La culpa no fue D´Hondt

María Ramos y Pablo Simón
Analistas políticos. Texto publicado por primera vez en Politikon
El sistema electoral español es original. Muy original. Tanto, que llega a resultar “maquiavélico”, como muchas veces se le ha llamado (por ejemplo aquíaquí oaquí)¹. Una de las distorsiones más sonadas es el de la desproporcionalidad que genera a pesar de ser formalmente un sistema proporcional. Es decir, el hecho de que la proporción de votos de cada partido no tenga un reflejo fiel en la proporción de escaños. En las recientes elecciones se ve claramente esta distorsión:
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Como se observa, el PSOE y especialmente el PP han conseguido más escaños de los que le corresponderían por número de votos si la conversión de votos a escaños fuera absolutamente proporcional. Las diferencias son de 4 y 6,2 puntos porcentuales respectivamente. Por el contrario, Podemos (-0,9), Ciudadanos (-2,5) e IU-UP (-3,1) han sido los más perjudicados. Para los partidos de ámbito no estatal la diferencia sin embargo es mínima: obtienen prácticamente la misma proporción de escaños que de votos.
Este patrón es el mismo que se viene dando desde 1977. Como se observa en la siguiente tabla, este sistema electoral sistemáticamente favorece a partidos de ámbito nacional con bastantes votos (ahora PP y PSOE y anteriormente a la UCD);perjudica a partidos de ámbito nacional con menos apoyos (históricamente PCE/IU, y ahora en gran medida a Ciudadanos y Podemos); pero es neutral a partidos nacionalistas o regionalistas concentrados en un territorio concreto (CiU, ERC, PNV, etc). Es decir, la mayor penalización en términos de proporcionalidad siempre ha estado en terceros y cuartos partidos de ámbito estatal, especialmente porque tenían el voto más disperso y por debajo de aproximadamente 15%. Es por esto que perjudicó también a Alianza Popular en las dos primeras legislaturas. En el caso de los partidos nacionalistas sin embargo la concentración del voto en determinadas provincias ha hecho que siempre obtuvieran aproximadamente los escaños que les correspondían por votos.
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Todos los sistemas electorales generan desproporcionalidad (pero unos más que otros)
Es evidente que todos los sistemas electorales son instituciones redistributivas. No son neutrales y siempre benefician a unos partidos en detrimento a otros. Por tanto, todos los sistemas electorales del mundo generan cierta desproporcionalidad y funcionan en parte como el Sheriff de Nottingham, robando a los (partidos) “pobres” para dárselo a los (partidos) “ricos”.
Sí, todos los sistemas electorales generan cierta desproporción. Eso es cierto. Pero unos más que otros. Lo peculiar del caso español es que teniendo una fórmula de reparto  básicamente proporcional, como es la fórmula D´Hondt, sus efectos sean en gran medida mayoritarios. De hecho, cuando se comparan índices de desproporcionalidad, como por ejemplo el índice de Gallagher, el valor promedio de desproporcionalidad del sistema electoral español lo sitúan más cerca de sistemas con fórmulas de reparto mayoritarias que de fórmulas proporcionales².
Continuamente se acusa a la fórmula de reparto, la fórmula D´Hondt, de esta distorsión. Pero no. D´Hondt no es el culpable. Al menos no el principal culpable. Quizá con otras fórmulas como por ejemplo la fórmula Hare el efecto sería algo más proporcional, pero el problema fundamental no está en la fórmula. El “culpable” como se mostrará a continuación es en mayor medida la magnitud del distrito, es decir, el tamaño de las circunscripciones.
La desproporción se debe al pequeño tamaño de las circunscripciones
Independientemente de la fórmula de reparto, en circunscripciones muy pequeñas es virtualmente imposible un reparto proporcional si hay más partidos en liza que escaños a repartir. Esto es así tanto si la fórmula de reparto es D´Hondt como si los escaños se repartieran por una regla de 3 simple. Pensemos por ejemplo que si sólo hay 3 escaños a repartir y 4 partidos obtienen representación, por mucho que los porcentajes fueran parecidos, es evidente que uno de ellos jamás podrá conseguir representación.
Guadalajara ha sido ejemplo de ello. El domingo PP y PSOE obtuvieron cada uno un escaño de los tres en juego. Ciudadanos y Podemos consiguieron porcentajes muy similares (18.1 y 17.5, respectivamente), pero sólo uno de ellos, Ciudadanos, obtuvo representación allí. De antemano se sabía que uno quedaría fuera, por más que las diferencias fueran mínimas: menos de 1000 votos. Lo mismo, pero al contrario, ocurrió en La Rioja. De los cuatro escaños a elegir, dos fueron para el PP, uno para el PSOE y el tercero finalmente para Podemos. La diferencia entre ambos aquí también era muy reducida, no llegó a 1000 votos (27 941 Podemos, 26 719 Ciudadanos). Ejemplos parecidos se han repetido en las circunscripciones de menor tamaño.
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En las circunscripciones grandes, sin embargo, D´Hondt no genera estas distorsiones. Como se observa en la tabla anterior, en Madrid y Barcelona las discrepancias entre el porcentaje de votos y escaños es mínima. A medida se reduce el tamaño de la circunscripción, especialmente desde los nueve diputados, la proporcionalidad empieza a caer. Lo más importante para que te toque pastel no es el criterio de reparto sino cuántas porciones hay para repartir. Es decir, cuantos escaños hay en juego. Dejemos descansar tranquila a la madre de Victor D´Hondt.
Nota:
En este artículo nos hemos referido exclusivamente al sesgo de proporcionalidad, que evidentemente es diferente del otro problema, el del prorateo (“que todos los votos valgan lo mismo en todas partes”), y que se refiere a la relación entre el porcentaje de población y el de escaños en juego. Es importante distinguirlos bien. Al fin y al cabo, podrías tener distritos unipersonales de 180.000 habitantes en toda España y los votos valdrían lo mismo en todas partes pero la desproporcionalidad sería aún mayor.
¹: El origen del calificativo de “maquiavélico” para referirse al sistema electoral español fue pronunciado por primera vez por Alzaga, catedrático de Derecho Constitucional, diputado de UCD y además uno de quienes diseñaron el sistema electoral vigente. Como él mismo reconoce en su Comentario sistemático a la Constitución, el encargo era formular una ley a través de la cual el Gobierno (de UCD) pudiese obtener mayoría absoluta a partir de una intención de voto de apenas un tercio.
²: Véase por ejemplo la Tabla 6. del Anexo II del Informe del Consejo de Estado sobre las propuestas de reforma electoral.

“El centro está donde vives, no donde ellos dicen que está”

Sara Calvo Tarancón
Periodista miembro de la comunidad del Master en Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digitales

El sol parece distinto desde el Morro da Babilônia. Muchas favelas de Río de Janeiro cuentan con unas vistas privilegiadas porque se levantan en la ladera de los numerosos cerros de la ciudad, a los que se les llama morros. En un pequeño bar que corona la montaña, en frente de las playas de Leme y Copacabana, sirven cerveza Itaipava bien fría, batata doce, bolinhos de aipim y banana da terra frita.Desde ahí arriba parece que el horizonte de la ciudad ofrece infinitas posibilidades.
La bahía se ve inmensa, cristalina. La luz del atardecer se va escondiendo detrás del cerro del Corcovado sobre el que alza sus brazos y sus 38 metros de altura el famoso Cristo de Río de Janeiro, que vuelve multicolor su cuerpo de granito al caer la noche. Entre las nubes que suelen acariciarle los pies y la luz que proyectan los focos, a veces da la sensación de que el Cristo Redentor realmente esté bajando del mismísimo cielo para perdonar los pecados del pueblo carioca y de sus gobernantes.
Vitor Grilo. Las vistas del horizonte desde el Morro de Babilonia.
Vitor Grilo. Las vistas del horizonte desde el Morro de Babilonia.
Más abajo, los niños hacen uso de las plazas y juegan al fútbol descalzos, con un balón que suele terminar en los tejados de las casas vecinas. El sonido de las risas se mezcla con el rugido de las enormes pantallas de televisiones ultraplanas en casas a medio construir. Noticiarios, reality shows y películas de vaqueros hablando português en Full HD para niños con la cara sucia.
Todo el mundo sabe que a una favela de Río de Janeiro no se entra a pasear. A veces las personas que habitan estas comunidades se sienten como si vivieran en un zoo al que van a sacarles fotografías y a experimentar políticas de desarrollo social los voluntarios -quizá a veces demasiado blancos, con pasaporte europeo y afán asistencialista- que viven en barrios de clase media mucho más céntricos. Además, el proyecto de ‘pacificación’ de las favelas que empezó en 2008 está siendo cada vez más cuestionado, entre otras cosas por el abuso de la violencia por parte de las UPP, las Unidades de la Policía Pacificadora, que nunca consiguieron acabar con el narco sino más bien dispersarlo hacia la periferia. Hoy en día está concentrado en puntos calientes como el Complejo de Maré, donde viven más de 16.000 vecinos.
Vitor Grilo. El grupo 'Jardines suspensos' hizo un taller en Maré para niños y jóvenes.
Vitor Grilo. El grupo ‘Jardines suspensos’ hizo un taller en Maré para niños y jóvenes.
La Cumbre de la Tierra organizada por la ONU y celebrada en Río de Janeiro en el año 1992 dejó en herencia unas grandes lonas que las comunidades utilizan como centros para actividades culturales. Una de las más conocidas, la Lona Cultural Municipal da Maré organiza desde Rodas de samba hasta talleres para la construcción de espacios verdes en las casas de las comunidades, como el que llevó a cabo el grupo de trabajo ‘Jardines suspensos’, uno de los colectivos participantes en la segunda edición del LABICBR, el Laboratorio Iberoamericano de Innovación Ciudadana de Brasil, que se ha celebrado en Río de Janeiro. En él han participado más de 100 personas de 14 países diferentes constituidas alrededor de 12 grupos de trabajo que abordan distintas problemáticas de Brasil, pero que también buscan resultados replicables y adaptables a cualquier país. De ahí han surgido, por ejemplo, prototipos para monitorizar vectores de dengue, programas para dar vida a las plazas de los barrios o propuestas de radios comunitarias utilizando tecnología Raspberry Pi
Vitor Grilo. Un ejemplo de cómo se tejen las redes afectivas en el Labicbr.
Vitor Grilo. Un ejemplo de cómo se tejen las redes afectivas en el Labicbr.
Muy cerca de la Lona, en un bloque de casas colindante, se encuentra la Radio Comunitaria de Maré. En la puerta del edificio, un joven que no ha cumplido los 15 protege, con un fusil de esos que solo se ven en los documentales sobre la Guerra del Golfo, una boca de fumo: un punto de venta de droga. En los meses previos al Mundial de Fútbol de 2014, el ejército brasileño ocupó el Complejo de Maré para aplicar mano dura contra el narco antes de la celebración del gran evento futbolero. Un alto cargo militar aprovechó la larga tradición de la radio comunitaria y reclamó un espacio para responder preguntas a la comunidad. Lo que en un principio parecía un altavoz para darle publicidad al Ejército se convirtió en un espacio en el que la comunidad denunciaba los casos de abusos de poder por parte del mismo Ejército. La primera fue Doña Lucía, vecina de Maré y oyente de la radio desde hace 10 años. Llamó en directo para pedir explicaciones al General sobre por qué uno de los suyos le había apuntado sin motivo alguno con una pistola a ella y a su hija, cuando bajaban a hacer la compra.
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Más de un millón de personas viven en las favelas de Río, hoy ya liberadas en parte de la ocupación militar pero con muchos otros problemas a los que hacer frente y con más que se esperan para el próximo año, cuando la ciudad sea la sede de los Juegos Olímpicos. Los periódicos publicaban hace pocas semanas la noticia  de que la Policía (que sigue estando militarizada) había matado a tiros a cinco jóvenes de entre 16 y 25 años sin ni siquiera dejar que salieran del Fiat Palio blanco que conducían en las polvorientas calles de la favela de Lagartixa, dentro del Complexo da Pedreira, en la zona norte de Río de Janeiro.

A 12 kilómetros del Morro da Lagartixa se encuentra elComplexo do Alemão. Allí murió por un disparo de la Policía Militar el pasado mes de abril un niño de 10 años mientras jugaba en la puerta de su casa. Fue la cuarta víctima en menos de 24 horas que perdió la vida por las supuestas balas perdidas de las armas de la Policía. Cerca del Complexo do Alemão está Penha, el barrio donde vive Herbert, un joven de 24 años que acude a las clases gratuitas que se imparten en el Centro de Referencia de la Juventud (CRJ) de Ciudad de Dios sobre programación y diseño web.
Herbert se acercó al Palacio Capanema, sede de esta última edición del Laboratorio Iberoamericano de Innovación Ciudadana, para hablar con el colectivo de trabajo de Redes de Telecomunicación Comunitarias: quería que su comunidad aprendiera a instalar una red libre tanto para interconectar a los vecinos como para compartir el wifi. Los propios alumnos del CRJ son los que gestionan la página web de Ciudad de Dios, una comunidad que se hizo famosa por la película de Fernando Meirelles.
Ciudad de Dios cuenta con una radio comunitaria en la que participa Douglas, un chaval de veintitantos que quería aprender a flashear el firmware de los routers del CRJ para formar una red comunitaria libre y compartir su wifi con el resto de vecinos. Douglas comenta que los gobernantes siempre se olvidan de la periferia porque no hay turistas ni nada que dé dinero, solo personas. “Quieren que mi comunidad, Ciudad de Dios, se convierta en una zona de paso hacia la Barra de Tijuca”, una zona de barrios lujosos y centros comerciales. “El centro es donde vives, no donde dicen ellos que está. Y si Ciudad de Dios no lo es, haremos que lo sea”.

Los agujeros negros del periodismo español (III): Rivera o el Aznarato II

Víctor Sampedro

Catedrático de Comunicación Política

Este es un posible escenarios después del 20D. A la vista de lo expuesto en las dos anteriores entregas (La democracia de plasma y el periodismo contemplativo y Sin protocolo profesional y responsabilizando a los más débiles), que no se plantee en los medios le añade credibilidad. Sería resultado del carácter contemplativo de una Prensa que, ansiosa por renovar el plantel de figurantes políticos, remezclará viejos y nuevos “valores” en una nueva edad de oro conservadora. Emulando aquella en la que el negacionista y guerracivilista Pío Moa era autor de mesilla de noche del Presidente Aznar. El monocultivo anti-etarra cosechaba votos a izquierda y derecha; y a J. Medem le acusaban de filoetarra por colocar la pelota vasca en el tejado de la negociación. Negociar equivalía, entonces, a rendirse. Y los próceres de la patria administraban tratamiento antiterrorista a sus enemigos políticos.
ETA representaba el último vestigio del franquismo, el único residuo fascista. Y quienes no lo suscribiesen sin matices ni añadidos, militaban en ella. El racismo era patrimonio exclusivo de Sabino Arana y sus nietos. Contar sus muertos y erigir a las víctimas en jueces, una práctica periodística muy extendida, con el consiguiente olvido de las cunetas del franquismo. Columnistas y tertulianos alardeaban de testosterona y llamaban a las filas de la Unión, a una guerra civil que se libraba en Euskaherria. El uso de ese término despertaba suspicacias de pertenencia a un “entorno” etarra sin contornos, infestado de disidentes y resistentes.
La Aznaridad, según M.V. Montalbán, o el Aznarato, en términos de J. Tussel, pueden revivir tiempos de gloria. J.M. Aznar – el primer expresidente de Gobierno que no hace campaña electoral por su partido – pudiera ser el triunfador de las elecciones. No él, sino su forma de gobernar, basada en la polarización y la crispación, que excluyen al oponente hasta criminalizarlo. ¿Se acuerdan de ZetaP? Dejen volar su miedo. Imaginen que, ya en Gobierno de coalición, los cantores más agrestes del PP se juntan con A. Rivera (ansioso por suscribir el pacto antiyahista), para entonar cantos de guerra, después de corear La Marsellesa y antes de bombardear Siria. Reemplacen a Ibarretxe por A. Mas (o quien le sustituya); e intercambien HB-Batasuna por la CUP. Verán cerrarse el cerrojo constitucional a un referéndum sobre independencia, federalismo y todo lo que pretenda rebasar el marco actual. Su cuestionamiento será antisistema, término que acabaría abarcando lo que no fuese puro Aznarato.
Mantener el régimen del 78 y el duopolio PP-PSOE, apoyado en los nacionalismos periféricos, parece ya imposible. Los pasos dados en Cataluña hacia la independencia y la respuesta de las instituciones españolas no tienen fácil vuelta atrás. El régimen se resquebraja por lo nacional y no por lo social. Minentras el 15M representaba una contestación tanto a la degradación política como a los recortes. Pero la crisis no ha tenido otra traducción significativa que el cuestionamiento de la integridad de España. En ese tema confluyen la nueva y la vieja derecha de Cs y el PP. Una, nacida para combatir el nacionalismo catalán en las urnas y la otra, que lo combatió con las armas. Ahora el armamento será otro.
El Español, el nuevo diario de Pedro J., se cree llamado a ser el baluarte del “nuevo periodismo” y la “regenación”. Bien financiado con macrodonaciones, sería el artefacto mediático-electoral del Aznarato II; lanzado en pleno órdago independentista. Primero, auparía a Ciudadanos. Luego, azuzaría y daría purgante a los cargos del PP, para renovarlo o hundirlo. Todo depende de las cuentas y las conveniencias.  Ramírez viene de lejos y encarna una figura única en la historia universal de la infamia periodística. Es el único director de un periódico que llamó a boicotear otro diario. Porque, aunque afín, no abrazó su teoría de la conspiración del 11M. En realidad, le permitió desbancar al periódico boicoteado, ABC, del segundo puesto de difusión. Mientras su conmilitón Jiménez Losantos alcanzaba otro logro semejante, colocando a la COPE por encima de Onda Cero. Luego alzaría su propia empresa, Libertad Digital, aliándose con el ala más dura del PP. Recibió dinero de la caja B y licencias de los gobiernos autonómicos “populares”, mediando las transacciones aquel Ministro de Interior que veía a ETA donde los Tedax constataban evidencias yihadistas. La conspiración del 15M fue el huevo de la serpiente que el Aznarato dejó para mantener la crispación. Después del 20D puede eclosionar de nuevo.
Las encuestas pronostican un gobierno del PP, apoyado por (o en coalición con) Ciudadanos. Y la lógica partidaria señala que los de Rivera intentarán desgastar a sus socios, para convertirse en primera fuerza política. Es el contexto de tormenta perfecta para Pedro J. El Español, toma el nombre de la publicación de José (o Joseph) Blanco White: un cura liberal, que vivió a caballo entre los siglos XVIII y XIX, y que murió exiliado y convertido al protestantismo.
A Ramírez le sulibeyaría encarnar el retrato que Gotisolo realiza de semejante heterodoxo: “expatriado atrabiliario, monstruo, corruptor de la moral pública, venal y traidor, perro desleal, español desnaturalizado, pluma sanguinaria y atrevida, anglo-criollo…” Pero existe otro antecedente periodístico, quizás más revelador: El Español de Adolfo Muñoz Alonso. En palabras de Gregorio Morán, fue el “artífice de la expresión el contubernio de Munich [estigma oficial del germen de la oposición antifranquista], presunto filósofo y acaparador de cátedra en la Universidad de Murcia, presidente de las Asociaciones de la Prensa de España, director de la Escuela de Periodismo que se movía (…) tanto en los entornos de la Falange como del Opus Dei”. Entornos en los que Pedro J. también se desenvuelve con facilidad.
El referente de Blanco White resulta útil por sus giros pendulares ante la integridad territorial, el campo de batalla que el Aznarato intentará dominar, situándolo en el centro de la vida política. El cura hereje experimentó una evolución drástica respecto a la independencia de Hispanoamérica. Comenzó defendiendo la unidad del Imperio. Para postular luego una confederación de Estados independientes, pero vinculados al monarca. Y acabó resignándose a la separación total de las colonias respecto a la metrópolis. Virajes que no son ajenos a Pedro J en su etapa de El Mundo. Arrancó en 1989 defendiendo la autodeterminación del País Vasco. Pasó a denunciar el genocidio cultural de la política lingüística catalana. Y acabó tachando al Tripartito Catalán de secesionista.
Proclive a pensarse el factotum de nuestra épica reciente, Pedro J. explicó su salida de El Mundo por presiones de Moncloa y su intento de derrocar a Rajoy. Antes se arrogó haber finiquitado el felipismo y catapultar a Aznar hacia la Moncloa. Incansable muñidor de campañas, montó la de UpyD; infopublicitaria, antes que informativa. Noten la similitud de la tríada Unidad, Progreso y Democracia con aquella de Una, Grande y Libre. Los mismos campos semánticos e idéntico orden. La Unidad es el arranque del imaginario conservador, el punto de partida, sin el cual no hay desarrollismo ni democracia. Perciban la pujanza de esta tesis en el argumentario españolista que alerta de la debacle económica y de las libertades en una Catalunya republicana. Serán también las tesis de sus antagonistas tras el 20D, disfrazados de liberales y jacobinos. La mancheta de El Español se ajusta a la careta de Ciudadanos: el cromo de recambio, la nueva apuesta.
No olvidemos que Blanco White murió como arzobispo anglicano de Dublín y siendo un ferviente partidario del unionismo. La españolidad, de aromas aznaristas y retrogusto requeté, puede modernizarse con la GeneraciOnEncontrada (sic, Banco Santander), con los babyboomers nacidos del pelotazo inmobiliario. Los de la ética pública equiparada a la responsabilidad social corporativa; la patria, a la empresa; y la bandera, a la marca. Para cierto nuevo periodismo, también todo sigue en venta.

Los agujeros negros del periodismo español (II): Sin protocolo profesional y responsabilizando a los más débiles

Víctor Sampedro 

Catedrático de Comunicación Política

Desde las elecciones de 2011, los medios no han logrado forzar una sola dimisión en las cúpulas de los partidos más asentados. Han dimitido algunos cargos técnicos, de rango medio o ámbitos locales. Pero cabría preguntar si fue la presión popular o la mediática quién tomó la iniciativa (por ejemplo, en las Black Cards)

o ejerció más presión. Éste parece ser el caso de las dos únicas dimisiones de ministros: la del titular de Justicia, A. Ruiz Gallardón (blanco del feminismo post15M, por su ley del aborto) o la de Sanidad, Mato (por su inacción ante el Ébola y su implicación en la Gürtel). En cualquier caso, no eran piezas clave del Gobierno.

Podría argumentarse que en las redacciones no se dictan las leyes ni las sentencias de corrupción. A la falta de medios independientes y su posición contemplativa ante el espectáculo político, expuestas en la anterior entrega, se suman los parlamentos sin comisiones de anticorrupción y los partidos sin órganos de garantías y disciplina internas. Amén de los magistrados y letrados elegidos a dedo, según el número de escaños. Pero el contexto de politización institucional a mediados de los 90 era semejante. La ausencia de mayoría absoluta del PSOE explicaría la mortandad política entre sus filas, en comparación con la salud de hierro de un PP que, asolado por casos de igual o mayor calado, se postula como la fuerza más votada. Este sesgo conservador de la Prensa se reproduce ahora en el desigual tratamiento que reciben Podemos y Ciudadanos. Los informadores no comparten un protocolo profesional. Pero apelan a él y lo aplican con rigor contra las fuerzas política más transformadoras o disruptivas.
Forzar una dimisión es la máxima rendición de cuentas a la que puede aspirar un periodista. Y los escándalos, el género más eficaz y popular de lograrlo. Pero cuando se generaliza acaba banalizándose y generando un clima de impunidad. Algo que, en buena lógica, rentabiliza quien más tiene que ocultar; pero que los periodistas parece que obvian u olvidan. La imagen de prepotencia de los líderes de Podemos empezó a fabricarse (aparte de por algunos innegables y garrafales méritos propios) cuando se les recriminaba que rechazaban comparecer en programas a los que, sin embargo, nunca acudían líderes del Gobierno o del PSOE. Recuerdo a un alumno de un Máster de Comunicación Política, precario de un medio digital minoritario, tachar a Monedero de prepotente por no concederle una entrevista en pleno estallido de su caso. Invertía la recomendación del gran E. Meneses a los jóvenes periodistas : “sed blandos con el débil y duros con los poderosos”. En paz esté. Meneses, no el alumno, claro.
Las dimisiones se han producido entre las fuerzas políticas emergentes. J.C. Monedero y G. Zapata serán recordados como las únicas piezas de la casta abatidas por el periodismo español de inicios del s. XXI. El primero no ocupaba cargo ni manejaba dineros públicos. Tampoco cometió delito fiscal alguno; como mucho una falta, que subsanó pagando. Zapata resultó electo, pero no llegó a tomar posesión por una fanfarronada en Twitter, sobrepasada cada día por los bocazas de otras formaciones. Pidió perdón y disculpas, que fueron interpretadas por muchos como falta de coraza y profesionalidad. Como ya he expuesto, la falta de consistencia de los líderes de la “nueva política” y de sus propuestas, apenas disimuladas con prepotencia o autosuficiencia, ofrecen flancos muy vulnerables. Pero no son patrimonio exclusivo de ellos.
No encontraremos encándalos ni juicios sumarísimos tan sonados entre los candidatos de Ciudadanos. A lo que se replicará que a muchos les han descubierto trapos sucios. Considérese, sin embargo, que hablamos de una formación cuya vida abarca casi una década de convivencia (y, por tanto, de forzosa connivencia) institucional. Pregúntenle a la gente por los corruptos de las formaciones de A. Rivera, P. Iglesias y M.Carmena. Registren los abrumadores “no sé / no se me ocurre” de la formación naranja. Y la omnimpresencia de Monedero o, incluso, de Carmena por sus veraneos de lujo y atentados ecológicos. Lógico: la opinión pública es igual a la opinión publicada y esta, en algunas ocasiones, a la votada. Extendiendo la mancha de corrupción a todos, se la normaliza e inhabilita como argumento electoral. Dosificada adecuadamente a los neófitos de “la casta”, sirve para señalar al escudero o comparsa predilecto.
La estrategia editorial-partidista que subyace es obvia. El PP y el PSOE constataron hace tiempo la imposibilidad de alcanzar la mitad de los escaños del Congreso. Ni por separado, primero; ni siquiera juntos, después. La desigual cobertura de Podemos y Ciudadanos se explica por cuestiones de afinidad ideológica y futuros cambalaches gubernamentales. Podemos, apoyado ahora por las formaciones municipalistas, no disputará a Ciudadanos la posibilidad de forzar o encabezar el cambio. Así lo vienen afirmando durante todo este año los editoriales, que determinan el tono de las noticias. Y se repite machaconamente desde las encuestas y las tribunas de opinión.
Estamos ofreciendo un ejemplo de desigualdad acumulativa de manual. Una prensa que da más y mejor visibilidad a quien ya cuenta con más apoyo corporativo y financiero. Quien también controla los contrapesos parlamentarios y jurídicos, convirtiéndolos en martillo de la oposición. Le sería imposible hacerlo si hubiese un protocolo profesional, asumido como línea de flotación del periodismo veraz. No el de la verdad. Sino el que duda de sus verdades y recoge la que se asienta en la realidad y en debates públicos que abordan los intereses de la mayoría o minorías más significativas. Como señalaba M. Caparrós en este blog, ese periodismo proclama “No soy neutral; nunca lo fui, no quiero serlo. Tengo ideas, solo que trato de desconfiar de ellas: de ponerlas a prueba”.
Las redacciones de algunos medios conservadores nunca necesitaron protocolo profesional. Su verdad precede a los hechos. El editorial-homilía no requiere datos ni testimonios contrastados, tampoco argumentarlos con lógica. La teoría de la conspiración del 11M, reavivada con los atentados de París, es un ejemplo ignominioso denunciado en este blog. Quienes pretendían descubrir los “agujeros negros” de la masacre nos hundieron en la pre-Ilustración. Sus valedores inventaron, forzaron y tergiversaron pruebas y testimonios. Nunca sostuvieron una única tesis razonada y lógica. Cuestionaron las pruebas oficialeslas sentencias en firme sin aportar nuevas evidencias. Rasgos propios de una Prensa anterior al siglo de la Razón y contraria al Estado de Derecho. Constituyen motivos de vergüenza para una profesión que aún no ha expulsado de su gremio a sus portavoces o que, como en el caso de P.J. Ramírez, se postulan como abanderados del nuevo periodismo.
Pero no adelantemos la última entrega de esta serie. Importa ahora reparar en que los periodistas están representado por el último sindicato vertical del franquismo: las Asociaciones de la Prensa. Afirman defender con igual intensidad tanto a los becarios y redactores precarios como a los directores o propietarios que les precarizan. Las AP (con idénticas siglas que Alianza Popular, precedente del PP) apenas disimulan sus orígenes, ligados (también) a la franquista Prensa del Movimiento. Baste recordar que la Asociación de la Prensa de Madrid exigió al Ayuntamiento de la capital que retirase la web donde expone las mentiras periodísticas que sobre él se vierten, probando su falsedad factual y documental. A pesar de que madridvo resulta tan inocua que no ofrece vías para protestar o quejarse, la APM asegura que puede “crear un clima de animadversión hacia los medios y los periodistas” y remite a los juzgados las posibles quejas (aunque disuadiendo de iniciar procesos legales, pues advierte de su saturación). Adviértase que es la misma respuesta que dan los políticos corruptos: “usted pone en riesgo la institución y a los tribunales le remito”. Lo mejor es el arranque del comunicado de la APM: no reconoce como “garantía de verdad o veracidad” el contraste de las noticias con las actas de las sesiones plenarias del Ayuntamiento de Madrid.
Arrogarse el monopolio de la verdad y de la crítica, renunciando a unos estándares de calidad y protocolos profesionales mínimos, es propio de un periodismo que se quiere libre e irresponsable. Libre para lucrarse, incluso mintiendo. Responsable solo ante los bancos y fondos de inversión, sus dueños y anunciantes.
Más allá de la economía política de las empresas, también pesa la cultura política de los profesionales. Incluso los medios minoritarios más proclives al 15M o que se reclaman sus portavoces practicaron el periodismo “de investigación” al servicio de las fuentes con mayor poder: los dossieres oficiales se filtran y publican en el momento adecuado, para combatir al enemigo político. El caso Monedero coincidió en el tiempo con el de H. Falciani. La filtración del hacker identificaba a cientos de titulares de cuentas opacas en el extranjero, que también eran candidatos a las elecciones municipales y autonómicas. Semejante información pasó casi inadvertida, ante el interés suscitado por “los dineros de Chaves” con los que Monedero montó “el imperio mediático” de La Tuerka. Luego vendrían los escándalos de la familia Pujol y de Convergencia i Unió, en la batalla mediática lanzada desde el Ministerio de Hacienda para frenar la deriva independista de Cataluña.
Cuando C. Montoro anunció una inspección fiscal contra P. Iglesias solo un columnista clamó: “Sus derechos son los míos.” “¿Esto qué es? ¿Venezuela?” “¿Hacienda qué es? ¿la Inquisición fiscal?” Y, de paso, proponía al ministro: “Haga la inspección de todos los que han seguido a los Pujol… venticinco años protegiéndoles”. El ínclito Jiménez Losantos, abanderado impenitente de la conspiración del 11M, sentaba cátedra sobre deontología periodística. Mientras criticaba el uso gubernamental de las fuentes oficiales, señalaba el próximo objetivo a abatir. Quien establecía los límites deontológicos y del Estado de Derecho, jaleaba saltárselos. En fin, lo propio de una profesión sin otra limitación que la autoimpuesta. O peor aún: la fijada con sus conmilitones políticos, según la campaña y el enemigo del momento. Y que, para más INRI, no encuentra contrapeso en el otro lado del espectro ideológico.
A la fragilidad de la economía-política de las empresas de comunicación se añade la cultura política que impera en la profesión, no muy diferente de la (in)cultura política general: antidemocrática e inconsistente. Incluso, inexistente. A la nomenclatura de Podemos se le ha reprochado el intrusismo y el personalismo que implicaba actuar desde medios propios y hacerse ominipresentes en los ajenos. Sin reparar en que es un prerequisito de acceso al campo de juego electoral (que te reconozcan en las papeletas) y, antes de nada, el derecho inalienable de cualquier ciudadano, sin necesidad de ser asalariado de un medio o graduado en Comunicación.
La “nomenclatura podemita” ha sido también criticada “por ir de puros e íntegros”. Escenificándose mediáticamente el aquellarre que hacíamos con el bocazas del cole que había puesto en evidencia nuestra cobardía. Se ha transmitido hasta la saciedad el mensaje tantas veces dictado en casa y en las aulas: “No te signifiques”. Aplicándoselo a quien había retado a Montoro (“No te tengo miedo”) y anunciado que el “el miedo va a cambiar de bando”. Pero la Prensa funcionó al servicio de una sociedad censora y asumió dirigirse a una ciudadanía de bajo perfil. Aplicando, además, el correctivo adecuado al disidente: tragarse su propia medicina, con doble dosis. Un proceder, en suma, propio de un régimen represor y de una democracia de baja intensidad.
Las maltrechas culturas de izquierda y militancia social (incluida, por supuesto, las que se disputan Podemos) apenas han servido para articular políticamente el consenso del 15M. Los medios que se reclaman quincemayistas erigieron portavoces oficiales de los indignados a quienes elaboraron la interpretación más subjetiva, personal y despolitizada. Su purismo intelectual, escrupuloso de mancharse con el compromiso político, invita a inhibirse y a delegar en los expertos. Siendo, no por casualidad, una postura idéntica a la de la intelligentsiaprogre de la Transición. E igual de inocua para las fuerzas políticas más pragmáticas y acomodaticias.
Por último, el retrato mediático de la izquierda más allá del PSOE lo componen facciones encontradas e incapaces de confluir. Las voces más extremistas y ortodoxas han encontrado espacio para expresarse a pleno pulmón. El cainismo endogámico y los discursos de autoconsumo señalan la comodidad de dirigirse a las facciones y sectas de acólitos ya conocidos. Expresan, en fin, la renuncia o la incapacidad del periodismo que se proclama progresista para hablar con y por la mayoría social transformadora. Lo cual abre campo para que otros lo hagan desde la fusión entre lo más rancio y lo más nuevo de la derecha. ¿Será el Aznarato II de la próxima entrega?

Los agujeros negros del periodismo español (I): La democracia de plasma y el periodismo contemplativo

Víctor Sampedro

Catedrático de Comunicación Política

Esta campaña electoral arrancó hace cuatro años, cuando aún no se había formado el Gobierno de Rajoy. Desde el 15M estamos en campaña, gracias a una ciudanía que, incumpliendo la ley electoral, cuestionó el bipartidismo y los recortes irrumpiendo en las plazas el día de reflexión. Este vacío de representación institucional ha alimentado una campaña electoral permanente, que desborda el sistema político-informativo las 24 horas de los siete días de la semana. Los primeros debates se han realizado en Internet a instancias de una asociación universitaria y un periódico en papel. El infoentretenimiento convierte los candidatos en concursantes de Mira quién baila… o quién canta y tañe la guitarra.Los videos en Youtube han sustituido a los spots electorales y las redes sociales debaten temas propios, dándole la vuelta a la agenda oficial o mostrando la cara oculta de los candidatos… La otra campaña, que dirían los zapatistas, se abre paso en la oficial. Pero sus protagonistas debieran aprender de la renuncia delsubcomandante Marcos a convertirse en fetiches virtuales.
La campaña electoral se juega en los medios más difundidos, que en el caso de los grandes periódicos muestran poca apertura a los nuevos partidos. Esto explicaría por qué nuestros medios aparecen como los peor valorados por su público y son criticados por los colegas extranjeros. No faltan razones. A espera de lo que pueda ocurrir hasta el 20D, la Prensa no ha logrado que “la casta” rinda cuentas, purgue responsabilidades y se regenere. Han pasado cuatro años y tampoco ha conectado con el nuevo clima de opinión del 15M: un consenso antagónico al de la Transición, que ponía el conflicto encima de la mesa, sin aceptar pactos entre las elites y sellados con miedo.
Antes de la muerte del dictador los periodistas ayudaron a articular el consenso necesario para avanzar hacia la democracia. Con sus límites, es cierto, pero algunos arriesgaron mucho. De quienes lo perdieron todo en aquella batalla, casi nadie se acuerda. Ahora en lugar de alimentar la esperanza en opciones políticas de cambio real, el periodismo ha reconducido la energía del 15M a un tablero electoral obsoleto y con fecha de caducidad. Nadie garantiza la duración de un gobierno PP-Cs, pero las encuestas lo anuncian como inevitable. Y lo será si la Prensa no reconoce y rectifica lo que (no) ha hecho hasta el momento.
Varios agujeros negros, como aseguran los astrónomos, concentran y desactivan la energía democrática de la profesión. Con contadas excepciones, los periodistas más conocidos siguen generando unos campos gravitatorios de los que ninguna partícula material, ni siquiera la luz, puede escapar. Los astros políticos de antaño brillan en los titulares, a pesar de que el contenido de las noticias certifiquen su declive. Estrellas, que se saben fugaces, son presentadas con fulgor galáctico. Los medios más influyentes actúan aún como satélites del bipartidismo. Focalizan nuestra atención sin debatir la consistencia de los líderes y de los programas de gobierno que debiéramos avalar en las urnas.
En esta serie de tres artículos abordaré algunas carencias patentes de la Prensa en España. Expresan carencias democráticas, semejantes a las que persisten en asuntos como la memoria histórica y nuestra incultura política democrática, la falta de marco legal para atajar la corrupción o el fraude fiscal… Lo cual quita algo de hierro a lo que aquí se dirá, pero no reduce ni una pizca la necesaria autocrítica, incluida la del que escribe y la de quienes le publican. Que las responsabilidades sean muchas y estén repartidas no exime de identificarlas y acometer cambios inaplazables. La precarización de los profesionales y la bancarrota de la mayoría de los medios informativos resultan insostenibles. La causa no es Internet, si no la incapacidad de entender su apertura y pluralidad. Y, en consecuencia, para recoger las otras campañas electorales que ahí se realizan.
Las amenazas a la libertad de expresión no llegan al extremo de Corea del Norte. Pero hacen aplicables a España las críticas dirigidas (es sólo un ejemplo), al chavismo. Lo veremos en la próxima entrega, en palabras del propio Jímenez Losantos. Y así lo ratifican los medios extranjeros y organismos internacionales. La postración y la degradación actuales de la profesión periodística establecen condiciones mucho peores que las que alumbraron “el Parlamento de papel” de la Transición. Pero, pasados los años, nuestros medios demuestran ser tigres de papel y sus dientes, de leche. Será que nunca mordieron de verdad, ni fueron los perros guardianes de la democracia, tal como establece el periodismo anglosajón, que reinvindicaban ser.
Desarrollaré en tres pasos este argumento: se practica un periodismo contemplativo que, careciendo de un protocolo profesional asumido por todos los periodistas, es subsidiario de quien controla el juego político y económico. Por tanto, es incapaz de exigir a los actores políticos una rendición de cuentas acorde con sus cuotas de poder. En este contexto, un Gobierno de coalición PP-Cs puede representar una regresión equivalente a un Aznarato II: la derecha de toda la vida y la “nueva derecha”, podrían asfixiar el debate público abierto en 2011. Comencemos, pues, aclarando qué entendemos por periodismo contemplativo.
La ausencia mediática de M. Rajoy, excepto en entrevistas no pactadas o conferencias de prensa sin preguntas, y sus desplantes a numerosos debates expresan una realidad más grave. Los medios carecen de legitimidad suficiente para citarle a comparecer sin que una negativa signifique pérdida de votos. O al menos eso creen él y su equipo. Y esto ocurre con el jefe de un Gobierno y de un partido financiados por medios ilícitos. El cambio de los directores de los tres diarios de referencia (El PaísEl Mundo y La Vanguardia) y el reparto de cadenas televisivas en la pre-campaña explica la escasa autonomía de las empresas de comunicación para exigir una rendición de cuentas. “Poder tóxico y medios prostituidos”, concluye J.A. Zarzalejos, poco proclive a los exabruptos.
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La comparación con el periodo de escándalos del PSOE a mediados de los 90 resulta ilustrativa. Porque deja claros el sesgo ideológico y el desigual trato mediático. “Paro, despilfarro y corrupción” fue la triple etiqueta que la Prensa mayoritaria aplicó los últimos gobiernos de González. Es del todo aplicable al PP de hoy. Y al PSOE de antes de ayer. Pero fue sustituido por la falsa portada de un anuncio a toda plana del Banco de Santander en los siete diarios impresos de más tirada. Justo entonces arrancaba este año electoral y Podemos figuraba de primero en la intención de voto. El eslogan bancario rezaba: “GeneraciOnEncontrada” (sic). ¿Se referían a Ciudadanos?
Quienes habían sido los principales anunciantes – bancos, fondos de inversión y responsables de la publicidad institucional – se convirtieron tras la crisis en los principales accionistas de los medios. Con estos nuevos dueños desaparece la veracidad de la información. Esta se convierte de forma inevitable en espot electoral o propaganda corporativa disfrazados de noticias. Y debiera resultar muy pedagógico constatar que la mercantilización total de la información se tradujo en debacle empresarial. Obvio: con noticias gratis en Internet, igual o más fiables que las de pago, se acabó el modelo de negocio. Nadie paga por recibir más publicidad. Frente a las noticias oficiales, mejor reírse de sus protagonistas (de ahí el éxito de la infosátira) o exigirles que den el espectáculo (las tertulias folloneras y las entrevistas del follonero Évole).
Los equipos electorales, por su parte, saben la ineficacia de los discursos mitineros y los anuncios de pago. La escasa credibilidad se compensa con espectacularidad. Por eso los candidatos se convierten en personajes cómicos y faranduleros. Así la anécdota sustituye a la reflexión; la ocurrencia, al argumento; el ingenio, a la coherencia; la puesta en escena, a la contienda democrática. Al final, nadie deber rendir cuentas de lo prometido e incumplido, de lo mentido o robado; porque todo ha sido expuesto en permanente simulacro. Se trata de que el show continue, que no pare nunca.
Que no cese el espectáculo es la máxima que parece regir la profesión. Sin audiencias importantes ni legitimidad compartida, la Prensa española es incapaz de obligarle al poder a comparecer ante ella. Por eso practica un periodismo contemplativo, que pacta las apariciones de los candidatos con el formato y contexto más favorables. La ausencia de competencia política de los candidatos y de consistencia de los programas es encubierta con formatos triviales o en debates amañados con los contertulios oportunos. Respecto al poder económico, ni se le conoce ni se le espera encontrar, excepto como propietario y anunciante. Los empresarios y grandes corporaciones apenas son citados en la cobertura de los escándalos.
El futuro del espectáculo mediático depende de que los nuevos partidos se consoliden como algo más que promesas. Algo que, a su vez, no ocurrirá hasta que los más veteranos abandonen el escenario. Y está claro que no lo harán de motu propio, por mucho que patee el suelo el patio de bucatacas. El teatro es de otros dueños, que no quieren ni saben cambiar la cartelera.

Unión Europea: luchar por la transparencia para una democracia plena

Diego Naranjo y Maryant Fernández

European Digital Rights (EDRi)

Bruselas es el epicentro de un proceso de toma de decisiones que afecta a más de 500 millones de personas y que casi nadie ve. A esta invisibilidad se suma la falta de transparencia en los procesos legislativos europeos. Los llamados “trílogos” y las negociaciones sobre los tratados comerciales son dos claros ejemplos de falta de transparencia, pero también una demostración de que cuando se lucha por ella, la democracia mejora.
Las trabas que hay que pasar para entrar a la sede del Parlamento Europeo en Bruselas son un buen reflejo de cómo funciona el proceso legislativo de la Unión: Mientras los turistas tienen las puertas abiertas al Parlamentarium –el centro de visitas de la Eurocámara– las casetas de obras bloquean la entrada principal del edificio desde hace semanas. Tal y como ocurre con estas barreras físicas, el acceso a los documentos oficiales se encuentra también tras varias barreras que hay que saber sortear.
Uno de los procedimientos más opacos, pero a su vez el más utilizado para aprobar nuevas medidas legislativas comunitarias, son los llamados “trílogos”. Los trílogos son una serie de reuniones entre un número muy reducido de representantes delParlamento Europeo, del Consejo de la Unión Europea y de la Comisión Europea. Originalmente pensados como una vía excepcional para acelerar la toma de decisiones mediante acuerdos “informales”, estas reuniones a puerta cerrada liman y deciden los aspectos esenciales de la normativas comunitarias. Sólo aquellos que tienen contactos en las instituciones podrán tener acceso a los documentos, notas de reuniones y comentarios informales sobre las diferentes propuestas. ¿Y los ciudadanos?
Los ciudadanos tienen que recurrir a ONGs que tengan el peso, experiencia y conocimiento suficiente para poder tener también los contactos y recursos necesarios para acceder y analizar el material obtenido. Como es fácil de imaginar, la correlación de fuerzas entre lobbies y la sociedad civil es tal que mientras que unos luchamos para no ahogarnos en documentos de tres, cuatro o cinco columnas con las diferentes versiones de una normativa y seguir a tiempo las filtraciones que llegan de diferentes fuentes (Wikileaks, Statewatch de otras ONGs como EDRi), los lobbies tienen auténticos ejércitos de informantes, analistas y personal de comunicación para hacer llegar su mensaje.
Pero, si los trílogos son opacos, las negociaciones de los tratados de libre comercio (TTIPTISACETA…) son el secretismo elevado a la enésima potencia. Bajo la excusa de que la publicación de documentos puede perjudicar las “relaciones internacionales” (especialmente entre la UE y los Estados Unidos), las negociaciones son confidenciales hasta el punto de que hasta hace poco, sólo una treintena de diputados (de un total de 750) tenían acceso a los documentos, si bien en una habitación especial en la que los teléfonos y los ordenadores no pueden ser usados.
Afortunadamente, hoy tenemos una novedad. Gracias a la presión pública y la creciente oposición a estos tratados comerciales negociados en la opacidad, la Defensora del Pueblo Europeo inició una investigación y consulta pública sobre la transparencia del TTIP, a la cual muchos respondimos. ¿El resultado? La Defensora del Pueblo ejerció presión para que haya más transparencia y la Dirección General del Comercio de la Comisión Europea elaboró una estrategia para lograrlo. Desde ayer, 2 de diciembre, todos los eurodiputados tendrán acceso a los documentos del TTIP y los mandatos de la Comisión en relación al TTIP y a TiSA han sido publicados. Mañana, el Comité de Política Comercial del Consejo discutirá sobre si hace lo mismo con el tratado comercial con Canadá, el CETA.
En cuanto a los trílogos, la Defensora del Pueblo Europeo también ha lanzado una investigación contra las tres instituciones involucradas. Grupos de activistas que incluyen a EDRiAccess NowAccess Info EuropeCorporate Europe Observatory,Statewatch o X-net han solicitado una reforma de los trílogos para que sean transparentes, abiertos y que los políticos estén sujetos al escrutinio público.
Los políticos europeos no pueden seguir dando la espalda a los ciudadanos y tomar decisiones de manera secreta. Para ello, la transparencia es fundamental. Luchar por la transparencia es luchar por la democracia.
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