Los partidos políticos más raros

«El Mejor Partido: Estos lo tienen claro, hasta en el título. Leemos en su web que son «un partido político sin promesas electorales creíbles, vamos, como las de todos los demás partidos».

Se definen como «varones heterosexuales canosos y cegatos» y aseguran que, de pactar, lo harían con el PP porque «las siglas parecen botas ortopédicas al revés, y eso es lo que necesita el país: caminar recto, pero con el culo mirando al cielo». Todo clase.»

http://www.huffingtonpost.es/2015/05/19/partidos-raros-24m_n_7314392.html?utm_hp_ref=spain

D.

La situación político-mediática de Galicia a debate (II): Alternativas atlánticas… En lo político

Millán Fernández
Politólogo, consultor y analista político (@millanfernandez)


Este post es la segunda entrega de una serie dedicada al análisis político y mediático de Galicia


Las Mareas[1] están recobrando fuerza con la rebelión municipalista [2] que se ha forjado en todo el Estado. En el caso de Galicia, las Mareas avanzan como reproducción endógena y no-mimética de procesos y ensayos de Unidad Popular, como Barcelona en Comú, de la activista Ada Colau, o Ahora Madrid. A riesgo de ser percibidos ininteligibles y algo caóticos entre parte del electorado, estos movimientos han generado altas expectativas de cara al 24 de mayo.

Los une el deseo de recuperar unas instituciones secuestradas por clanes mafiosos, encorsetadas en el ciclo endiablado de la deuda, y con un techo de gasto que no permite desarrollar políticas activas de rescate ciudadano desde lo local. También la necesidad de articular un espacio político de ruptura con el sistema cleptocrático y desocializador. Las Mareas llegan para aglutinar distintas sensibilidades políticas en torno a un proyecto democratizador que habrá que reactivar con los ojos puestos en criterios de gobernanza para el siglo XXI: desarrollo sostenible, urbanismo racional, descentralización, bien común, transparencia y participación, etc..

Destacan especialmente dos: Marea Atlántica en A Coruña y Compostela Aberta en Santiago. Sin restar importancia al resto de los procesos que han emergido en hasta 60 municipios gallegos. Fórmulas de participación desde abajo y apoyadas por Podemos, Anova, Esquerda Unida, Equo y otras organizaciones más pequeñas.

Estas fuerzas políticas aspiran a unir a la izquierda gallega, dotándola de un nuevo impulso que sepa ir más allá de Alternativa Galega de Esquerda y de los rescoldos de carácter implosivo del BNG que apostó por permanecer al margen, aun siendo una fuerza importante. No ha sabido leer el momentum marcado por la emergencia social, y actúa como un transatlántico al que le cuesta virar para acompasar y mantener la ilusión que otrora generó. Su fuerte y disciplinada organización -extendida por todo el territorio durante más de 30 años- le permitirá resistir, aunque con dificultades en las capitales, a excepción de Pontevedra.

Es paradójico que algunos de sus cuadros más formados tengan ahora un papel destacado en el experimento, empezando por Martiño Noriega, co-portavoz de Anova junto al histórico Xosé Manuel Beiras, alcalde de Teo y firme candidato a liderar el consistorio compostelano tras una situación esperpéntica con tres alcaldes en una legislatura y diez de trece concejales del PP imputados.

Como regidor del pequeño municipio de Teo -limítrofe al de Santiago-, Noriega atesora experiencia de gestión, ya que implementó políticas participativas, des-privatizadoras y se mantuvo explícita y activamente ajeno a la corrupción que inundó los gobiernos locales, concellos y diputaciones.

Esta aldea gala sirvió de reserva cultural durante estos años en donde el sector fue dejado de lado por parte de unas autoridades más ocupadas en tapar sus vergüenzas que en servir al pueblo. El escenario compostelano resulta propicio para exponer y aplicar su alternativa de cambio al haber vivido la ciudad estos últimos años bajo excepcionalidad institucional, mordaza cultural y agotamiento del proyecto estratégico de la neo-derecha post-fraguiana, alternancia tardía después de décadas de dominio socialista. Hoy el proyecto del PSdeG en la capital no cuenta tampoco con un liderazgo capaz de generar grandes adhesiones y simpatías como las que gozó en otros tiempos, especialmente de la mano del histórico Xerardo Estévez.

En contraposición, la candidatura de Martiño Noriega -más allá de su experiencia, juventud y transversalidad- goza de cierto halo epopéyico, ya que fue en Cacheiras (Teo) donde los falangistas asesinaron al último alcalde galleguista y republicano, Ánxel Casal [3]. Como ya sucedió en 1931, las elecciones municipales de mayo podrían tener un marcado carácter epocal si triunfan en suficientes municipios de todo el estado las alternativas de unidad popular y anti-troika, anticipando a unas elecciones generales que bien podrían tener aire pre-constituyente si el bipartidismo fracasa.

Por otra parte, la candidatura coruñesa, con distinta formulación desde su génesis, está liderada por Xulio Ferreiro, quien ha renunciado a su puesto de magistrado suplente en la Audiencia Provincial de Lugo para ayudar a dar portazo a varias décadas de dominio local por una misma oligarquía representada por el pacovazquismo[4] y el Partido Popular en la última legislatura. Código ético estricto, lucha contra la corrupción, política social y descentralización del poder local como ejes principales de un discurso compartido que resitúe a las instituciones en parámetros de servicio y base popular.

Así pues, Galicia, vive momentos de efervescencia, y tiene argumentos de sobra para no quedar al margen de los tiempos a los que nos empuja la historia. Muchas veces, desde Madrid, los medios no reflejan lo que ocurre en el laboratorio gallego, que ya fue pionero en las Elecciones Autonómicas de 2012 al poner sobre la mesa la necesidad de acuerdos amplios entre diferentes fuerzas políticas para combatir desde las instituciones la trampa austeritarista, dando voz a los movimientos sociales y a una sociedad civil deshauciada y despojada de sus naturales atribuciones como contrapeso a los excesos de un poder hoy sordo, ciego y más envalentonado que nunca.

[1] “La Marea Atlántica llega a la costa”, Virginia Uzal

[2]“La rebelión municipalista se abre paso”, Gerardo Pisarello.

[3] Agosto do 36, Xosé Fernández Ferreiro. Novela que recrea, con especial crudeza, la tormenta de sangre de la Guerra civil española en Galicia en una aldea de Ourense.

[4] Hace referencia a la larga singladura política de Francisco Vázquez, ex regidor de A Coruña por el PSOE, y ex Embajador de España ante la Santa Sede.

Podemos a la parrilla (y IV): La desigualdad acumulativa del sistema mediático

Comunidad editorial de El 4º Poder en Red (@4PoderenRed)

Esta entrega pone fin a una serie de post que analizan la cobertura informativa de Podemos

El 28 de enero de 2015 todos los grandes periódicos en papel exhibían en (falsa) portada un fajín del Banco Santander al lado de la mancheta. Era una demostración de fuerza y la respuesta anticipada a la “Marcha por el Cambio” que Podemos convocaría tres días después: una movilización que celebraba el triunfo de Syriza en Grecia como anticipo de una hipotética victoria de Podemos en España.

Los periódicos “de referencia” se han convertido en medios publicitarios: están en quiebra y en manos de accionistas bancarios, que son sus principales clientes publicitarios. Junto con los entes públicos de radiotelevisión (que obtienen sus peores audiencias y sufren un control político sin precedentes) actúan como instituciones zombi, que diría Ulrich Beck. Aunque en vías de extinción, pueden resultar letales.

Gráfico 1 y 2. La situación de la prensa de papel en España:



Fuente: Noticias de la Comunicación / Reality News, Mongolia, febrero de 2014


Después de ignorar a Podemos en sus orígenes, estos medios pronto pasaron a verter sobre sus líderes medias verdades, tergiversaciones, imputaciones y comparaciones con cargos públicos procesados por corrupción y fraudes de gran calado. Todo ello desembocó en peticiones de dimisión de quienes no eran candidatos oficiales de lista alguna. Por su parte, la televisión comercial en abierto, reproduciendo una agenda fabricada desde instancias gubernamentales, aprendió que obtenía iguales réditos si desinflaba la burbuja mediática que antes había ayudado a hinchar.


Podemos llegó a Bruselas sin haber comparecido como formación política en las televisiones “públicas”, con el sesgo de una fuerte personalización y gracias a las tertulias de las televisiones privadas. En menos de un año, el control de la propiedad de los medios masivos, dibuja un modelo elistista del poder: se evidencia así una estricta campaña de fiscalización y crítica a Podemos que no se aplica al resto de partidos.

Los medios privados han pasado de “hacer negocio” con Podemos -aprovechando su tirón de audiencias- a aplicarles una vara de medir que subvierte las reglas más básicas de la profesión y la deontología periodísticas. Llama la atención, por ejemplo, el contraste actual en la cobertura mediática que tiene este partido frente a Ciudadanos. Mientras Podemos es presentado como un peligro para la estabilidad del país, Ciudadanos es la cara “amable” de un cambio “responsable”.

Como caso paradigmático, en febrero de 2014 coincidieron en el tiempo dos “escándalos” provocados por sendas filtraciones. El primero atañe a Juan Carlos Monedero, uno de los principales ideólogos de Podemos, que en ese momento encabezaba las encuestas en intención directa de voto. El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, filtró a la prensa un presunto fraude fiscal de Monedero, por un dinero que provenía de unos informes elaborados por el profesor universitario para los países latinoamericanos del ALBA. El ministro dejaba, además, entrever futuros escándalos de otros líderes de la formación.

Esta filtración, que era parte de una estrategia electoral del Gobierno, recibió mucha más cobertura que los escándalos financieros de dinero negro que afectaban a algunas de las principales fortunas de toda Europa y, en especial, de España. De forma simultánea al caso Monedero, el hacker Hervé Falciani, en colaboración con el International Consortium of Investigative Journalism, había desvelado el nombre de cientos de españoles con cuentas opacas en Suiza, destinadas a la evasión fiscal.

Sin embargo, ninguno de los implicados (entre los que había banqueros -entre ellos la familia propietaria del Banco Santander-, empresarios, cargos públicos y hasta celebridades del deporte) recibió grandes críticas ni se vio forzados a responder, al contrario de lo que había sucedido con Monedero. Aunque tarde, el profesor universitario presentó todas sus facturas y aclaró su situación fiscal y, junto a ello, Podemos inauguró un portal de transparencia donde se detallan las cuentas del partido.

Este caso de estudio es representativo de la “desigualdad acumulativa” generada por los medios convencionales y su labor de minado de la comunicación política que les cuestiona. Como ya se relataba en el primer post de esta serie, frente a las continuas peticiones de dimisión de alguien que no ocupaba ningún cargo público como Monedero, apenas hubo críticas al titular de Hacienda, quien podría haber incurrido en delito por desvelar datos fiscales. Sólo el periodista Federico Jiménez Losantos, identificado con la derecha más radical, salió a denunciar a Montoro.

El resto de medios y periodistas se mantuvieron en silencio. De otra forma, Montoro podría haber comenzado a supervisar las cuentas de los medios en cuestión lo que, tal vez, habría supuesto el cierre de la mayoría. El discurso importa, pero también quien lo paga o subvenciona.