¿Perdón? Que se disuelvan y entreguen las armas (el PSOE)

Algunos «militantes» del PSOE
(¿por qué no enseñan el carnet, con nombre y apellidos?) han pedido
«perdón» en Youtube. La plataforma de videos digitales se transforma
en confesionario donde las bases anónimas hacen un acto de contrición. La
asunción pública de responsabilidades la realiza la militancia, ausente en los
gobiernos «socialistas». Y el video se enlaza a una columna de El País. Desde este púlpito, un medio
que da voz preferente a las elites, se sostiene que «Los socialistas deben reconocer sus culpas y mostrar su
voluntad de rectificación y cambio»
. Así, sin distingos. Sin penitencia
ni propósito de enmienda. Menos aún exigírsela al aparato de partido.

Este caso ilustra bien la esfera
pública en ciernes. La estrategia combina los medios digitales emergentes (que
desde el 15M abrieron, cuestionaron e impugnan las agendas oficiales) con un
medio «de referencia» (en crisis profunda, como el bipartidismo que
cimentó). A la viralidad digital, se suman la legitimidad y el alcance del
«periódico de prestigio». Un mensaje moral vacuo (sin compromiso político),
propio del populismo, intenta abrir el debate partidario. Pero el confinamiento
de las bases a un discurso de valores, mientras los ideólogos y los cuadros se
ocupan del programa y del aparato, limitan mucho el potencial de regeneración y
profundización democráticas. 
Se anuncia también en otros medios, que
un autodenominado PSOE 3.0 se reunirá con la cúpula del PSOE. ¿Con
qué agenda? ¿Con qué respaldos y, ya puestos, con qué visibilidad, acceso y
participación para el público? Una organización red lo es si cuenta con tales
recursos. A pesar de ello, es de alabar este paso por su inconformismo ante la
satisfacción de Ferraz con los pobres resultados del PSC. Demuestra
inteligencia estratégica, coordinando el populismo digital y la tácticas
mediáticas de un entramado editorial-partidario en declive. Lo emergente y lo
obsoleto van juntos. Y, con todo, se rebelan también la osadía y ambición de
miras de quienes tiran la primera piedra. Le han puesto el cascabel a aquel
felino que Felipe González tomó prestado de Den Xiao Ping: “No importa el color
del gato sino que atrape ratones”. Ojo: Ferraz ha organizado un gran acto en el
madrileño Palacio de Congresos y Exposiciones el domingo 2 de diciembre para
festejar el 30º aniversario del primer Gobierno de Felipe González, que tomó
posesión el mismo día de 1982.
No son los fieles, la castigada
militancia socialista, sino sus jerarcas quienes debieran hacer penitencia y
propósito de enmienda. Son estos últimos quienes tienen que rendir cuentas,
permitir su recambio y mostrarse receptivos al mayoría social que cree en la
existencia de un ente llamado PPSOE. Son tres exigencias inherentes a todo representante
que se precie de democrático. Y eso parece demandar el sumo sacerdote de Internet:
el internauta anónimo que ya dio su feedback, respuesta inmediata. Posibles
manipulaciones aparte, la sentencia parece firme en los tres momentos de tres
días distintos en los que he escrito este texto. Consultando las reacciones en
Youtube, los «no me gusta» doblaban siempre a los «me
gusta». Una respuesta anónima recogía la noche de estreno del video el
mayor número de adhesiones: «No basta con pedir perdón. Disolveos y
entregad las armas.»
La retórica de la Ley de Partidos se vuelve
contra quien la promovió como una de las claves de un consenso excluyente con
el PP (nunca requirieron el consenso del resto de fuerzas parlamentarias).
Además de la mala leche que destila el
comentario (propio de la impunidad que brinda el anonimato digital), podría ser
reinterpretada por la disidencia interna del PSOE en provecho propio. Internet
también, ante todo, es y debiera continuar siendo eso: una plataforma de
convergencia para tejer consensos inclusivos, de forma colaborativa y
horizontal.
¿Qué pasaría si el PSOE se incorporase,
con todas sus consecuencias y en versión digital, al proceso deliberativo que
iniciaron las multitudes quincemayistas? El Zapatero de 2004 invocaba «la democracia deliberativa». ¿Qué
pasaría, pues, si la militancia socialista, tras de este primer chapuzón, se
disolviese en el tejido social que agita la Red para pedirle a sus
profesionales que depusiesen las armas?
Va en serio. En lugar de a Den
Xiao Ping (y en consonancia con su cariz post-Felipista) la militancia crítica
del PSOE podría leer a Ho Chi Minh y esforzarse por «moverse en el seno
del pueblo como pez en el agua». Objetivo: disolverse en la multitud que
defendió las plazas como ágoras germinales de una democracia real. Siguió
creciendo en las mareas que reclaman las plazas de los hospitales y las
escuelas públicas. Todo empezó solo hace año y medio. ¿A que parece mucho
más? Y es que desde entonces han ocurrido muchas cosas. Siete de cada diez
votantes forman parte de esa ola desde su inicio. Y quienes han aprendido a
surfearla han obtenido resultados considerables. Las elecciones de Galicia y
Cataluña han alumbrado nuevas candidaturas que afirman no representar a los
indignados. Al contrario, AGE y las CUP afirman que es la contestación social
la que les representa. Se ponen, por tanto, a su servicio. Ya veremos cómo y si
son capaces. El reto no es fácil, los recursos, pocos.
Pero ahí reside el verdadero punto de
inflexión: invertir el juego de la representación política y recuperarla
como mandato de una ciudadanía soberana
. Hace tiempo que esta se muestra
como un sujeto comunicativo y político de pleno derecho. Desmiente
electoralmente la etiqueta de movimiento anti-político y anti-democrático que
le colgaron. Se la arrancó con el rotundo fracaso de Mario Conde allí donde
podía despegar (su Galicia natal) y con la reducción a la mitad de los votos de
la xenófoba Plataforma per Catalunya. En cambio, la radicalización del discurso
sindical, la resistencia y la desobediencia noviolentas ante los recortes de
derechos y libertades implican una alfabetización democrática de la sociedad
civil y una repolitización social con frutos inimaginables hace unos meses. Y,
por tanto, con un alcance futuro insospechado.
No se olvide tampoco la segunda parte
del mensaje que en Youtube se dirigía a los barones del partido. «Entregad
las armas». Venía a decir: utilizad vuestras tribunas, vuestros puestos de
representación y gestión institucional para deponer la estrategia del palo y la
zanahoria con la calle. En vez de pretender pescar (con tan poco éxito) en río
revuelto, ¡al agua, compañeros! «Be water, our friends». Transitad
del partido red clientelar al partido red social.
En vez de intentar
capturar solo votos, convertíos en sostén, red de apoyo y seguridad, altavoces
y delegados de las protestas, propuestas e iniciativas democráticas en curso.
Quizás aún sea tiempo de
deponer las armas y abandonar el búnker, para convertir los cargos de
representación institucional en terminales de la segunda transición que está
ocurriendo. Para eso habría que ofrecer ya algo: pedir (o desbloquear) una
auditoría de la deuda; plantear un referéndum que determine qué pagamos, cuándo
y a qué interés; minar el Gobierno de Mariano Rajoy (en lugar de ofrecerle
consensos) y forzar unas elecciones constituyentes anticipadas (tenemos que
renovar el pacto social que vulnerasteis).

¿Seguimos? ¿Para qué? Con que el PSOE
exigiese del Ministerio de Interior una tregua; o mejor aún, si mostrase
respeto por quienes defienden esto en las calles… si ofreciese un plan de
gobierno basado en (¿alguno de?) estos tres puntos, la ciudadanía no le
absolvería… una parte muy sustantiva le daría su voto. Y quienes no, seguro
que celebraban que el PSOE no fuese a acabar como el PASOK, ni España como
Grecia.

Dignidad

 María Ramírez Leal ha colgado esto en su muro de FB. 
Es de lo mejor que he encontrado en las aulas de la URJC y en algunos otros sitios.
Demuestra que es la mejor y que sabe bien cuál es su sitio.
 
Vuelvo
a estar en paro,
esta mañana mi jefa me ha dicho que no podemos
trabajar juntas. Después de haberme hecho la vida imposible durante mi
tiempo en Sony Pictures. Teniendo un contrato de prácticas y habiendo
tenido que hacer una matrícula en un máster carísimo, solo por intentar
tener un miserable trabajo, pero claro no podía decir que no me decían
algun@s amig@s, vas a estar en Sony, me decían otr@s, es lo que hay me
decían más. Finalmente decidí aceptar la precaria oferta. Me esforcé en
ser una profesional sin tener contrato y a pesar de sufrir vejaciones
por mi jefa cada día. No podía soportarlo, pero tenía que aguantar me
decía todos los días, es lo que hay…
 
El día de la huelga general 14-N.
me costó tomar la decisión de secundar la huelga, algun@s compañer@s
murmuraban que los que teníamos un contrato de prácticas no teníamos
derechos hacerla. Pero llegó el 14-N y no pude ir a trabajar (fui a
única que hice huelga en toda la empresa). El
15- N todo parecía normal, mi jefa no estaba, asi que no paso nada.
Ella volvió a su puesto de trabajo, y de nuevo hacerme la vida
imposible, pero ahora era diferente, sus gritos eran cada vez más
fuertes y todo el trabajo de cada día tirado por la borda.
 
Esta mañana
me dice que lamentablemente no podemos trabajar juntas, pero que mi
jornada laboral de hoy tenía que terminarla. Por supuesto dije que me
iba en ese momento, le pregunté que si podía despedirme sin previo aviso
y con una gran sonrisa me dijo que por supuesto que si, gracias a la
reforma laboral. Hoy vuelvo a estar en paro, un poco asustada porque no
sé como seguiré adelante económicamente. Una cosa he aprendido, jamás
volveré a someterme de esta manera. Vuelvo a estar en paro, pero he
recuperado mi dignidad. Vuelvo a estar en paro, pero no tengo miedo, soy
más fuerte que nunca.

De la basura también se come, ¿aún quieres derrochar?

R. Q – Terra Noticias

El escritor e historiador londinense Tristram Stuart revolucionó los parámetros del consumo en el año 2011 con la publicación de ‘Despilfarro: el escándalo global de la comida’. El libro reveló los excesos consumistas y ruborizó a un sistema insaciable y caprichoso. Algunas de las confidencias más vergonzosas: Los países desarrollados tiran al año 22 millones de toneladasde alimentos. Cada ciudadano europeo desecha anualmente 10 kilos de comida apta para el consumo. Los cuarenta millones de toneladas de alimentos despilfarrados en EE UU al año podrían alimentar a mil millones de personas que sufren hambre cada día.

El libro escandalizó, concienció e inspiró. Y Tristram Stuart tradujo las cifras de su libro en una provocadora acción para demostrar la perversión del sistema de consumo. El 18 de noviembre de 2011 celebró el evento ‘Feeding 5.000’. La acción consistió en dar de comer a 5.000 personas en Londres con alimentos en perfecto estado recuperados de contenedores de basura. Ese día Stuart calculó que si hubiese sido capaz de recoger toda la comida desechada en Gran Bretaña, habría podido dar de cenar a 60 millones de personas.

El colectivo madrileño Comida Basura es discípulo de Tristram Stuart. La plataforma funciona desde hace varios años en Madrid y se autoproclama acólita del movimiento ‘freegan’. Este término –contracción de free (gratis) y vegan (vegano)- reivindica un estilo de vida anticonsumista. Entre sus normas destaca la recuperación dealimentos reutilizables de contenedores de basura para minimizar el despilfarro de alimentos. Les empuja un espíritu solidario.

Un informe del parlamento Europeo publicado en noviembre de 2011 reveló que España desperdicia 7,7 millones de toneladas de alimentos comestibles al año. Una media de 163 kilogramos por persona. Los freegans intentan contener este derroche alimentario a través de la concienciación. Sus integrantes comenzaron con protestas de impacto.El mayo de 2012 el colectivo Comida Basura organizó una cena elaborada con alimentos recogidos de la basura.

Brigadas de voluntarios tomaron la calle y rescataron fruta, verdura o huevos en contenedores céntricos para conseguir avituallamiento para la cena y demostrar a los medios de comunicación convocados el absurdo derroche diario de alimentos. Cien personas sin recursos fueron invitadas a degustar comida en perfecto estado condenada a pudrirse en vertederos de extrarradio.

La acción fue un éxito. Sin embargo, sus miembros decidieron evolucionar el movimiento. «Es muy sencillo tergiversar el mensaje en acciones como esta. Y hubo medios que manipularon la acción. Así que hemos decidido prescindir por ahora las acciones directas y pensar cómo podemos cambiar las cosas desde dentro». Precisamente, David, miembro de Comida Basura, participó la semana pasada en un taller de Ikea sobre sostenibilidad alimentaria.

Hay varias líneas de acción para erradicar el derroche de excedentes: No producir más de lo necesario, promover la donación de productos a punto de caducar o conseguir que los excedentes de comida fresca y comestibles lleguen a personas hambrientas. ‘Comida Basura’ ultima la creación de un taller permanente y la colaboración con universidades para analizar nuevas fórmulas de reciclaje de comida.

La Unión Europea también ha reaccionado. El Parlamento Europeo ha propuesto este año cambiar la normativa sobre la fecha de caducidad en el etiquetado de los alimentos. La medida forma parte de unconjunto de actuaciones destinadas a reducir el desperdicio de alimentos en buen estado, que, tal y como se desprende en el informe, asciende a casi 90 millones de toneladas al año en la UE.

El objetivo es que en 2025 se haya reducido a la mitad el desperdicio de alimentos en buen estado, que actualmente asciende a 179 kilogramos anuales por persona. En la UE sobreviven 70 millones de ciudadanos bajo el umbral de la pobreza.

http://comidabasurablog.wordpress.com

D.
www.tinapaterson.com

PEC: puesto en construcción

Desde una inquietud colectiva, el colectivo PEC: puesto en construcción investiga y trabaja en torno al concepto del Mercado de Abastos como espacio público, como lugar de encuentro, como plaza de intercambio comercial que ha contribuido a la actual configuración de las ciudades y sus centros históricos.

Trasladan al espacio de Montehermoso un trabajo de archivo y de reflexión abierto al público. Presentan un recorrido desde el origen de los Mercados de Abastos, su evolución, transformación y posible desaparición. Visibilizando las implicaciones de una situación de decadencia en nuestra vida cotidiana: pérdida de soberanía alimentaria, privatización de lugares públicos, avance de las grandes empresas alimentarias en detrimento de los pequeños negocios de productores y vendedores, deterioro del entramado social de los barrios, destrucción de patrimonio.

PEC: puesto en construcción (Madrid, 2011) es un espacio de trabajo compartido de reciente apertura, situado en el Mercado de San Fernando, en el barrio madrileño de Lavapiés. Confluyen en su concepción profesionales de diversos campos que venían trabajando enredados en colectivos de acción social como Autoconstrucción: arquitecturas para la necesidad, Plataforma en defensa de los Mercados de Abastos, Slow Food, Arquitectos sin Fronteras y Ágoras.arq.

PEC: puesto en construcción
El Mercado del Bienestar. A 0,50 euros el kilo, ¿hay futuro?
19 octubre 2012 a 13 enero 2013
C.C. Montermoso Vitoria

https://mercados.crowdmap.com / http://montehermoso.net
D.
www.tinapaterson.com

No es suficiente pedir perdón.

Pues eso, que algunos militantes se han puesto a «pedir perdón» por Youtube.
La respuesta de ProPolis es la más votada en el canal de videos. Unos nos llamarán «populistas»; otros, terroristas. La respuesta más votada en Youtube continúa el título de este post: «Disolveos y entregad las armas.»

Y va en serio. «Entregad las armas»: empezad pidiendo (o desbloqueando) una auditoría de la deuda; un referéndum para ver qué pagamos, cuándo y a qué interés; una dimisión del Gobierno y elecciones constituyentes anticipadas (tenemos que renovar el pacto social que vulnerasteis); ¿seguimos? Con esto, con que depusieseis las armas en estos tres puntos, no solo os perdonaríamos, algun*s incluso os votarían.

El Rey ya camina con dos mulatas y su recuperación es satisfactoria

Por Xavi Puig

El Rey Juan Carlos ya camina “con total autonomía ayudándose de dos mulatas, las señoritas Yessifer y Xantia”, según el parte médico facilitado este domingo sobre el estado de salud del Monarca. Don Juan Carlos fue intervenido quirúrgicamente el sábado en el hospital USP San José de Madrid para implantarle una prótesis de cadera diseñada por el francés Philippe Starck tras sufrir, en la madrugada del jueves, una caída en la residencia en la que se alojaba en Botsuana, el país surafricano al que se había desplazado para someter a los elefantes a duras pruebas de resistencia.

El parte médico, firmado por el doctor que le operó, Ángel Villamor, y el doctor Avelino Barros, jefe del servicio médico de la Casa del Rey, destaca que su evolución durante esta noche “ha sido muy positiva, sin necesidad de analgesia, aunque sí de masajes en los pies y de la reproducción en bucle del tema ‘Ven, salta y báilame’ de Los Brother, incluido en el álbum Caribe Mix 2010″.

En la mañana de este domingo se le ha realizado la primera cura postoperatoria con abundantes mimitos y las primeras sesiones de recuperación intensiva, consistente en “masajes de drenaje con final feliz y movilizaciones setsis activas y pasivas” de la cadera derecha.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se ha desplazado este domingo al centro hospitalario para visitar al jefe del Estado y conocer a las dos mulatas que tanto contribuyen a la mejora de Su Majestad.

jajajajajaja

Periodismo: «a un paso del frenopático».

Alfonso Armada
Uno de los grandes. A tumba abierta revela la descomposición del cadáver del periodismo entendido como mercancía. A cielo abierto abre horizontes de respuesta y acción. Un repaso autocrítico y lúcido, sin tapujos, de las razones del derrumbe del periodismo convencional. 

Entrevistado por The Cult. Sus últimas palabras, más que una recomendación a un joven periodista, son una pedrada a la forma actual de hacer noticias: «que se olvide de la política municipal o autonómica, y que vea lo que está pasando. Se trata de fomentar la curiosidad a pie de calle: salir con un cuaderno y un bolígrafo, y ponerse a escuchar, que es lo más fascinante».

Ahí va la charla enterita:

A Alfonso Armada le debemos mucho los lectores asiduos de periódicos. Por ejemplo, el haber descrito lo que vio con sus propios ojos en la guerra de Bosnia, en el genocidio de Ruanda y durante los atentados terroristas del 11-S. Su prosa es rigurosa, segura, fiable, y despliega una categoría intelectual que le ha conducido a lo más alto de nuestra profesión.
Durante catorce años, trabajó en El País, pasando de Cultura a Opinión, para acabar en Internacional, como corresponsal para África. Luego se convirtió en corresponsal de ABC en Nueva York. En la actualidad, es director del Máster de ABC, y no contento con eso, edita una espléndida revista digital, FronteraD.
Esta es la conversación que mantuvimos con él: un análisis de los retos del periodismo actual, inmerso en una crisis que amenaza con destruir algunos de sus valores más esenciales.
Guy Debord, en La sociedad del espectáculo, señala precisamente el espectáculo como el lugar de la mirada engañada y la falsa conciencia. ¿Cómo se gestiona el periodismo de fuentes, aferrado a la realidad, en un contexto como éste?
Como sabes, en FronteraD, una de las pestañas se llama Sociedad del Espectáculo, como un homenaje descarado a Debord…. Podríamos ir un poco más atrás: ¿Hay periodismo en la sociedad del espectáculo? Periodismo y fuentes van unidos. Buena parte del periodismo que se hace hoy tiene que ver con lo que preguntas: como es espectáculo, no hacen falta fuentes. Todo es apariencia. La verdad es algo que no entra dentro de esa ecuación. Y si al final nos da igual la verdad, ¿qué más nos da si hay fuentes o no las hay? Al final, todo el tinglado es una farsa.
En esas condiciones, el ejercicio periodístico debería consistir en descifrar qué mecanismos económicos hay detrás de este alegre espectáculo, que tiene muchas luces, pero cuyo trasfondo es trágico. Hay tanta iluminación, tantos anuncios, que se produce una saturación lumínica. Se produce deslumbramiento, fascinación, pero también alienación.
Cuando la prensa escrita llega a internet, se obsesiona con la idea de responder a las hipotéticas demandas de sus lectores. Incluye sus comentarios anónimos, y sitúa en un lugar destacado el módulo de Lo más leído, que refleja unas preferencias muy inquietantes, más cercanas a esa idea de espectáculo que a la necesidad de auténtica información.
Bueno, es muy curioso. En ABC hemos caído, como sucede en todas partes, en esa perversión. Antes nos reíamos con cierta petulancia de cómo funcionan las televisiones, con los ránkings de audiencia que determinan la duración de un programa. Como sabes, si se iban a producir trece episodios y el segundo no cumple con las expectativas, una serie es tirada a la basura con independencia de sus calidades intrínsecas.
Como la audiencia es la medida de todas las cosas, al final eso pervierte todo criterio.
En El País, hace muchos años, cuando yo trabajaba ahí, Ángel Fernández-Santos tuvo un sonado rifirrafe con Juan Luis Cebrián, que es un personaje siniestro en este momento. Recuerdo que Fernández-Santos había escrito una crítica muy dura de una película de Almodóvar, y el argumento de Cebrián era: «No puede ser mala cuando ha ganado tanto dinero». Con lo cual, tienes ya toda la perversión en escena.
En ABC ocurre algo muy llamativo en las reuniones de la mañana, en las que se analiza el periódico del día anterior y se preparan los temas a los que vamos a dedicar espacio a lo largo del día. La reunión comienza con el responsable de la web, que dice las noticias más vistas. Es el ránking del espectáculo, el hit-parade del disparate, y claro, resulta pavoroso, porque casi todas las historias son espantosas, pero no porque lo sean en sí mismas –que lo son–, sino porque nosotros las hemos alimentado. Es decir, son historias que hemos publicado, porque hemos pensado que eso puede atraer a la audiencia. Y la audiencia nos confirma que estamos en el buen camino, porque la basura, cuanto peor es, parece que más brilla, y atrae a más supuestos lectores…
Otra de las grandes falacias es quién cuenta la audiencia. Y quién hace caja. En este caso, además, no hay ni caja, porque en la perversión que te comentaba en torno a Almodóvar había dinero contante y sonante. Lo de internet es todavía más perverso porque estamos todos locos por conseguir más clics, más audiencia, y parece que gran parte de esa audiencia es inexistente. Son robots que aparecen por ahí.
La tecnología ha avanzado mucho, y hay sistemas para generar de forma artificial visitas que parecen reales.
Es todo un disparate. Además, estamos creando una serie de mitos contemporáneos de la banalidad y la degeneración más absolutas. Al final, lo más visto en el periódico es que no sé qué experiodista, convertida en socióloga de la entrepierna, se ha operado sus pechos. Estamos a un paso del frenopático.
Quizá ese tipo de noticias generen audiencia, pero por otro lado, también desvirtúan el papel del periodista. El lector acaba teniendo la impresión de que no hace falta ningún talento especial para dedicarse a este oficio.
Ah, claro, por supuesto.
Nos estamos cargando la idea del periodista que garantiza con su nombre la veracidad de sus informaciones.
Sobre todo, ha desaparecido el criterio de lo que es importante y lo que es valioso. Al final, ¿qué buscamos?: entretenimiento, banalidad, pasar el rato mientras llega la muerte… Si es a eso a lo que optamos, quizá el camino sea este.
Tú has tenido la suerte de vivir épocas más relevantes para nuestra profesión. De hecho, has cubierto acontecimientos que ya forman parte de la mitología periodística, como el cerco de Sarajevo, el genocidio ruandés de 1994 y el ataque contra las Torres Gemelas. ¿Te sientes afortunado?
Sí, absolutamente. Doy gracias, no a Dios porque no creo en él, pero sí a un cúmulo de circunstancias. La verdad es que me cuesta mucho hablar de ello en términos nostálgicos, porque eso implica una cierta fascinación, un cierto narcisismo. Creo que, objetivamente, la situación ha cambiado. El sistema de medios de comunicación, en el mundo y en España particularmente, está en proceso de transformación hacia no se sabe qué y hacia no se sabe dónde.
Yo viví una etapa de casi catorce años en El País, y luego entré en ABC. Era un tiempo en el que los medios eran todavía rentables. Había un sistema económico que funcionaba muy bien. La gente, para informarse, tenía que recurrir a los periódicos, que eran los centros de autoridad que determinaban qué era y qué no era importante.
La relación con los lectores se limitaba a las cartas al director, y a las vías tradicionales que habían estado en vigor durante muchísimos años.
Incluso se podía pagar a los corresponsales.
Y además era rentable. Tú vendías una información por la que la gente estaba dispuesta a pagar. Y parecía necesario pagar por ella. Nadie pensaba que eso era un absurdo. La verdad es que cuando uno está en una situación de bonanza económica no se plantea por qué cambiar, dado que el sistema funciona.
No se regalaba la mercancía a través de un soporte nuevo como internet. Para mostrar sus productos, la publicidad tenía que ir a los periódicos, a la televisión y a la radio. Aquel era un sistema semicerrado. Pero al final, estalló en pedazos.
Cuando internet empezó a despuntar, y se empezaron a ver las posibilidades inmensas que tenía, no se estudió cómo traducir eso en rentabilidad, quizá porque los responsables de los medios no acabaron de calibrar las consecuencias.
Hubo algunos intentos en este sentido. El País, por ejemplo, decidió cerrar el acceso a su página y cobrar por ello, pero eso tuvo efectos catastróficos sobre la audiencia. Al final, rectificó, y desde entonces, la verdad es que nadie ha sabido muy bien cómo convertir esto en un modelo de negocio.
El desmantelamiento de todo el sistema de trabajo va a tener resultados catastróficos. De todos modos, tiene una parte buena y es que nos va a obligar a cambiar, aunque sea en las peores condiciones.
No sabemos cómo hacer información por la que el lector esté dispuesto a pagar.
Creo que la clave no es sencilla, pero la fórmula más clara es la que plantean medios anglosajones, como The Economist, The Wall Street Journal o The New York Times. Cobrar por lo que la gente está dispuesta a pagar. Ofrecerle algo que sea valioso, y hacer periodismo que sea de calidad, que merezca la pena vender. A fin de cuentas, estamos en un sistema de mercado, con lo cual, estas son las reglas del juego. Lo que pasa es que las reglas pueden ser también muy perversas.
¿En qué momento crees que empezamos a confundir la línea editorial con el simple sectarismo?
Esa es otra de las grandes degradaciones que no son exclusivas de España, pero de las que somos campeones olímpicos. Por una parte, los medios han jugado esta carta, pero también creo que las audiencias han jugado a eso. Creo que ha habido una gran masa de lectores –por llamarles de alguna manera– que se han convertido en parroquianos. Gente que lo que quería, y lo que sigue queriendo en muchos casos, es confirmar sus prejuicios. No descubrir el mundo y ponerse en cuestión a sí mismo, sino comulgar… Tanto denostar a la religión, y al final lo hemos convertido todo en sectas. Creo que, además, eso ha tenido efectos devastadores sobre el propio concepto de verdad y respeto a los hechos. En España se ha difundido la especie de que todas las verdades son valiosas, que es imposible llegar a un consenso sobre nada, y además creo que eso ha inoculado en la gente un cinismo absoluto.
Aurelio Arteta ha estudiado este proceso.
Sí, Aurelio habla mucho de esto. Es una de sus obsesiones.
Es muy inteligente su forma de desmontar tópicos como ése que dice que todas las opiniones son respetables.
A él le desasosiega mucho esta banalización de la verdad, y esa idea de que todas las opiniones son valiosas, que es otra degradación de la democracia. Hay opiniones valiosas, opiniones fundadas y opiniones despreciables absolutamente. Y no pasa nada por decirlo. Eso creo que también origina un cacao sobre las categorías, lo que vale y lo que no vale. Y también tiene consecuencias sobre algo fundamental, que es la capacidad de la palabra para persuadir. En España hemos dejado de escuchar por completo. Nadie escucha a nadie, y el Parlamento es la caja de resonancia de este gran diálogo de sordos. Nadie escucha un discurso para ver si los argumentos valen la pena y son valiosos. Eso también enlaza con la calidad de nuestra democracia y con el hecho de que los partidos sean máquinas de repartir poder, de que los diputados no tengan que responder personalmente de sus decisiones a sus electores, de que voten en bloque al margen de su conciencia…
Por otro lado, eso favorece la manipulación y la mentira.
Tiene que ver con la juventud de la democracia española. Nuestras raíces democráticas son casi aéreas, con muy poca profundidad. Creo que los medios han contribuido de forma decisiva a ese menosprecio de la verdad y de la inteligencia. Y han fomentado el sectarismo. La gente va a comprar el medio sabiendo que le va a decir lo que quiere saber. Y los partidos han jugado también con eso. La gente sabe que le mienten, pero como quien le miente es uno de los suyos, uno lo decodifica como parte de la mentira de su grupo. Arcadi Espada dice que la objetividad es la capacidad de dar cuenta de los hechos, al margen de las propias convicciones. Y eso parece que es imposible en los medios. Ahí se ha creado una gran falacia en la que parece imposible ponerse de acuerdo sobre nada.
En el parlamento no hay verdadero debate de ideas. Al final, se transmite a la sociedad que no hay nadie capaz de convencer al otro de que sus argumentos son mejores. Eso favorece, además del cinismo que antes comentaba, una desconfianza absoluta y una desmoralización. Queda la sensación de que no hay nada que hacer. La impresión de que no se puede cambiar el estado de las cosas porque esto siempre ha sido así.
Aparte de las complicidades entre los medios y el poder, la prensa ha sido partícipe y responsable de esta perversión.
Con la publicidad institucional y otros favores, se ha creado una relación de mutua dependencia. Es algo muy pernicioso.
Hace poco, en un congreso organizado en México por la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, Graciela Mochkofsky, una periodista argentina que dirige la revista digital El Puercoespín, decía que en su país los periodistas habían sido cómplices del poder y habían hecho que muchas supuestas verdades se hubieran consagrado como verdades incuestionables.
Creo que también en España ha habido una alianza perversa entre los medios y el poder, y eso ha hecho que la gente piense que todos los medios mienten, y que todos los medios son cómplices. Hemos contribuido a nuestro propio desprestigio.

A la hora de difuminar la verdad, también ha desempeñado un papel importante la entrada de la ficción en el discurso periodístico. En eso, heredamos el vicio de autores como Truman Capote, que al alejarse de los hechos obtuvieron resultados gloriosos.
Gloriosos entre comillas…
Me imagino que te refieres a lo que dice Arcadi Espada, cuando habla de la prosa sunsilk de A sangre fría, y la describe como una vulgar novelita de kiosco.
Sí, yo comparto con Arcadi parte de las reticencias hacia Capote.
En todo caso, al margen de lo que pensemos de Capote, eso también es parte de la sociedad del espectáculo. Lo que ya no sé es si tiene marcha atrás.
Se puede volver a las esencias, estableciendo una línea roja que separe la ficción de la realidad. Esto obliga a repensar figuras que eran parte de nuestro santoral particular, como Ryszard Kapuscinski, a quien yo admiro y he leído mucho.
La biografía que escribió Artur Domoslawski es tremenda, e incide justo en eso desde el título: Kapuscinki non-fiction.
Claro. Yo además conozco al autor. Leí el libro y le entrevisté. Me parece que sus argumentos son bastante irrefutables. Por otro lado, eso es algo que no sólo se menciona en la biografía de Domoslawski. Antes, algún periodista del Times Literary Suplement había hecho un análisis de El emperador, cuestionando buena parte de la investigación y de los argumentos que utilizaba Kapuscinski en uno de sus libros más deslumbrantes.
Arcadi Espada considera que esa infidelidad de Kapuscinski a los hechos convierte en ficción o en mentira lo que nos cuenta. Deja de ser periodismo.
Arcadi decía que lo más fácil que se puede hacer con Kapuscinski es coger sus libros y llevarlos de la parte de no ficción a la parte de ficción, que es un tránsito bastante fácil de hacer. Para él, el problema no es ese tránsito, sino la estantería donde han estado puestos.
Kapuscinski es un escritor extraordinario, por otra parte.
Por supuesto. Algún amigo suyo, y creo que el propio Domoslawski lo recoge en su biografía, decía que lo que intentó Kapuscinski, sobre todo con El emperador, era retratar a la sociedad polaca de la época. Buscó una gran metáfora y Haile Selassie encajaba como un guante en esa especie de panoplia. Esto, leído en clave interna polaca, viéndolo como una descripción del régimen comunista, se entiende bien. Pero claro, un lector poco avisado puede entender que lo que cuenta es exactamente la vida de Selassie.
Kapuscinski se tomó muchas licencias poéticas. Y las licencias poéticas degradan el propio mensaje, porque, a fin de cuentas, si uno miente sobre circunstancias más o menos anecdóticas, como el día o la hora, al final invalidas toda la trama.
¿Dónde pones el límite entre lo inventado y lo real? Diego Salazar, un periodista de Etiqueta Negra, dice que hay un pacto sagrado del periodista con el lector. «Esto que te cuento es verdad». Y ahí no puedes cambiar nada.
Eso no impide que uno pueda hacer gran periodismo recurriendo a todos los registros de la literatura. Es el caso de los nuevos periodistas latinoamericanos como Leila Guerriero. Ella emplea todos los recursos de la prosa, y sin embargo, mantiene siempre a rajatabla el respeto estricto por la verdad.
El periodismo siempre es una estilización de la realidad. Pero ahí tienes que decirle al lector lo que estás seleccionando. Martín Caparrós, un periodista argentino, dice que no le interesa nada la literatura del yo, sea un yo imaginario o un yo periodístico. Otra cosa es que él no reniegue del yo como testigo que está contemplando los hechos y los relata.
¿Crees que, como pasó en literatura, también nos beneficiaremos de un boom periodístico iberoamericano?
Sí, sin duda. He estado dos veces en América Latina en los últimos dos años. El año pasado en Argentina, y hace muy poco en México DF, en reuniones convocadas por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. Esta última ha sido un dinamizador muy importante, primero a la hora de formar a nuevas hornadas de periodistas, y después, a la hora de darles herramientas para hacer buen periodismo, y con buenos maestros.
Creo que hay una excelente generación de nuevos cronistas de Indias –así se llaman ellos–. Conocí a algunos por colaboraciones que tenemos desde FronteraD con El Malpensante, con Etiqueta Negra y con El Faro.net. Creo que hacen un periodismo espléndido. Creo que además hacen mucho hincapié en la realidad. Leila Guerriero y Jon Lee Anderson van en esa línea. La realidad es tan rica que para qué vas a dedicarte a inventar.
Otra de las cosas que he aprendido en América Latina es que la gente ya viene llorada de casa, y eso es fundamental.
Aquí solemos echar a otros la culpa de lo que pasa en nuestro gremio.
Exactamente. Allí tienen realidades objetivamente más duras, porque les matan. En México han matado a ochenta periodistas por informar del narcotráfico. Luego están las condiciones económicas, jurídicas y políticas, que son durísimas en países como Honduras, Guatemala, El Salvador…
¿Dirías que hay algo que los relaciona, más allá de esas circunstancias?
Hay algo muy interesante, y es que sus referencias periodísticas no están en Europa. Están en Estados Unidos. Casi todos son admiradores o lectores de The New Yorker y del mejor periodismo anglosajón, que además separa a rajatabla la opinión de la información.
Hay una figura clave en revistas como el New Yorker, y es el fact checker, la persona que comprueba la veracidad de datos y declaraciones.
En efecto. Ese respeto por la verdad, por otra parte, tiene su traslado a la política. No hay nada que degrade tanto a un político como que se le pille mintiendo. Y aquí, en España, casi es una característica.
Después de repasar todos estos problemas, no sé hasta qué punto os ha guiado un empeño romántico a la hora de poner en marcha FronteraD.
Yo no creo que eso sea romanticismo, sino más bien materialismo. Es imprescindible tener una empresa económica que te permita pagar a los reporteros. Sin eso, no tenemos nada. Hay que buscar primero un modelo de negocio. Ya sé que esto es fatigoso. Nosotros lo intentamos y hemos fracasado estrepitosamente.
FronteraD comenzó en Nueva York cuando yo era corresponsal de ABC. Conocí a Antonio Lafuente, que trabajaba en la delegación de la agencia EFE. Hacíamos lo que hacen todos los periodistas: lamernos las heridas, que es algo muy español. Finalmente, como admiradores de The New Yorker, decidimos predicar con el ejemplo y crear un semanario que siguiera esa fórmula. 
Estuvimos mucho tiempo pensando sobre ello en Nueva York. En 2005 volví a la redacción central de ABC en Madrid. Siguieron las reuniones. Al final, conseguimos un dinero y decidimos lanzar la revista en internet en 2009. Pero como modelo de negocio ha sido desastroso.
Cometimos todos los errores posibles… Cometimos el error de alquilar un local –cosa que no hace falta para internet–. Cometimos el error de pagar sueldos bastante decentes a una parte del equipo de trabajo –también fue catastrófico porque no había ingresos–. Y con la crisis publicitaria, hemos estado flotando en la incertidumbre.
Hemos hecho correcciones radicales. El problema de FronteraD, aparte de su entusiasmo por hacer buen periodismo, es que, de alguna manera, reproduce el sistema de explotación vigente, con lo cual es una miseria. No engañamos a nadie, pero nadie cobra. Éste no es un sistema viable. En realidad, es una ficción, basada en la autoexplotación entusiasta y pensando en un futuro mejor.
Pensamos que si mantenemos esta línea, quizá algún día encontraremos la manera de financiar esto. De momento, no sabemos cómo. Perseverar es una condición necesaria para conseguir algo más. Vamos a explorar todas las vías posibles, desde el crowfunding hasta los ebooks. Como gran idea absurda, estamos incluso pensando en montar un bar.
Igual que The Clinic.
Igual que ellos, e igual que Orsai, de Hernán Casciari, aunque Orsai no está directamente vinculado con el bar, pero lo lleva gente asociada. Nos descartamos crear un espacio donde la gente se encuentre. Estamos saturados de tanta relación virtual, de tantos supuestos amigos, y de tanto «me gusta». Sería un lugar donde pueda haber debate, donde podamos hacer cursos, donde revistas como Etiqueta Negra o El Malpensante se puedan comprar. Estamos explorando la idea.
Uno de los grandes problemas de la prensa en internet es la crisis publicitaria. Me da la sensación de que hay argucias que contribuyen a esa desconfianza, como la cesión de tráfico, la compra de fans o «me gusta» en las redes sociales o el inflado de las cifras de audiencia.
Creo que hay un reportaje por hacer, que consistiría en realizar un estudio sobre cómo El País, El Mundo, ABC, La Razón y La Vanguadia han informado, a lo largo de los diez últimos años, sobre el Estudio General de Medios, y en especial, sobre los datos de OJD. Es decir, cómo traducen datos supuestamente objetivos de la OJD, y después cómo plantea cada periódico los resultados de esas cifras. Sería apasionante. Es algo que pasa también con las elecciones…
De hecho, ni siquiera se informa verazmente de algo tan sencillo de medir como los asistentes a una manifestación. Casi siempre el convocante y sus medios afines dan una cifra diez veces superior a la real.
Claro, es lo mismo. Es un desprecio absoluto por los mismos hechos. Si vas al caso de los datos de OJD, sería fascinante ver el retorcimiento que hacen de los hechos para que tu cabecera aparezca siempre rutilante. Según eso, en nuestro periódico siempre estamos creciendo, y la competencia siempre se está hundiendo. Es una cosa pavorosa. Vamos a hacernos un poco protestantes. Lo digo por ese respeto por la verdad que tienen los protestantes.
Es una cuestión de humildad. Los medios que manipulan sus cifras de audiencia deberían reconocer que el número real de lectores que casi todos tenemos en internet es bastante inferior a lo que se dice.
Ojalá. Hay un libro de Rafael Sánchez Ferlosio, Vendrán más años malos y nos harán más ciegos. Hay quien habla de las propiedades curativas de la crisis, y explica que va a sacar lo mejor de nosotros. Mucho me temo que no va a ser así. Ojalá esto sirviera, pero no lo creo.
En general, en España estamos descubriendo que no somos como pensábamos. Ni tan ricos, ni tan inteligentes, ni tan guapos. Pero no sé si eso va a provocar una cura de humildad y vamos a redimensionar nuestras vidas. No sé si vamos a ser menos pretenciosos y dejaremos de soñar todos con ser ricos.
Internet también ha propiciado que los periodistas se encierren en las redacciones. ¿No crees que esto va contra la naturaleza de nuestro oficio?
El día previo a la huelga general del 14 de noviembre fue muy interesante. El periódico cerró a las cinco de la tarde. Y la gente se fue a las seis. Y yo, al día siguiente, le dije al director de ABC: «Creo que habría que utilizar esta experiencia de haber cerrado a las seis para replantearnos por completo nuestra forma de trabajar. ¿Por qué está la gente aquí tantas horas encerrada?».
Me lo decía un redactor jefe del New York Times: los periodistas tienen que salir a la calle, tienen que ir al teatro, al cine, de copas, porque si no, al final, ¿de qué estamos hablando?
Los periodistas vivimos encerrados en una burbuja. Salimos de las redacciones para tener entrevistas con banqueros, con políticos, con artistas… pero esto no es la vida. Es más, una gran parte de los jefes de esta redacción y de otras no va casi nunca en metro o en autobús. Viven en una burbuja, y salen de su despacho a otros despachos. Se alimentan de periódicos y de televisiones y de radios. Pero eso no es la vida.
Por otro lado, hay una falta de representatividad. Aunque España está perdiendo inmigración, los jefes de redacción son casi todos blancos, católicos o excatólicos. Hay muy pocos negros o musulmanes. Mujeres va habiendo alguna. En todo caso, las redacciones no son un calco de la realidad. La realidad es mucho más variopinta que las redacciones. Y precisamente por eso hay que salir a la calle.
Por desgracia, como de lo que se trata es de alimentar la web para tener más clics, salir no hace falta. Basta con estar copiando a otros y alimentar esta máquina. Estamos creando un mundo totalmente falso.
Precisamente por esto, Madrilánea, la web de los alumnos del máster de ABC, está basada sobre todo en periodismo hiperlocal. Cada uno de los quince alumnos es corresponsal de su barrio, y se le pide que busque allí sus fuentes, desde el ciego de la esquina al homeless o el policía. Tiene que establecer una red primaria de fuentes y abrir los ojos. Le pedimos que se olvide de la política municipal o autonómica, y que vea lo que está pasando. Se trata de fomentar la curiosidad a pie de calle: salir con un cuaderno y un bolígrafo, y ponerse a escuchar, que es lo más fascinante.
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Vota a quien no te represente

Seguimos los consejos del sr. Puig y pasaremos el día «reflexionando». Aunque la decisión ya está hecha. Rscribe un amigo catalán: «Lo
que este domingo está en juego es desbordar/nos en los márgenes de los
alineamientos políticos en que hemos vivido todas estas décadas
(incluidos los de una izquierda independentista cómoda en sus márgenes
identitarios); está en juego pensar/nos más allá de nosotrxs mismxs, en
la simbiosis de las singularidades irreductibles como una alternativa.
Persistir en los alineamientos electorales de siempre no es que no
conduzca a ningún lado, es que nos lleva directos al mismo bloqueo,
agotamiento y parálisis en que nos encontramos. Con la calle en marcha,
con el movimiento vivo, resulta absolutamente necesario plantar cara al
mando en su terreno». Esto dice Raimundo Viejo para explicar su voto en las elecciones catalanas.

Si quieres saber a quien votará Rai, tan desconocidos en el Reino de España como el AGE que dio la campanada en las elecciones gallegas, aquí tienes un video de Polónia, que nuestro amigo adora.

Una entrevista al líder de la CUP la podéis leer en Sin Permiso. Una razón para votarles es que precisamente «no nos representan»: «Nosotros invertimos la lógica: no representamos a, sino que somos los desahuciados, los
precarizados, los excluidos, los parados. No somos la mediación de nadie ni
somos clase política».

Más perlas:

*  «Nosotros no queremos ser una zona franca del neoliberalismo;
queremos aportar al concierto de los pueblos libres la máxima democracia
política y económica que podamos, con toda la modestia. No nos inventamos nada,
somos los viejos sueños de este país, siempre derrotados, que vuelven a la
palestra política, ahora de la mano de una nueva generación —la CUP tiene una
media de edad de 36 años—; hemos cogido el testigo de nuestros abuelos y
nuestras abuelas y hemos recogido las aspiraciones de máxima libertad política
para este pueblo y la máxima justicia social para su gente.»

* » nosotros no somos los salvadores de nadie, no
tenemos una varita mágica, no tenemos un programa que revierte en tres días el
neoliberalismo en nuestra casa. La política delegacionista de un programa
salvador se ha acabado. Nosotros lo que decimos es que de esta crisis o salimos
entre todos o no salimos. Si somos capaces de generar resistencias, de articular
alternativas y de construir justicia y libertad, saldremos adelante, pero, para
ello, la fuerza debe activarse desde la calle, desde la sociedad civil, desde
el tejido popular. Para nosotros el Parlament no es un punto de llegada, sino
de partida».

El acto el fin de campaña corre por las redes. Si encontráis los subtítulos (que los hay) no os preocupéis, además de seguir practicando catalán, todo está resumido en tres frases finales: id a ellas. Más claro agua.

¿A que ahora nadie, tras la campanada de AGE y las perspectivas de las CUP, pregunta dónde están los partidos del 15M? Uno de ellos, sin duda, son Las Candidaturas de l’Unitat Popular. En lugar de clamar por una ley electoral proporcional – irreal – se pusieron a hacer polítca municipal de base. Lograron en las municipales de 2011: 62.000 votos en toda Cataluña, un centenar de concejales y multiplicó por cinco sus resultados.

El lunes hablaremos de ellos.