Cómo la tecnología perturba la verdad

 

Un artículo impresionante, de la directora de The Guardian, Katharine
Viner,

traducido
por Reyes Valenciano Valeros, una alumna de este curso, que demuestra sus ganas de salir del patio de vecinos de la Prensa patria. Un regalo que nos hace tod*s. Mil gracias por su generosidad.

 

Un lunes por la mañana del pasado septiembre, Gran Bretaña se despertó
con una noticia depravada en los periódicos. El primer ministro,
David Cameron, había cometido un “acto obsceno con la cabeza de un
cerdo muerto”, según el Daily Mail.” Un distinguido coetáneo de
Oxford afirmaba que Cameron participó una vez en una ceremonia de
iniciación indignante en un evento del Piers Gaveston en la que
estaba involucrado un cerdo muerto” declaraba el periódico. Piers
Gaveston
 es el nombre de un club social libertino gastronómico de la
universidad de Oxford; los autores del relato afirmaban que su fuente
era un miembro del Parlamento que dijo tener pruebas fotográficas:“
Su extraordinaria insinuación era que el futuro Primer Ministro
insertó una parte íntima de su anatomía en el animal.”
La historia, extraída de la nueva biografía de Cameron, provocó un
furor inmediato. Era repugnante, una gran oportunidad para humillar a
un primer ministro elitista, y a muchos les sonó a verídico por ser
miembro del infame Club Bullingdon. En cuestión de minutos #Piggate
y #Hameron eran trending topic en Twitter, e incluso los políticos
de mayor relevancia lo encontraron divertido: Nicola Sturgeon dijo
que las acusaciones habían “entretenido
a todo el país
”, mientras que Paddy Ashsown bromeaba sobre que Cameron “acaparaba (juego de palabras en que hog es cerdo y hogging es acaparar) los
titulares”. Al principio, la BBC se negó a mencionar las
acusaciones, y el número 10 de Downing Street dijo que la noticia no
merecía respuesta- aunque poco tiempo después se vio obligado a
desmentirlo emitiendo una nota oficial. Y así fue como un hombre
poderoso era avergonzado sexualmente de una forma que no tenía nada
que ver con lo polémico de su política, y de una forma en la que no
podía ni responder. Pero, ¿a quién le importa? Que se aguante.
Entonces,
después de un día entero de muchas risas online, pasó algo
sorprendente. Isabel Oakeshott, la periodista del Daily Mail que
había co-escrito
la biografía

con lord Ashcroft, un billonario hombre de negocios, fue a la
televisión y admitió que ella no sabía si su gran escandalosa
exclusiva era si quiera cierta. Cuando fue presionada para que
aportara alguna prueba sobre su increíble declaración, Oakeshott
admitió que no tenía ninguna.

“No pudimos llegar al
fondo sobre la fuente de donde provenían esas acusaciones” dijo
en las noticias del Canal 4.” así que simplemente informamos sobre
lo que la fuente nos dijo…no llegamos a decir si nosotros creíamos
que era verdad” En otras palabras, no había ninguna prueba de que
el primer ministro del Reino Unido hubiera alguna vez ”metido
alguna parte privada de su anatomía” en la boca de un cerdo
muerto- la noticia fue citada en docenas de periódicos y compartida
en millones de Tweets y de actualizaciones de Facebook, con lo cual
mucha gente presumiblemente todavía a día de hoy cree que es
cierta.

Oakeshott,
fue todavía más allá de absolverse de toda responsabilidad
periodística “le corresponde a la gente decidir si le dan
credibilidad o no” concluyó. Esta no ha sido, por supuesto, la
primera vez que una declaración estrafalaria ha sido publicada con
evidencias de base poco sólidas, pero esta sí que fue una inusual
respuesta desvergonzada. Parecía que los periodistas ya no
necesitaban creer en que sus noticas eran verdad, no, aparentemente,
no necesitaban ni aportar pruebas. De hecho le correspondía al
lector- el cual no conoce la identidad de la fuente- averiguarlo.
Pero, ¿basado en qué? ¿Una corazonada, una intuición, el estado
de ánimo?
¿Es
que ya no importa la verdad?
Nueve
meses después de que Gran Betraña despertara con la risa nerviosa
por las hipotéticas intimidades porcinas de Cameron, el país
amaneció la mañana del 24 de Junio con la escena real del primer
ministro de pie en el exterior de Downing Street a las 8 de la mañana
anunciando
su dimisión
.

Los británicos han votado para abandonar la Unión Europea y eso
debe ser respetado” declaró Cameron” No ha sido una decisión
tomada a la ligera, principalmente porque se han dicho muchas cosas
desde diferentes organizaciones sobre lo que implicaba esta decisión.
Así que no podemos dudar sobre el resultado”.
Pero
lo que pronto empezó a ser claro es que casi todo estaba en duda. Al
final de la campaña que dominó las noticias durante meses, resultó
de pronto obvio que el lado ganador no tenía ningún plan sobre cómo
o cuándo abandonaría UK la UE- mientras que los engañosos
argumentos que llevaron a la campaña a la victoria se vinieron
abajo repentinamente. A las 6.31 de viernes 24 de junio, justo una
hora después de que se conocieran los resultados del referéndum de
la UE. El líder de Ukip Nigel Farage admitió
que la Gran Bretaña post-Brexit no dispondría de los 350 millones
de libras a la semana de reserva para pagar el NHS(Servicio Nacional
de Salud)- Una de la claves de los Brexiteers (pro-brexit) con las
que habían ornamentado la campaña de autobús del ” vote leave”.
Unas pocas horas más tarde, Daniel Hanna del grupo Tory reveló que
la
inmigración probablemente no se reduciría

– otra afirmación clave.
No
era la primera vez que los políticos no cumplían lo que
prometieron, pero puede que haya sido la primera vez que han admitido
la mañana después de una victoria que sus promesas eran todas
falsas. Fueron las primeras votaciones grandes en la era de la
política de la post-verdad: la
apática campaña de los partidarios

de quedarse trató de lidiar la fantasía con hechos, pero
rápidamente fueron conscientes de los hechos estaban devaluados.
En
el bando que defendía la permanencia estuvieron preocupándose por
los datos y los expertos preocupados fueron desestimados como “el
proyecto miedo”- y rápidamente neutralizados con hechos
contrarios: si 99 expertos dijeron que la economía de caería y uno
no estaba de acuerdo, la BBC nos decía que cada bando tenía un
punto de vista diferente de la situación (era un error desastroso
que terminaba oscureciendo la verdad, y que parece un eco de cómo
informan algunos sobre el cambio climático). Michael Gove declaró
que “la
gente en este país está harta de expertos

en Sky News. También comparó
a los 10 ganadores del nobel de economía que firmaron una carta en
contra del Brexit con los científicos nazis fieles a Hitler.
Durante
cuatro meses, los medios euroescépticos presionaron para proclamar
cualquier declaración ambigua menospreciando todas las alarmas de
los expertos, llenando las portadas con demasiados titulares de corte
“anti-inmigrantes” como para contarlos- muchos de ellos
corregidos mas tarde de forma silenciosa con letra muy pequeña. Una
semana antes del referéndum- en el mismo día que Nigel Farage
enseñara su incendiario póster ”Breaking point” (punto de no
retorno)y la parlamentaria laborista Jo Cox, que hizo una campaña
incansable por los refugiados, fuera asesinada por un disparo- la
portada del Daily Mail destacaba una fotografía de unos inmigrantes
en la parte de atrás de un camión entrando en UK, con el titular
“Somos europeos- déjenos entrar!”. Al día siguiente, The Mail y
The Sun, que también cubrieron la noticia, tuvieron que admitir que
los polizones eran en realidad de Irak y Kuwait.
La
descarada indiferencia frente a los hechos no cesaron ni después del
referéndum: Hace poco, la por poco tiempo candidata a líder del
partido conservador Andrea Leadsom, que tuvo un papel estelar en la
campaña pro-leave, hizo una demostración del poder de la evidencia
menguante. Después de decir al Times que al ser madre podía ser
mejor primer ministra que su rival Theresa May, se quejó de
periodismo
amarillista

y acusó al periódico por tergiversar sus declaraciones-después de
que hubiera dicho exactamente eso, clara y categóricamente y además
grabado en una cinta. Leadsom es una política de la postverdad
incluso sobre sus propias verdades.
Cuando
un hecho empieza a parecer por lo que sea que es verdad, resulta muy
difícil para cualquiera distinguir la diferencia entre las
informaciones que son verdad y las que no lo son. La campaña a favor
del abandono fue muy consciente de esto- y se aprovechó de la
certeza de saber que la Autoridad para la ética en la
publicidad (ASA)
no tenía competencias sobre las declaraciones de carácter político
.
Pocos días después del referéndum, ArronBanks, el mayor donante y
principal fundador de la campaña del abandono al UE, dijo
a The Guardian

que su bando sabía que con las hechos no triunfarían.” Se adoptó
una aproximación al estilo mediático americano” dijo Banks.”Lo
que ellos dijeron al principio fue que “los hechos no funcionan”,
y es así. La campaña a favor de quedarse mostró hechos, hechos,
hechos, hechos, hechos. Eso no funciona. Tienes que conectar con la
gente emocionalmente. Ese es el éxito de Trump”
Fue
una pequeña sorpresa que mucha gente se sorprendiera después del
resultado al descubrir que el Brexit puede tener serias consecuencias
y muy poco de las ventajas prometidas. Cuando “la información no
funciona” y los votantes no confían en los medios, todo el mundo
cree en su propia “verdad”- y los resultados, como acabamos de
ver, pueden ser devastadores.
¿Cómo
hicimos que terminara? y ¿cómo lo arreglamos?
Veinticinco
años después de que el primer sitio web funcionara en línea, está
claro que estamos viviendo en un periodo de una transición
vertiginosa. Durante los 500 años posteriores a Gutenberg, en los
que la página impresa fue la forma dominante de la información; el
conocimiento se distribuía mediante un formato fijo, uno que
alentara a los lectores a creer en verdades estables y establecidas.
Ahora,
estamos atrapados en una serie de confusas batallas entre fuerzas que
se oponen: entre la verdad y la falsedad, el hecho y el rumor, la
bondad y la crueldad, entre los pocos y los muchos, los conectados y
los alienados, entre la plataforma
abierta de la web como sus arquitectos concibieron

y los recintos cerrados de Facebook o de otra red social; entre un
público informado y una multitud equivocada.
Lo que
es común en esas luchas- y lo que hace que su resolución sea un
tema urgente-es que están envueltas en un decreciente estatus de la
verdad. Lo cual no significa que no haya verdades. Simplemente
significa, que, cómo nos ha dejado muy claro este año, que no
podemos estar de acuerdo en cuáles son esas verdades, y cuando no
hay consenso sobre la verdad y no hay forma de alcanzarlo, el caos no
tarda en llegar.
Cada
vez más, lo que cuenta como un hecho es básicamente una opinión de
alguien que tiene la sensación de que es verdad- Y la tecnología ha
hecho muy fácil para esos “hechos” puedan circular con una
velocidad y un alcance inimaginables en la época de Gutenberg( o
incluso hace una década). Una noticia dudosa sobre Cameron y cerdo
aparece en un tabloide una mañana, y al mediodía, ya ha fluido por
todo el mundo a través de los medios sociales y llega a aparecer en
fuentes fiables de noticias en todas partes. Puede parecer una
nimiedad, pero sus consecuencias son enormes.
“La
verdad, como Peter Chippindale y Chris Horrie escribieron en Stick It
Up Your Punter!, su historia sobre el periódico The Sun, es una
“simple afirmación que cada periódico publica por su cuenta y
riesgo”. Existen normalmente diversos conflictos con la verdad
sobre cualquier tema, pero en la época de la prensa impresa, las
palabras quedaban clavadas en la página, fueran ciertas o no. La
información daba la sensación de verdad, al menos hasta el día
siguiente que se nos trajera otra actualización o corrección, y
todos compartíamos una serie de hechos en común.
Esta
“verdad” establecida era normalmente heredada de arriba: una
verdad establecida, a menudo fijada desde una institución. Este
acuerdo no estaba exento de defectos: una parte demasiado grande de
la prensa exhibía sesgos conservadores y una deferencia hacia la
autoridad, y era extraordinariamente difícil para la gente común
desafiar al poder de la prensa. Ahora, la gente desconfía mucho
sobre lo que se le presenta como un hecho- particularmente cuando la
información en concreto es incómoda, o está en una sintonía
distinta a la de sus propias opiniones- y aunque algunas de sus
desconfianzas son erróneas, otras no lo son.
En la
edad digital, es más fácil que nunca publicar información falsa
que es rápidamente compartida y tomada por verdadera- como vemos
frecuentemente en situaciones de emergencia, cuando las noticias se
dan en tiempo real. Seleccionando un ejemplo entre muchos, durante
los atentados terroristas de Paris en noviembre del 2015, se
extendieron rápidamente los rumores en las redes sociales de que el
Louvre y el Pompidou habían sido atacados, y que a François
Hollande le había dado un ataque. Se necesitan medios fiables que
desacrediten los cuentos chinos.
A
veces los rumores como esos se desatan por pánico, a veces por
malicia y a veces por una manipulación deliberada, en los que una
autoridad o régimen paga a personas para transmitir su mensaje. Sea
cual sea el motivo, las falsedades y los hechos ahora se difunden de
la misma forma, a través de lo que los académicos llaman una”
información en cascada”. Como describe la investigadora en derecho
y experta en acoso por internet Danielle
Citron
,”
la gente reenvía lo que otros piensan, incluso si la información es
falsa, engañosa o incompleta, porque ellos piensan que han aprendido
algo valioso”. Este ciclo se repite a sí mismo, y antes de darte
cuenta la cascada ya es imparable. Compartes algo que ha publicado un
amigo en Facebook, a lo mejor para mostrar afinidad o acuerdo, o que
“estas enterado”, y así aumentas la visibilidad de lo que han
publicado otros.
Los
algoritmos como los que nutren el flujo de noticias de Facebook,
están diseñados para darnos más de lo que ellos piensan que
queremos- lo que significa que la versión del mundo que encontramos
en nuestro flujo personal ha sido invisiblemente confeccionado para
fortalecer nuestras creencias pre-existentes. Cuando Eli Pariser, el
co-fundador de Upworthy, acuñó el término “burbuja de filtros”
in 2011, estaba hablando sobre cómo las páginas Web personalizadas-
y en particular la personalización de la búsqueda en google, que
implica que la búsqueda de dos personas en Google de una misma cosa
nunca tiene el mismo resultado-significa que es menos probable vernos
expuestos a información que suponga un reto o amplíe nuestra visión
del mundo y que es menos probable encontrar hechos que refuten la
falsa información que otros han compartido.
La
petición de Pariser, en ese momento, fue que todas aquellas
plataformas de medios sociales deberían garantizar que “sus
algoritmos dieran prioridad a las compensación de vistas y noticias
que son importantes, no solo a los chismes más populares o más
valorados por la gente” Pero en menos de cinco años, gracias al
increíble poder de unas pocas plataformas sociales, la burbuja de
filtros que Pariser descubrió se ha vuelto mucho más extrema.
En el
día después del refendum de UE, en una publicación de Facebook, el
activista en internet y fundador de mysociety británico , Tom
Steinberg, proporcionó una brillante ilustración del poder del
filtro burbuja – y de las distintas consecuencias cívicas para un
mundo donde la información fluye a lo largo de las redes sociales:
Estoy
buscando activamente en Facebook a gente que esté celebrando la
victoria del abandono del Brexit, pero el filtro burbuja es tan
fuerte, y se extiende tanto en cosas como las búsquedas
personalizadas de Facebook que no puedo encontrar a nadie que esté
feliz “a pesar del hecho de que la mitad del país está claramente
de celebración hoy” y a pesar del hecho de que estoy tratando
activamente de escuchar lo que están diciendo.
Este
problema de cámara de eco es TAN grave y TAN crónico que sólo me
queda rogar a algunos amigos que tengo que trabajando en Facebook o
en otras grandes redes sociales y tecnológicas que les digan a sus
jefes que no actuar ahora frente a este problema es lo mismo que
apoyar y financiar el destrozo de la estructura de nuestras
sociedades…estamos creando países donde la mitad no sabe nada de
nada sobre la otra mitad.”
Pero
pedir a las compañías tecnológicas que hagan algo con respecto al
filtro burbuja supone que es un problema que se puede arreglar
fácilmente- y no uno que parte del concepto mismo de las redes
sociales, que están diseñadas para darte lo que tú y tus amigos
queréis ver.
Facebook
, que fue lanzada tan solo en 2004, ahora tiene 1,6bn de usuarios a
lo largo del mundo. Se ha convertido en la
forma preferida

de buscar noticias en internet- y de hecho domina en ese terreno de
una forma que hubiera sido imposible de imaginar en la época de los
periódicos. Como escribió
Emily Bell: “Los medios sociales no solo han engullido el
periodismo, se lo han tragado todo. Se han tragado las campañas
políticas, el sistema bancario, las historias personales, la
industria del entretenimiento, las ventas, incluso el gobierno y la
seguridad”.
Bell ,
la directora de Tow Centre for Digital Journalism en la Universidad
de Columbia- y miembro de Scott Trust, que pertenece a The Guardian-
ha resaltado el impacto sísmico de los medios sociales para el
periodismo” Nuestro ecosistema de noticias ha cambiado más
drásticamente en los últimos cinco años” -escribió en marzo-
”que quizá en ningún otro momento de los últimos 500 años”.
El futuro de la edición esta puesto en “las manos de unos pocos,
que ahora controlan el destino de muchos”. Las nuevas publicaciones
han perdido el control sobre la distribución de su periodismo, que
para muchos lectores está ahora” filtrado a través de algoritmos
y plataformas de forma opaca e impredecible” Esto significa que las
compañías de las redes sociales se han vuelto poderosas de una
forma abrumadora determinando lo que leemos- y tremendamente
rentables monetizando el trabajo de otros. Como Bell anota” Hay de
lejos una concentración mayor de poder que en ningún otro momento
del pasado”.
Las
publicaciones supervisadas por los editores han sido en muchos casos
reemplazadas por información compartida seleccionada por amigos,
contactos y familia, procesada por algoritmos secretos. La vieja idea
de una web abierta -donde los hipervínculos de un sitio a otro
crearían una red no jerárquica y descentralizada de información-
Ha sido suplantada en gran parte por plataformas diseñadas para
aprovechar al máximo tu tiempo dentro de sus muros, algunos de ellos
(como Instagram y Snapchat ) no permiten ningún link externos.
Mucha
gente, de hecho, especialmente los adolescentes, ahora emplean más y
más tiempo en aplicaciones de chats cerrados, los cuales permiten a
los usuarios crear grupos para compartir mensajes de forma privada-
quizá porque son jóvenes y están más acostumbrados a enfrentarse
al acoso por internet, procuran tener más cuidado en espacios
sociales protegidos. Pero los espacios cerrados o las aplicaciones de
chat son un silo más restrictivo que el jardín vallado de Facebook
u de otras redes sociales.
Como
escribió
en The guardian

el bloguero pionero iraní Hossein Derakhsha, que fue recluido
durante seis años en Teheran por su actividad online a principios de
este año, la “diversidad de la web de banda ancha originalmente
imaginada” se ha encaminado a” la centralización de la
información” dentro de unas pocas selectas redes sociales- y el
resultado final está “Haciéndonos menos poderosos en relación al
gobierno y las instituciones”.
Por
supuesto, Facebook no decide lo que lees- al menos no en la forma
tradicional de tomar decisiones- y no nos dicta lo que las nuevas
empresas producen. Pero cuando una plataforma se convierte en la
fuente principal para acceder a la información, las nuevas
organizaciones ajustarán su trabajo a las demandas de este nuevo
medio.( La prueba más evidente de la influencia de Facebook en el
periodismo es el pánico que acompaña cualquier cambio sobre los
algoritmos que se alimentan de las noticias que amenace la reducción
de las páginas vistas enviadas a los publicistas).
En
los últimos pocos años, muchas empresas de noticias se han desviado
del periodismo de interés público y encaminándose a “noticias
basura”, en busca de visitas en la página con la banal esperanza
de atraer click y publicidad (o inversión)- pero al igual que con la
comida basura, te odias a ti mismo cuando te atiborras de ella. La
manifestación más extrema de este fenómeno ha sido la creación
del laboratorio de noticias falsas, que atraen el tráfico con falsos
reportajes que son diseñados para aparentar ser noticias de verdad,
y que por lo tanto son ampliamente compartidas en las redes sociales.
Pero se aplica el mismo principio a las noticias engañosas o
sensacionalistamente deshonestas, incluso si no fueron creadas para
engañar: la nueva medida del valor para muchas empresas de
comunicación es la viralidad antes que la verdad o la calidad.
Por
supuesto, los periodistas han hecho muchas cosas mal en el pasado-
tanto por error como por prejuicios como a veces
intencionadamente.(Freddie Starr Probablemente no se comió un
hámster). Así que sería un error pensar que este es un nuevo
fenómeno de la era digital. Pero lo que es nuevo y significativo es
que hoy, los rumores y mentiras se leen tan extensamente como los
hechos contrastados o con frecuencia más incluso, porque son más
salvajes que la realidad y más estimulantes para compartirlas. El
cinismo de este enfoque fue expresado manifiestamente por Neetzan
Zimmerman, anteriormente trabajador de Gawker como especialista de
noticias virales con un tráfico alto” Hoy en día no es importante
si la noticia es real” –dijo
en 2014

“ lo único que importa es si la gente lo cliquea “. Los hechos,
insinuó, están acabados; son una reliquia de la época de la presa
escrita, cuando los lectores no tenían elección. Continuó “Si
una persona no comparte una nueva noticia, es, en el fondo, una no
noticia”.
El
aumento del predominio de este punto de vista sugiere que estamos en
medio de un cambio fundamental en los valores del periodismo-el turno
del nuevo consumismo. En lugar de fortalecer lazos sociales, o crear
una sociedad informada, o la idea de que las noticias sean un bien
cívico, una necesidad democrática, lo que crea son grupos, que
difunden mentiras que encajan con sus opiniones, reforzando sus
propias creencias, haciendo que la gente se mantenga aún más en
esas opiniones compartidas, en lugar de en hechos contrastados.
Pero
el problema es que el modelo de negocio de la mayoría de las
empresas de comunicación está basado en los clicks. Los medios de
todo el mundo han llegado al punto álgido de la fiebre de frenéticos
anuncios al por mayor, con la idea de rascar los peniques y céntimos
de la publicidad digital.( Y no hay más publicidad para dar: en el
primer cuarto de 2016,
85 céntimos de cada dólar gastado en publicidad online de Estados
Unidos

fueron para Google y Facebook. Que solían ser para los medios de
comunicación).
En
las noticias que llegan a tu móvil, todas las noticias parecen
igual- tanto si provienen de una fuente fiable como si no. Y, cada
vez más, las fuentes que por lo demás eran fiables también
publican noticias falsas, confusas o deliberadamente indignantes. “El
cebo de los clicks es el rey, así que las redacciones publicaran sin
ningún criterio algunos de los peores chismees, lo que le otorga
legitimidad a la inmundicia” dijo Brooke Binkowski, un editor de la
desacreditada web Snopes, en
una entrevista con the Guardian

en abril. “No todas las redacciones son así, pero muchas si lo
son”.
Deberíamos
tener cuidado para no descartar los titulares digitales atractivos
como si fueran un cebo de clicks- Los titulares digitales son algo
bueno si conducen al lector a un periodismo de calidad, sean serios o
no. Creo que lo que distingue un buen periodismo de un periodismo
pobre es el trabajo: el periodismo que la gente valora más es aquel
del que se puede decir lleva mucho trabajo detrás- donde se puede
sentir el esfuerzo personal, por encima de si es un trabajo grande o
pequeño, importante o entretenido. Es la otra cara de lo que se
conoce como “churnalism”, el infinito reciclaje de las noticias
elaboradas por otras personas para obtener clicks.
El
modelo publicitario digital no suele distinguir entre lo que es
verdad o no, solo si es grande o pequeño. Como escribió
el reportero político Dave Weigel

a propósito de una noticia falsa que se convirtió en un éxito
viral en todas partes en 2013” Demasiado bueno solía ser lo que
disparaba las alarmas de los editores de los periódicos para no caer
en historias falsas. Ahora es un modelo de negocio”.

 

Una
industria de comunicación buscando desesperadamente clicks baratos
no suena a una industria que esté en una posición fuerte, y de
hecho, las editoriales como negocio tienen problemas. El cambio a la
edición digital ha sido un progreso apasionante para el periodismo-
como dije yo misma en mi conferencia de AN Smith en la Universidad de
Melbourne, “The
Rise of the Reader
”,
ha provocado” Un rediseño fundamental en la relación de los
periodistas con nuestra audiencia, en cómo pensamos sobre nuestros
lectores, en nuestra percepción de nuestro papel en la sociedad, en
nuestro estatus”. Lo cual significa que hemos encontrado nuevas
formas de elaborar nuestras noticias-de nuestra audiencia, de los
datos, de los medios sociales. Se nos han dado nuevas formas de
contar noticias- con las tecnologías interactivas y ahora con la
realidad virtual. Se nos han dado nuevas formas de distribuir nuestro
periodismo, encontrando nuevos lectores en sitios sorprendentes; y se
nos han dado nuevas formas de involucrar a nuestras audiencias,
abriéndonos al desafío y al debate.
Pero
mientras las posibilidades del periodismo se han fortalecido con los
desarrollos digitales de los últimos años, el modelo de negocio
está bajo una gran amenaza. Si cobras a los lectores para acceder a
tu periodismo tienes un gran reto para persuadir al consumidor
digital que está acostumbrado a obtener información gratis a que lo
haga con su dinero.
Los
medios de todas partes buscan beneficios y los ingresos caen
dramáticamente. Si quieres una imagen cruda de la realidad de los
medios digitales, compara los resultados del primer cuarto financiero
que publicaron del New York Times y Facebook con solo una semana de
diferencia. El New York Times publicó que sus beneficios habían
caído un 13% a 51.5m- siendo más próspero que la mayoría del
resto de la industria informativa, pero un descenso importante.
Facebook, mientras tanto, reveló que sus beneficios en la red se
habían triplicado en el mismo periodo-a la muy asombrosa cifra de
$1.51bn
Muchos
periodistas han perdido sus trabajos en la última década. El número
de periodistas de Gran Bretaña se redujo a un tercio entre 2001 y
2010; las editoriales de Estados Unidos disminuyeron en una cantidad
parecida entre 2006 y 2013. En Australia, hubo una reducción del 20%
de periodistas solo entre 2012 y 2014. A principios de ese año, en
The Guardian publicamos que necesitábamos perder 100 puestos de
trabajo de periodistas. En marzo, the
Independent dejo de existir como periódico de papel
.
Desde 2005, conforme al informe de Press Gazette, el número de
periódicos locales en Gran Bretaña ha caído
a 181

de nuevo, no porque sea un problema de periodismo, sino por el
problema para financiarlo.
Pero
que los periodistas pierdan sus trabajos no es solo un problema para
los periodistas: tiene un impacto perjudicial para toda la cultura.
Como advirtió el filosofo alemán Jüger Habermas, el
pasado 2007

”cuando la reorganización y los recortes de fondo ponen en peligro
los estándares del periodismo, se golpea de lleno el corazón de la
esfera pública política. Porque, sin un flujo de información
alcanzada a través de una gran investigación, y sin la estimulación
de los argumentos basados en la experiencia y no baratos, la
comunicación pública pierde su vitalidad discursiva. El público de
los medios dejaría de oponer resistencia a las tendencias populares,
y podrían no cumplir más la función que debieran en el contexto de
un estado democrático constitucional”.
Quizás,
entonces, el foco de las empresas de comunicación necesita cambiar a
una innovación comercial: Cómo rescatar la financiación del
periodismo, que está bajo amenaza. El periodismo se ha innovado
drásticamente en las últimas dos décadas digitales, pero los
modelos de negocio no. En las palabras de mi compañera, Mary
Hamilton, directora ejecutiva de edición para la audiencia del the
Guardian: “Hemos transformado todo lo concerniente al periodismo y
no lo suficiente sobre nuestro negocio”.
El
impacto de la crisis en el modelo de negocio en el periodismo es que,
en la persecución de clicks baratos a expensas de la precisión y la
veracidad, las empresas de comunicación socavan la verdadera razón
de su existencia: descubrir cosas y decir a los lectores la
verdad-informar, informar, informar.
Muchas
redacciones están en peligro de perder lo que más importa en el
periodismo: el duro, valioso, cívico oficio de patearse las calles,
escudriñar bases de datos, hacer preguntas incómodas para descubrir
cosas que alguien no quiere que sepas. El periodismo serio, de
interés público, es exigente. Y lo necesitamos más que nunca.
Ayuda a mantener honestidad en el poder, ayuda a la gente a entender
el mundo y su lugar en él. Los hechos y la información fiable son
esenciales para el funcionamiento de la democracia, y la era digital
ha hecho que eso sea aún más obvio.
Pero
no deberíamos permitir que el caos del presente arroje al pasado
luces de color rosa- Como se puede ver desde la reciente resolución
de la tragedia que se convirtió en uno de los momentos más oscuros
de la historia del periodismo británico. A finales de abril, una
investigación que duró dos años resolvió que las 96 personas que
murieron en el desastre de Hillsborough en 1989 habían sido
asesinadas y que no tuvieron responsabilidad en la peligrosa
situación que se produjo en el campo de futbol. El veredicto era la
culminación de una infatigable campaña de 27 años de las familias
de las víctimas, cuyo caso fue cubierto durante dos décadas con
gran detalle y sensibilidad por el periodista
de the Guardian David Conn
.
Su trabajo periodístico ayudó a destapar la verdad sobre lo que
ocurrió en Hillborough y el posterior encubrimiento de la policía-
un ejemplo clásico de lo que es un reportero que obliga a los
poderosos a rendir cuentas en nombre de los menos poderosos.
Contra
lo que habían estado luchando las familias durante cerca de tres
décadas era con una mentira que puso en circulación el diario The
Sun. El editor agresivo del conservador tabloide, Kelvin MacKenzie,
culpó a los forofos del desastre, sugiriendo que habían entrado por
la fuerza al campo sin entradas-una declaración que se demostró más
tarde que era falsa. Según la historia de Horrie y Chippindale
sobre el The Sun, MacKenzie desautorizó a su propio corresponsal y
puso las palabras”LA VERDAD” en la portada, alegando que los
segidores del Liverpool estaban borrachos, que habían robado
carteras a las víctimas, que habían pegado puñetazos, patadas a
los policias y que habían orinado sobre ellos, que habían gritado
que querían tener sexo con una de las mujeres fallecidas. Los
forofos, dijo un”alto cargo de la policía” estaban ”actuando
como animales”. La noticia, como escribieron Chippindale y Horrie,
es una “calumnia clásica” sin ninguna prueba que se pueda
aportar y que “precisamente encajaba con la formula de MacKenzie de
divulgar un prejuicio ignorante poco elaborado y vocearlo por todo el
país”
Es
difícil imaginar que Hillborough pudiera ocurrir ahora: si 96
personas fueran aplastadas hasta la muerte delante de 53.000
smartphones, con fotografías y los testimonios de testigos oculares
todos publicados en los medios sociales, ¿se hubiera tardado tanto
en descubrirse la verdad? Hoy, la policía- o Kelvin MacKenzie- no
hubieran sido capaces de mentir tan descaradamente y durante tanto
tiempo.
La
verdad es una lucha. Requiere un trabajo duro. Pero el esfuerzo
merece la pera: los valores tradicionales periodísticos son
importantes y merece la pena defenderlos. La revolución digital ha
supuesto que los periodistas- correctamente, desde mi punto de
vista-sean más responsables de su audiencia. Y como nos muestra la
historia de Hillsbotough, los medios de comunicación antiguos eran
definitivamente capaces de perpetrar horribles falsedades, que podían
tardar años en aclararse. Algunas de las antiguas jerarquías han
sido definitivamente enterradas, lo que ha permitido un debate más
abierto e importante que desafía a las viejas élites cuyos
intereses solían dominar los medios. Aunque la era de la
información incesante e instantánea- y de las verdades inciertas-
puede ser abrumadora. Salimos corriendo de un escándalo a otro
escándalo, pero las olvidamos muy rápidamente: vivimos un
apocalipsis cada mediodía.
Al
mismo tiempo, el nivel del panorama informativo ha desatado nuevos
torrentes de racismo y de sexismo y nuevas formas de deshonrar o de
acosar, sugiriendo un mundo en el que los argumentos más chillones y
más crueles prevalecerán. Es una atmósfera que ha demostrado ser
particularmente hostil con las mujeres y con la gente de color,
revelando que las injusticias del mundo físico se reproducen con
demasiada facilidad en los espacios online. The Guardian no es
inmune-razón por la que una de mis primeras iniciativas con jefa
editora fue lanzar la Web We
Want project
,
con la idea de combatir los abusos de la cultura general online y
preguntarnos como institución cómo podíamos fomentar
conversaciones mejores y más cívicas en la web.
Ante
todo, los retos del periodismo de hoy no son simplemente la
innovación digital o la creación de nuevos modelos de negocio. Es
establecer qué papel juegan todavía las empresas periodísticas en
el discurso público que se ha vuelto increíblemente fragmentado y
se ha desestabilizado dramáticamente. Los asombrosos acontecimientos
políticos del año pasado – Incluído el voto
del Brexit

y la emergencia
de Donald Trump

como candidato republicano para la presidencia en Estados Unidos- no
son solo las consecuencias del resurgimiento del populismo o de la
revuelta de la izquierda tras el capitalismo global.
Como
el académico Zeynep Tufekci argumenta en un ensayo
a principios de este año, el ascenso de Trump “es de hecho un
síntoma de la debilidad de los medios de comunicación en
desarrollo, especialmente en cuanto al control de lo es aceptable
decir”(podría decirse algo parecido de la campaña del
Bexit)”Durante décadas, los periodistas de las grandes medios de
comunicación actuaban como guardianes que juzgaban qué ideas podían
discutirse públicamente, y cuáles eran consideradas demasiado
radicales”, escribió Tufecki. El debilitamiento de esos guardianes
es positivo y negativo a la vez; hay oportunidades y hay peligros.
Como
podemos ver del pasado, los antiguos guardianes eran capaces de
causar enormes daños, y solían ser arrogantes rechazando dar
espacio a temas que ellos juzgaban que estaban fuera del consenso
político establecido. Aunque sin alguna forma de consenso sería
difícil que enraizara alguna verdad. La baja de los guardianes ha
dado a Trump el espacio para sacar a relucir temas que antes eran
tabú, como el coste del tratado de libre comercio que beneficia a
las empresas más que a los trabajadores, un asunto que las élites
americanas y muchos de los medios de comunicación habían ignorado
mucho tiempo- con lo que ,de una forma obvia, permitieron que sus
intolerables mentiras florecieran.
Cuando
el sentimiento dominante es contra las élites y contra las
autoridades, la confianza en las grandes instituciones, incluyendo a
los medios de comunicación, se desmorona.
Creo
que merece la pena luchar por una cultura periodística fuerte.
También por un modelo de negocio que sirva y recompense a los medios
de comunicación que pongan la búsqueda de la verdad en el centro de
todo –construyendo un público informado, activo, que escudriñe al
poder, no a una pandilla reaccionaria mal informada que ataque a los
vulnerables. Los valores tradicionales del periodismo deben ser
abrazados y celebrados: investigar, verificar, recolectar todas las
declaraciones de los testigos, intentar de forma seria descubrir lo
que de verdad ha pasado.
Tenemos
el privilegio vivir en una época en la que podemos usar muchas
nuevas tecnologías- y la ayuda de nuestra audiencia- para hacerlo.
Pero debemos también luchar con los problemas que apuntalan la
cultura digital, y darnos cuenta de que el cambio del medio de papel
al digital nunca fue sólo una cuestión tecnológica. Debemos
también abordar las nuevas dinámicas de poder que estos cambios
han creado. La tecnología y los medios no existen de manera aislada-
ayudan a dar forma a la sociedad, de la misma forma que ésta les da
forma a ellos. Lo que implica involucrase con la gente como actores
cívicos, ciudadanos, iguales. Es mantenerte fuerte para rendir
cuentas al poder, luchando por un espacio público, y asumir la
responsabilidad de crear el tipo de mundo en el que queremos vivir.