El periodismo de datos es como el punk: todo el mundo puede hacerlo

A través de Fran Barquilla y su Tipómetro.

Simon Rogers, un gurú (de los de verdad) del periodismo de datos, responsable de introducirlo en The Guardian antes de convertirse en editor de datos en Twitter, ha dado una charla en la Universidad de San Francisco donde expuso su tesis sobre cómo los datos están cambiando el periodismo.

Aquí los argumentos y principios extraídos de su presentación. Lo más relevante: esto es más viejo que la polka y es abierto y colaborativo o no vale.

1. El periodismo de datos no es nuevo. Y para ello pone como ejemplo una página de The Guardian, publicada en mayo de 1821, que contenía una gran cantidad de datos de las escuelas de Manchester. El diario daba a entender entonces que “como no sepas lo que pasa, no puedes cambiar las cosas”.

2. El periodismo de datos se está convirtiendo en una norma, en una forma de hacer el trabajo. ¿Por qué? Basta un ejemplo (aunque lejano): en el Texas Tribune norteamericano el 60% de páginas vistas son de contenido realizado con los datos.

3. La curación (o gestión de contenidos, como nos gusta en este blog) es muy importante.
¿Un ejemplo? Si creas una tabla con el medallero de los juegos
olímpicos basada solo en los datos oficiales de oros, platas y bronces
no es lo mismo que si en esa tabla introduces variables que tengan en
cuenta la población o el PIB con la relación de logros deportivos.

4. Crowdsourcing. Las comunidades masivas de profesionales es una excelente manera de lidiar con ingentes cantidades de datos. En el periodismo de datos, más si cabe, se hace muy necesaria la colaboración entre colegas.

5. El periodismo de datos funciona sólo si es abierto. Ésta idea liga con la anterior: menos espíritu competitivo y más colaborativo.
Y no solo hay que abrirse a los profesionales de los medios: el papel
de los piratas informáticos, que han creado el mejor contenido y con
mayor rapidez que los medios de comunicación tradicionales, es
fundamental y ha quedado de manifiesto durante las elecciones en Nueva
York, Argentina o Francia. “No se trata de ser mejor que el otro, sino de integrar el consejo de otro“, dice Rogers.
detalle de la presentación

6. Hay muchas herramientas sencillas y gratuitas para crear el contenido con los datos, sin ser un programador experimentado (aunque ayuda). Y el diseño es importante.

7. El periodismo de datos es la nueva forma de presentar un reportaje corto. Los periódicos deberían apostar por rescatar pequeñas historias que se pueden contar en una visualización, como por ejemplo la concentración geográfica de cualquier hecho llamativo en una ciudad o región.

8. Una forma de contar historias. No hay que dejar
pasar esta idea: no hay que hacer periodismo basado en estadísticas, es
comparar y contextualizar determinado juego de números con la historia
que cuentan.

9. El proceso para extraer noticias de los datos te hará sudar. El data journalism
se basa principalmente en exprimir ingentes cantidades de datos en
busca de una historia interesante. El camino hasta lograrla consumirá el
80% de tu esfuerzo, mientras que el 20% restante se reparte entre
encontrar una idea brillante y darle salida.

10. Lo importante es lo que cuentas. Nunca hay que perder de vista que lo que todo periodista persigue es contar qué está pasando.

Y, como regalo de ProPolis, una magnífica presentación TED del tal  Simon Rogers: «Todo el mundo puede hacerlo. El periodismo de datos es el nuevo punk»: AQUÍ. ¡Con The Clash de banda sonora! Y un mensaje final «People can do anything» (Joe Strummer).

Lo que los drones y Facebook tienen en común

Un diálogo entre Zygmunt Bauman y David Lyon. Retostado de Tortuga.

David Lyon. En la edad moderna, que usted describe como “fugaz”, nos
encontramos con la vigilancia bajo formas diversas y significantemente
nuevas. Según usted, cabe referir a modo de ejemplo los drones
(vehículos aéreos no tripulados) y los medios sociales. Ambos generan
datos personales (relativos a personas) para su procesamiento
digitalizado, si bien lo hacen de diferente manera. ¿Es posible que
ambos medios se vengan complementando en el sentido de que nos estemos
acostumbrando mediante el uso despreocupado de uno, los medios sociales,
 y a la recogida de datos personales, mediante drones miniaturizados,
que en gran medida está pasando desapercibida?  ¿Y cuáles serán las
consecuencias de esa evolución sobre nuestro anonimato y nuestra
relativa invisibilidad en la vida cotidiana?

Los drones de la generación venidera ya serán invisibles

Zygmunt Bauman. Con su pregunta está aludiendo a un breve texto que
hace pocos meses apareció en el sitio “Social Europe”. En este ensayo me
he ocupado de dos artículos de prensa, aparentemente no relacionados,
que se publicaron en días sucesivos, el 19 y 20 de junio 2011; y como
ninguno de ellos llegó hasta los titulares, tampoco  cabe reprochárselo a
quien no lo haya leído.

El primer artículo informa que los drones de última generación no
superan el tamaño de una libélula o un colibrí, pudiendo aterrizar
perfectamente en la repisa de una ventana para “permanecer ocultos
incluso cuando la visibilidad resulte óptima”, para decirlo con las
entusiastas palabras del ingeniero aeronáutico Greg Parker [1].

En el segundo artículo se afirma que Internet acabará con nuestro
anonimato y nuestro libre albedrío [2]. Ambas noticias coinciden en
predecir la desaparición de la posibilidad de ocultarse/esconderse; y
cabe resaltar que esas predicciones hayan surgido independientemente y
sin conocimiento la una de la otra.

Los drones no tripulados, que al igual que los polémicos modelos
llamados ‘Predator’, se encargan de tareas de espionaje y de combate
(“desde 2006, han sido más de 1.900 los rebeldes muertos por drones
estadounidenses en las zonas fronterizas paquistaníes”); próximamente
irán reduciéndose, al menos en el ámbito de la exploración, hasta el
tamaño de pequeños pájaros, y, de ser posible, de
insectos.

La “era postheroica” de la guerra

Los drones de las generaciones venideras ya serán invisibles,
pudiendo alcanzar todo a su alrededor; ellos mismos serán intocables,
pero volverán vulnerable todo lo que esté en su entorno. Peter Baker,
profesor de ética en la United States Naval Academy, opina que con ellos
se va a iniciar la “era postheroica” de la beligerancia. Al dar
crédito, empero, a lo que opinan otros “especialistas en ética militar”,
irán agrandando cada vez más la ya considerable “distancia entre el
pueblo americano y la guerra”. Se trata pues de otro paso más (el
segundo tras sustituir los reclutas por soldados profesionales) con el
fin de llevar la guerra de tal manera que permanezca lo más invisible
posible a la nación en cuyo nombre se realiza (máxime cuando ningún
ciudadano ya deberá arriesgar su vida); de este modo, el oficio de la
guerra se vuelve más fácil, y desde luego más atractivo, puesto que se
evitan casi por completo los llamados daños colaterales y los costes
políticos.

Los drones de la próxima generación lo verán todo, permaneciendo
gustosamente ocultos, en el doble sentido de la palabra, literal y
metafórico. Nadie podrá protegerse de ser objeto de observación, en
ninguna parte. También los técnicos, quienes accionarán los drones,
dejarán de controlar sus movimientos y ya no sabrán cómo eximir de la
vigilancia cualquiera de los objetos potenciales, por mucho que, en
determinados casos, se les pueda implorar hacerlo: Los “nuevos y
perfeccionados” drones quedarán programados para volar autodirigidos y
acercarse a las metas por rutas que ellos mismos habrán elegido. Una vez
que estén accionados/activados en suficiente cantidad, sólo el cielo
podrá delimitar la cantidad de informaciones que irán recogiendo.

Esa es pues la perspectiva que ofrecen los nuevos instrumentos de
espionaje y vigilancia que, debido a su capacidad de operar con
autonomía y a gran distancia, es la que más preocupa a sus constructores
y, por consiguiente, a los periodistas que informan sobre ellos: la
visión de un “tsunami de datos” cuyos preludios ya están superando la
capacidad de los empleados en las centrales de mando de la Air Force
[las fuerzas aéreas] de EEUU; y, agotando su receptividad y la de los
demás actores, terminará por quedar completamente fuera de su control.
Desde el 11 de septiembre de 2001 el número de horas que los empleados
de la Air Force han de dedicar al procesamiento de los datos recogidos
por los drones, se ha incrementado en un 3.100 %; y a diario llegan
1.500 horas de material de vídeo más, que han de ser procesadas. En el
momento en que la obsoleta mirada por la cerradura que facilitan los
sensores quedará sustituida por una nueva técnica llamada “Gorgon stare”
[3], que permite – ¡qué avance más insólito! – captar toda una ciudad
al sobrevolarla una sola vez, se necesitarán 2.000 en vez de los 19
analistas actuales para ver los flujos de datos de un solo drone. Lo
cual sólo nos da una idea sobre el trabajo y el dinero que va a costar
el seleccionar un objeto “interesante” o “relevante” de entre ese tonel
de datos sin fondo; pero no significa en absoluto que ninguno de los
posibles objetos de interés pudiera impedir llegar a ese tonel. Nadie
sabrá jamás con seguridad si uno de esos “colibríes” se posó o no en su
alfeizar.

En lo que se refiere al “fin del anonimato”,  que se vislumbra en
Internet, la situación se presenta algo distinta: renunciando a nuestro
derecho a la intimidad o privacidad, nos dejamos llevar voluntariamente
al matadero. También cabe que consintamos en esa pérdida de privacidad,
que nos puede parecer un precio aceptable para las cosas estupendas que
recibimos a cambio. O puede ser que la presión de entregarle nuestra
autonomía al matadero, cual rebaño de ovejas, resulte tan poderosa que
solamente las personas extraordinariamente rebeldes, orgullosas,
luchadoras y firmes logren ofrecer una resistencia genuina. Tanto si una
u otra, parece ser que se nos ofrece al menos la posibilidad de elegir,
la apariencia de un contrato recíproco y el derecho formal de protestar
y pleitear ante cualquier incumplimiento, algo que en comparación con
los drones nadie nos puede garantizar.

La esclavitud “do-it-yourself”

Sea como fuere, en el momento que estemos “dentro”, quedamos
abandonados a nuestra suerte. Brian Stelter afirma que “la inteligencia
colectiva de dos mil millones de internautas, junto con las huellas que
muchos de ellos dejan en las páginas que visitan, va a conducir a que
prácticamente todos y cada uno de los bochornosos videos, las fotos
privadas y los correos más o menos educados podrán ser asignados a la
persona que lo haya generado, le guste o no” [4]. Cuando el fotógrafo de
prensa Rich Lam, fotografiando en el verano de 2011 las revueltas
callejeras después de una partida de hockey sobre hielo en Vancouver,
tan sólo necesitaba un día para localizar e identificar a una pareja
que, en el primer plano de una de sus tomas (y sin que lo hubiese
advertido), se había besado apasionadamente tumbados ambos en el suelo.

Hoy en día, todo lo privado ocurre potencialmente en público, y por
ello puede llegar a ser consumido, además de quedar disponible hasta el
fin de los tiempos, puesto que, como sabemos, Internet no olvida nada
que haya llegado a uno de sus incontables servidores. “Esta disolución
del anonimato se la debemos a los medios sociales, que todo lo penetran;
a los teléfonos móviles baratos con cámara incorporada; las páginas de
hosting gratuito para fotos y vídeos, y puede que ante todo, a un cambio
de opinión que muchos experimentan sobre la cuestión de lo que puede
ser publicado y lo que debería permanecer en el ámbito privado”. Se nos
explica que todos esos gadgets técnicos son “fáciles de usar”, aunque
ese término,  favorito de los publicitarios, al concretarlo, no nos dice
otra cosa que el producto en cuestión, al igual que una estantería de
IKEA, jamás llegaría a serlo sin el esfuerzo del usuario. Y quisiera
añadir: sin su entusiasmo, entrega y sus aclamaciones. Etienne de La
Boétie, de vivir en el presente, podría llegar a decir que no sólo se
trata de una esclavitud voluntaria, sino de una esclavitud
Do-it-your-self [5].

¿A qué conclusión llegamos al equiparar a los operarios de drones con
los usuarios de Facebook, entre dos tipos de usuarios pues, que por lo
visto actúan motivados por impulsos distintos, pero que llegan a
cooperar estrechamente unos con otros, avanzando, consolidando y
extendiendo con altísima eficacia aquella práctica que usted, David,
viene a denominar “clasificación social?”

“Nunca más estarás solo” o  de la alegría que produce la observación permanente.

Para mí la más notable característica de las nuevas formas de
vigilancia es que obviamente hayan logrado de algún modo, mediante
buenas palabras o por coacción,  ponerlas a colaborar al servicio de una
misma realidad, cosas que en un principio eran antagónicas. Por un
lado, la estrategia panóptica (“nunca debes saber cuando te observamos,
para que jamás te puedas sentir no observado”), lenta pero
inexorablemente, se viene a aproximar a su aplicación/ realización casi
universal. Pero como la pesadilla del panóptico -nunca estás solo- hoy
día está retornando a modo/disfrazado de mensaje esperanzador: “nunca
volverás a sentirte solo (abandonado,  desatendido, vencido y
excluido)”;  por otro lado, el viejo miedo a ser descubierto ahora es
relevado por la alegría de nunca pasar inadvertido.

Que estas evoluciones, y ante todo su armoniosa interacción
persiguiendo un mismo fin, hayan sido posibles, claramente es debido a
la circunstancia que hoy día ya no son la detención y el arresto los que
se consideran los más amenazantes para la seguridad existencial, y por
tanto, causa principal de los miedos, sino de la marginación. El ser
visto y observado, de considerarse una amenaza ha pasado a ser una
promesa, la promesa de una mayor visibilidad; la expectativa de poder
“llegar al exterior”, donde todo el mundo nos puede ver y observar, se
va aproximando a la deseada confirmación de nuestro reconocimiento
social, y por ende, de nuestra existencia como valiosa y “con sentido”.
El ver indexada toda nuestra vida, con todos sus desaciertos y faltas,
en listas públicas, al alcance de todo el mundo, nos parece el mejor
antídoto y profiláctico posible contra el veneno de quedar excluidos o
marginados; y al mismo tiempo un potente modo para defendernos ante el
peligro que supondría la exclusión forzosa; de hecho, se trata de una
tentación a la que , en la práctica, sólo muy pocos, si bien con
existencias sociales precarias, serán capaces de resistir. El éxito
fenomenal que acusan las “redes sociales” en los últimos tiempos se me
antoja un buen ejemplo que confirma esta tendencia/trend.

La gran soledad y su solución

Se confirma que el veinteañero estudiante Mark Zuckerberg, sin haber
acabado sus estudios en Harward, parece haber encontrado una mina de
oro, cuando tuvo la idea de crear Facebook (algunos mantienen que la
robó) [6], para colocarla en febrero de 2004 en la Red, en un principio
exclusivamente para estudiantes de Harward. Pero ¿qué es aquel mineral
parecido al oro, que el afortunado Mark dice haber encontrado y que,
desde entonces, viene excavando con un beneficio fabuloso, que aún sigue
creciendo constantemente?

En la página oficial de la empresa Facebook se encontraba la
siguiente descripción de sus ofertas, cuya irresistibilidad inducía a
más de 800 millones de personas de pasarse gran parte de sus jornadas en
los latifundios virtuales de Zuckerberg
: “Cada usuario podrá
confeccionarse su propia página perfil con sus intereses personales,
informaciones de contacto, y demás datos sobre su persona. Cada usuario
podrá comunicarse, mediante la función de chat, con sus amigos y otros
usuarios acerca de las noticias, públicas y privadas. Además podrá crear
e incorporarse en grupos con intereses afines y ‘páginas de fans’ que,
en parte, son utilizados por diversas organizaciones con fines
publicitarios”. Dicho de otro modo: Lo que millones de “usuarios
activos” acogían con tanto entusiasmo, cuando se les fue permitido
incorporarse en Facebook en calidad de “usuarios activos”, era la
expectativa de encontrar lo que por lo visto ya venían anhelando desde
hacía tanto tiempo, pero sin saber dónde buscar o encontrarlo, hasta que
Mark Zuckerberg entró a ofrecerlo en Internet dirigido a sus compañeros
de estudio.

“Internet tan sólo genera lo que ya llevamos dentro”

Primero: por lo visto, los estudiantes se habían encontrado más solos
de lo que querían estar
, pero por uno u otro motivo, no pudieron 
imaginar cómo escapar de esa soledad con los medios que entonces tenían a
su alcance.

Segundo: deben de haberse sentido tremendamente abandonados,
desatendidos, ignorados, y hasta expulsados, exiliados y excluidos
, una
vez más, considerando demasiado difícil salir de este odioso anonimato
por uno de los caminos que tenían a su alcance. Para ambas
circunstancias, Zuckerberg venía a ofrecer los medios y el camino, que
hasta ese momento habían echado en falta tan  dolorosamente y que habían
buscado en vano; no era de extrañar que, cuando se les brindó la
oportunidad, se lanzaran de un día para otro.

Deben de haber estado aguardando, los pies ya en los bloques de
salida, los músculos tensados, el oído aguzado, para no perderse el
pistolazo de salida.

Como dijera Josh Rose, entonces “Vicepresidente ejecutivo y director
creativo digital de la Agencia de publicidad Deutsch LA”: “Internet no
sólo nos priva de nuestra humanidad, la refleja. No es que Internet
penetre en nosotros, se limita a generar lo que ya llevemos dentro” [7].
¡Cuánta razón tiene! Nunca debemos matar al mensajero por mucho que nos
pueda disgustar el mensaje que nos trae; pero tampoco hay que alabarlo
por lo que nos pueda traer… al fin y al cabo, siempre dependerá del
receptor del mensaje, de sus preferencias o aversiones, sus sueños y
pesadillas, sus esperanzas y temores, si un mensaje le lleva a dar
saltos de alegría o sumirlo en la más oscura desesperación.
Lo que vale decir sobre el mensaje y el mensajero, en cierto modo,
también podemos aplicarlo a Internet y sus “servicios de mensajería” que
nos sirven los mensajes escritos sobre la pantalla para atraer nuestra
atención. También en este caso depende del uso que hagamos nosotros (más
de 500 millones de “usuarios activos de Facebook”) de las ofertas, que
determinará si éstas repercuten para bien o para mal, en nuestro
beneficio o en contra. Todo depende de lo que estemos buscando o
añorando; la técnica tan sólo facilita que nuestros deseos se realicen
más rápido y de un modo más eficiente.

La práctica de la “confesión”

David Lyon. En efecto, resulta interesante observar lo que el uso que
hagamos de Internet y los medios sociales revela sobre nuestras
relaciones sociales,  por exponer lo que nos esté sucediendo en cada
momento. Así que la cuestión de la “privacidad” se torna mucho más
compleja de lo que se pensaba antes. Lo vemos, por ejemplo, en la
relación entre privacidad y secreto [8].

El guardar informaciones, “restringir el conocimiento que uno tenga
del otro” a Simmel le resulta decisivo para el concierto social; el modo
en que nos relacionamos con los demás depende notablemente de lo que
sabemos de ellos. Pero sus reflexiones al respecto ya se publicaron en
1908, por lo que requieren ser actualizadas, no sólo por el hecho de que
las informaciones fluyan, se bloqueen y desvíen hoy de otra manera [9],
sino también a causa del nuevo reto relativo a los “secretos”
existentes y sus efectos en el ámbito público de las redes sociales.

Hacia finales del siglo XX, Foucault publicaba sus reflexiones sobre
la práctica de la confesión. Según él, la confesión – pongamos de un
crimen – se ha convertido en el criterio decisivo de la veracidad que
surge desde la profundidad del si mismo. Foucault estudiaba tanto la
confesión privada ante un sacerdote, como la confesión pública que llega
a los titulares. Para Foucault, la confesión era literalmente “buena
para el alma”; mientras que los equivalentes seculares de la época
hacían hincapié en los aspectos de salud y bienestar. Sea como fuere,
para Foucault el individuo desempeña un papel activo en el control de si
mismo. Habrá que discutir si Foucault iba a considerar como confesión
los íntimos y obscenos detalles que se postean hoy en los blogs y
Facebook. Y además habrá que debatir y definir de nuevo lo que es
“público” y lo que es “privado”. En la confesión cristiana, que uno
susurra al oído de otra persona, existe humildad. El blog, en cambio,
que va dirigido a todo el mundo que pueda leerlo, es acto de
autoalabanza; de reclamo o, cuando menos, de publicidad.

Zygmunt Baumann. Existe una enorme diferencia entre el concepto
premoderno (medieval) de la confesión – ante todo entendido como el
reconocimiento de una culpa ya confesada, y que precedía a la tortura
física o espiritual, con la que las autoridades eclesiales, pretendían
extraerlo (sonsacarlo) como si se tratara de repetir y reafirmar la
Verdad -; y la interpretación moderna de la confesión a modo de
manifestación o externalización y reafirmación de la “verdad  interna”,
de la autenticidad del “yo” como fundamento de la individualidad y su
intimidad
. Pero en la práctica actual, la sociedad confesional resulta
ser ambivalente: Nos augura la definitiva victoria de lo privado, un
invento típicamente moderno; pero marca, al mismo tiempo, el inicio de
una vertiginosa caída desde cima de la gloria; se trata pues de una
victoria pírrica: La intimidad avanzaba, conquistaba y colonizaba el
ámbito público, pero no sin perder al mismo tiempo su derecho al
secreto, su característica determinante, su privilegio más valorado y
más defendido.


La confidencialidad como límite del ámbito privado

El secreto, lo confidencial, es aquella parte de nuestro conocimiento
cuya transmisión a otros (al igual que otras posesiones personales) se
somete a determinadas restricciones, o queda prohibido o como mínimo
estrictamente vigilado. La confidencialidad marca, para así decirlo, el
límite del ámbito privado, una zona que ha de ser mi dominio, un
territorio de mi absoluta soberanía donde tengo el poder absoluto e
ilimitado de decidir “qué y quién soy”, y desde donde me lanzo, una y
otra vez, para reivindicar que mi entorno reconozca y respete mis
decisiones. Pero a medida de que nos hayamos apartado, asombrosamente,
de los hábitos de nuestros ancestros, hemos ido perdiendo el valor, la
fuerza y sobre todo la voluntad de sostener y defender estos derechos
como las irrenunciables piedras angulares que son en nuestra autonomía
individual.

Hoy no tememos tanto que invadan nuestro ámbito privado o nos
traicionen, que todo lo contrario; a saber, que se nos cierren la
salida.
De este modo, el ámbito privado se convierte en un lugar
cerrado, en el que quedamos condenados a apañárnoslas solos, aceptando
no tener a quien nos escuche y que supere la barrera de nuestra
privacidad para arrancarnos nuestros secretos con el fin de hacerlos
públicos, para que lleguen a compartirse entre todos. Parece que ya no
nos deleita el mantener secretos, a no ser que pertenezcan a aquella
clase que es capaz de pulir nuestro ego, por atraer la atención de
científicos o redactores de tertulia o por hacernos merecedores de
figurar en las portadas de la prensa amarilla o de revistas de lujo.

“El primer propósito de los medios sociales es el intercambio de
informaciones privadas”. Los usuarios son felices de poder “desvelar
detalles íntimos de su vida privada”; “publicar informaciones ciertas
sobre si mismos” y “poder intercambiar fotos privadas”. Se calcula que
un 61 % de los jóvenes británicos entre los 13 y 17 años de edad “tienen
una página de perfil en uno de las redes sociales”, que les facilita
“poder relacionarse con otros.” [10]

En Gran Bretaña, que anda años cibernéticos detrás de los países del
este asiático en cuanto a popularidad de los equipamientos electrónicos
más modernos, son aún muchos los usuarios que creen que el participar en
las “redes sociales” es la expresión de su propia libertad de elegir;
considerándolo incluso un medio de rebelión juvenil y autoafirmación. En
Corea del Sur, en cambio, donde la mayor parte de la vida social ya se
está desarrollando en la rutina electrónica (o mejor dicho: donde ya se
ha convertido en una vida electrónica o cibernética), y donde la mayoría
de esa “vida social” en compañía de un ordenador, iPods o teléfonos
móviles, y sólo una mínima parte en compañía de otros seres de carne y
hueso, resulta evidente que esa gente joven ya no dispone de ninguna
libertad de elección.  En su entorno, la digitalización de la vida
social ya no es cuestión de una decisión personal, sino una necesidad al
estilo: “¡Come o muérete!” A los pocos que aún no han podido
registrarse en Cyworld, el equivalente líder del mercado surcoreano en
materia de “chismorreo y cotilleo”, irremediablemente, les espera  la
“muerte social”.

De la sociedad a la red: La desnudez como consigna del día

Pero sería un error suponer que la presión para que la “persona
privada” se exhiba en público y su disposición de ceder ante ella fuese
una adicción meramente generacional y relacionada con la edad
adolescente, en la que los jóvenes sienten de forma natural un vivo
interés por franquear la puerta de la “red” (tal y como se dice cada vez
más, tanto en el discurso sociológico como en el habla cotidiano, para
referirse a la “sociedad”); y luego por mantenérsela abierta, no sin
sentirse inseguros sobre cómo deberían proceder mejor. La nueva
tendencia hacia la confesión pública no se explica mediante factores
“específicos de la edad”, al menos no de modo exclusivo.

Hace algunos años, el psicosociólogo francés, Eugène Enriquez, vino a
escribir lo que, al juzgar por las crecientes pruebas, se está
incubando en todos los sectores del mundo consumista: “Al considerar que
lo que antes era invisible  – las intimidades propias de cada
individuo, su vida interior – deben exhibirse hoy en el escenario
público (ante todo en las pantallas de televisión, pero también en el
teatro) resulta muy comprensible que aquellos que se preocupen por su
invisibilidad, necesariamente, sean rechazados, desplazados y hasta
sospechosos de ser criminales. La consigna del día es la desnudez
física, social y psíquica
» [11].

Pero los adolescentes equipados de “confesionarios móviles” sólo son
los aprendices que se están entrenando en el arte de vivir, en el que
deben ser instruidos en una sociedad confesional, que se caracteriza por
extinguir la frontera que antes había entre lo privado y lo público;
que eleva a  virtud y obligación social la exhibición pública de lo
privado; y que elimina del espacio público de comunicación todo lo que
no permite ser reducido a una confesión personal; junto con todos
aquellos que rechacen confiarse a este espacio público.

Ya hacia finales de los años 20 del siglo pasado, antes de que la
sociedad centrada hasta entonces en la producción pasara a ser una
sociedad de consumo -o muy al principio de este cambio-, a un observador
menos despierto y previsor pudo habérsele pasado por alto -escribía
Siegfried Kracauer, un pensador dotado de una capacidad casi
sobrenatural para detectar de entre la amorfa masa de fenómenos y
costumbres efímeros de moda, y apenas visibles o acaso desdibujados, las
tendencias (trends) que irían a resultar decisivos en el futuro-: “La
gran afluencia a los numerosos salones de belleza se nutre  también de
las preocupaciones existenciales; el uso de productos cosméticos no
siempre es un lujo. Por miedo a caer en desuso por desechos, las damas y
los caballeros se tiñen el pelo, y los cuarentones practican deportes
para mantener su línea. “¿Cómo llego a ser bello/a?” es el título de una
revista de reciente lanzamiento que, según la publicidad,  contiene
fórmulas para “un aspecto bello y joven instantáneo y sostenible”. [12]

Las conductas y costumbres que Kracauer a mediados de los años 20 nos
describe como las últimas tendencias de la vida de los berlineses,
desde entonces se han venido extendiendo como un incendio forestal,
habiéndose convertido en cotidianas en todo el mundo (y donde aún no han
arrasado, la gente al menos ya está soñando con ellas). Unos 80 años
más tarde, observa la feminista Germaine Greer: “Hasta en las regiones
más alejadas en el noroeste chino, las mujeres cambiaban sus trajes
pantalón a cuadros por sujetadores acolchados y faldas coquetas; se
rizaban y teñían su pelo liso y ahorraban para comprar productos
cosméticos. Esto se llamaba ’liberación’”. [13]

El consumidor como mercancía

Los estudiantes y alumnos que hoy se lanzan, entusiasmados, a
promoverse a si mismos en público para llamar la atención y obtener
reconocimiento y aprobación a fin de entrar a participar en el juego de
la socialización; los aspirantes a ser clientes de grandes empresas, que
pretenden acreditar su poder adquisitivo y su credibilidad para recibir
un servicio mejor; los inmigrantes esperanzados, que recogen puntos de
simpatía, y que quieren encender la demanda de los servicios que ofrecen
para poder entrar en el país: he aquí tan sólo tres de las categorías
que, a primera vista, parecen personas absolutamente distintas entre sí,
y que al igual  que miles de personas de otras categorías, se deben
ofrecer en el mercado para obtener un buen precio a cambio. Se les
induce, llama u obliga a publicitar un producto atractivo o deseable
para aumentar el valor mercantil de éste con el esfuerzo máximo y por
todos los medios posibles. Y la mercancía que son obligados a
introducir, promover y vender en el mercado, son ellos mismos. En una
persona reúnen el publicitario y el producto que promueve. Son
mercancía, que deben comercializar, son, en una persona, el producto y
su vendedor a domicilio
(un extremo que, por otra parte, nos pueden
confirmar los universitarios que ya hayan solicitado una plaza
universitaria o fondos para trabajos de investigación).

No importa el grupo de población a la que pertenezcan, todos viven en
el mismo espacio social que suele recibir el nombre de “mercado”.
Y no
importa cómo los profesionales de estadística o de periodismo de
investigación clasifiquen su trabajo, la actividad a la que cada uno de
ellos ha de dedicarse (sea libremente, por pura necesidad o una mezcla
de ambos) se llama “marketing”. El examen por el que tienen que pasar si
quieren alcanzar los deseados premios sociales, les exige que se
conciban ellos mismos como mercancía: productos que ejerzan una “fuerte
llamada de atención”, despertando la demanda y atrayendo a los clientes.

“Consumir”, hoy en día ya no significa el obtener productos para su
disfrute, sino invertir en alcanzar determinado status social, lo que en
una sociedad consumista viene a significar: invertir en la propia
“comerciabilidad”. O se adquieren cualidades para las que ya existe
demanda en el mercado, o a las cualidades ya existentes se les da una
forma mercantil capaz de generar demanda.
De este modo la mayoría de las
mercancías que son ofrecidas a los “consumidores finales” deben su
atractivo, su irresistible fascinación al hecho que a los clientes son
promocionados, explicita o tácitamente, como inversión capaz de añadir
valor
. En la descripción del producto figura en letras más o menos
grandes, pero al menos entre líneas,  la promesa de aumentar el
atractivo del comprador y por tanto, su valor de mercado.
Lo mismo
podemos decir incluso para cosas que el consumidor es llamado a comprar
por su propio placer total o parcial.  Consumir significa invertir en
aquello que redunde en el propio “status social” o la autoestima de uno.

La máxima, y posiblemente la más importante finalidad del acto de
consumir (si bien apenas nombrada y menos aún debatida públicamente) en
una sociedad consumista no consiste en satisfacer determinadas
necesidades, añoranzas o deseos, sino en cosificar (convertir en
producto) al consumidor: él mismo ha de convertirse en mercancía o
aumentar su valor como tal. Finalmente es por esta razón por la que
deberá acreditar su aptitud para consumir, que es una condición no
negociable para entrar en una sociedad formada en función del mercado.
Dicha prueba figura como condición contractual previa a todas las
relaciones contractuales de las que nace la sociedad consumista.

Una servidumbre interminable: ¿Cómo me convierto en producto vendible?

Sólo cuando se cumpla esta condición previa, que no admite
excepciones ni tolera ser rechazada, las innumerables transacciones
entre vendedores y compradores vienen a integrar una totalidad
 imaginaria y concebible como  un “conjunto” que podemos llamar
“sociedad”; como una entidad capaz de exigir y obligar a las personas a
acatar esas exigencias, que nos permiten referirnos a “hechos sociales”
en el sentido durkheimiano.

Una vez más: los miembros de una sociedad consumista son ellos mismos
bienes de consumo, una cualidad ésta que les viene a otorgar  aquel
status. Su principal preocupación consiste en llegar a ser y permanecer
siendo un producto comercializable/vendible, aun cuando pocas veces sean
conscientes de ello, y menos aún lo articulen explícitamente. La
atracción de un producto, sea objeto actual o potencial de un deseo
capaz de incitar al acto de comprar, se mide por tanto y ante todo por
su capacidad de aumentar el valor mercantil del consumidor.
Pues en la
sociedad consumista cada individuo viene obligado a convertirse, él
mismo, en producto demandado, por el procedimiento del do-it-yourself.
El objetivo y el reto consisten pues no sólo en convertirse en
mercancía, sino hacerlo uno/a mismo/a.

Pertenecer a esta sociedad supone una servidumbre que exige esfuerzos
continuos
. El miedo de no ser capaz de acoplar o amoldarse, se ha
convertido en el miedo de no dar la talla, que no resulta ni un ápice
menos tormentoso que el primero. Los mercados tratan por todos los
medios a su alcance de capitalizar este miedo; y las empresas dedicadas
al mercado minorista compiten entre ellas por convertirse en el más
fiable guía y ayudante de sus clientes en su interminable tarea de
aumentar su valor. Quieren facilitarle la “herramienta” que cada uno
pueda necesitar para su  propia comercialización individual
. Los
productos, empero, que vienen a recomendar como si de la expresión de
una decisión individual se tratara,  son en realidad decisiones
prefabricadas, que ya estaban confeccionadas, antes de que el individuo
se encontrara ante la tarea (que, para más INRI, le fue presentada como
una “oportunidad”)  de tomar sus propias decisiones
. Resulta absurdo
creer que al individuo jamás le pudieran facilitar la elección. Lo que
en estos productos se viene a especificar y concretar es nada más que la
inevitable “necesidad” , que cada persona debe reconocer y acatar, hoy
igual que antaño; y cuya obligatoria observación debe aprender a asumir
primero si quiere llegar a ser realmente libre.

¿Será así, pues, que Facebook debe su increíble éxito en primer lugar
al hecho de que opera como un mercado en el que esa amarga necesidad
tiene cita diaria con una entusiasta selección de supuestas
alternativas?

Notas:
[1] Elisabeth Bumiller y Thom Shanker, War envolves with drones, some tiny as Bugs, en The New York Times, 19.06.2011.
[2] Brian Stelter, Upending anonymity. These days the web unmasks everyone, en ibíd., 20.06.2011.
[3] La técnica de la mirada “gorgónica” permite equipar a un dron con
las cámaras suficientes para que pueda “streamear” hasta desde 360
grados distintos. De este modo se impide que se pueda detectar desde el
exterior el objeto que el dron estuviera observando en cada momento. El
término alude a las gorgonas de la mitología griega, cuyas miradas eran
tan potentes que petrificaban a cualquiera que intentase mirarlas.
[4] Brian Stelter, art. cit.
[5] Étienne de la Boétie (1530-1563) era amigo de Michel de
Montaigne; su discurso impreso en 1547 “Discours de la servitude
volontaire” [discurso de la servidumbre voluntaria] gira alrededor de la
tesis que los suprimidos, a veces,  no sólo soportan su esclavitud,
sino incluso pretenden provocarla.
[6] El supuesto robo no ha podido comprobare de modo inequívoco; al
igual que la mayoría de casos que llegaron ante los tribunales desde la
fiebre de oro de California en 1849; al fin y al cabo, Internet, a
principios del siglo XXI, es similar a la California de mediados del
siglo XIX:  un espacio casi sin leyes, sin propiedad privada, sin
cánones de licencia (royalties) y sin impuestos.
[7] Josh Rose, How social media is having a positive impact on our culture, 23.02.2011, http://mashable.com/2011/02/23/soci….
[8] Georg Simmel, Soziologie. Untersuchungen über die Formen der
Vergesellschaftung.  Edición completa, tomo 11, Francfort del Mena 1992
(1908), p. 392.
[9] Gary T. Marx y Glenn W. Muschert, Simmel on secrecy and
inheritance for the sociology of information, en Christian Papiloud y
Cécile Rol (editores), The Possibility of Sociology, Wiesbaden 2008.
[10] S. Paul Lewis. Teenage networking websites face anti-paedophile investigation, en The Guardian, 03.07.2006.
[11] Eugène Enriquez, L’idéal type de l’individu hypermoderne:
l’individu pervers? En: Nicole Aubert (editora), L’Individu
hypermoderne, Toulouse 2004, p. 49.
[12] Siegfried Kracauer, Die Angestellten. Aus dem neuesten Deutschland, Francfort del Mena, 1971, p. 25.
[13] Germaine Greer, The Future of Feminism, clase magistral Dr. T. Jans, Maastricht 2004, p. 13.
***
Este extracto está basado en las conversaciones entre Zygmunt Bauman y
David Lyon que la Editorial alemana Suhrkamp acaba de publicar bajo el
título “Daten, Drohnen, Disziplin” [Datos, drones, disciplina].
Fue publicado en Blätter für deutsche und internationale Politik
(Hojas para la política alemana e internacional), Edición 10/2013, pp.
51-62. URL:
www.blaetter.de/archiv/jahrgaenge/2…
Traducción al castellano por tucholskyfan Gabi.

– See more at: http://www.nodo50.org/tortuga/Lo-que-los-drones-y-Facebook#sthash.lC6AjrKX.dpuf

Otra maldita novela de autoayuda.

La habitación oscura
de Isaac Rosa arrebata, genera insomnio. Te encierra en sombras que deslumbran.
Y confirma que la lucidez es una herida debida a la luz del sol. Ha tenido que
pasar un mes desde que me desvelé leyéndola para que pudiese escribir esto. Como
si saliese de una regresión. Y ya no sé si esta escritura es mía. Aún me habita
la voz colectiva de la novela. Un nosotros sin rasgos específicos, que hacia la
mitad de la obra adquiere nombres propios, pero subsumidos en la primera
persona del plural. Nombres de pila que actúan como espejos de una pecera
reflectante en la que se va convirtiendo el cuarto oscuro. Cada página que
pasas arranca una máscara. Nadas entre ellas y al final se refleja la pesadilla
presente. Boqueando, reconoces las ensoñaciones que la nutrieron.

No tengo claro que el párrafo anterior o el que sigue sean
míos. Saltaron como chorros del teclado a la pantalla. Esta novela propone un
ejercicio de memoria del presente. Es la crónica de una crisis que ahora parece
cronificada.  Parece haberse instalado,
establecido como norma. Incubamos esta peste, en un tiempo que quisiéramos
olvidar.
¿Recuerdas como éramos entonces? No, ¿verdad? Parece lejos.
Está oscuro. Dimos muchas vueltas de gallinita ciega para llegar aquí. Era la
excusa para palparnos sin reconocernos. Para reunirnos a encontronazos. No
había tiempo para más. Sentíamos la urgencia de las necesidades inagotables.
Nunca nos conformamos con un solo cuerpo. Ninguno bastaba ni comprometía lo suficiente.
Creímos haber atrapado la gallina de los huevos de oro. Y dábamos vueltas,
cayendo unos sobre otros. Entrando y saliendo en otros cuerpos. Sin decir hola
ni adiós. Solos a la entrada. Y a la salida. Ahora apenas queda el recuerdo de aquella
mano que sostuvimos y nos sostuvo. A oscuras, sin querer más. Sin acariciar más
allá de la muñeca. No queríamos ataduras. Y ahora echas de menos aquella mano:
un nudo de carne, una esposa de metal convertido en ternura, que te haría
libre.
El siguiente párrafo también debe ser una remezcla, un
plagio y pastiche del librazo que nos ha regalado Isaac Rosa.
Recuerda que caímos mil veces, empleando a otros de colchón.
Unos encima de otros, sin saber a quien aplastábamos. Decíamos que era para
tomar impulso. Sentíamos el dulce mareo de dar vueltas, girando sobre el único
eje que aceptamos: uno mismo. Para luego soltarnos como fardos sobre otros
cuerpos. Descargándonos. Liberando carga. Trepando. Trepanando. Exhaustos,
hemos acabado de rodillas ante al becerro de oro. Eso era lo que en realidad
abrazábamos. Y ahora, por mucho que lo frotemos, ya no da luz.
No crean que la novela va de flagelarse con auto-culpas.
Ojalá su lectura aceptase la penitencia como alivio. No hay examen de
conciencia, porque la lista de pecados resulta interminable. Ni purga posible
para la culpa colectiva de semejante despropósito como el que ahora afrontamos.
Abres el libro y ofrece un espejo tan insoportable como un álbum de fotos
familiares. Te sumerges, porque te arrastra hacia dentro. Y acabas girando en
una pecera que ya no magnifica el exterior. Te reflejas en ella. Ya no hay
efecto lupa sobre lo que nos esperaba fuera, cuando creciéramos y
progresáramos. Das vueltas y vueltas en torno a tus, nuestros retratos
prisioneros.
El tiempo antes era a plazos. Satisfacción inmediata y pago
aplazado. Deseos inalcanzables, a nuestro alcance. Lo quisimos todo y creímos
tenerlo: tras reducirlo a un fin de semana en algún spá rebajado. Así nos
quitábamos la mugre de la precariedad. Y aplacábamos nuestro provincianismo con
consumo cosmopolita, probando caldos de uvas raras y cervezas de importación. Aprendimos
idiomas y geografía en las etiquetas. Conocimos mundos soñados en paraísos hipotecados.
Llegamos a lo más alto en temporada baja. Nos devoramos en hoteles y camarotes
de lujo. Gracias al bono descuento. Con él nos comimos el mundo; en realidad,
unos a otros.
Estas (re)visiones – infinitamente superiores en el original
– sirven de rendijas para que las clases medias cuelen su mirada en el cuarto oscuro.
Con el precariado, empobrecido, parado o exiliado pueden revisar la genealogía
de su derrota de clase. Sí, de clase social. También reciben lo suyo los
activistas que invocan que los bancos de pececillos acabarán comiéndose a los
escualos de la rapiña financiera. Su protesta se agota en las pantallas. Es virtual,
sin más impacto que el expresivo. Las manitas agitadas como molinillos en las
asambleas expresan consensos inocuos para el poder. Generan vibraciones de aire,
atmósferas y climas benignos, de disidencia autocomplaciente. Mientras faltan
manos para desmantelar las arquitecturas del expolio. Porque no vaya a ser, señala
la voz narradora con increíble mala leche, lo jodamos todo y no vuelvan los
buenos tiempos.
El fresco social que retrata La habitación oscura tiene tal capacidad de apelación que ya va por
la segunda edición. Enfajada como «la novela de tu generación«, el
mercado intenta empaquetar su significado final. A pesar de que Rosa lo deja
abierto. Su verdadera envoltura es la opción formal que adopta: la alocución del
nosotros plural e inclusivo. Al tacharla de novela generacional se intenta
acotar su apelación a onegeros sin currículum profesional, perroflautas
hedonistas, adictos del ciberactivismo y demás huestes quincemayistas; que así
podrían verse retratados. Los mercados proponen una lectura personal de fracasos y desencanto
individuales. Necesarios para que cada uno realice el tránsito a la madurez,
practique la resignación y haga purga de los excesos de juventud. Un libro de
autoayuda, vamos.
Pero Isaac Rosa ha escrito otro maldito libro de autoayuda; como antes lo hizo sobre la carnicería
franquista. Otra maldita novela sobre la
guerra civil
destripaba una memoria histórica supuestamente rebelde, pero
la mostraba amortajada en convenciones. Sus palabras son de nuevo insumisas:
hacen audible el ominoso silencio que guardan la mayoría de los novelistas
sobre lo que nos está pasando y la respuesta que podemos dar. Una respuesta que
es colectiva o no lo es. La habitación
cerrada
es una parrafada incontenible. Un monólogo interior, propio de un
Lobo Antunes al que le hubiesen extirpado el ego. El monólogo colectivo de
muchas voces que se tornan nosotros evita incurrir en la impudicia que supone
el exhibicionismo individualista en estos tiempos. En el cuarto oscuro no se
desnudan las almas, se arrancan las caretas.
Quedan avisados. Aunque la novela de Isaac Rosa parezca en
ocasiones una parábola de Saramago, no aporta consuelo. Desconoce el lenitivo
del nihilismo edulcorado. No se abandona a la autoindulgencia basada en el
maniqueísmo. Evita digresiones y, por condensación, no incurre en tautologías
ni moralejas evidentes. La pecera rebosa puro veneno destilado. No contiene medicina
para el alma. No sofoca el dolor. Abre el final. Nos deja en el umbral, armados
de lucidez.
Más sobre Isaac Rosa en nuestra colmena, aquí y aquí.

DiscoSopa contra el Despilfarro Alimentario por Carlos G. de Juan

(…) “Con las cifras que tenemos oficiales, si cogiéramos todo lo que se tira en tiendas, restaurantes y casas particulares de Estados Unidos y la Unión Europea, solo con eso tendríamos cuatro veces más alimentos de los necesarios para los mil millones de personas que pasan hambre en el mundo.” -Tristam Stuart

Fuente: tugentelatina.com

Con este contexto, necesitamos un enfoque positivo de empoderamiento colectivo, donde los ciudadanos podemos ayudar a solucionar este problema de varias formas y de un modo muy sencillo y que esta al alcance de nuestras manos en el día a día. Por ejemplo podemos cambiar nuestros hábitos de consumo hacia un consumo responsable, demandando y consumiendo calidad en vez de cantidad, consumir productos locales (KM0) y ecológicos, en base a la filosofía Slowfood (manifiesto). Esto generaría la creación de más grupos de consumo responsable que por efecto de la demanda más personas trabajarían las tierras locales para salvaguardar la producción y la soberanía alimentaria. Con todo ello se dinamizarían las redes de consumo y producción local quedando la riqueza distribuida en manos de los ciudadanos y no concentrándose en pequeños grupos de multinacionales como sucede actualmente. Este modelo alternativo tiene un nombre “Permacultura“.

Sin duda se esta generando un nuevo tejido social más concienciado y comprometido. En Europa existen movimiento, organizaciones e iniciativas food-waste o relacionadas como Feeding 5000, FoodCycle, Food not Booms, Foodsharing, Youth Food Movement, Slow Food Youth Network y discoSoupe entre otros. También tenemos algunas iniciativas pioneras en España, como son Feeding Zaragoza, No llencem ni mica, Comida Basura, Foodsharing España, Foodlab y CoCook están haciendo visible este gran problema sobre el despilfarro alimentario mediante acciones diversas. En este caso un DiscoSopa. (…)

Lee el artículo completo: http://carlosgildejuan.wordpress.com/2013/11/16/discosopa-contra-el-despilfarro-alimentario/

Próximo Disco Sopa Madrid: Sábado 23 de noviembre 2013 a partir de las 18:00 en Off Limits. Calle Escuadra 11. Madrid. Metro Lavapiés.
http://comidabasurablog.wordpress.com/2013/11/12/convocatoria-disco-sopa-madrid/

D.

Nunca máis: nuestra guerra, nuestras mareas.

Once años después, recupero este texto de una página antimilitarista.
La Marea Humana sigue en guerra, en pie de paz.
Contra el desaliento, más indignación.
Limpiamos las playas, pero nos quedan los despachos.
Contra su impunidad, dignidad.
Nunca Máis.
Imagen de Raúl Arias para ilustrar un texto de A. Espada. Remezclada aquí, para rescatar su significado
El Prestige ofrece, al menos, tres planos de lectura:
local, estatal y global. Comprenderlas y relacionarlas pueden servir
para mantener la movilización social en marcha. El escaso valor
electoral de la catástrofe en los próximos comicios municipales,
que no se celebrarán en Galiza hasta 2004, y la decreciente espectácularidad
mediática irán minando su visibilidad en la esfera pública.
La alfombra de bombas sobre Irak también ocultará las sucesivas mareas negras.
Por
ello intentaré conceptualizar la crisis del Prestige como efecto
colateral de las guerras del petróleo.
1) A nivel local podría interpretarse el Prestige
como posible catalizador de la emergencia de una cultura de la protesta
cívica, hasta ahora desconocida, marginal o marginada en Galiza.
De mantenerse, socavaría, al menos, el clientelismo caciquil y la resignación
secular de la que se alimenta.
2) A nivel nacional, el Prestige ha proyectado simbólicamente
a la sociedad civil del voluntariado, frente una clase política
indolente (demostraron que no les dolía el drama ecológico
y social) y prepotente (creen que pueden decir y hacer lo que les venga en gana, por incongruente
e irresponsable que resulte). Por desgracia, esos adjetivos no se ajustan
sólo al gobierno autonómico y central del PP. La negativa del PSdG a formar parte de la plataforma Nunca Máis, la del PSOE
a plantear una moción de censura en el Congreso, la ausencia
de los eurodiputados socialistas españoles que impidió
crear una comisión específica en el Parlamento Europeo… justifican la sospecha
ciudadana de semejanza entre quienes podrían enfrentarse a una
crisis semejante en el futuro y quienes ya gobiernan. 

Habrían mudado las formas, pero no las prácticas con las
que se afrontaron los escándalos de las dos últimas legislaturas
del PSOE : opacidad en la toma de decisiones, deriva de responsabilidades
y
minimización de costes políticos. La debilidad de los
resortes políticos y mediáticos de las otras fuerzas de
la oposición ha diluido sus iniciativas.
3) Un tercer nivel de lectura, el global, ha sido esbozado
por algunos columnistas y líderes de opinión, vinculando
la marea negra con la globalización capitalista. Esa conexión
resulta obvia cuando se constata que la crisis obedece, en gran medida, a los imperativos del credo neoliberal
globalizador.
Estado mínimo y, por tanto, disminuido en su capacidad
para afronta los riesgos ecológicos de un mercado en manos de multinacionales, sin legalidad ni responsabilidad social alguna. A casi
dos meses del desastre no ha habido una sola dimisión y sólo
está en prisión el capitán griego del Prestige:
ni rastro del propietario libio del buque, ni de la compañía de fletes griega, ni de la
aseguradora británica que lo abanderó en las Bahamas,
ni de la firma gibraltareña que fletaba la carga, que pertenecía
a una petrolera ruso-suiza…
La debilidad estructural de los grupos antiglobalizadores podría impedirles transformar la indignación popular y el voluntariado
en rebeldía. Pocas veces se ha percibido, como durante esta crisis,
el
abismo entre el lenguaje político-mediático y el discurso
de la calle.
Pero las interpretaciones críticas aún no han surgido de quienes
defienden la Tasa Tobin, la Consulta Social Europea, el Foro de Porto
Alegre o la Desobediencia Global. Por eso, las críticas al mercado
global de crudo – apenas esbozada en algunos medios – no tocaron el
tema de fondo: el carácter excedentario de las poblaciones afectadas.
Tanta indolencia e irresponsabilidad de los gobernantes
no son una prueba de incompetencia política, sino de prepotencia
neoliberal: el Estado abandona a su destino a los sectores improductivos
e ineficientes. Aún más, los «desastres» y las
«crisis» han de servir para realizar ajustes estructurales,
impuestos desde hace tiempo por Bruselas o algún otro ente tecnocrático,
alejado del control y la participación de los ciudadanos. Permítaseme
una comparación. La Xunta ha extremado el cuidado y las inversiones
en el Camino de Santiago para atender a la marea de peregrinos que se
repite cada cuatro años. Es casi el mismo ciclo que el de las
mareas negras en las costas gallegas.

Sin embargo, aún carecemos del desarrollo de un plan de riesgos,
que además sufrió recientes recortes en las infraestructuras
para afrontar crisis como la del Prestige. La UE lleva décadas
intentando recortar las licencias y las cuotas de pesca, así como el excesivo peso del
sector primario gallego. La Xunta, en sintonía, anuncia próximas
inversiones para convertir A Costa da Morte en un parque temático.
Sus únicas propuestas políticas han sido indemnizaciones y subvenciones
para desarrollar el turismo en la zona. Intentan transformar a mariñeiros
y redeiras en mediopensionistas y luego en siervos del agroturismo.

La debilidad de los grupos antiglobalización
y su falta de coordinación explican que se hayan visto sobrepasados
por los voluntarios que se lanzaron a las playas tras ver las imágenes
de alguna televisión y contrastar las mentiras oficiales. Ahora bien, por miopía intelectual
se ha desprovechado la posibilidad de realizar una crítica movilizadora,
que evidenciase lo que todos sentían en carne propia o vecina
y no alcanzaban a entender: ¿Por qué se dejaban «en manos
de Dios y las corrientes marinas» toneladas de veneno?
Sería absurdo inculpar al PP de generar esta
crisis a propósito, con el fin de forzar la reconversión
de todo el sector pesquero. Pero era una tarea pendiente, por imperativo
de Bruselas, de todos los conselleiros de Pesca. Ante la tragedia y sin haber tomado una sola medida efectiva,
Manuel Fraga Iribarne declaró que «no hay mal que por bien
no venga».
Sabe que las ayudas ampliarán las redes clientelares del voto
cautivo del PP y que, a medio plazo, será más sencillo
desmantelar los sectores ineficientes de la pesca gallega. Todavía
no ha recibido una crítica serena y radical de las raíces de su indolencia e irresponsabilidad.
Dicha crítica hubiese conectado con todos aquellos que nunca
han asistido (ni a este paso asistirán) a las contracumbres y
a los foros sociales, pero que se saben poblaciones amenazadas por la
globalización, aquí y ahora.
Algunos calificamos, sin lograr demasiado eco, la marea
negra como arma de destrucción masiva del capitalismo globalizado.
Los efectos del Prestige sobre el ecosistema marino y humano están
siendo devastadores.
Por lo menos, nos afectan bastante más que los supuestos silos
nucleares y bioquímicos de Sadam Hussein. La conexión
entre el tráfico fraudulento de hidrocarburos y el origen de
la guerra con Irak también resulta evidente. La petrolera cuyo
crudo transportaba el Prestige era la cuarta compañía
en importancia de Rusia, con conexiones previas en el tráfico
de armas, la mafia y diversos paraísos fiscales.
Después del siniestro del Prestige, mejoró
aún más su posición comprando, gracias a sus contactos
con Putin y a precio de saldo, una petrolera competidora. La guerra
del Golfo no habría sido posible sin la aquiescencia del Kremlin, la que se avecina contra Irak tampoco. En
suma, los militares españoles, que brillaron por su ausencia
en las costas de Galicia hasta bien entrada la tercera marea negra,
defienden a las mismas petroleras (e intereses políticos afines) que nos
inundan de veneno el presente y el futuro.
Así de simple y crudo (también de fuel).
Porque por/con petroleo se ganaron las elecciones en USA y, a partir
de entonces, George Bush Jr. comenzó a practicar el unilateralismo.
¿Se acuerdan de los escribas adláteres que tras el 11-S celebraban su apertura al mundo? Son
los mismos que ahora jalean el plan norteamericano de cortar alianzas
con Arabia Saudita y recomponer el mapa de Oriente Medio. Sus objetivos
no pueden ser más claros: avisaron que quien no participase en
la «coalición internacional» no disfrutarían
de los yacimientos irakíes.
Rusia, que ya sólo muestra su poder ante los
chechenos, tendrá que dar un cheque casi en blanco al Pentágono.
Desde la crisis de la mili, las FAS no habían
caído en tal descrédito como el provocado por su inactividad
durante el primer mes de mareas negras. Los soldados no fueron movilizados
para evitar la sensación de emergencia nacional, en consonacia con la estrategia del Gobierno de
negar la catástrofe. Se buscó la proyección internacional
de las tropas para, a la vez, servir de cortina de humo del Prestige: las fotos de la Marina en el Índico asaltando un barco coreano
que parecía transportar armamento «terrorista». Pero
resultaron ser misiles destinados a un país»aliado»,
por lo que se le devolvieron al día siguiente.
Sin haberse pasado por O Grove, «asestaban un golpe» a Al Qaeda
en las costas de Yemen. Un par de días bastaron para invalidar
las definiciones de soberanía y de riesgo nacional que maneja
el Ministerio de Defensa, ahora desvelado sólo como Ministerio
de la Guerra. 
El ministro Federico Trillo («las playas de Galicia
están esplendorosas») ya había demostrado su noción
de la soberanía nacional enviando un cazabombardero a la contracumbre
que se celebró en Barcelona en mayo de 2002: los antiglobalizadores equiparados a las tropas terrestres
de Bin Laden. Confundiendo las tareas policiales con las militares (que
también incluyen frenar «la avalancha» de inmigrantes), acaecieron el estrambote neocolonialista de Perejil y los banderazos
en la Plaza de Colón. La patria, parecen decir, se defiende luchando
contra el subversivo, el moro y el separatista. Frente a tales amenazas,
los buques monocascos, que durante el primer mes del Prestige siguieron
navegando a pocos kilómetros de Fisterra, no representan riesgo
alguno.
La estrategia actual de reemplazar en la recogida de chapapote a los
voluntarios por los soldados intenta limitar el contacto directo de
miles de jóvenes con la tragedia y evitar que propagen su testimonio.
Repito, al principio, entre Yemen y Muxía, Federico Trillo no
dudó a dónde debían acudir las FAS.
La guerra global permanente, decretada por USA el 11-S,
se mueve con y por petróleo. El lobby norteamericano de las petroleras
impulsó a George Bush Jr. como presidente y en su equipo está
representado en las más altas instancias que dirigen la guerra
contra Irak. El Imperio, por
emplear el término de T. Negri, adopta los rasgos que Mary Kaldor
señala en las «nuevas guerras». Según esta autora,
los conflictos bélicos más recientes (p.e. las guerras
civiles de África o la ex-Yugoslavia) evidencian la interrelación de las dimensiones económica
y bélica de la globalización.
Cuatro distinciones, más
o menos claras durante la Guerra Fría, se han borrado, primero
en los conflictos étnicos en países «fallidos» y actualmente en la guerra de contra-insurgencia
global que lidera la potencia estadounidense. Sorprende su paralelismo
con los sucesos del Prestige:
1) Se borra la distinción entre actividades bélicas
públicas (dirigidas por el Estado) y las organizadas por bandas
privadas. De igual modo, TRAGSA, empresa pública encargada de
limpiar las costas cuenta como accionista al Ministro de Medio Ambiente,
Jaume Mata.
2) Se borra la distinción entre las dimensiones
internas y externas de los conflictos. En la crisis del Prestige las
responsabilidades medioambientales, económicas y políticas
se diluyen entre actores de diferentes nacionalidades, ante la impotencia
estatal y la ausencia de una legislación internacional.
3) Se borra la distinción entre lo económico
y lo bélico. La globalización retoma las economías
de guerra y la guerra económica, aceptando la vuelta de la coacción
en las relaciones mercantiles. La Marina portuguesa impidió el
remolque del Prestige frente a sus costas, medida que parece haber decidido
el alejamiento del buque hacia aguas donde ningún ejército
pudiera intervenir. Su hundimiento, intencional o no, se produce allí donde no existen ni regulación supranacional
ni tropas que la implementen: el mar, sin guardacostas, sin nacionalidad,
convertido en vertedero. Y, finalmente..
4) Se borra la distinción entre tareas civiles
y militares, entre soldados profesionales y voluntarios. El verdadero
ejército popular vistió el mono blanco de los voluntarios
desde la segunda semana de la
crisis. Dos meses después, los militares profesionales intentan
aprovechar su legitimidad y restarles protagonismo: visten monos blancos,
pero a sus espaldas muestran el logotipo de las FAS.
Estos paralelismos sugieren que la movilización
por la catástrofe del Prestige puede y debe continuarse con la oposición a la guerra contra Irak. Hagamos
un «ataque preventivo».
Como decimos en Marea Humana: ESTA ES NUESTRA GUERRA. ESTA ES NUESTRA MAREA.

Nunca máis

La Justicia: una Burla Negra.

Así se hacía llamar la facción artivista de Nunca Máis, cuando el término artivista ni siquiera existía.

Esa fue nuestra guerra, esa fue nuestra marea.

Guerra al capitalismo y a sus guerras del petróleo.

Marea Humana que hizo frente al búnker,  que ahora hace de dique frente a las mareas ciudadanas.

Sí. Han pasado once años y, al menos, otros tantos que nos quedan.

Hasta que la indignidad que habita las instituciones responda a la indignación las calles.

Acción Foodie: “Los noodles al sol”

Acción Foodie Noodles al sol Foto Tina Paterson

«En una calle de una ciudad de Taiwan, un artesano saca los noodles al sol. Acaba de trabajarlos con sus manos y cortado con una máquina rudimentaria con la ayuda de un aprendiz. Ocupa el espacio público y crea una imagen bella como la que David Rodríguez consiguió captar con su cámara…»

El sábado 16 de noviembre a las 12.30 en el Medialab-Prado organizamos una nueva sesión abierte de #AcciónFoodie con el título:
«Los noodles al sol. Artesanía y desarrollo. Producir y elaborar cocina de km 0 en la ciudad»Más info: http://thefoodiestudies.com/los-noodles-al-sol

D.

Disco Sopa

Disco Sopa contra el Despilfarro Alimentario.

Comida Reciclada, conservas, música, ideas, proyectos y ¡mucha diversión!

El sábado 23 de noviembre 2013 organizamos una Disco Sopa para poner en común gentes y proyectos interesados en el reciclaje de comida y en compartir alimentos. Si tienes una idea, un proyecto, colectivo que queráis dar a conocer estáis invitados, hay micro abierto.

Disco Sopa es un formato de evento festivo/reivindicativo originario de colectivos antidespilfarro alimentario de Francia y Alemania, de carácter participativo, participativo y festivo que se ha hecho muy popular en grandes ciudades europeas. Si vienes éste sábado, vas a cortar, pelar, cocinar, conservar, redistribuir alimento y sobre todo ¡bailar!

En Madrid, el Colectivo Basura y su plataforma Foodsharing, organizan este formato de cena de comida reciclada para todos, a través de alimento donado por algunos de los más importantes superpermercados ecológicos de la capital.

No lo dudes, acude con ganas de divertirte. No lo olvides, tráete tu túpper y la bolsa de la compra.

A partir de las 18:00 en Off Limits. Calle Escuadra 11. Madrid. Metro Lavapiés.

Más info en FoodsharingEspana y en http://comidabasurablog.wordpress.com
D.

Elitismo puro

Ayer veíamos este modelo de poder en clase. Decíamos que es insuficiente para explicarlo todo, pero que acertaba cuando las elites consideran los medios de comunicación como su cortijo y declaran la guerra a la disidencia. Aquí dos pruebas de ello. Las mentiras confesas de una periodista de Canal 9 y el estigma etarra una vez más aplicado por el ABC.

Esta es la introducción del primer texto, del colectivo antimilitarista Tortuga.

Nunca es tarde si la dicha es buena. Pero en todo
caso, no parece mucho mérito decir estas cosas ahora que se es
ex-trabajadora, después de tanto y tanto tiempo colaborando con la
implantación del pensamiento único. Si la empresa no tuviese anunciado
su cierre, y la trabajadora siguiese en plantilla ¿denunciaría estas
cosas?, ¿se plantaría ante los atropellos? ¿O más bien seguiría
tragando? Pensamos que este tardío escrito, medio confesión, medio
crítica despechada, retrata bastante bien, no solo a los medios de
comunicación, sino a los profesionales que trabajan en ellos. Muestra a
las claras como se pliegan, se venden y colaboran con la divulgación de
la mentira para mantener sus trabajos asalariados. ¿Qué enseñan
exactamente en las facultades de periodismo?


Una extrabajadora de Canal 9 relata cómo el PPCV convirtió la televisión pública en su cortijo particular

“Mis mentiras en Canal 9″, es el post que ha difundido la periodista
Iolanda Marmol, extrabajadora de la radiotelevisión pública valenciana,
sobre su trabajo en el ente público. Trata de resumir la manera en la
que el Partido Popular utilizó a su antojo este medio como órgano de
propaganda dinamitando su prestigio y credibilidad. Reproducimos el
texto de Iolanda:

Mis mentiras en Canal 9
Recuerdo cuando nos exigían grabar a Eduardo Zaplana de su perfil
bueno. Y la oda que me encargaron sobre él cuando dejó la presidencia de
la Generalitat Valenciana para ser ministro. También recuerdo la bronca
y los gritos que me dedicaron cuando en ese video de retrospectiva
Zaplana aparecía en una imagen con la tránsfuga que le había permitido
hacerse con la alcaldía de Benidorm. Recuerdo poco después, cuando de
ser el Elegido, paso a ser en inmombrable. Cómo nos prohibieron que
apareciera en los planos. Cómo buscaba perífrasis absurdas cuando no
podía nombrarle en mis directos en los leones, a pesar de ser el
portavoz del PP en el Congreso.
Cuando Camps impuso su ley en Canal 9. Cuando nos dieron la orden de
dejar de llamarle Francesc para que fuese llamado Francisco,
coincidiendo con la época en que se postulaba como posible sucesor de
Rajoy. Cuando trataron de prohibirme que contase que Zaplana dejaba su
escaño en el Congreso. Cuando me prohibieron decir que Zapatero había
anunciado el cheque-bebé, como si de este modo los valencianos no fuesen
a conocer la noticia. Cuando escribías ‘fracaso estrepitoso’ y te lo
cambiaban por ‘éxito discreto’. Cuando nos desplegaron para loar las
maravillas de Terra Mítica en su inauguración y no podíamos decir que no
había ni una sombra. Cuando me reñían porque me salía el acento catalán
‘y eso molesta a los blaveros’.
También recuerdo cómo corría el cava en las plantas de dirección de
Canal 9 en Burjassot las noches electorales de mayorías del PP, mientras
que los redactores comíamos bocatas de salami. Cuando se pagaban
directos millonarios para que Camps saliese hablando en directo en pleno
Amazonas. Y los millones de veces en las que no me dejaron poner
declaraciones de la oposición. O de cualquier ciudadano que criticase al
PP, o a la Generalitat. Y recuerdo también cuando nos prohibieron decir
‘recortes’. Tampoco pude decir que miles de manifestantes gritaban
contra el gobierno. Los manifestantes no ‘colapsaban’el Paseo del Prado,
la manifestación ‘transcurría por’. Y no poníamos pancartas explícitas
contra Rajoy, ni contra el PP. Y fueron tantas, tantas, que un día
empiezas a sentir vergüenza de trabajar para ellos. Ahora se termina.
Injustamente. Pero lo ganaron a pulso.

Sobre la ETA refugiada en las Corralas sevillanas del 15M y la PAH, aquí está la mano que mece la cuna:
«Parece que al ABC de Sevilla no le sienta nada bien la crítica
permanente que las familias de la Corrala Utopía hacen al Ayuntamiento
de Sevilla y a su Alcalde, Juan Ignacio Zoido (PP), por haber dejado sin
suministro eléctrico y de agua a las más de 100 personas que viven en
el inmueble. Curiosamente el ABC de Sevilla recibe este año 2013 una jugosa subvención de 527.000 euros procedentes del Consistorio por
la realización de la web ‘Sevilla Ciudad’. Esta subvención, el pasado
año 2012, tan sólo era de 165.00 euros. Cuanto menos, curioso.» Más en Diagonal.