de
debate público que promuevan el bien común. Podemos cogestionarlo y
responsabilizarnos de ello. Ahora sabemos que tenemos que crear
instituciones que incentiven la cooperación, la horizontalidad, y que
castiguen la no cooperación. Deberíamos ocuparnos de preservar un flujo
de información que, sí o sí, va a ser libre o liberada. Los diseños
económicos de los bienes comunes sirven también para la comunicación
porque su gestión, como decía Olstrom, impide su degradación y asegura
su viabilidad.
Por otra parte, el código con el que nos comunicamos debiera ser
abierto, no solo libre, que de hecho ya lo es. Lo podemos privatizar un
tiempo, pero a partir de ahí fluye sin apenas restricciones. Pero
además, el código de la democracia del siglo XXI será abierto o no será,
como el periodismo que defiendo en El Cuarto Poder en red [1].
Porque ni las audiencias ni los votantes se fían ya de las noticias y
las campañas electorales, y quieren participar en su construcción. O
replanteamos la información y los medios de comunicación desde los
derechos y el bien común, o nos va a ser muy difícil avanzar modelos
viables de periodismo… y de partidos. Sin darnos cuenta, estamos
diseñando nuevas instituciones, nuevas formas de hacer periodismo,
nuevas formas de conocimiento y pedagogía social. Aunque hay muchos
peros que poner a las utopías digitales, empujan la innovación social.
La más urgente consiste en desplegar un código que sirva para ejercer de
contrapoder, que es lo que corresponde hacer a la sociedad civil.

NdV: En el otro extremo del continuum comunicativo, la
libertad de expresión parece hoy más vinculada a quien puede pagar por
divulgar lo que quiere decir que a su sentido original de universalidad.
De alguna manera, ¿podríamos decir que se está “privatizando” ese
derecho? Si es así, esto nos remite a un problema en cuanto a calidad de
la democracia…

VS: Ahí nos falta cultura política, y la poca que tenemos ha quedado
desfasada; es decir, utilizamos conceptos que no dan cuenta de lo que
ocurre. La privatización de la información −restringir el acceso a la
buena información a quienpuede pagarla− es consecuencia lógica de su
mercantilización. Pero resulta muy difícil conseguir el suficiente
número de personas dispuestas a pagar por buena información. Son
sectores muy reducidos, un 10%, que se conoce como «publico atento” o influencers:
tienen influencia y la ejercen en las redes. ¿Qué hace el resto de
medios que no cuentan con esas audiencias selectas, con capacidad
adquisitiva y suficientes conocimientos para valorar la información –la
buena información− y pagar por ella? Pues la banalizan y la trivializan
hasta límites insospechados, vulnerando incluso los derechos humanos.

Si no hubiera un mínimo de control deontológico en la profesión, se
vulneraría el derecho a la intimidad y a la imagen de manera flagrante.
Encontramos, por una parte, un proceso de elitización de la
información y, por otro, de masificación y trivialización. En medio, sin
embargo, surgen soluciones bastantes inteligentes, que nos deben hacer
pensar en nuevos formatos. Me refiero, por ejemplo, a dos programas de
éxito, en los que es muy difícil delimitar si son entretenimiento o
información: Salvados y El intermedio.
Espectacularizan la vida política pero sin degradarla. Al contrario, al
mostrarnos su nivel de degradación, nos promueven un debate político
que quizá está más pegado a la realidad y a los intereses comunes de la
gente. Creo que el pensamiento crítico, en vez de hablar únicamente de
degradación, debería señalar las líneas de innovación que están
surgiendo, que tienen muy en cuenta la participación ciudadana, presente
en el rol que adopta Ébole o la sátira de Wyoming.

NdV: Los medios de comunicación constituyen un poderoso
instrumento de reproducción ideológica del poder hegemónico. Como indica
Manuel Castells, «son el medio donde se crea el poder y donde se
deciden las relaciones de poder». Sin embargo, ese proceso ya no se
produce en forma de censura directa, sino a través de estrategias más
sutiles. ¿Qué instrumentos adopta hoy en día ese proceso?

VS: Hay dos instrumentos que creo que no han sido suficientemente
señalados y que son clave para protegernos en nuestras prácticas
mediáticas. El primero es el nivel de complejidad. Nos movemos a un
nivel tecnológico tal que no nos permite ser conscientes de lo que
estamos haciendo cuando utilizamos software privativo,
corporativo, cuando estás utilizando Windows en vez de Linux: con
Windows hacen contigo lo que quieren sin que tú te des cuenta, y, por lo
tanto, puedas siquiera dar permiso para ello. Con Linux, tú y tus
amigos de la comunidad de Linux controláis lo que las herramientas
tecnológicas hacen. Por lo menos, podéis evitar que se hagan
determinadas cosas sin vuestro consentimiento. Todo esto tiene que ver
con la pérdida del libre albedrío. Si estás registrada en todas las
prácticas de comunicación digital –y no digital−, como ha demostrado
Snowden, van a poder construir contigo el perfil que quieran, de modo
que pueden destruirte si pretendes tener una carrera con visibilidad
política o pública que amenace los equilibrios de poder. Para eludir
esta posibilidad, la autocensura será brutal y se impondrá el cinismo en
la esfera pública. No somos conscientes, y seguimos utilizando Whatsapp
y Facebook sin saber que son dos portales que se intercambian
información en tiempo real. Resultan más rápidos y fiables que cualquier
otra fuente de datos para el marketing o la propaganda. En vez de
paralizarnos, debemos considerar que este proceso no es irreversible.

La segunda cuestión es muy sutil y funciona cotidianamente sin darnos
cuenta: la saturación y la sobreinformación. Juntas son la peor forma de
censura y no dejan lugar a la reflexión, necesaria e imprescindible
para luego pasar a la acción sobre aquello que te ha indignado o
ilusionado. Así, estamos todo el tiempo sumidos en una espiral de
cotidianidad que nos abruma. Hasta el punto de ser incapaces de
procesarla. Lo importante se confunde con lo banal. Y a menudo lo
comunicativo sustituye a lo realmente efectivo off line. A
veces quedamos enredados en las redes. En lugar deplantearnos trabajar
en las instituciones e iniciar procesos de cambio político, estamos
pendientes del siguiente tsunami provocado por el trending topic
del día. Esos son los mecanismos en sus trazos más gruesos. Lo que hay
detrás son los intereses corporativos, los clásicos de la economía
política de los medios: los convencionales y buena parte de los
digitales están en manos de muy pocos y siguen siendo cuellos de
botella. Sin comparecer en televisión ni estar en Facebook no alcanzas
visibilidad ni, por tanto, a las mayorías sociales.

NdV: Por otro lado, los medios alternativos suelen tener audiencias pequeñas…

VS: Sí, pero una vez que se colocan en un diseño de cibermultitud en red
pueden cobrar tanta pujanza como la que adquirieron las mareas
derivadas del 15M. Las primeras reemplazaron o reinventaron una
herramienta política como puede ser la huelga, que había sido
desactivada legalmente por los neocon y trivializada por los sindicatos al uso. En la Comunidad de Madrid las mareas paralizaron procesos de privatización, hackeando jurídicamente
las leyes antisociales. Las formaban colectivos muy pequeños,
coordinados con una red muy distribuida, muy poco jerarquizada, con
algunos de medios de autocomunicación de los colectivos implicados,
otros de redifusión, otros de denuncia, investigación y acción
colectiva, etc. El número de las audiencias es muy importante, pero
también importa mucho su calidad porque las audiencias, una vez
convertidas en públicos activos, aparte de consumir, pueden redifundir,
transformar y crear nuevos flujos comunicativos.

NdV: En ese mar de sobreinformación y de “información
contaminada”, en palabras de Ramonet, se propicia que la gente delegue
“en los líderes bien informados” de su elección, produciendo una especie
de “opinión pública por delegación” y, como has indicado, un “espacio
público ‘secuestrado’”. ¿Qué ocurre cuando esos líderes sirven a
intereses espurios? ¿Qué ocurre cuando deliberadamente sesgan la
información que la gente “debe” recibir?

VS: Me centro primero en la cuestión de la representación. Una cuestión
básica de la teoría de opinión pública es que la opinión pública no
existe hasta que se construye con mecanismos de representación. En
segundo lugar, todo mecanismo de representación lleva aparejado un
riesgo de traición y de suplantación. Traición porque se traduce lo que
la gente dice o quiere decir. Y el que traduce siempre traiciona.
Siempre hay un sesgo, por pequeño que sea, y que se hace continuo una
vez que se institucionaliza. Ciertos sesgos son inherentes al proceso de
delegación y de representación. Porque no es cierto que la
representación directa resulte siempre más real que la indirecta.
También hay procesos ilegítimos de empoderamiento y de manipulación de
intereses en las asambleas. Asumido esto, lo lógico es pensar qué
canales tenemos que diseñar y desarrollar en las instituciones
representativas para que los sesgos antidemocráticos sean los mínimos
posibles. Es una cuestión de diseño institucional o de arquitecturas de
comunicación. Como sostienen los hackers, quien diseña la
arquitectura comunicacional, decide la estructura del poder; blindas a
unos, desnudas a otros. Les das poder a los de arriba para hablar a los
de abajo, o a los de abajo para promover iniciativas hacia arriba.

Cuando diseñas una arquitectura de comunicación estás invitando a la
gente a ocupar espacios de comunicación, ya sean plazas públicas o
quioscos. Y los medios con una lógica más privativa funcionan realmente
como los peep shows, esos sitios de porno en los que pagas
muchísimo para mirar desde la cabina y ser el único que lo disfruta. Los
medios privativos funcionan así, dan acceso a información, que antes
era secreta, de forma excluyente, y son capaces de representar a
cualquiera haciendo cualquier cosa si hay un cliente que lo pide. De ahí
proviene la obscenidad de las programaciones que son fruto exclusivo de
la mercantilización mediática.

Afrontamos un momento de creación de institucionalidad. El presente
exige nuevas formas de comunicación periódica con una comunidad,
desplegar nuevas pedagogías ligadas a la intervención y la
participación, crear nuevas formas de hablar con la gente, de llegar a
ella y ella a las instituciones. Algunas cuestiones están claras.
Primero, la revocabilidad si el representante no se ajusta a su plan de
actuación. Esto significa en el plano comunicativo que no haya
monopolios de facto. Todo el mundo es prescindible en cuanto
vulnera el pacto que ha establecido con la ciudadanía, en política y en
comunicación. Segundo, la limitación de mandatos. Tercero, vías de
transparencia. Ahora los transparentes somos nosotros, ante Facebook y
la NSA. Gran parte de la guerra digital se basa en rescatar perfiles de
gente conflictiva para acallarla o ponerla en evidencia. Hay que
invertir el proceso: los transparentes deben ser los poderosos. La
privacidad y el anonimato han de ser para el ciudadano de a pie, son
derechos inalienables de quien ha superado la condición de súbdito.

Otra de las obviedades en los espacios públicos y la opinión pública es
que «si no hablas, serás hablado», que decía Bourdieu. Si no abres la
boca, estarás consintiendo. Los líderes inevitablemente acallan con su
discurso a los representados, y es responsabilidad del representado
controlar esa supuesta autoridad y ese poder. Todos y cada uno de
nosotros –como defiendo en el libro El Cuarto Poder en red
somos parte de un capitalismo cognitivo en el que cualquier persona
tiene muchas bases de datos a su alcance. El soldado Manning era un
recluta de 22 años que con un ordenador y una disquetera puso en jaque a
la maquinaria de guerra más poderosa del mundo; esa es la metáfora. Le
han acusado de desequilibrado porque creía que podía parar la guerra, y
de poco varonil porque en vez de ser chico quería ser chica. No hemos
entendido nada. El verdadero revolucionario se cambia a sí mismo dentro
de lo que concibe como un proyecto de transformación social. Hemos
perdido la capacidad de entender a un hacker tan consecuente que lo primero que hace, cuando le detienen, es exigir el derecho a hackear su código biológico, para llegar a ser quien quiere ser.

Manning, Snowden y Assange forman parte de la iconografía de las nuevas
generaciones que en la primavera árabe se pusieron a soñar… y los
poderosos tuvieron unas cuantas pesadillas. Wikileaks llevó a sus
últimas consecuencias lo que se puede hacer con la ideología de código
libre y abierto en internet. Por eso han ido de manera tan brutal contra
ellos. Porque nos proponían pensarnos como ciudadanos que actúan
cotidianamente como sujetos comunicativos y políticos de pleno derecho.
Conscientes de que cuentan con el capital físico −a veces basta con
un teléfono móvil− para escuchar y denunciar al poder ilegítimo casi en
tiempo real. Los sueños digitales tienen mucho de sueños ilustrados.
Como decía Assange, WikiLeaks nos convocaba a «escribir la historia en
tiempo real, desde abajo».

NdV: Chomsky califica a los medios como “empresas del
convencimiento” porque tratan de persuadirnos de que este es el mejor
sistema posible, reafirmando en todo momento el capitalismo (sin
nombrarlo) y alejándonos de aquellos puntos que pudieran ponerlo en
cuestión. Los medios construyen la realidad, condicionando nuestro
entendimiento del mundo de determinadas maneras, y en ese proceso
ocultan o distorsionan ciertos aspectos que cuestionarían esa visión.
¿Qué opciones tenemos frente a esa máquina de fabricar hegemonía?

VS: La propuesta que intento hacer desde hace tiempo admite que ha
llegado el momento de aprender de comunicación digital. No podemos
seguir utilizando una tecnología que tiene 20 años de protocolos sin
saber lo que estamos haciendo con ellos. En ese sentido, actuamos como
poblaciones suicidas. Parecemos esos cetáceos que pierden el norte y
acaban varados en una playa. Antes llevábamos la iniciativa en la
construcción de internet y desde hace unos años la tienen los
interesados en privatizarla y que las red no sea entendida como un
prerequisito para ejercer de forma efectiva gran parte de los derechos
humanos.

En segundo lugar, debemos reflexionar sobre las prácticas derivadas de
una alfabetización digital inconsciente. Tenemos que comprender qué
estamos haciendo cuando ponemos un like (me gusta) en Facebook. Si esto
no se entiende y si nuestra actividad digital no se traduce en prácticas
emancipatorias, nada habremos avanzado… Porque si realizáramos
determinadas prácticas digitales, nuestras vidas personales y colectivas
serían diferentes. Por ejemplo, filtrando escándalos en buzones
anónimos tipo WikiLeaks, que en España ya tenemos un par (Fíltrala y
X-net).

En tercer lugar, deberíamos ser conscientes que no sirve solo con lo que
uno piensa o lo que uno o unas cuantas hacemos. Luego hay que llevarlo a
las instituciones, hay que plantear currículum escolares y un nuevo
tejido institucional. Un proyecto que, por cierto, se parece mucho al
que surgió en la Ilustración. Entonces con la imprenta y ahora con
internet recuperemos y llevemos a sus últimas consecuencias el concepto
de amigos y amigas del país, que se reúnen y debaten, con órganos de
expresión propios; que participan en esferas públicas interconectadas,
sostenidas con sus propias herramientas, aportaciones económicas y las
prácticas comunicativas de las comunidades a las que sirven; que no
buscan marketing, sino diálogo, etc. A esto se le llama hacer «nueva
política”. Tenemos mucho trabajo apasionante por hacer. Insisto, lo
único que ha cambiado son las herramientas. En los valores no creo que
haya que inventar demasiado respecto a otros momentos en que los fue
posible avanzar en la emancipación personal y colectiva.
Nota
[1] V. Sampedro, El Cuarto Poder en red. Por un periodismo de código libre, Icaria, Barcelona, 2014.

Acceso a la entrevista (pdf)

Acceso al audio:

El futuro, según los jóvenes periodistas

El Confidencial publicó la charla que mantuve con tres pedazos de periodistas (Daniele Grasso, Yolanda Quintana y Borja Bergareche) y con la excusa del libro de El Cuarto Poder en Red. Ahí va tostao.

Como en todos los momentos de transición, esos en los que las viejas
formas no han terminado de irse y las nuevas no han llegado del todo, se
viven tiempos intensos y apasionantes, complicados pero llenos de
posibilidades. Es el caso del periodismo, que está viviendo
transformaciones aceleradas, y que se está planteando preguntas muy
evidentes acerca de su supervivencia, de los futuros modelos de negocio y
de la potencialidad real de las nuevas tecnologías.
 
El Confidencial
organizó una mesa redonda para abordar el futuro del periodismo desde
la perspectiva de periodistas jóvenes de trayectorias exitosas y de
expertos en los nuevos modos de comunicación digital, cuyas experiencias
y conocimientos sirvieran como punto de partida para el debate. Estuvo
integrada por Daniele Grasso, responsable de datos e investigación de El Confidencial, Borja Bergareche, director de Innovación Digital de Vocento, y Yolanda Quintana, DirCom en una organización de consumidores y autora de Ciberactivismo. Las nuevas revoluciones de las multitudes conectadas, y fue moderada por Víctor Sampedro,
catedrático de Comunicación Política en la Universidad Rey Juan Carlos,
director del máster en Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digitales y
autor del reciente El cuarto poder en red (Ed. Icaria), excusa para la celebración del encuentro.

La
relación de las distintas generaciones de periodistas con los cambios
tecnológicos, la viabilidad de los nuevos modelos de negocio, la
aparición de figuras que han abierto posibilidades a la difusión de
información opaca, como Julian Assange o Edward Snowden,
las vías de solución a un modelo profesional que debe acercarse a los
ciudadanos y recuperar su confianza y las opciones de supervivencia del
periodismo de código abierto son algunos de los temas que se abordaron
en la mesa y que dibujan de manera nítida el salto hacia delante que la
profesión está dando y el nuevo territorio que está perfilándose.

La introducción y un resumen de 8 min. una charla de más de una hora

Brecha generacional

Las
diferencias de edad son relevantes a la hora de utilizar los nuevos
medios técnicos y, por tanto, de dar otro enfoque al periodismo, pero no
son el factor determinante, según los participantes en la mesa. Sin
embargo, han aparecido instrumentos técnicos de medición de la
rentabilidad, como la analítica web, que sí están transformando las
prácticas periodísticas.

Intrusos y activistas

La
irrupción en el periodismo de figuras como Julian Assange o Edward
Snowden ha supuesto un punto y aparte no sólo por la puesta a
disposición de diarios y lectores de ingentes cantidades de información,
sino porque, según afirman los intervinientes, ha obligado a los medios
de prensa a posicionarse de manera inequívoca.




Las consecuencias de «abrir» el periodismo
La
posibilidad de convertir a las audiencias en activas, abandonando el
simple papel de receptores de información, es otra de las innovaciones
de esta época. Ejemplos como LuxLeaks o los papeles de Bárcenas son
buena muestra de las opciones que se abren.

“La información entendida como bien común, exige colaboración económica y participación ciudadana”

libroSegunda parte de la entrevista en Periodismo Ciudaano sobre el libro: “El Cuarto Poder en red. Por un periodismo (de código) libre”. Ahí va:

Nos asomamos a otros tipos de “periodismos”, en donde se dan cabida
numerosas opciones que participan, en la actualidad, de otra forma de
entender la comunicación y las sociedades interconectadas. Periodismo
abierto, visualización de datos, macro-filtracioneso o periodismo de
denuncia, en donde periodistas y ciudadanos colaboran en aras de la
información veraz, son algunas de las claves que nos ofrece Sampedro:

PC-
Frente a la crisis de los medios de comunicación, reivindicas en este
libro un periodismo de código abierto y libre. Cuales consideras que son
los principales obstáculos con los que se está encontrando este tipo de
periodismo.

VS- Muchos, pero ninguno de ellos insalvable. El periodismo de código abierto y libre tiene consecuencias muy profundas.
Requiere y acarrea cambios de enorme calado. El periodismo abierto
demuestra su veracidad, adjuntando a la información los registros
completos que la avalan. Por ejemplo, toda visualización de datos va
ligada a los documentos e informes. Y las entrevistas, a la
transcripción entera de la grabación. No existe ningún impedimento
técnico ni económico para hacerlo.

Al contrario, la rentabilidad es obvia. Ofrece al
lector no solo poder contrastar las noticias, sino aportar nuevos
enfoques y análisis. Y la empresa (o el periodista freelance bloguero)
pueden ofrecer la documentación a un precio determinado. No es una idea
peregrina, sino una fuente de ingresos para publicaciones de éxito como ProPublica,
Los obstáculos son las fuentes y los medios que acumulan un enorme
poder. Con favores mutuos deciden de forma oportunista y lucrativa lo
que sabemos y lo que no. En España Jordi Pujol se permitió decirles a los periodistas “Este tema no toca” durante tres décadas. Finalmente, supimos que el tema era su patrimonio personal y familiar.

PC- Qué opinas sobre la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual, y en particular sobre la aprobación del gobierno del canon AEDE, que pretende conseguir que paguemos por enlazar información.

VS- La pregunta me permite añadir lo que sería el periodismo de código libre, además de abierto. Por libre no queremos decir gratis. Al contrario, la libertad se paga a un precio muy alto. Para tener una Prensa libre la hemos de costear.
Las micro-donaciones impiden el control de un solo donante. Y las
suscripciones implican una confianza que se traduce en pagos, realizados
antes de recibir la información. Pagas porque sabes que la necesitas
para conocer y defender tus intereses.

Asegurado lo anterior, nada impide que (con embargos temporales o sin
ellos) toda la información acabe teniendo código libre. Es decir, que
pueda ser difundida, modificada y empleada por cualquiera y con
cualquier fin. Así convertimos la información privada (legítima y necesaria) en bien público, una vez extraída su rentabilidad. Las leyes a las que aludías son obsoletas tecnológicamente, criminalizan prácticas sociales muy extendidas y resultan ruinosas para el conocimiento colectivo y la innovación.
Las promulgan quienes defienden unos modelos de negocio vetustos, por
inercia, incompetencia e ignorancia. Ocultan su incapacidad y retrasan
su extinción presionando a los Gobiernos, de los que acaban siendo
rehenes. Y representan los intereses de una casta de empresarios
“culturales” ligados al poder, amamantados por él desde antaño.
Recordemos el reciente cambio de tres directores de diarios españoles.
Una medida simultánea a las tasas Google o AEDE, y las ayudas aprobadas
para los medios privados.

PC- En periodismo ciudadano hemos hablado de Fíltrala,
una plataforma puesta en marcha por una parte del equipo de Assange, se
podría considerar un ejemplo de ese periodismo de código abierto y
libre que defiendes.

VS- Me sorprenden quienes afirman que WikiLeaks fue derrotada. Sigue funcionando en contra de todos los gobiernos y ejércitos del mundo. Y su modelo está más vivo que nunca. Fíltrala es
un magnífico ejemplo. Retoma las macro-filtraciones y vincula la
plataforma a ciudadanos y a determinados medios, para así formar desde
el inicio una Red de contrapoder. Se asegura la afinidad de los medios
con un periodismo de denuncia, entendido como deber cívico, de
quienes manejan la información; ciudadanos que gestionan bases de datos y
periodistas que las publican
. Y, por otra parte, determinadas
organizaciones sociales se encargan de que la información tenga impacto
político e institucional. Nada de esto es casual. El libro señala la conexión del 15-M y los hacktivistas españoles con el apoyo a WikiLeaks, Assange… y con algunos gobiernos progresistas en búsqueda de una economía del bien común. Pero esto ya es otro tema…

PC- “Los medios privados han equiparado la libertad de prensa y
de empresa. Supeditan el derecho de expresión al negocio”. Esto
significa que este periodismo de código abierto también plantea un nuevo
modelo de negocio con un tipo de rentabilidad distinta.

VS- Sí, hemos de dar con un modelo sostenible y abandonar el afán de lucro,
la codicia que nos han llevado al desastre encadenado: precarizar a los
trabajadores y degradar la oferta, pulverizar la confianza social en la
profesión y lograr así su consecuente desvalorización. Sostenible
quiere decir que sólo busca el dinero necesario, el justo, para
salvaguardar la autonomía del profesional y la empresa. Y un periodismo mancomunado, de la información entendida como bien común, exige colaboración económica y participación ciudadana.
Sabemos que no hay suficiente gente como para pagar por información
política de gran calidad. Nunca será rentable económicamente y, por eso,
hay que sostenerla con otras secciones, formatos y actividades que den
ingresos suficiente. En este sitio
paráis de aportar ejemplos de cómo intentarlo con éxito. Ha llegado el
momento de hacerlo, intentarlo, personal e institucionalmente, cada uno
de nosotros y las fuerzas políticas que creemos. Más que nada, porque en
la senda actual, los periodistas convencionales parecen lemmings
abocados al abismo. Corren detrás de trabajos precarios que degradan aún
más a la profesión.

PC- Aún así señalas que “hay razones para el optimismo, pero que no las encontraremos en los medios convencionales”…

VS- Exagero, para servir de acicate. De ningún modo, quiero desanimar
ni desacreditar globalmente. Resulta increíble todo lo que hemos
construido en los últimos años. La agenda institucional y los marcos de
discurso de la Transición han sido desbordados. No superados, pero sí
rebasados por nuevos temas y enfoques, mucho más ligados a la sociedad
civil. Fíltrala se conecta de forma directa a cuatro medios que son
sociedades limitadas de periodistas o cooperativas asamblearias. Sus
promotores tienen el ADN del 15M.
Se ha inoculado y extendido viralmente entre la ciudadanía. Muchos
sectores profesionales y organizaciones cívicas sirven ahora de fuente y
promueven la sanción política y judicial de comportamientos antes
normalizados. Y cada día surgen periodistas (jóvenes y reciclados) que
han asumido que no les queda otra que hacer aquello que siempre
proclamaron: servir al público. Ya no como cliente, porque ha dejado de
serlo. Ni como objetivo publicitario, porque ya no lo es: no tiene
capacidad suficiente de consumo. Le queda dirigirse a la ciudadanía como
colaboradora imprescindible y ganarse su credibilidad: el único capital
que garantiza la existencia de esta profesión.

Puedes leer la primera parte de esta entrevista aquí.

¿La burbuja digital de Podemos?

Entrevistamos al Equipo de Participación de Podemos y salió en Público en dos partes: una y dos.
 Se nos quedó una pregunta por hacer y nos la acaban de contestar. Ahí va:

¿No véis el
riesgo de que Podemos acabe siendo una «burbuja tecnopolítica»: «hay que
procurar que la construcción de un engrasado dispositivo virtual esté
encaminado a provocar cambios y acciones reales, aparte de emitir votos
digitales».
Hemos tomado el término de un artículo de Iñaki Arzoz.

Respuesta:

Entendemos
el uso de herramientas informáticas como un plus para facilitar la
participación a todos los niveles. En ningún caso queremos sustituir los
encuentros físicos, las asambleas. Nuestro deseo es facilitar que cada
persona, independientemente de su situación personal o laboral, pueda
participar en Podemos. Se trata de aumentar los canales de participación
pero sobretodo de saber coordinarlos y potenciarlos entre si.

Es
esencial poder trasladar los debates de la calle a las redes y de las
redes a la calle. Un ejemplo de la potencia deliberativa de estas
herramientas es el debate que se está manteniendo en Plaza Podemos
acerca de los documentos de la Asamblea Ciudadana y la conexión y
traslación que están teniendo estos debates en las asambleas de los
círculos.

La idea es seguir abriendo y fomentando estos espacios
deliberativos, pero también ampliar las vías telemáticas para potenciar
la realización de proyectos concretos
, que entre todo el mundo se puedan
proponer, debatir, mejorar, y elegir las mejores ideas. A partir de
ellas, debemos facilitar los recursos y el contacto entre las personas
interesadas, para que se puedan hacer realidad. Desde el Equipo de
Participación apostamos por continuar profundizando en estas nuevas vías
de democratización y descubrir entre todos el potencial y los límites
que tienen, a partir de los cuales incorporarlas de la mejor manera en
Podemos.

Mil gracias a M. Ardanuy y el resto del Equipo que coordina.

“El periodismo de denuncia, un deber social, distribuido, ejercido por cualquiera”

Primera parte de una entrevista en Periodismo Ciudadano, por Paula Gonzalo y foto de Iosune Garayoa.
La revolución de las redes sociales, la tecnología y la telefonía móvil
han generado un nuevo panorama mediático en el que la antigua audiencia
pasiva se ha convertido en productora de información. La posibilidad de
generar contenido a través de un dispositivo móvil, unido a la crisis
de la prensa y del modelo de negocio en el que se había sostenido hasta
el momento, ha dado lugar a un nuevo campo de posibilidades a la hora de
entender el periodismo en la era digital.
El Cuarto Poder en red. Por un periodismo (de código) libre, es el título del nuevo libro de Víctor Sampedro, Catedrático de Opinión Pública y Comunicación Política en la Universidad Rey Juan Carlos
de Madrid, en el que nos encontramos frente a una defensa del
periodismo en el que la información se convierte en un bien común,
autogestionado por ciudadanos “de alta intensidad política y
comunicativa”.
Esta es la primera parte de la entrevista que realizamos con Sampedro,
en la que nos da algunas pistas para entender este trabajo en el que
Internet se configura como una herramienta y un espacio para regenerar
la democracia, o acercarnos a modalidades tan interesantes como el
“periodismo científico”o el “periodismo de filtraciones”:
PC- Cómo definirías brevemente qué es este “Cuarto poder en Red” al que apelas constantemente en tu libro.
VS- La ciudadanía es el sujeto
comunicativo por excelencia. Puede usar con autonomía sus ordenadores,
móviles, tabletas como medios de comunicación en potencia. Es decir,
puede cobrar protagonismo público siguiendo sus propios fines e
intereses. Por eso el periodista es más necesario que nunca: cataliza y estimula el control de los abusos de poder. El periodismo de denuncia se convierte así en un deber social, distribuido, ejercido por cualquiera. Es un Cuarto Poder en Red, impulsado por el periodista y la comunidad a la que sirve. Juntos generan un flujo de contrapoder mancomunado: información como bien común, compatible, pero nunca supeditada al negocio o al Estado. En todo caso, dependiente del público que lo sostiene con su dinero, filtraciones y debates.
PC- Qué papel juegan los
“hactivistas” en este nuevo contexto social y los ciudadanos de a pie,
en los nuevos medios de comunicación?
VS- El hactivista ha pasado a ser modelo de militante político (véanse los nuevos partidos en red) y de periodista (véanse los formatos que, como el hactivismo, ligan la noticia a las comunidades afectadas, las convocan a colaborar y les dan voz). El ciudadano ya no es un receptor de contenidos cerrados en un dispositivo fijo
(la noticia sin comentarios de un periódico impreso). Somos
interlocutores, con pleno derecho a iniciar debates o reconducirlos,
transformando a los actuales representantes (políticos o periodistas) en
delegados de una asamblea que materializa el cemento social de toda
democracia: el debate abierto y plural.
PC-
En tu libro señalas: “Los ciudadanos con sus dispositivos digitales,
liberan información, la procesan y la debaten con una autonomía aún no
reconocida” ¿A qué crees que se debe esta falta de reconocimiento, así
como la constante desacreditación de fenómenos imparables como el del
periodismo ciudadano?
VS- Quien crea que compramos periódicos,
vemos o escuchamos noticiarios callados, y luego votamos para volver a
callar, no entiende nada. No ya de lo que ocurre ahora, sino desde hace
mucho tiempo. Internet está llamado a ser el medio de medios.
De hecho, hemos generado una atmósfera digital que ya habitamos. Nos
rodea de forma ubicua, en todo momento y lugar. Ahí generamos contenidos
o los difundimos, aportamos valor de la información. No solo
consumiendo, sino participando en (re)creaciones que no tienen
traducción monetaria inmediata, pero sí un enorme valor inmaterial. Las
noticias son filtradas, compartidas, debatidas, depuradas, completadas,
contextualizadas en blogs, redes sociales…. Es el público activo el que aporta credibilidad: el único capital del que, en realidad, vive un periodista
(obviamente, una vez asegurado el pan de cada día). Podemos volver
sobre ello, pero no damos con nuevos modelos de negocio porque en lugar
de la subsistencia (o sostenibilidad, como dicen ahora) se busca el
máximo lucro inmediato: “pelotazos”, luego llamados “burbujas” y, que
todos hemos aprendido a ligar al fraude y la corrupción.
PC- Una de las “expresiones informativas de mayor trascendencia hasta el momento, de este Cuarto Poder en Red es WikiLeaks. Assange, Manning y Snowden son tres activistas especialmente importantes en este libro, ¿por qué?
VS- Por orden de aparición en el relato, Manning es el hacktivista, que actúa como ciudadano ejemplar. Filtró el horror del que era testigo de
forma exhaustiva e incontestable. Aportó los registros completos que la
historia oficial negaba. Y además asumió las consecuencias de sus
actos, buscando en su encierro mayor libertad. Exigió, mientras durase,
poder adquirir un cuerpo femenino. Hackeó al Pentágono y se hackea a sí
mismo. Desobedeció la autoridad indigna movido por un mismo afán de
coherencia con sus principios. Se transforma a sí mismo, al tiempo que a
la sociedad en la que vive. Nos enseña la lógica de un ciudadano
digital consecuente, llevándola hasta sus últimas consecuencias. Libero
los datos y archivos digitales que sostienen las decisiones erradas de
un poder ilegítimo: 10.000 muertos debajo de la alfombra y dos de cada
tres, que no correspondían a terroristas ni combatientes enemigos. Eran
civiles en Irak y Afganistán.
WikiLeaks
es el primer prototipo de un medio verdaderamente global. Nadie como
ellos impactaron antes las agendas de la prensa de referencia de todo el
mundo. Pusieron al servicio de cualquier habitante del planeta la posibilidad de denunciar al poder de forma impune. No hay pruebas materiales de la filtración de Manning. Assange es
un experto en encriptación, que vino a decirle al periodismo que se
había transformado en relaciones públicas. Le mostró que en el siglo XXI
debía colaborar con los públicos más empoderados, con mayor poderío
técnico y ético, en la Red. La máxima expresión de ello son las
macro-filtraciones. Si llegásemos a comprender su alcance, nos
permitirían (re)escribir la Historia desde abajo. Entre todos y todas,
casi en tiempo real.
Snowden,
por su parte, es un ejemplo máximo de tecnociudadano: un trabajador
digital con una competencia técnica y valores éticos superiores a los de
sus jefes. Son los únicos que no saben que aún trabaja para la NSA. Las
filtraciones son necesarias. Muchas veces se toleran para contrarrestar
la acumulación de poder no fiscalizable y potencialmente totalitario,
como es el caso. Pero Snowden actuó sin consentimiento. Nos avisa de que
la máxima de WikiLeaks (igual que la moraleja del cuento de Andersen)
se ha invertido: el emperador va acorazado y el pueblo, desnudo.
Estos tres individuos elevaron los
estándares de una ciudadanía digital. Son nativos digitales que no están
dispuestos a renunciar a la Red neutral. Nacieron con ella, ayudaron a
construirla y ahora la defienden. Precisamente contra un Obama que llegó
a la Casa Blanca prometiendo el Gobierno Abierto y ha acabado como
Emperador de la NSA. Pudieron haber sido los iconos de una ciudadanía
dispuesta a reinventar la información de nuestro siglo, junto con los
medios y periodistas profesionales. Pero, en lugar de colaborar con
ellos; primero, se les parasitaron; después, les estigmatizaron; y,
finalmente, pretenden que les olvidemos.
PC- Al igual que se criminalizó
la actuación de estos tres activistas se está criminalizando la cultura
libre y el intercambio de conocimiento en la Red.
VS- Pues sí, las acusaciones se vuelven
en el libro contra quienes se las dirigieron sin ningún fundamento;
todas al mismo tiempo y a pesar de ser contradictorias, falsas y
falaces. Les tacha(ro)n de terroristas, ladrones y espías. Pero los verdaderos terroristas son quienes han minado nuestro régimen de libertades en nombre del anti-terrorismo e impedido que Manning o Snowden
puedan encabezar campañas de protesta y desobediencia civil; tal como
denuncian sus predecesores en la lucha contra la guerra de Vietnam.
Nunca vendieron, sino que regalaron, documentos de enorme valor en el
mercado negro. Y les llaman ladrones quienes ponen barreras a los datos
que costeamos, lo ocultan a nuestras espaldas e impiden su difusión.
Privatizan los informes y archivos de interés público que financiamos. Y
extraen nuestros perfiles de datos digitales, para usar esa ingente
información (secretos oficiales y grandes datos) en beneficio propio,
sin garantía alguna de servir a los intereses sociales. Quienes nos
espían no son Al Qaeda ni el ISI, mucho menos WikiLeaks, sino la
industria digital y toda administración que se lo pueda permitir. Lo
hacen en comandita, para estimular demanda y controlar la oferta, ya sea
política o mediática.
Imagen: Iosune Garayoa, bajo licencia CC.