Apuntes para reinventar el periodismo (y III)

Omar Rincón
Investigador y profesor de Comunicación y Periodismo en la Universidad de los Andes
 

Llegamos al final de las
reflexiones de intelectuales latinoamericanos acerca del futuro de la
profesión periodística, recogidas por
Omar Rincón. Una serie de tres ondanadas, la primera, de la batalla por la revitalización de esta profesión; y la segunda,
de sus desafíos y mandamientos, culminan en esta tercera, con los
consejos de un periodista que perdió su trabajo por el miedo de los
medios a su independencia:

Es Martín Caparrós, que continúa escribiendo en su blog y en twitter, además de ser autor de muy buenos libros como sus últimos “Una luna”, “Los living” y “Contra el cambio”. En Atrapando el mundo con una camarita [periodismo de campaña: una alternativa para hacer reportajes y crónicas para televisión], Bogotá, Taller de periodismo FNPI, octubre 2002, ofrecía consejos a los periodistas audiovisuales:

·  Narrar en televisión tiene que ver con la educación del ojo y la reflexión sobre la mirada. Se debe buscar desgramatizalizar la mirada de la cámara y desarrollar un grado extremo de atención sobre la vida para poder contarla diferente.

·  El periodista no debe exhibirse ni buscar salir en cámara. La presencia del periodista está en el estilo, tono y mirada comunicada en la crónica.

· Cada historia le impone al periodista el modo como debe ser
contada. El periodista y su cámara deben trabajar para reinventar el
concepto de información al recuperar otras miradas, experimentar otras
estéticas, recuperar otros géneros de narración que no son considerados
como informativos.

·  La distancia hace que sea más fácil contar. El ideal es ser
competente para contar la cercanía, esa hecha de hogar y la calle donde
uno vive.

·  El sonido ambiente, los silencios, los tonos y lenguajes de la
gente y la música son marcas que enriquecen el relato televisivo.

(ii)

Martín Caparrós, en Contra los cronistas, Lima, Etiqueta Negra #63, 2008,

“Yo creo que vale la pena escribir crónicas para cambiar el foco y la manera de lo que se considera «información»
–y eso se me hace tan político. Frente a la ideología de los medios,
que suponen que hay que ocuparse siempre de lo que les pasa a los ricos
famosos poderosos y de los otros sólo cuando los pisa un tren o cuando
los ametralla un poli loco o cuando son cuatro millones, la crónica que a mí me interesa trata de pensar el mundo de otra forma
–y eso se me hace tan político. Frente a la ideología de los medios,
que tratan de imponer ese lenguaje neutro y sin sujeto que los disfraza
de purísimos portadores de «la realidad», relato irrefutable, la crónica que a mí me interesa dice yo no para hablar de mí sino para decir aquí hay un sujeto que mira y que cuenta,
créanle si quieren pero nunca se crean que eso que dice es «la
realidad»: es una de las muchas miradas posibles –y eso se me hace tan
político. Frente a la aceptación general de tantas verdades generales, la crónica que a mí me interesa es desconfiada, dudosa, un intento de poner en crisis las certezas –y eso se me hace tan político. Frente al anquilosamiento de un lenguaje, que hace que miles escriban igual que tantos miles, la crónica que a mí me interesa se equivoca buscando formas nuevas de decir, distintas de decir, críticas de decir –y eso se me hace tan político. Frente a la integración del periodismo, la crónica que a mí me interesa buscaba su lugar de diferencia, de resistencia –y eso se me hace tan político”.

(iii)

Martín Caparrós: “Los diarios desdeñan a sus lectores”, El Espectador, octubre 9, 2008
 
Las crónicas son para “generar tensión”, para “que produzca algún
efecto y no que lo evite” y es que en nuestros días “los cronistas están
agrandados. A mí me gustaba ser cronista cuando eso era molesto,
complicado, cuando la gente no sabía qué era, pero además de eso, que es
mi capricho, lo que creo es que una crónica debe tener una intención
política. Ahora se hace crónica de cualquier cosa, es como si fuera un
amaneramiento de la crónica, un manierismo del género. Tiene que haber
dos o tres condiciones que la politizan, el hecho de mirar hacia otro
lado de los objetos de la mirada periodística habitual, ese rompimiento
con la primera persona, y desbaratar la pretensión de ser una máquina de verdades”.

Yo quisiera un periódico que crea que sus lectores son muy
inteligentes, que les tenga casi miedo, que tuviera que hacer esfuerzos
extraordinarios para estar a su altura
. Un lector se define
básicamente porque lee, por lo tanto lo que hay que darle al lector es
lecturas. Nuestros diarios por ese miedo de no saber competir con la
radio, la tele o Internet lo que hacen es ofrecer cada vez menos
lecturas, con lo cual pierden su arma propia”.

(iv)

Martín Caparrós:  “Modestas proposiciones para mantener
la buena relación y convivencia entre los escribas del diario Crítica y
sus queridos puestos de trabajo”
, 2008
|26 de enero de 2012|

Nada nos importa tanto como construir textos que produzcan placer,
asombro, risa, indignación, ganas, respeto, envidia, malhumor, etc. Al
final, eso es lo que hacemos: captar la atención de nuestro lector y
producirle algo con cada texto que escribimos. Si no queremos o podemos,
todo bien: hay otras muchas profesiones honestas en el mundo.

Y sabemos también –debemos saber, convencernos– que nuestros lectores no son tontos.
 

Lo primero es descubrir qué se quiere contar y cómo (…) tengo que confiar en que eso va a llamarle la atención a los demás: confiar en ese entusiasmo por las cosas que me sorprenden o interpelan, y centrarme en ellas.

La lectura o no lectura de una nota, en general, se juega en el
primer párrafo: la cabeza (…) esas historias, diálogos, anécdotas o
datos que invitaban a seguir (…) lo que no se puede, de
ningún modo, es aburrir, banalizar, darle al lector la sensación de que
va a leer un informe burocrático sobre lo que ya sabe o no quiere saber
(…) Un buen truco consiste en pensar qué le contaríamos a un amigo
imaginario, mujer, marido o concubinos diversos a la vuelta de un viaje o
una noche agitada.

La receta es tan simple que muy pocos la usan: desplegar
información, datos y más datos, procurar que cada párrafo tenga por lo
menos uno.

Importa cuidar la diferencia fundamental entre escribir en primera persona y escribir sobre la primera persona. El cronista, aun cuando dice yo, tiene que centrarse siempre en lo que cuenta.

–Escribir es, contra todo lo que se pueda pensar, un ejercicio muy
simple: consiste en elegir palabras. Ni mucho más ni mucho menos: ELEGIR
palabras (…) Hay que tratar de dominar a las palabras, para no dejarse dominar por ellas. Saber qué es lo que uno dice cuando dice: escribir.

Un texto periodístico no es un campeonato de sinonimia, y en general
las segundas palabras son mucho más imprecisas, feas y berretas que las
primeras. Así que, salvo error u omisión: ¡usen las primeras palabras,
que tan bien dicen lo que dicen!

El lugar de los adjetivos está después de los sustantivos (…) Los adjetivos, además, deben mezquinarse.

–Los verbos tienen tiempos y los tiempos son tiranos. No al
libertinaje: cuando uno empieza a escribir en un tiempo debe sostenerlo a
lo largo del texto. Puestos a elegir, el pasado suele ser el más útil,
manejable, creíble.

Las comas son la segunda causa de muerte en accidente laboral
periodístico pero, aún así, queridos desairados: las comas no sirven
para respirar, sino para darle estructura a una frase.

–Estamos, grosso modo, en contra de las relaciones de poder.

–Un problema habitual: cómo empiezo esta frase (…) La forma en que uno empieza la frase determina de qué modo se va a leer.

La frase del citado o entrevistado debe aparecer con su sintaxis y forma original (…) la forma en que alguien dice las cosas es tan
importante, tan significativa, como las cosas que trata de decir.

Releer lo propio es una práctica casi tan útil como leer lo ajeno (…) canten: ¿suena bien lo que acaban de escribir?  (…)  bajito, desafinado, mal, duchado pero cante.

Cuando alguien dice, dice. No confiesa, revela, asegura, repite, define, declara, subraya, etcétera, etcétera.

 (v)

“No soy neutral; nunca lo fui, no quiero serlo. Tengo ideas, solo que trato de desconfiar de ellas: de ponerlas a prueba”.

Martín Caparrós es tan polifacético como polémico, El Tiempo, noviembre 12, 2011

Apuntes para reinventar el periodismo (II)

Omar Rincón
Investigador y profesor de Comunicación y Periodismo en la Universidad de los Andes

Continuamos las reflexiones de intelectuales latinoamericanos acerca del futuro de la profesión periodística, recogidas por Omar Rincón

Una serie de tres ondanadas, aquí la primera, de la batalla por la revitalización de esta profesión, que da entrada a la segunda:

La Universidad del Rosario y Publicaciones Semana invitaron hace tres años al ensayista, escritor y periodista Juan Villorio para que diese la lección inaugural de la maestría en periodismo. La conferencia se llamó irónicamente: “Estudien muchachos o van a acabar de periodistas”. Eso le decía su profesor de Sociología, y esto nos dijo sobre el periodismo:

El periodismo depende de sí mismo y de sus posibilidades. La crisis del periodismo está muy bienvenida porque obliga a generar nuevos lenguajes y a recuperar una verdad que no estábamos buscando.

Los desafíos para el periodismo en estos tiempos son:

*      El desafío de la brevedad,
la velocidad, la simultaneidad… y eso recuerda a Pascal: “escribí un
texto largo porque no tuve tiempo para escribir uno corto”. Y es que la
brevedad evita la autocomplacencia. Y los textos breves son la memoria
de los futuros.

*      El desafío de la estandarización. Los medios se parecen cada vez más, se hace periodismo pensando en lo que los demás hacen. Y la clave es tener lo diferente.

*      El desafío de la credibilidad y la certificación. Todo disponible, nada certificado. Y decimos que navegamos cuando apenas chapoteamos.

Las noticias serán distintas porque los procedimientos culturales son distintos:

*        Cambian los modos de leer y percibir: se
revoluciona la cultura de la letra, se va a aplicaciones, redes,
internet, simultaneidad de lecturas y zapping en una lógica de
transmedialidad

*        Se lee en el tiempo, se escribe en el tiempo. Ya no hay espera. La lectura es un LUGAR, algo en el espacio, en el internet. La relación ya no es de espera.

*        La prensa es un complemento.

*        No sabemos como nos informamos, pero estamos informados. Hay una porosidad por la que nos llega la información. La información es una variante de la atmósfera.

*        La capacidad de respuestas cambia: “los abajo insultantes”, es decir, los usuarios de una web, pueden interpelar al periodista a través de los comentarios.

*        Las estadísticas se convierten en valor de calidad.

*        Apple vende significados y estéticas porque las cosas dependen de su representación

*        Google es un buscador de significados

*        Twitter es un descifrar la realidad en 140 caracteres. Funciona como un aglutinador de aforismos. Es un arte de las máximas que recuerda a Confucio.

Apuntes en forma de tuits creados por Villoro:

→   Si
no está en la pantalla no existe. Esta es la nueva realidad y no la
recibimos de manera directa sino a través del celular o la cámara.

→   Vemos más que hacemos, es pornográfico.

→   El mando a distancia era un símbolo masculino en el hogar. Ese tiempo ya pasó.

→   Las redes sociales generan conectividad pero también crisis de personalidad.

→   Asistimos a un safari audiovisual porque pensamos que nos estamos perdiendo algo

→   El subcomandante Marcos, Chiapas y zapatismo… esa suerte de Woodstock de las ideologías

→   Habitamos un vértigo de la identidad: el no haberme visto, el no reconocerme en los espejos. Y es verdad lo que dicen los espejos: las cosas están más cerca de lo que aparentan.
→   Un periodista que no lee es como un futbolista que no entrena.

→   Un periodista que solo lee de su fuente, ni siquiera sabe de su fuente. Pierde el paisaje en el que actúa su fuente.

→   Hoy los periodistas se engordan (no van a la calle), y los medios se adelgazan (solo negocian sangre)

→   La crónica es la desaceleración del periodismo.

→   La crónica es la mejor manera de combinar lo público (la información) con lo privado (la emoción).

¿Y cómo se cuenta? Siguiendo los 4 evangelios:

→    Marcos: una sola fuente, San Pedro. Es el más antiguo, el primero que fue puesto por escrito, cerca del año 70 de nuestra era, y es también el más breve.Este
Evangelio fue compuesto por un discípulo o, más exactamente, un
“intérprete” del Apóstol Pedro, cuyo nombre completo era Juan Marcos.
Como está dirigido a cristianos provenientes del paganismo, que no
conocían las costumbres judías, Marcos se las explica y, asimismo,
traduce las expresiones arameas que utiliza en varias ocasiones. Su
estilo es vivo y popular, y está lleno de espontaneidad, aunque su
lenguaje es pobre y rudimentario. El Evangelio de Marcos contiene pocos
discursos, y se interesa más por las acciones que por las palabras de
Jesús. En cambio, los relatos se desarrollan con abundancia de detalles,
y en ellos Jesús aparece con las reacciones propias de un ser humano”.

→     Mateo: él mismo es el testigo principal. Mateo
fue un recaudador de impuestos que abandonó su trabajo para seguir a
Jesús, fue escrito hacia el 80 d.C. y está dirigido principalmente a los
cristianos de origen judío. “Dado el carácter de los destinatarios,
Mateo cita con frecuencia textos del Antiguo Testamento y se apoya en
ellos para mostrar que el designio de Dios anunciado por los Profetas
alcanza su pleno cumplimiento en la persona y la obra de Jesús. Él es el
“Hijo de David”, el “Enviado” para salvar a su Pueblo, el “Hijo del
hombre” que habrá de manifestarse como Juez universal, el “Rey de
Israel” y el “Hijo de Dios” por excelencia. Este evangelista atribuye
una especial importancia a las enseñanzas de Jesús y las agrupa en cinco
discursos, que forman como la trama de su Evangelio y están encuadrados
por otras tantas secciones narrativas. El tema central de estos discursos es el Reino de Dios.

→    Lucas: va a los archivos, va a la gente. Escribió sobre lo que ya se conocía.
El texto fue redactado por este compañero de viaje del Apóstol san
Pablo, unos cincuenta años después de la muerte de Jesús. Lucas no era
de origen judío, y su obra está dirigida ante todo a los cristianos que,
como él, provenían del mundo pagano. En el Prólogo de su Evangelio hace
referencia al proceso de predicación, de transmisión oral y de
redacción que precedió a la composición definitiva de los Evangelios.

→    Juan: el último heterodoxo: lírico y filosófico. Estuvo con Jesús. Recupera lo sentimental.
El cuarto Evangelio difiere considerablemente de los tres anteriores,
tanto por su forma literaria cuanto por su contenido. La tradición
cristiana lo atribuye al Apóstol Juan,
a quien identifica con “el discípulo al que Jesús amaba”, y hay varios
indicios en el mismo Evangelio que corroboran esta atribución. De todas
maneras, la redacción final del Libro es el resultado de una larga
elaboración en la que también intervinieron los discípulos del Apóstol.
La obra fue concluida hacia el año 100, y tenía como destinatarios
inmediatos a las comunidades cristianas de Asia Menor.

¿Dónde queda la realidad? ¿cómo sortear los simulacros?

La realidad queda donde los periodistas deben estar, el periodista debe ir más allá de los simulacros: y nuestra última realidad es el texto, ahí se la juega el periodista.

Eso de contar historias… lo hizo bien
el periodismo, y se puede hacer en internet y a contramarcha de los
medios: solo hace falta echar un vistazo al blog pamplinas de Martín Caparrós para comprobarlo.

La razón de los hechos está en los demás: y para contar a los demás se necesita el periodismo. El periodismo asigna sentido provisional al mundo. La verdad se gana por autoría y por certificación: haber estado ahí. Solo al contarnos entendemos. Como Valdano recordando el gol de Maradona a Inglaterra a través del relato de Víctor Hugo Morales.

¿Para cuándo un periodismo de código abierto?

Hola, El País ha rescatado hoy este texto:

http://politica.elpais.com/politica/2015/09/11/actualidad/1441990802_278107.html

Aquí la entrevista completa:

SAMPEDRO, Víctor “Insumisos:
Diálogo con Manuel Vázquez Montalbán y Lluis Llach sobre
interculturalidad”
 en Ciudadanos de Babel editado
por Fundación Contamíname
.  Punto de Lectura, Madrid.

Increíble que no se haya puesto el link y escamoteado a los lectores una forma tan simple y barata de ampliar/contrastar la información.

Código abierto ya!

Y aquí el comentario que he dejado en el foro:

Las posiciones de Llach y Montalbán rebasan las citas recogidas y
desmienten muchos comentarios. La entrevista acababa así: «no existe
posibilidad alguna de normalización cultural entre los pueblos de
España si los medios, incluidos los públicos, se alinean en una
batalla de identidades que sólo busca la derrota del adversario, ya
sea en las elecciones o en los estadios». Lo mismo cabría alegar de
algunos lectores. Gracias, de todos modos, por recuperar un texto
que pretendía abrir un diálogo intercultural en pleno «Aznarato»,
que diría MVM.

Apuntes para reinventar el periodismo (I)

Omar Rincón 

Investigador y profesor de Comunicación y Periodismo en la Universidad de los Andes 

Con Jesús Martín-Barbero aprendimos a pensar de otra manera al periodismo y los medios de comunicación: Él nos enseñó que había que perder el objeto para ganar el proceso, que había que pasar de los medios a las mediaciones, que el asunto no es lo letrado sino lo oral-visual. Él nos ha dicho que el buen comunicador debe hacer solo 3 cosas: pensar con la propia cabeza, tener qué decir y ganarse la escucha. El maestro Jesús, el 9 de febrero del 2012, dictó la lección inaugural de la maestría en periodismo de la Universidad de los Andes bajo el título “el país que cabe en el periodismo”. Y dijo así:

Colombia se quedó en el siglo XIX… en el periodismo. Se hace periodismo ideológico de familia: “porque la sangre es espíritu” como lo demostró Carlos Mario Perea en Colombia. Luego, el periodismo es un factor de beligerancia y violencia: mas que informar, calumnia.

¿Qué país cabía en el dogmatismo periodístico? Uno que negaba al otro. Uno que no tenía a la política en común: sino como odio. La radio hablaba más país que la prensa. Y eso que la radio hablaba de música y deporte, y la prensa de política.

El periodismo colombiano del siglo XX fue sectario. Y se asimiló al Frente Nacional: esa ideología del clientelismo, esa muerte de las ideas, esa comunicación en la que manda el mercado, esa publicidad con información: se informa desde las agendas de los anunciantes y los políticos y no desde las agendas de la gente.

Y lo paradójico es que los periodistas colombianos no sienten censura, ya la ejercen automáticamente: la tienen naturalizada. En nuestros días se informa siguiendo la info-familia, la info-amistad, el info-negocio.  Hay que preguntarse cómo se informa la gente, en qué géneros, por dónde circula lo que saben, qué de lo que pasa por los medios les interesa.

Se necesita meter al país en la información de forma urgente. Meter el país que no cabe en RCN y Caracol. Por ahora hay mas país en las telenovelas que en los informativos: cabe más país en la ficción que en las noticias.

La verdad es que hoy tenemos mucha información pero no entendemos nada. La prensa se quiere reinventar mal-imitando a la televisión y el internet: noticias sin relato, sin análisis, sin contexto. Noticias que no cuentan nada y cuya duración es de horas. La idea es que no se pueda comprender.

El país de los medios es uno que no sabe hablar del resto del mundo, un país maniqueo y dualista… que tampoco comprende el país que reconoció la Constitución del 91, en el que coexisten muchas y diversas maneras de ser colombianos.

A los medios, no tanto a los periodistas, les ha quedado grande pensar la complejidad que nos habita como nación: un país que se ha transformado a pesar de vivir la anacronía de sus violencias.

Se requiere con urgencia un periodismo que nos de…

relatos para comprender lo que estamos viviendo/pasando; relatos de lo memorable, del recuerdo; relatos de seguimiento más allá de los destellos: no se requiere nostalgia, sino memoria.

análisis y contextualizaciones históricas y sociales más que entrevistas al poder y espontaneismos explicativos.

eduque en el debate de las ideas y las ciudadanías, que niegue el insulto y el odio como modo de argumentar: sin debate no hay aprendizaje.

documentar que no hay una sola manera de ser colombianos, ni de ser ciudadanos

acabar con el cuento del bueno y el malo para ganar sentido crítico, que se sentido histórico.

Experimentación de géneros para contar lo local en clave mundo

→ Y practicar como decía la carta de estilo de Libération: “lo único que les exijo es que investiguen, después hagan lo que se les de la gana”.