Mal de Archivo / 2: Obey

Mal de Archivo / 2: Obey. Por Rogelio López Cuenca Artista visual
Extraído de El Observador. Vía Contraindicaciones.

You make history when you do business —
Barbara Kruger 

YA pasó. Ya es historia. A mediados del mes de noviembre de 2013 (parece que fue ayer. ¿O fue ayer y ya es historia? ¿o en realidad era historia mientras iba pasando?) pasó por la ciudad de Málaga Frank Shepard Fairey, Obey. Como una exhalación: tres días le bastaron para ejecutar un gigantesco mural en el muro trasero de un edifico a espaldas del CAC. ¡Tres días! Esto es lo que se llama una operación comando, y un ejercicio propio de lo que en el milieu se conoce como un “artista paracaidista”: que aterriza, da lo mismo en un lugar u otro, ajeno por completo al contexto social, histórico o político del sitio, al que se enfrenta como a una página en blanco. Solamente precisa conocer las dimensiones exactas de su trozo de pared. Al paracaidista, lo demás le da igual, se mueve en un universo muy similar vaya adonde vaya: tiene un encargo, unos jefes, unas fechas, un fee. De una bienal de arte contemporáneo a otra, de una feria de arte a un evento de public art, de un aeropuerto a otro, reencontrado una vez y otra vez a los mismos colegas, artistas, comisarios y críticos in vogue, hablando siempre en inglés, la lingua franca del business global. Al paracaidista le trae al pairo donde ha aterrizado, y mucho menos la historia del lugar. La historia la hace él. En el caso de Málaga, el artista ha encontrado el terreno ideal, una amalgama sui generis de cíclico adanismo y de arrebato snob sobre un sustrato cateto que se diría, ¡ay!, fatalmente incurable. Espiguemos de entre las entusiastas páginas que la prensa local ha dedicado al acontecimiento: “Un mural para la historia”, “lo que estamos haciendo aquí hoy será parte de la historia”, “un díptico histórico (se refieren a otro mural vecino, pintado esa misma semana por otro artista, D*Face, éste un poco más lento, en cuatro días) no sólo para la ciudad sino para el urban art internacional”, “la presencia de los dos artistas pasará a la historia”, “el siglo XXI ha dejado su huella en esta ciudad”. Y para coronar el panegírico, Fairey ha tenido la oportunidad, leemos, de experimentar personalmente, con sus propios oídos, la querencia local por la hipérbole: entre los fans que le pedían autógrafos, alguien se le acercó y le agradeció “en inglés, que haya situado a Málaga en el mapa del mundo”.

¡POR fin Málaga en el mundo! Merced a un mural de Obey. De esa misma manera lograron también en su día situarse en el mapamundi -y en la historia- Cicinnatti, Denver, Dallas, Massachussets, Providence… o su ciudad, Los Angeles, donde, como es natural, se concentra la mayoría de ellos. Aunque quizá la excepcionalidad de este mural se deba a que (y esto es marca de la casa CAC, que tan bien ha sabido captar el genuis loci) “es la primera vez (el subrayado es mío: El deseo atrapado por la cola) que coinciden dos de los cinco mejores especialistas de esta rama en una intervención conjunta”, realizando “el mural más grande de sus respectivas carreras”. Eso será, porque original, lo que se dice original del todo, no lo es, ya que se trata de una versión, convenientemente ampliada, del print “Peace & Justice Woman”, que en edición de 450 ejemplares se puso a la venta en su tienda on line el pasado mes de abril. Para su mural en Málaga Obey ha cambiado la palabra “justicia” por “libertad”, sin duda motivado por, “la única condición que se les ha puesto a los creadores -en palabras del director del programa MAUS (Málaga Arte Urbano Soho), Fernando Francés (AQUÍ)- que ‘trabajasen sobre valores positivos e ideas de renovación, ya sea la ecología, la paz, la esperanza o la ilusión’. Con respecto a la paz nunca hay equívocos: todos estamos por la paz, incluido el premio Nobel de la ídem, el presidente Obama, cuando declara una guerra lo hace en nombre de la paz. Pero está claro que evocar, invocar o reclamar (no está claro lo que hace el mural) “libertad” es menos comprometido que desear o pedir “justicia”. Esto último es susceptible de sugerir incómodas cuestiones acerca de la posible existencia de desigualdades de índole social, económica o política entre nosotros. Y eso sí que no: España no es Uganda. Ni Málaga. Ni el “Soho”.

CONOCÍ la obra de Obey a principios de los años 90: las pegatinas fotocopiadas de Andre the Giant al mismo tiempo que carteles serigrafiados y estarcidos directamente sobre la pared o el mobiliario urbano.

PARA entonces había ya desbordado su territorio de origen, el campo del skateboarding (pintar tablas, editar camisetas y gorras de baseball) y atraído la atención de algunas galerías, que ya habían intentado en los 80 comercializar la estética del graffiti – y en algunos casos lo consiguieron (Keith Haring, Basquiat) si bien, ¡ay!, daños colaterales, dejando los cadáveres de los elegidos por el camino.

EL proyecto de Fairey sobrepasa los estrechos límites del trabajo artístico: se trata de un triunfante emprendedor. En 1999 crea, con otros dos socios, una empresa, Blk/Mrkt (obviamente, Black Market), desde la que realizará campañas publicitarias de éxito, llegando a recibir encargos de empresas del calibre de Virgin, Sony o Pepsi…En 2001 lanza la marca de ropa Obey Clothing. Y en 2008 su poster de la campaña presidencial de Obama le granjeará la portada de la revista Time y, definitivamente, la fama mundial. En las escuelas de publicidad, no sin razón, se estudia como modelo de explotación de marketing viral: en el desarrollo de su plan, los consumidores son al tiempo propagandistas –no remunerados. ES más, pagan por serlo-, de modo que cada uno de los movimientos que en cualquiera de los campos en que se mueven sus productos –por ejemplo, su segunda portada de TIME, “The Protester” (Fig.3)- funciona como publicidad y generador de plusvalía en los restantes. Como del cerdo, no se desperdicia nada. Del mural “Paz y libertad”, tampoco. Obey cuenta en facebook que lo ha pintado “invited by the Maus Málaga and the CAC Málaga (…) in the center of the rising art community here in Málaga”. La naciente comunidad artística aquí en Málaga.

¿NADIE le explicó a Fairey por qué “the art community here in Málaga” supuestamente había decido poner el huevo precisamente allí? ¿No le hablaron de la transustanciación del “Ensanche” en “Soho”? ¿No le sonaría a otras experiencias de instrumentalización del arte y la cultura como coartada legitimadora de obscenas operaciones de especulación inmobiliaria? Existen, no cabe duda, artistas cuyo narcisismo los inmuniza acerca de cualquier interés por el mundo que pueda existir más allá del propio ombligo. Pero el caso de Obey no parece sea ése, por lo se desprende de sus propias declaraciones y de su obra, plagada de referencias, y de citas literales, a la historia de la disidencia y la resistencia, y las luchas revolucionarias del siglo XX –desde el ya citado cartelismo soviético de los 20 a Malcolm X y Angela Davis, del Black Panther Party a los Young Lords, y del Vietcong al Frente Zapatista. Si no fuera por esto, su exhibicionismo de armas y chicas monas no lo diferenciaría demasiado de la estética del gangtsa rap.

¿QUÉ hubiera el artista paracaidista encontrado en “el centro de la naciente comunidad artística aquí en Málaga” si para “hacer historia” no se hubiera limitado a “dejar su propia huella” como el que hace una entrega de ayuda humanitaria, como los marines lanzan desde el aire paquetes, yo qué sé, de peanut butter sobre el desierto afgano? ¿si hubiera tenido un mínimo interés en ver algo más que un muro medianero de 38 metros de alto por nueve de ancho como el lienzo ideal en medio de la nada? Todos sabemos que para un joven skater, leer periódicos es cosa de carrozas, pero Fairey tiene ya los cuarenta. ¿No sabía a qué país llegaba?, ¿a qué ciudad?, ¿a qué barrio? Las pinturas murales han sido utilizadas desde los años sesenta para intentar lavar la cara en lo posible a tanta atrocidad ejecutada por la especulación en el corazón de las ciudades; el arte como cosmético; la droga blanda invitada a última hora para atemperar los efectos de la verdadera droga dura: la arquitectura puesta al servicio del lucro insaciable. Estaba en el Paraíso de la Destrucción del Territorio, en la provincia con mayor cantidad de litoral edificado, es decir, destrozado en España. ¿No le dijeron que una reciente “Ley de Costas” amnistía esa barbarie?¿Nadie lo llevó a dar una vuelta, a enseñarle cómo la codicia trepa en forma de lengua de cemento y ladrillo monte arriba, o se agolpa en la playa como una muralla que expropia y pone en venta el paisaje exclusivo, mercancía, la vista del mar? La mismísima doble torre donde luce el sereno semblante que proclama “Paz y Libertad” es una dentellada de ese tipo, un monumento a esa voracidad.

¿NO le dijeron que el nombre del colegio sobre cuyo patio estuvo trabajando esos tres días era García Lorca? ¿Sabía que García Lorca es un desaparecido?, ¿y que hay 140.000 personas en su misma situación, enterradas sin identificar en los descampados y las cunetas de este país en “paz y libertad”? ¿Que sólo aquí, “here in Málaga”, hay más de cuatro mil personas enterradas en la mayor fosa común conocida de ejecutados políticos durante la guerra y la dictadura? ¿Sabía que al poeta García Lorca, como se vanagloriaba uno de sus asesinos, le metieron “un tiro en el culo, por maricón”? ¿No sabía quiénes eran esos asesinos? ¿Sabía del golpe militar fascista? ¿No le hablaron de la larga guerra de exterminio en que los fascistas sacrificaron a su propio pueblo?, con el apoyo de Italia y Alemania, de Mussolini y Hitler –sí, los malos de las películas de Hollywood. ¿Nadie le dijo en agradecimiento a qué aquella calle se llama Alemania?… ¡Cuántos temas para la inspiración de un artista sensible! Existen hasta espléndidos carteles revolucionarios de aquella época que podría haber fusilado. ¿Llegaría a ver acaso la incongruente placa que al otro extremo de la calle nombra a un tal “José Manuel (sic) García Caparrós”? ¿Nadie le dijo que fue la última víctima del terrorismo de Estado que asoló este país por más de cuatro décadas? ¿Y que se trata de un asesinato impune todavía? La justicia –Justice-, está claro que quedaba excluida de esa serie preclara de “valores positivos e ideas de renovación, ya sea la ecología, la paz, la esperanza o la ilusión”.

¿NO supo que los fondos (alrededor de un millón y medio de euros) para estas operaciones de “limpieza y mejora” del barrio, incluido su mural, proceden de un llamado proyecto POCTEFEX -Programa Operativo de Cooperación Transfronteriza Fronteras Exteriores? ¿Le hablaron de la cooperación transfronteriza? ¿Le dijo alguien que el fastidioso viento que les importunó el trabajo en paz y libertad esos tres días es el mismo que vuelca las pateras de los inmigrantes llamados “ilegales”? ¿Le contaron que el espectacular panorama marino es también una fosa común y que se desconoce el número de desaparecidos al intentar cruzarlo? Por pocos días no fue Obey testigo de la performance de las autoridades derramando lágrimas de cocodrilo por los más de trescientos inmigrantes ahogados en Lampedusa –otro récord-, antes de encargar la instalación de “concertinas” en las vallas de Melilla. Y de ordenar expulsiones, ésas sí, ilegales, de inmigrantes. Cooperación transfronteriza. Peace and Liberty.

LÁSTIMA de estos viajes relámpago. ¿Nadie le habló de las familias desahuciadas, las madres con los niños, rodeados de sus ropas y sus muebles, en medio de la calle? Una escena de novela de Dickens. En 2013. Por muy poco se perdió el desalojo de 13 familias de un edificio que habían ocupado, “here in Málaga”. Y qué pena, se fue antes del anuncio de la nueva ley de Seguridad Ciudadana, que penaliza con cuantiosas multas –¡de hasta 30.000 euros!, participar en protestas pacíficas –por ejemplo, en contra un desahucio como el descrito antes- o filmar o fotografiar a la policía que las reprime. Peace an Liberty.

¿NI siquiera le dijeron que “here in Málaga”, la Ordenanza de Movilidad multa a los skaters “que no se acomoden a la velocidad normal de un peatón”? ¿Le avisó alguien de que el “Maus”, de que el “Soho” es una especie de reserva india, como un campo de concentración del Street Art, y que fuera de él la mentada ordenanza penaliza las “pintadas, manchas, garabatos, escritos, inscripciones o grafismos” y “la colocación de carteles, vallas, rótulos, pancartas, adhesivos o papeles pegados”. Peace and Liberty. Aquellos primeros stickers de Obey hubieran sido entonces y son ahora un delito aquí, “here in Málaga”, castigado con multas de entre 750 y 3.000 euros. Excepto si “se realizan con autorización expresa del Ayuntamiento (…) que establecerá las condiciones”. Excepto si la firma de su autor es también ya una marca cotizada. Peace and Liberty. El Paraíso del Street Art.

HACE unos años, en 2011, un mural de Fairey, titulado “Peace” (Fig 3) y realizado en Copenhague, fue contestado –“vandalizado” sería el término que la prensa utilizaría al tratarse de una agresión a una obra de arte con todas las de la ley- con dos pintadas explícitas: «no peace» y «go home, Yankee hipster». La obra de arte paracaidista, en este caso había tomado tierra el en solar que antes ocupara un edifico cuyo derribo había intentado evitar, durante años, la protesta ciudadana, y que fue demolido finalmente por el ayuntamiento en 2007. La intervención posterior de Obey para maquillar el atropelllo fue percibida como una burla, el colmo de la arrogancia, al proponer clausurar de tan “buen rollo” el conflicto. Con claros vencedores y vencidos: Peace. En la calle Alemania, “here in Málaga”, en el “Soho”, sobre el patio del colegio García Lorca -sostenido por el coro de las plumas de los opinion makers locales. Y los miles de “likes”. Y el retuiteo como baremo sumo, el patrón del valor indiscutible-, “Paz y libertad” se eleva lo bastante por encima de la chusma boquiabierta como para que sea siquiera imaginable un desacato parecido.

SI existe un rasgo común a toda la obra de Fairley, como hemos visto, es la apropiación de imágenes y de textos preexistentes, la cita, y la cita ambigua, irónica. A lo mejor sí está Obey al tanto de todo esto –de la persecución de los skaters y de los grafiteros, y de los inmigrantes; y de la represión policial; y de la especulación inmobiliaria; y de las maquinaciones y chanchullos de quiénes se lucran con toda esta historia -y business- del arte urbano, aquí, “here in Málaga”-, así que a lo mejor el lema “Paz y Libertad” es una sarcástica risotada en nuestra cara. En ese caso, y si Obey no fuese irónico podría haber optado por un texto directo. Por ejemplo, “No Justice, No Peace” –si no hay justicia, tampoco habrá paz-. O por la sola palabra “Justicia”. O “Transparencia”. O “Vergüenza”. Pero siendo la ironía una característica distintiva de su obra, podría igualmente haber mantenido –el sabio, ya por viejo, pueblo de Málaga es buen entendedor, tiene experiencia- el ya clásico eslogan que un día lo transformó a él mismo en marca registrada: Obey. Obedece(d).

El 4º poder en Red (El Blog)

 
 

Con ese título, en breve, abriremos en Público un blog paralelo a este. Esta es la declaración de las intenciones que nos mueven.

EL 4º PODER EN RED

Espacio de análisis sobre comunicación, cultura y ciudadanía digitales (o no). Y de si cabe hablar de tales cosas.
El Cuarto Poder es el conjunto de prácticas y modelos de organización tecnológica que juntos desempeñan el papel que en el siglo XX asociábamos con la Prensa: proporcionar un control público de las tres ramas del gobierno (Y. Benkler, actas secretas del juicio a Manning).
Los Gobiernos, los Parlamentos y los Tribunales están siendo interpelados por un contrapoder generado en red, dentro y fuera de Internet. La Prensa ya no funciona como el Cuarto Poder del siglo XXI. Sobrevivirá como profesión si ayuda a que emerja otro nuevo, nutrido de las «prácticas y organizaciones tecnológicas» de la ciudadanía. Sin suplantarla. Ayudándole a (re)generar las instituciones. Pero el resultado de la revolución digital en curso podría ser justo el contrario: una opacidad burocrática y un control social neo-totalitarios.

La esfera pública, nuestras vidas sociales e íntimas están en plena mutación. En este blog dialogamos sobre ellas, a partir de la tecnología digital y de lo que está fuera del teclado. Llamamos a participar en ese contrapoder emergente, orientado al bien común. Proponemos un código (no solo digital) que sea abierto, libre y colaborativo. Pero también somos conscientes de sus riesgos. Y de nuestras carencias para entenderlos y hacerles frente.

Por eso abrimos este canal de intercambio a activistas, especialistas y, sobre todo, al público general. Porque lo entendemos como un sujeto político y comunicativo de pleno derecho.

Alimentado desde las redes distribuidas de Máster CCCD. Contacto.

Editores: Víctor Sampedro, Antonio Lafuente y Estela Mateo Regueiro.
La licencia de todos los textos es CC BY SA

Por cierto, estamos ultimando la decisión del logo definitivo. Echadnos una mano votando en los comentarios por favor. ¿Cuál os gusta más? ¿1, 2 o 3?

¿Quién manda aquí?

Slowthinking son una serie de
sesiones a través de las cuales el Máster CCCD se acerca a distintos
colectivos, organizaciones o profesionales para conocer el trabajo que
desarrollan. Estas sesiones las proponen y organizan los alumnos del
Máster y son abiertas a todo el que quiera acudir.

FUNDACIÓN CIUDADANA CIVIO
Primera velada compartida en este 2014 … expandiendo el máster CCCD y el Medialab-Prado. Arrancamos
 este viernes 17 de enero este  foro en el que aprovecharemos la
gentileza de nuestros conocidos para que se pasen por Madrid y conversar
con ellos en reuniones aderezadas con viandas y bebidas. Estas serán,
junto con nuestra conversación y compañía, los únicos honorarios.

En esta ocasión nos visitan los amigos de CIVIO 
para hablarnos de este proyecto ciudadano, que ya acumula varios
trabajos a sus espaldas como Tu Derecho a Saber, ¿Dónde van mis
impuestos?, España en Llamas,  o El Boe nuestro de cada día. Ahora,  se
han propuesto conocer quién maneja el cotarro en España con “¿Quién
manda?”, un mapa del poder que mostrará quiénes se sientan en las mesas
más importantes y cuál es su conexión.  Nos contarán los
entresijos  y las tripas de este apetitoso trabajo y otros de los nuevos
enredos en los que andan metidos ¿Quién se apunta?

¿Cuándo? Este viernes 17 de Enero a las 18.30

¿Dónde? Sala Provisiones, Calle Embajadores 49.

Entrada libre, ¡os esperamos!

Agenda Slowthinking 2014:

Enero: Fundación Ciudadana Civio (confirmada para el 17 de enero, ver detalles a continuación)

Febrero: Helena Nadal (Confirmada)

Marzo: Victor Sampedro, Ecuador y el proyecto http://floksociety.org/es (Sesión confirmada, fecha por confirmar)

Abril: Jornadas Anon y Crypto party (Sesión confirmada, fecha por confirmar)

Mayo: Sesión de Netartivismo (Sesión confirmada, fecha por confirmar)

Junio: Revista Mongolia (Sesión por confirmar)

Snowden: Del Agente 2.0 al ciudadano digital.

Por si se os había escapao…

El mes de junio Edward Snowden desveló la mayor trama de
espionaje masivo de la historia. Internet, según sus filtraciones, se ha
convertido en una fabulosa herramienta de control que amenaza la libertad de
expresión y aquello de lo que era garantía: la democracia y los derechos
humanos. El ex-analista de la Agencia de Seguridad Nacional norteamericana [NSA,
según sus siglas en inglés] revela que estamos en plena regresión civilizatoria.
Las promesas de Obama y Google sobre la democracia digital eran
pura patraña. Y la gravedad de este fraude no se corresponde con la indiferencia
o cinismo que muestran muchos de los afectados. Podríamos estar pasando por
alto que con WikiLeaks y Snowden la primera generación de nativos digitales reclaman
su derecho a ejercer como ciudadanos en y desde la Red. Por ello, como en
momentos históricos precedentes, el reconocimiento de los derechos civiles pasa
por ejercer la desobediencia civil para reclamarlos. Snowden y Manning son a
Rosa Parks lo que Assange a Martin Luther King y Mandela.
Dicen las corporaciones y los estados que para satisfacer
nuestras demandas y para defendernos necesitan saber con quiénes, cuánto tiempo
y desde dónde nos comunicamos. Esa información son los metadatos con los cuales se generan unos perfiles que más tarde y
si es necesario cobrarán cara, poniéndoles nombre y apellidos como en el caso
de Chelsea Manning, (antes Bradley, la fuente de WikiLeaks). La disidencia digital
está siendo ya condenada mediante la elaboración de dosieres formados con miles
de documentos extraídos de la Red. Manning ingresó en prisión, sin que existiese
constancia informática de que hubiese filtrado el Cablegate. Las pruebas que le
incriminan – correos, chats… – apenas expresan sus intenciones, sus motivos e
ideales. Tengan cuidado con lo que escriben en sus pantallas.
Habrá lectores que piensen que nada de esto les incumbe.
Debieran considerar que, con la diligente colaboración de las autoridades patrias,
la NSA recopiló en España 60 millones de llamadas telefónicas en tan sólo dos
meses (del 10-XII-2012 al 8-I- 2013). Resulta significativo que no le
interesaran los emails y SMS de Fin de Año. Ese día los vigilantes descansaron.
A lo mejor se relajan de nuevo cuando estemos otra vez de cotillón. Porque les interesan nuestras actividades y contextos cotidianos. Algo que su ordenador y móvil
recuerdan mejor que usted. El espionaje es sistemático, preventivo, global.
Tiene un alcance hasta ahora impensable sobre nuestras facetas vitales más
íntimas, rutinarias e inconscientes.
Aprovechando nuestra ignorancia tecnológica y la desprotección
legal, los proveedores de servicios digitales se pusieron primero al servicio
de la investigación de mercados. Han elaborado patrones de lo que consumimos, cruzando
nuestros metadatos y pagos con tarjetas, almacenando perfiles… que, llegado
el día, podrían considerarse terroristas a ojos de la NSA. ¿Adquirió usted una
mochila y una olla a presión antes de un atentado? Ah, ¿que no se acuerda?
Tranquilo, como le ocurrió a más de uno después del maratón de Boston, alguien
podrá llamar a su puerta para recordárselo y pedirle explicaciones.
Intervenidos: sin
soberanía ni autonomía.
Nos han arrebatado la privacidad y el anonimato. Ante el
fingido escándalo de «nuestros» líderes al «saberse»
espiados por Obama, medio millar de «autores y creadores» de más deochenta países han venido a denunciar que si el poder financiero ha intervenido
nuestras economías, el político ha hecho lo mismo con nuestras democracias.
Sostienen «La vigilancia es un robo. Estos datos no son propiedad pública,
nos pertenecen. Cuando se usan para predecir nuestro comportamiento, se nos
roba algo más: el principio del libre albedrío, crucial para la libertad democrática». Las
grandes corporaciones digitales nos han vendido. El negocio de los macrodatos, el ingente mercado de
metadatos de la población mundial, que encubrían con sus servicios
«gratuitos», se ha convertido en nuestra mayor fuente de
desprotección. Los centros de almacenamiento de datos, en manos de quienes
dicen protegernos, suponen el fin de nuestra soberanía y autonomía, a nivel personal
y colectivo.
Ya no somos dueños de la información que manejamos y que,
sin embargo, revela quién somos, qué hacemos y deseamos. La generamos, se
registra y procesa sin nosotros saberlo ni consentirlo. Hemos pasado, por
tanto, de la condición de ciudadanos – sujetos soberanos, que mandan en sus
recursos – a la de súbditos – desposeídos de lo que es suyo y de nadie más. En
consecuencia carecemos de autonomía o de la capacidad de autogobernarnos. En el
contexto actual seremos incapaces de dirigir nuestros recursos hacia los fines
que determinemos como propios, que es lo que pensamos que hace alguien a quien
consideramos autónomo.
Sabiéndose vigilados, muchos se pondrán la mordaza antes de
abrir la boca: se aplicarán una corrección política que resultará  inocua para quien mande. Habitaremos una
esfera pública plagada de autocensura. O peor, anticipando las críticas y demandas
más duras, nos quitarán los dientes antes de que podamos hincárselos. Ya han
empezado a proscribir el periodismo que actúa de contrapoder – ilegalizando sitios como WikiLeaks – y persiguiendo a los ciudadanos que colaboran para
defender lo poco que queda de sus libertades civiles.
Nuestro espía y el
coro de putas, ángeles e imbéciles.
El calado de las cloacas que ahora conocemos es tal que resultaba
preciso rebajar la entidad del protagonista y de su denuncia. A Snowden se le
presentó, primero, como un hacker, demasiado joven y sin méritos para merecer
la atención pública. Una vez que la acaparó, se le envolvió en una historia de
espías a sueldo de Pekín, Moscú… Presentadas con este guión, las peripecias
de Evo Morales, retenido en un aeropuerto por sospechoso de trasladarle en su
avión presidencial, eludieron el calificativo de «secuestro y piratería
aérea». Así las catalogó el reconocido reportero de guerra John Pilger.
Pero por mucho que lo nieguen, Snowden encarna la máxima
expresión de un ciudadano digital. Este tecnocidano,
que diría Antonio Lafuente, ha cuestionado con su competencia tecnológica y sus
valores cívicos el sistema para el que trabajaba. Si WikiLeaks se presentó como
la Agencia de Inteligencia del Pueblo, Snowden sería nuestro espía. El
funcionario del capitalismo cognitivo se erigió en desobediente civil. Apeló a
los Padres Fundadores de EE.UU. y a la Primera Enmienda. Renunció a un magnífico
sueldo, se exilió y se arriesga a ser eliminado, en medio de voces de supuestos
políticos y pretendidos periodistas que así lo sugieren. Por último, ofrece su
colaboración a la ONU, a los gobiernos de Brasil y Alemania, embarcados en dar
respuestas (bien diferentes, por cierto) al ya ineludible reto de la gobernanza
de Internet. El Internet del siglo XXI – la democracia y la economía sostenible o el totalitarismo y la devastación a él
asociadas – no podrán entenderse sin Snowden.
Para el fundador de los Estudios de Paz, Johan Galtung, el
espía que se hizo hacker reactualiza la lucha de los años 70 por las libertades
civiles. Para quienes acabaron con Vietnam mediante otras filtraciones (Daniel
Ellsberg), constituye el ejemplo que debieran seguir otros compañeros de
teclado. En una carta abierta han llamado a imitarle reutilizando la frase
fetiche de Assange: «el coraje es contagioso». Estas voces insumisas
apenas resultan audibles. Las tapan las noticias sobre el personaje del Agente
2.0 al servicio del Eje del Mal. La información se presenta guionizada como un
thriller tramposo que, de paso, rebaja el coraje del espectador infundiéndole
calculadas dosis de miedo. De eso se trata, de que la ciudadanía solo se asuma
como espectadora. Mejor aún, como espectadora que se sabe monitorizada y que,
en consecuencia, no hará nada raro ni cochino en la oscuridad de la sala de cine o en
el salón de estar.
Tan peligrosa como la desinformación que viene de arriba
resulta la «corrosión del carácter» que traslucen las reacciones de
los de abajo. Pareciéramos rodeados de audiencias cínicas, descreídas e
ignorantes. Me refiero a quienes aún atienden a los presstitutes (prostitutas de la prensa) que, como buenos
profesionales, tras realizar la faena – en este caso informativa – presuponen
que no hace falta recordarte que nada de lo dicho y hecho era verdad. Sus
reacciones ante Snowden y sus valedores se resumen en una batería de preguntas ramplonas.
¿De verdad era necesario contarte que
nada en esta vida es gratis? ¿Creías que Facebook significaba «por la cara»?
Y la Guerra por la Libertad, ¿también te iba a salir gratis?
Los escribas a
sueldo llegan a reprocharnos que pensáramos que alguna vez se pondrían en pie
por nosotros o, mejor dicho, con nosotros.
A estas meretrices se suman quienes se presentan como
ángeles custodios del sistema. Para ellos las mega-filtraciones minan la
legitimidad de las democracias, porque mientras estas son vulnerables a la
crítica las dictaduras permanecen inmunes a cualquier denuncia. Es decir,
Assange, Manning y Snowden habrían degradado nuestras democracias; situándonos
en desventaja frente a quienes nos amenazan. No falta quien también acusa a los
filtradores de empeorar la situación. Porque si antes se hacían así las cosas,
ahora aumentarán la opacidad y el rigor. Los argumentos son equiparables a imputarles
a Al Gore y a Greenpeace el cambio climático, la impunidad con que China
destruye la capa de ozono y el creciente agujero de ozono.
No les hagan caso. Mienten, igual que quienes afirman que
todo lo denunciado ya se sabía. Hasta la llegada de Snowden la monitorización y
la represión digitales solo se imputaban a las dictaduras; ya saben, Irán,
China, Rusia… El joven analista-hacker ha tenido que jugarse el pellejo para que
los apocalípticos más señalados de la Red denunciasen, ahora sí, los desmanes
de la NSA. Los «soplones» que se anticiparon a Snowden pagaron caras
sus denuncias; precisamente, por la ausencia de portavoces que denunciasen la
confluencia digital de los intereses corporativos y militares en nuestras
sociedades.
Putas, ángeles custodios y mentirosos rodean a Snowden para
acallarle. Ante todos ellos se congregan quienes afirman que nada temen, porque
nada tienen que ocultar. Pobres imbéciles. Ni siquiera aplican al móvil los
mismos criterios que a su coche. Pues bien, nos queda decirles, puros del mundo,
nudistas de la red, instalen en su automóvil un dispositivo que informe
puntualmente de cada uno de sus trayectos, la identidad de sus acompañantes, y
todas y cada una de las infracciones de tráfico que comete a diario, la mayoría
sin darse cuenta. Luego hablamos del nuevo precio de su seguro, o de…
¿Soluciones? Las mismas que en anteriores periodos del
avance de las libertades civiles. Desarrollar herramientas de emancipación y
construir sujetos capaces de emplearlas. Para empezar, conduzcamos coches que
solo nos lleven a dónde queramos; es decir,
usemos software libre. Generemos, tejamos redes de ciudadanía digital; más allá
de la palabrería, del fetichismo y snobismo. Garanticemos la existencia de un
Snowden en cada corporación y de una Manning en cada ejército. En eso
deberíamos ocuparnos los próximos años.

[*] Este
texto anticipa el libro El cuarto poder
en red
, que será publicado por Icaria en primavera de 2014. Comenzará a ver la luz en el blog, que con el mismo título, aparecerá  próximamente en Público.

El amigo de ETA

Pedazo de entrevista, de entrevistado y de película.

Una dosis necesaria de ProPolis ante la necedad y el despropósito que nos (des)gobierna.

* Entrevista con el director de Asier ETA biok – Asier Y yo, un documental que cuenta cómo es la amistad con un militante de ETA y que se estrena el 17 de enero.

* El protagonista, Asier Aranguren, ha sido detenido esta semana por la Guardia Civil.

* «ETA ha puesto en bandeja a los diferentes gobiernos la excusa para reprimir impunemente», dice el realizador Aitor Merino.

Tostao de Eldiario.es antes de que lo liberen de las cadenas del «freemiun» por ser socio. Aquí más.