Los condones de Pocoyó

Jesusito de mi vida tu eres niño Pocoyó … Y así nació el nombrecito. Muy atinado por tanto el Jordi Évole preguntando por condones a semejante empresario modelo.

Lo más interesante de Salvados, es que se mete con bastante acierto en la boca del lobo del poder. Política, economía, … y de los que circulan o viven mariposeando a su alrededor (incluso de sus oponentes u opuestos). Una boca que abren un poquito, para que pase esté cómico con ganas de desvelar las contradicciones de un país que aparece reflejado como poco maduro para preguntarse la mayoría de los asuntos de la realidad. Un país inexistente más que en lo cotidiano (no en lo real), y que ha cedido (si es que alguna vez los tuvo) sus derechos fundamentales como ciudadanos a una oligarquía chorizil, mientras se emboba cada día un poquito más…

Lo más doloso es comprobar que lo mediático, ya es completamente inofensivo (según de donde vengan los tiros). Vamos, que no hay opinión pública.
Aún así, Salvados lo peta en internet, ante todos aquellos que no quieren o no ven la TDT.

Jesusito de mi vida…
D.

www.tinapaterson.com

La (R)evolución islandesa. No una, sino tres (y III)

Última entrega.
De la isla paraíso fiscal a la Suiza del bite.

III.
REFORMA DE MODELO SOCIOECONÓMICO. La revolución de una economía de la transparencia.
En
sintonía con el hacktivismo constitucional, Islandia se ha propuesto reescribir
la utopía del paraíso fiscal que le llevó al abismo. Intenta reinicializarse
con un nuevo modelo económico. Antagónico con el anterior, bebe de principios
semejantes, aunque orientados ahora a fines emancipatorios,  a escala doméstica y global.
Seguir leyendo.

A
través de la IMMI[1],
Islandia pretende acoger y proteger en su territorio a servidores y portales de
la Red que publican información secreta y comprometedora de fuentes anónimas.
Intenta explotar las ventajas comparativas, a escala global, de una comunidad
con lazos muy estrechos, potenciados por la penetración casi total de las TIC,
y que además ha juzgado su pasado planteándose un nuevo futuro[2].
Cohesión interna y proyección hacia afuera. “Act local and think global”. Pero
no a favor de la opacidad fiscal, sino de la transparencia informativa.

En
este paraíso informático, libre de toda presión, el Gobierno se compromete con
las libertades de información y expresión, blinda fuentes y filtraciones.
Respecto a los periodistas y los medios, avala la ausencia de censura previa y
protege “el turismo de libelo”, así como toda la elaboración de noticias y sus
registros históricos. Los servidores y proveedores de ISP añaden a estos blindajes
el rango de “intermediarios” de un proceso cuyo destinatario final es el
Público (sic.).

La
iniciativa política, obra de B. Jondosttir, diputada de Movement, fue aprobada
por unanimidad en el Parlamento. Wikileaks actuó como asesor y lobby, con la intención
última de establecer en la isla su grupo multimedia Sunshine Press. Así se
incorporó el potencial de los públicos más activos y empoderados en la
Red.  Para recodificar (revertir en su
contra) el proceder de las corporaciones, que actúan con impunidad desde el
marco jurídico transnacional más favorable. La IMMI aglutina las leyes más
favorables a la transparencia de los países más diversos. Las aúna y propone un
nuevo modelo de desarrollo, asentado en los rasgos comunitarios (juventud de la
población, penetración y alfabetización digitales), sus extensiones globales
(la isla es líder en juegos en red) e incluso ambientales. La IMMI es
favorecida por el frío islandés, adecuado a la estabilidad de los servidores.
Ofrece, en suma, una promesa de desarrollo sostenible, frente al paraíso fiscal
precedente y a la industria del aluminio alimentada por la privatización de la
energía geotérmica. Falta materializarla, asignándole recursos económicos, y
aplicarla, con las excepciones necesarias, al nuevo tablero institucional
marcado por la transparencia.

La
vuelta de los conservadores al poder podría paralizar las iniciativas que hemos
comentado, pero el horizonte ya está trazado: se trata de políticas
emancipadoras, que empoderan a la sociedad civil y son propias de la democracia
del s. XXI. Quizás no quepa hablar de revolución en el plano económico. Quizás
el abordaje de la crisis, no sea mérito propio, sino forzado por la magnitud
del desastre y realzado por la sumisión con la que el resto de naciones ha aceptado
los ajustes. Pero la resistencia pragmática a los mercados se convierte en
revolucionaria si consideramos el alcance de otras iniciativas en los planos
ético-jurídico, constitucional y económico.

La
igualdad legal y la rendición de responsabilidades, combinadas con la
regeneración, ética suponen una revisi
conctros lugarescala global. cosonidasescala y con conexiones globalesalidad
democón y un intento de ruptura del rumbo social. La reescritura
colectiva de la constitución implica reprogramar la democracia hacia sus fines
últimos. Y el desarrollo basado en la transparencia ejemplifica una economía
digital sostenible y liberadora. Son, en fin, propuestas de revitalización
glocal: para las comunidades que se atrevan a defender su soberanía con visión
global.

[1] Véase
el sitio oficial http://immi.is/Home
[2] El
grado de internacionalización de la economía islandesa antes de la crisis era
altísimo. Por otra parte, la tase de penetración de Internet es del 97%, La
inmensa mayoría de los islandeses acceden a Internet en conexión de alta
velocidad y casi todos ellos tienen perfil en Facebook. El país, por otra
parte, es líder en juegos online.

La (R)evolución islandesa. No una, sino tres (II)

Continúa el post sobre la revolución de hielo y fuego.


III. Las tres revoluciones,  que acabarán estallando.
“Get
ideals, otherwise others will run the show”[i].
El
comienzo fueron las cacerolas, como en Argentina. Pero al grito de “que se
vayan todos”, siguió el de “queremos que purguen sus delitos” y que “entren
otros”. Las mayores protestas, desde finales de la II Guerra Mundial, forzaron
la dimisión del Gobierno, el juicio al Jefe de Gobierno y a tres de sus
ministros. Las elecciones dieron paso, por una parte, a un gobierno de coalición
– presidido por el ala más consecuente de la socialdemocracia, a la que se sumó
el partido RojiVerde – y a cuatro diputados del Citizens’ Movement, surgido de
las movilizaciones. Estas fuerzas políticas impulsaron tres medidas
revolucionarias.
Estas
iniciativas imprimen un nuevo significado al término revolució﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽revis denuinar. Y para ello deninci
a su escarnio puso de la imposibilidad de hacer pagar con la justicia en la
manobión, ahora ya sin paréntesis. Someten a quien alcance el poder en
tres planos que empoderan a la sociedad civil como auténtico contrapoder ético,
constitucional y político-económico.
Seguir leyendo

III.1.-
COMISIÓN DE LA VERDAD. La revolución jurídica que también es ética.
Consecuente
con la asunción de la bancarrota bancaria, consciente de la imposibilidad de
castigar legalmente los crímenes económicos, la sociedad islandesa no renunció
a su escarnio público. Una Comisión Parlamentaria, que incluía a profesores
universitarios de ética y economía (algunos de prestigiosas universidades extranjeras)
y al Defensor del Pueblo, redactó un documento de 1.800 páginas sobre las
causas y responsables de la crisis. Su intención era determinar, no incriminar.
Denunció vínculos entre empresas, bancos y partidos.
ln﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽nblico. Uara empezar ueterseya  a instancias internacionales y sacar la
cabeza sin riesgo a una venganza de los mercadoEn definitiva, cuestionó
la secular confusión entre lo privado y lo público.
Esta
Comisión de la Verdad dio paso a una reflexión sobre la responsabilidad
compartida por toda la sociedad. Sin incurrir en la autoculpa, que eximiría a
los causantes de la debacle, varios gremios se dotaron de códigos deontológicos
más estrictos. La banca o la universidad, por ejemplo, han asumido revisar a
fondo sus relaciones clientelares; los vs.nterpuestoe pajade Francia por los Verdes) llidoso que asumir quee, dio
inicio a la e hacer pagar con la justicia en la manobiínculos inmorales
e ilegales que mantens.nterpuestoe
pajade Francia por los Verdes) llidoso que asumir quee, dio inicio a la e hacer
pagar con la justicia en la manobiían entre sí y con otras instituciones.
Estas
medidas éticas se acompañaron de otras de orden jurídico-legal. Se creó una
Fiscalía Especial, contando con asesoramiento extranjero. Cientos de empresas y
hombres de paja interpuestos dificultan el castigo, pero se combatió la
impunidad. Como señalé antes, un Tribunal Especial de Alta Traición procesó al
Jefe de Gobierno y a los ministros de Exteriores, Finanzas y Comercio. Al final
sólo fue procesado el primero. Pero, no menos importante, se escenificó la
aplicación mínima del Código Civil: responsabilidad de daños e igualdad ante la
ley.
En
resumen, frente a la impunidad ética y jurídica, sin guillotinas ni diluir
responsabilidades en culpas colectivas, Islandia muestra un camino posible de
transparencia y rendición de cuentas. El escrutinio público afecta no sólo a
las cúpulas del delito económico sino que ha desencadenado un proceso de
reflexión gremial y colectiva. Marca una senda de regeneración del tejido social
más profunda y ofrece vías de intervención a los indignados del mundo en sus
ámbitos locales. La revitalización ética ha hecho florecer colectivos
profesionales que han empezado a barrer la casa por el cuarto propio, con
iniciativas de democracia directa y hetero- o auto-regulaciones. En definitiva,
implantan en la base social las propuestas que a continuación, por falta de
espacio, apenas apuntamos.
III.2.-
REFORMA CONSTITUCIONAL. La revolución del marco político.
Islandia
emprendió el proceso constituyente más inclusivo que se haya conocido,
generando un nuevo texto que, no por casualidad, ofrece paralelismos con las
últimas constituciones latinoamericanas. Esta reescritura participativa
constituye todo un exponente de hacktivismo político: actuar en lugar de
hablar. Empezando por reprogramar el csticamente
representativaciones. En definitiva,ntocias internacionales y sacar la cabeza
sin riesgo a una venganza de los mercadódigo base, para luego
“reinicializar” la democracia.
Apenas
el 62% del Parlamento dio vía libre a este proceso de “outsourcing”, que
combinó técnicas demoscópicas (una encuesta deliberativa), una deliberación
digital pionera y un Consejo constituyente de ciudadanos sin filiación
partidaria. Mil islandeses fueron convocados como muestra estadística a
elaborar una lluvia de ideas, expresando críticas e inquietudes. Quienes
diseñaron el posterior debate en la Red atribuyen enorme importancia a este
Foro Nacional. Así como al compromiso de alcanzar consensos inclusivos en el
Consejo de los 25: los ciudadanos elegidos en ese número por sufragio universal
entre 500 candidatos y que redactaron la nueva constitución. Para candidatarse
apenas necesitaron una decena de avales y carecer de antecedentes. Entre los
electos figuran académicos, pero también activistas, un sindicalista, gentes
del medio rural, blogueros, dos pastores protestantes y personas de diversa
ideología con paridad (no forzada) de géneros.
Se
revelaron también los adversarios que surgirían en caso de abordar procesos
semejantes en otros lugares. Además de la reticencia (y posible oposición) del
Parlamento a tramitar el nuevo texto, figuran la prensa convencional y la
judicatura[ii]. En
las elecciones constituyentes apenas participó el 36% de la ciudadanía, debido
en parte al silencio de los grandes medios ligados a los centros de poder. En
el posterior debate digital la atención mediática, centrada en los puntos más
polémicos, provocó un aumento de “ruido” y dificultó el consenso. Lo cual
desenmascara la carga de conflicto asociada a la información convencional. Por
su parte el Tribunal Supremo impugnó las elecciones por defectos formales.
Todos subsanables y sin influencia en resultados. No hubo acusación alguna de
fraude y por primera vez en Europa se impugnaba un proceso constituyente. La
OCDE lo había supervisado y, ya que el Tribunal Supremo daba primacía al
Parlamento, esté acabó avalando al Consejo por un 51%. Una vez más se
constataba la importancia de un gobierno de coalición escorado a la izquierda y
la presencia de diputados surgidos de las movilizaciones.
El
debate telemático alentó y socializó el sueño de “resetear” la democracia desde
sus cimientos constitucionales. Pretende implicar a las nuevas generaciones en
una reescritura constante del código político, con procesos participativos,
descentralizados y colaborativos. Lejos de inconvenientes, estos rasgos
conformaron un proceso de deliberación muy eficaz de apenas medio año. La
participación directa en los debates (vehiculados en las plataformas y redes
digitales más extendidas entre la población) fue del 10%, lo que en términos de
redes sociales implica al conjunto del país. La metodología fue la que se
aplica a los videojuegos. Cada semana aparecían “versiones beta” de los
artículos constitucionales, para que “los usuarios” mejorasen “el interface” e
incorporasen sus aportaciones.
Entre
las novedades figuran medidas a favor de la democracia directa por las que el
2% de la población puede pedir un debate parlamentario y un 10%, proponer un
referéndum. Destacan los “derechos de la naturaleza” y la propiedad colectiva
de los recursos naturales, inspirados en las constituciones de Bolivia y
Ecuador. Se limita el control partidario, introduciendo la posibilidad de votar
individuos en vez de una lista electoral. Se suprime el servicio militar
obligatorio y se han avanzado los derechos de la infancia y el sentido crítico
en el sistema educativo.
A
pesar de algunas exclusiones, el terreno de la transparencia se ha abonado,
permitiendo un mayor conocimiento de la propiedad de los medios y apostando
firme por la libertad de expresión, en manos de la ciudadanía. El artas de videojuegoscompaño fue el mismo que el
empleados convencionales mcasi medio año la naciesta firme por la libertad de
inforículo 15 reza: ”Anyone is free to gather and disseminate
information”. La apuesta por la Open Society se ha materializado en la tercera
revolución islandesa: la Iniciativa Islandesa de Medios Modernos Islandesa
(IMMI).

[i] Frase
de un hacker de Reikjavik.
Véase tambidades
en culpabilizacioneandesa: ln el textoclusivoque antes de la crisis, pero
estctos.en la página oficial http://stjornlagarad.is/english/

La (R)evolución islandesa. No una, sino tres (I)

Lectura para el finde.
Aparecerá en un libro de Icaria, Indignaos del mundo, uníos.
Al rebufo del pastón del librillo de Hessel, vamos el pelotón de oportunistas.
Menos mal que en este caso me tocan de compas E. Toussaint, S. Alba Rico y S. Zizek.
Primera entrega hoy, mañana si puedo, más.
Resumen del argumento:
Lo importante en Islandia no fue la resistencia pragmática a los mercados (que también, vista la indigna sumisión del resto de países) sino tres revoluciones más silenciadas aún que la primera:
(1) la regeneración jurídico-ética y el horizonte de una democracia hackeada, con
(2) una nueva base constitucional escrita de forma colectiva y
(3) un modelo de desarrollo económico basado en la transparencia y la Red.
Así el reducido tamaño de la isla, en lugar de un inconveniente, permite presentarla como ejemplo revolucionario para aquellas comunidades que quieran afrontar el s.XXI apostando por una democracia marcada por la participación y el control de la sociedad civil.
En resumen dos lemas:
– La crisis como oportunidad para las poblaciones y no las corporaciones.
– Los públicos empoderados en la Red, toman defienden la soberanía popular.


Empezar a leer.

La (r)evolución islandesa. No una, sino
tres. [i]
“No
deja de sorprenderme el silencio que pesa sobre Islandia: el sueño que
representa, la bola de cristal que nos ofrece.” (J.L. Borges).
La
revolución del s. XXI lleva su primera letra entre paréntesis. No consiste en
tomar el poder. Sino en atarlo corto: hacerlo participado y transparente. Dar
voz al pueblo para enfrentar a los mercados y exigir responsabilidades a los
delincuentes financieros podría parecer insuficiente para hablar de revolución.
Y, sin embargo, el sustantivo cobra cuerpo con tres iniciativas de calado.
Desplegadas al hilo de una crisis – considerada una oportunidad para la
población y no sólo para las corporaciones – muestran un pragmatismo radical que, reconociendo la quiebra del
neoliberalismo, remueve las raíces éticas y constitucionales de la nación.
Planteando, en última instancia, un nuevo modelo económico, Islandia pretende
“resetear” su democracia, “reinicializándola” con los principios hacker:
controlar al poder y castigar su impunidad, con transparencia y participación.
I.- Cuanto peor, mejor (entre pocos y
valientes).
El
tamaño importa, pero no como acostumbramos a pensar. Tras de tres años de
sufrir la peor quiebra bancaria experimentada en un país occidental, Islandia
demuestra que “cuanto peor, mejor”. Constatar la debacle, la inviabilidad del
camino emprendido, es el único arranque de una nueva andadura. Algo que resulta
más factible de hacer a pequeña escala: son menos los que caminan. “Worse is
better”. Esto no lo sabíamos. Pero a pequeña escala – “Small is beatiful” –
puede conllevar un replanteamiento radical del desastre.
Con
320.000 habitantes, la salida islandesa de la crisis se proyecta mejor en una
ciudad, una comunidad autónoma o en un estado federado que en una gran nación.
Lo cual, lejos de restarle importancia, es acorde con las ventajas comparativas
de la pequeña escala en una época de tránsito; especialmente, si la comunidad,
además de muy cohesionada, tiene extensiones globales[ii].
Estas pueden provocar la crisis, pero también aportar soluciones.
La
islandesa no es una revolución clásica, porque no impugna el modelo político ni
el económico. La democracia representativa y la economía de mercado no han sido
suplantadas. Los islandeses no asaltaron ni quemaron el Parlamento, lo abrieron
al control y a la participación. Tampoco socializaron los medios de producción
ni las riquezas de los plutócratas. Pero Islandia intenta refundarse con bases
nuevas que podrían ser el horizonte democrático de otros muchos. La senda
abierta se nos ofrece como una ruta alternativa y además factible: con
resultados contrastados. Contra la deriva autoritaria del shock ortodoxo frente
la crisis, Islandia muestra que las comunidades pequeñas y cohesionadas pueden
declararse soberanas y marcarse un destino colectivo para reinventarse. Los
pasos a dar: reconocer la debacle, purgar responsabilidades e instituir un
nuevo modelo político y económico.
La
salida resulta más factible si la hecatombe se reconoce sin paliativos y desde
el primer momento. No pocos afirman que la negativa islandesa a pagar a sus
acreedores extranjeros no era una opción. Pero la necesidad se hizo virtud. El
movimiento de indignados internacional reivindica ahora el “derecho a la
bancarrota” que ejerció Islandia cuando asumió su quiebra y se esforzó en
reorientarla como una oportunidad de mudanza.[iii]
El
plante a los mercados financieros es también más viable si las consecuencias,
por la pequeña dimensión del país, no resultan tan gravosas para los
acreedores. Su respuesta, en todo caso, fue intimidatoria. Transmitida,
incluso, por el laborismo. Gordon Brown apeló a la legislación antiterrorista
para asumir inmediatamente el control de los fondos y  bancos islandeses situados en el Reino Unido.
Pero lo que cuenta es la senda de recuperación alcanzada en tres años. Ha sido
posible por el margen de autonomía de la política monetaria. La corona no
estaba integrada en el euro. Su devaluación provocó una tragedia social
innegable, pero también la entrada de divisas gracias al turismo y exportación
de bacalao y aluminio.
En
suma, máxima intensidad de la crisis, densidad social y soberanía nacional son
los ingredientes de la receta islandesa. 
El Big Bang en una probeta. Algo que bien pudieran ensayar otras
comunidades para disputarles a los especuladores la crisis como una
oportunidad.
II.- La revolución que nunca existió, la
económica.
“Congratulations
for being in crisis, we hope yours is as bad as ours”[iv].
Después
de haber sufrido una crisis brutal, sobrevenida en apenas una semana, Islandia
no se plantó ante el FMI o “los mercados”. No hizo la revolución que invocan
algunos apologetas. Que el más destacado sea el Presidente de la República, que
también lo fue en la época de expansión neoliberal más feraz, debiera despertar
recelo[v].
Islandia no es una isla insurgente, pero sí hace emerger las ventajas de decir
NO a ciertas imposiciones de los mercados y los organismos internacionales.
En
dos ocasiones, recurriendo a la democracia directa, los islandeses se negaron a
plegarse a la metodología que imponían los mercados. Plantaron cara, pero no
han cuestionado los principios. No han aceptado ni los plazos ni los intereses
de la deuda externa, pero aplicaron los preceptos del capitalismo financiero y
han sufrido sus costes. Cuando Noemi Klein* o Manuel Castells[vi]
citan el caso islandés, tienden a magnificarlo[vii]. En
verdad Islandia no ha incurrido en herejía alguna, como mucho ha sidorminos sociales y tal en t no resultaida ise
proyecta mejorltamente internacionalizada, pero que no ha renunciado a su
principalsí heterodoxa. Lo suficiente para que, constatada la anemia de
la izquierda gobernante en otros países, hablemos de (r)evolución.
En
2007 la renta media de Islandia era la quinta del mundo (160%  de la de Estados Unidos)[viii].
Pero tras la quiebra de Lehman and Brothers, en septiembre de 2008, los tres
grandes bancos islandeses colapsaron y fueron nacionalizados En noviembre la
corona islandesa había caído de un tipo de cambio de 70 a 190 coronas por 1
euro. A este abismo se veía abocada una isla que, independizada de Dinamarca en
1904, no comenzó a desarrollarse económicamente hasta la década de 1980.
Entonces unas nuevas elites controlaron el hegemónico Partido de la
Independencia.
Liberalizaron
las cuotas pesqueras poniéndolas en venta, alquiler o hipotecas. Sobrevino la
consiguiente desestructuración de las poblaciones costeras, entregadas de
repente al consumo y ocio. Grandes sumas de dinero fluyeron hacia los bancos;
sobre todo, como (obligatorios) fondos de pensiones. El pilar social islandés
se hundió con la desmembración de un sector económico clave, entregado a partir
de entonces a las transnacionales.
A
mediados de la década de 1990 Islandia accedió al Área Económica Europea – bloque de libre comercio de la UE – con
Liechtenstein y Noruega. El gobierno eliminó las restricciones de los flujos
trasnacionales de capital, bienes y servicios. Inició la venta de activos
públicos y la desregulación laboral. Y, como venía siendo costumbre, los
partidos se repartieron los bancos. En 1998 el Landsbankinn fue asignado al Partido
de la Independencia; y el Kaupthing,  al
Partido del Centro, su socio de coalición. Después, se crearon un tercer banco
privado y, en 2008, el Icesave, la extensión digital para el extranjero de Landsbankinn,
con una desregulación casi total del mercado de dinero.
La opacidad financiera, el bacalao y los
geiseres serían las tres turbinas económicas. El “turbocapitalismo” convertiría
la isla en un paraíso fiscal. La pesca, en manos de grandes compañías, se
desvinculaba de su tejido humano. Y la energía geotérmica se destinaría a la
contaminante fundición de aluminio. Durante unos años de “capitalismo vikingo”,
todo fue aire. Hasta que la burbuja reventó. Centrándonos en los bancos, se
embarcaron en comprar y vender acciones entre sí, con el único fin de elevar el
precio, subir la cotización sin que entrara nuevo dinero. A fines de 2007, los
«activos» conjuntos de los tres bancos representaban casi el 800 por 100 del PIB
islandés. En primavera de 2008 saltaron las primeras alarmas. Meses
después, la Ley de Emergencia Nacional decretaba la quiebra, la suspensión de
pagos y la nacionalización bancarias. Un “corralito” de 2.000 dólares prohibía
aún en 2011 sacar del país cantidades mayores de dicha divisa por mes y por
viaje. En última instancia, los pensionistas y los hipotecados (sobre todo en
moneda extranjera) perdieron todo lo que no eran sus depósitos.
Pero
a finales de 2011, la economía islandesa, tras más de dos años de recesión,
apuntaba mejoría: el PIB retornaba a la senda del crecimiento, el déficit se
reducía y el país volvía a acceder a la financiación exterior (y a pagar a sus
acreedores)[ix].  Las medidas pudieran parecer idénticas a las
impuestas al resto de paon graves
consecuencias parae latejido humano. istencia pragmtarse a  La diferencia, insisto, no son los principios
econl íses:
Se
inyectó el 20% del PIB a los bancos. Y se redujo el déficit casi a la mitad (del
13% en 2008 al 8% en 2010) con las prescripciones consabidas: (a) Subiendo los
impuestos sobre las personas físicas. Un trabajador con un sueldo neto de 1.500
€ mensuales llegó a pagar casi 800 € más por año que antes de la reforma. (b)
Se rebajaron los impuestos de sociedades y fortunas. (c) La inflación llegó a
aumentar un 31%, con grave daño para las hipotecas indexadas al IPC. (d) Los
salarios reales habían descendido una media de 12%. (e) Y, finalmente, el
recorte de gastos en sanidad, educación, pensiones y administración suponía el
3% del PIB en 2011.
La
heterodoxia reside en tres importantes matices que acompañan a los anteriores
ajustes, y que así se presentan como una resistencia
pragmática
a los mercados.
1.-
Se rescataron sólo los bancos nacionales, a cambio de nacionalizarlos y forzando
la dimisión de los gestores que llevaron a la debacle. Obviar esta purga
implica renunciar a lo que apenas ningún otro país ha hecho: denunciar
públicamente a los responsables de la burbuja. No han podido meterlos en la
cárcel, pero sus nombres y errores son públicos, con procesos abiertos, órdenes
de busca y captura y prohibiciones de salida del país.
2.-
La deuda extranjera se pagará, pero según dictaminen los tribunales
internacionales. La sujeción a la legalidad internacional fue posible gracias
al voto ciudadano, que recuperó soberanía frente a los mercados. La población
exigió dos referenda y más de la mitad de los votantes rechazaron por dos veces
los términos de devolución propuestos por el Gobierno. Una constatación, por
tanto: la población y no los gobiernos se enfrentan a los mercados. Y otra
verificación: estos no son rencorosos. Las agencias calificadoras mejoraron el
rating de la deuda islandesa, semanas después de que el Presidente de Islandia
les negara importancia. Los mercados carecen de sentimientos. Por tanto no son
resentidos. Según el FMI la economía crecería un 3% en la segunda mitad de 2011
y primera de 2012, permitiendo que Islandia emita deuda pública para
autofinanciarse.
3.-
Los recortes afectaron a un estado de bienestar muy desarrollado. La tasa de
paro ya no alcanza los dos dígitos. Las cifras serían mayores sin los 10.000
islandeses que habían emigrado a la altura de 2011 o si los requisitos para
figurar en el paro fueran menos estrictos. A pesar de ello, los islandeses son
menos ricos que antes de la crisis, pero están mucho mejor que el resto de
poblaciones europeas sometidas a ajustes.
Las
enseñanzas parecen claras: (a) la resistencia rinde más que la sumisión, (b) la
ejercen las poblaciones y no los gobiernos (aunque ayude que sean coaliciones
de izquierda). Recuperado un margen de autonomía nacional, (c) es posible
renegociar, apelar a instancias internacionales y sacar la cabeza. Para, a
pesar del sacrificio, mantener la dignidad necesaria y (d) proyectar la mirada
hacia nuevos horizontes.

[i] Este
texto recoge información de diecisiete entrevistas a expertos, intelectuales,
activistas y políticos islandeses realizadas al hilo del documental Puffin Away
[www., http://puffinaway.com/], a cuyo equipo agradezco su colaboración. Mi
deuda también con María Elvira Méndez Pinedo, 
profesora de la Universidad de Islandia, y cuyos comentarios han
supuesto un apoyo inestimable y a veces aparecen como propios en el texto.
[iv] Con
esta frase nos recibió, Birgitta Jondosttir, la parlamentaria más conocida de
The Movement; el nuevo partido que, organizado en unos pocos meses, entró en el
Parlamento tras surgir de la llamada revolución de las caceroladas.
[viii]
Los siguientes datos proceden de R. Wade y S. Sigurgeirsdóttir.
2010. “Lecciones de Islandia”, New Left Review, 65,
pp. 5-29.
[ix] Los
datos proceden de estadísticas oficiales de Islandia y de los organismos
internacionales. Han sido contrastados y algunos argumentos figuran en  la información y el debate en http://www.elsentidodelavida.com/2011/09/el-lado-oscuro-del-milagro-islandes.html

Foto de empresa

Y la última de esta serie:

¿Ya es alcaldesa de Madrid Pepa Botella?
Si ya lo decía yo: mejor sin elecciones, ni nada, que son un engorro,
#nopodemosesperarmas

Fotos: la primer mía, y las demás vía rollinandtumblrin
D.

Revoluciones zombis

– Chris Jeon, norteamericano enrolado en las filas de los rebeldes libios.

Apunte: Las revoluciones zombis, guerrillas reaccionarias y guerras corporativas. Un nuevo perfil bélico en siglo XXI.Por Carlos García de Castro.

El nuevo relato revolucionario es un standard repetible en cualquier tiempo y lugar donde sea requerido tumbar un gobierno, una plantilla que sólo necesita de unos pocos elementos: un puñado de «rebeldes» – a poder ser barbudos desaliñados ataviados de ropas militares y fusiles automáticos -, algunos extras que los jaleen, unas banderas, un par de discursos de lata aliñados con ecos de revoluciones pasadas y una cobertura mediática goebbeliana. Hijas de la castración revolucionaria y el triunfo del capitalismo corporativista a nivel global, nuestro tiempo ha visto «nacer» las revoluciones zombis, perversos epílogos de un mundo que pudo ser pero no fue, y que sólo sobrevive como marioneta bajo los hilos de su enemigo. Por ello, de ahora en adelante deberemos ser precavidos y sospechar de cualquier movimiento «libertador» que presente rasgos estéticos similares a los tradicionalmente atribuidos a «los rebeldes», porque en el tiempo actual la estética de la guerrilla es la cortina tras la que se esconden las guerras corporativas, idiosincrasia última del belicismo contemporáneo.

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Durante el siglo XX se forjó una iconografía de La Revolución. En nuestra memoria colectiva se suceden bolcheviques tomando el Palacio de Invierno, soldados comunistas chinos caminando la Larga Marcha, milicianos españoles defendiendo el Valle del Jarama, partisanos italianos luchando contra el Eje a las puertas de la República de Saló, Stjepan Filipović en el patíbulo gritando ¡Muerte al fascismo, libertad al pueblo!, guerrilleros latinoamericanos agazapados en selvas, el Che, las milicias del Vietcong surgiendo de la nada en pleno monzón… Imágenes todas ellas de un tiempo perdido, la modernidad, que tras la caída del muro pasó para siempre. Un tiempo que, sin embargo, en la postmodernidad ha servido para generar una estética del relato revolucionario donde éste ha dejado de ser una herramienta de liberación para convertirse en una herramienta de dominio. La estética revolucionaria, cuidadosamente deconstruída y vaciada de su contenido original, se ha desplazado – por un acto apropiacionista -, desde el espacio de la resistencia al espacio del poder. El nuevo relato revolucionario es un standard repetible en cualquier tiempo y lugar donde sea requerido tumbar un gobierno, una plantilla que sólo necesita de unos pocos elementos: un puñado de «rebeldes» – a poder ser barbudos desaliñados ataviados de ropas militares y fusiles automáticos -, algunos extras que los jaleen, unas banderas, un par de discursos de lata aliñados con ecos de revoluciones pasadas y una cobertura mediática goebbeliana. Hijas de la castración revolucionaria y el triunfo del capitalismo corporativista a nivel global, nuestro tiempo ha visto «nacer» las revoluciones zombis, perversos epílogos de un mundo que pudo ser pero no fue, y que sólo sobrevive como marioneta bajo los hilos de su enemigo. Por ello, de ahora en adelante deberemos ser precavidos y sospechar de cualquier movimiento «libertador» que presente rasgos estéticos similares a los tradicionalmente atribuidos a «los rebeldes», porque en el tiempo actual la estética de la guerrilla es la cortina tras la que se esconden las guerras corporativas, idiosincrasia última del belicismo contemporáneo.

El Coronel Muamar Gadafi, tirano de los libios, ha sido asesinado este pasado 20 de octubre por una banda de mercenarios a sueldo de las multinacionales petroleras, que con dinero privado y público han protagonizado una guerra por el oro negro. Inversión que sin duda verán – las corporaciones, que no los Estados – rentabilizada a corto o medio plazo. Así, mientras Libia se sume en las tinieblas de la división – y ahora sí, quizás, la guerra verdadera -, el capitalismo internacional extraerá de pozos defendidos por ejércitos privados el ansiado crudo que Gadafi les tenía vetado, y con el que sin duda el déspota costeaba sus caras excentricidades.

Lejos – cercenado – queda ya el tiempo en el que el Coronel era recibido por todos los líderes mundiales. Hasta ayer, un Gadafi arrepentido de sus impulsos terroristas se paseaba alegre y seguro por las cortes occidentales cargado de regalos y lujo oriental. Pero el voraz consumo energético tiene sus exigencias, la máquina capitalista no se detiene, y el Coronel, viejo fósil de un mundo que ya no existe, tenía las horas contadas… La rueda de la guerra se puso en marcha y bajo el paraguas de la falsa guerra civil, que los medios han construido para una desinteresa opinión pública – con permiso de la ONU y bajo tutela de un Premio Nobel de la Paz – el poder del dinero decidió que el tiempo del Coronel había terminado.
¿Pero porque no atacar directamente como en el caso de Irak y crear toda una falsa guerrilla para una revolución zombi? Quizás porque las corporaciones capitalistas, ideólogas de esta guerra, no son un poder legítimo y ávidas de legetimidad recurren a las instituciones que aún poseen prestigio ante la opinión pública: la democracia liberal – representada por el binomio OTAN/ONU – y – curiosamente – el relato revolucionario, viejo enemigo de la democracia liberal.

No hace falta decir que el uso de fuerzas de falsa bandera y el camuflaje de intereses exógenos bajo la apariencia de intereses endógenos no es nada nuevo. La revolución zombi, que en Libia tiene el máximo y más patético exponente conocido hasta la fecha, es un artificio largamente gestado. De este modo, sucesos tales como el intento de desembarco en Playa Girón por un grupo de exiliados cubanos financiados y entrenados por EE.UU., el asesinato y golpe de estado contra Salvador Allende o la guerra de Irak so pretexto de la existencia de armas de destrucción masiva, son los precedentes cronológicos del simulacro que ha sido la guerra libanesa. Pero a diferencia de los hechos anteriores, en los que el poder capitalista mundial intervenía de forma más o menos abierta en determinados lugares, en el caso de Libia se ha montado todo un relato revolucionario, directamente arraigado en el ideal de las guerrillas comunistas de los cincuenta y sesenta, y se ha ofrecido una cobertura mediática diferente desde todo punto de vista. De cara al público se ha querido vender – afortunadamente con bastante poco éxito – la existencia de un verdadero movimiento de liberación y de unos bravos rebeldes que con entrega luchaban para liberar a los libios de la tiranía del coronel. Una película aderezada con anécdotas curiosas como la presencia, más mediática que real, del brigadista Chris Jeon, un americano que partió al norte de África a luchar con los rebeldes «porque molaba».

Llegados a este punto cabría preguntarse si el fenómeno de la revolución zombi: la guerra imperialista desencadenada por intereses comerciales escondida tras la cortina del relato revolucionario tradicional; viene para quedarse o no. Realmente hay muchos elementos que la delatan, para empezar una curiosa falta de imágenes de los acontecimientos que el cuerpo de Gadafi no logra llenar, la ausencia de portavoces reconocibles – y de discurso – o la inexistencia de grandes masas en movimiento, como demuestra el hecho de que las calles de Trípoli no se hayan abarrotado celebrando la «liberación» – tampoco se abarrotó la plaza donde los americanos derribaron en directo la famosa escultura de Saddam Hussein, tras el inicio de la ocupación -. Pero, por otra parte, el éxito conseguido y la carencia de un movimiento ciudadano contrario a la Guerra de Libia en Occidente, pueden hacer atractiva la idea de la revolución zombi a los ojos de los poderes económicos, quienes tras la guerra de Irak dilapidaron gran parte de la legitimidad de la democracia liberal.

Paradójicamente el relato revolucionario puede haberse convertido en un nuevo filón de legitimidad para el corporativismo internacional, ofreciendo un medio con el que continuar sosteniendo sus guerras por el control de los recursos naturales del planeta. Y todo esto en un momento en que las democracias se encuentra en horas bajas, acosadas en todo el globo por movilizaciones multitudinarias.

La guerrilla es ahora reaccionaria.

Tostado de Contraindicaciones.
D.

Tomar la cultura

Guillem Martínez: “L’Estat no ha de fer cultura” de Nativa (Vía Rubén Ramos)

Guillem Martínez parla molt fluix. “I no és solucionable”, m’avança. Tota una paradoxa, en algú que exposa reflexions tan estridents i punyents sobre la cultura espanyola. Autor dels llibres “11-M. Pásalo” (Debolsillo, 2004), “La canción del verano” (Debolsillo, 2007) i “Barcelona rebelde. Guía histórica de una ciudad” (Debate, 2011), es defineix com “més aviat llibertari” i anuncia que al maig editarà amb altres autors un volum que vol ser la carta de defunció de la Cultura de la Transició (a partir d’ara CT). Però anem a pams.

Dius que “La llibertat en una democracia és la seva cultura”. Perquè?

En un país no totalitari, el limit de la llibertat sempre és la llibertat intel.lectual: la cultura. La cultura estableix els límits del que pot fer un parlament, un ciutadà, un autor, un intel.lectual, un cantant…

Això no ho marca la política amb les lleis?

No. I si ho fa, és a través de la cultura. Per exemple, la Restauració va durar des del 1874 fins el 1931. En 24 hores va desaparèixer el marc cultural que impedia que la gent sortís al carrer; no només a proclamar la república, sino a fer una altra cultura. Aquell dia podies obrir les presons perquè el marc cultural i legal d’un empresonat havia variat. I el 15-M és un altre canvi de paradigma cultural. La idea restrictiva de llibertat va canviar en setmanes.

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Ara no estàs parlant d’un canvi social?

Encara no sabem què és el 15-M. Són moltes coses, però, per sobre de tot, i el més important, és un canvi cultural absolut. La cultura de la transició ha quedat vista per a sentència i molta gent ja l’està condemnant a mort amb la seva vida quotidiana i els seus usos culturals. Passi el que passi, el 15-M ja ha triomfat: ha enviat a la merda un periode nefast de la cultura espanyola.

Et noto fins i tot més beligerant amb aquesta etapa que fa quatre anys.

Estic convençut de què tot el cànon cultural dels darrers vint-i-tants d’anys desapareixerà.

Qui se’n recorda ara d’algun autor de la Restauració? 

Ningú! Doncs, ara passarà el mateix. S’hauran de reescriure tots els ‘Babelia’ dels darrers 35 anys. I els llibres de crítica, que només primaven l’absència de conflicte. A partir d’ara es castigarà l’absència de conflicte. Una novel.la o una notícia que no tingui conflicte –i no parlo de militància, perquè el conflicte pot ser estètic– no tindrà cap interés. I penso que la música era el mateix: gent que accedia a l’èxit sense utilitzar el conflicte. El conflicte com a llenguatge és l’abecé de la cultura. La cultura ha de tocar els collons.

Parles d’Espanya com una excepció. A Europa no passa el mateix?

Aquesta és la teoria de la CT. Des de 1968 la cultura s’ha desarticulat a occident. La cultura va deixar de ser una opció beligerant per passar a ser una regió de l’oci. Però Espanya no va accedir al 68 i aquesta desarticulació de la cultura la va fer l’esquerra per facilitar un procés de transició. Es va pensar que desarticulant la cultura com a conflicte es podrien eliminar molts problemes. El resultat ha estat una cultura incapaç de parlar de la realitat, incapaç de plantejar conflictes i molt vinculada a l’Estat.

I no hi ha excepcions? Penso en el moviment musical del rock radical a Euskadi, fonamentalment alimentat per la idea del conflicte.

Sé que existeix, però el desconec. En tot cas, novel.les de conflicte no hi ha hagut. I la premsa durant gairebé 30 anys no ha exercit la seva funció, que és controlar el poder. Hem tingut productes culturals que donaven la raó a l’Estat. En literatura no hi han crítiques negatives i quan han existit s’han interpretat com el póquer d’una empresa contra una altra o contra una persona, no com un exercici de llibertat. De música no parlo perquè ho desconec, però Espanya és l’únic país que no té una gran revista de crítica literària com qualsevol altra llengua europea. No li cal perquè el cànon literari es marca a través del mercat i dels premis i honors de l’Estat.

I dels premis de la indústria.

Exacte: mercat i estat. Però el mercat és comú a tota Europa. L’estrany és aquesta vinculació de la cultura espanyola a l’Estat. Això no passa enlloc més. I el do de pit va ser l’11-M. Durant tres dies no va haver cap article a Espanya explicant què passava. La cultura, els diaris, els periodistes es veien amb el deure de protegir l’Estat i no amb el d’informar al ciutadà.

Ara diria que parles de mitjans de comunicació i no de cultura.

Parlo dels mitjans de comunicació com un exemple més de cultura. Els mitjans practiquen cultura i durant 30 anys han practicat una molt concreta: centralitzada, vertical i molt vinculada a l’Estat. Cal fer entendre que hem estat vivint amb una cultura que va renunciar a la beligerància l’any 76.

De fet, quan dius “la llibertat en una democràcia és cultura” i que “la gran aportació de les esquerres a la democràcia ha estat la desactivació de la cultura” estas denunciant que a Espanya no hi ha llibertat.

Segons els paràmetres de la CT hi ha hagut llibertat absoluta, però segons uns altres paràmetres cal parlar d’una democràcia tutelada, que no planteja problemes, fins i tot corrupte. Culturalment no era un país lliure.

Quina possibilitat hi ha de què l’Estat premïi el conflicte en la cultura?

Bona pregunta. Però et posaré un exemple: fa un any tres periodistes van rebutjar la Legió d’Honor de l’Estat francès. Van dir que la seva feina els impedia acceptar honors de l’Estat. Aquesta possibilitat culturalment no ha existit a Espanya. Aquí un periodista guanya més diners quant més aprop està de l’Estat. I quan més lluny està, menys periodista se’l considera: és més marginal, més amargat… Et diré més: no hi ha països amb tants premis nacionals com el nostre. Espanya té premis nacionals per tot. L’últim que s’han inventat és el de Periodisme Cultural. A França no existeixen o se’ls considera propagandístics. Els premis importants els donen col.lectius: de crítics, per exemple. A França, quan l’Estat es fica en cultura és foragitat. I s’ha ficat molt perquè el model espanyol és gairebé el francès. Però a Jack Lang no se li acudiria anar a actes on aquí els ministres van tranquilament.

Però el ciutadà ha d’estar orgullós d’un Estat interessat per la cultura?

A l’Estat mai li ha interessat la cultura. Ni a Pericles li interessava. I és molt perillós que l’intelectual pensi que comparteix interessos culturals amb ell. L’Estat del benestar té determinats deures: la sanitat, l’ensenyament… Però dubto que tingui la cultura com un deure. La cultura, en última instància, és un deure individual. És més, pots renunciar a llegir, a escriure, a escoltar música… I és més raonable això que esperar que se’t pagui per llegir o sentir música, que és el que passa ara. L’Estat no té cap atribució cultural. Pot contribuir en formació (en escoles, en ensenyar a llegir…), però dubto que hagi de formar actors, músics o escriptors. I dubto que hagi de portar una cartellera de teatre al meu poble perque jo accedeixi a la cultura.

Des de fa força anys es demana justament el contrari, que l’Estat arribi allà on el mercat no pot o no vol.
Aquesta és la gran trampa. A França van inventar una cosa terrible que es deia Ministeri de Cultura. Espanya la va adoptar molt ràpid i la va adaptar dins l’Estat del benestar. Però l’Estat no pot fer cultura: ha de fer escoles, hospitals… La Barraca, el grup de Lorca, no era de l’Estat. Era l’aposta d’un grup d’amics i feia el mateix que l’Estat: dur els autors clàssics als pobles. Els homes sempre fan cultura. Ara mateix nosaltres n’estem fent. Però no hem de convidar l’Estat a aquesta festa. I la fi de la CT suposa el final de la subvenció. L’Estat ja no té diners; per tant, s’ha acabat el monopoli cultural.

La segona gran contribució de l’esquerra a la democràcia no haurà estat deixar el poc que queda de la cultura en mans del mercat? I el mercat encara té menys interés per la cultura…
Crec que això ja és secundari, un cop han fet el primer. A la Barcelona dels anys 70, la cultura era principalment llibertària i horitzontal i la gran tasca de l’esquerra va ser imposar una cultura vertical i acabar amb aquell perill. Perquè si fas teatre horitzontal, literatura horitzontal i música horitzontal, el següent pas és fer política horitzontal. És a dir, sotmetre a crítica a l’Estat.

Quin partit creus han pres els artistes a la CT? Vist així, sembla que tots han acceptat les regles del joc: la subvenció, la no beligerància…

Coneixem Víctor Manuel i tota la seva obra, però no coneixem el Víctor Manuel que va rebutjar els premis. No puc posar exemples musicals, però jo no conec artistes problemàtics. En literatura, el tio més problematic formalment dels darrers anys és Roberto Bolaño. A Estats Units és molt valorat, però aquí és un marginal, un artista formalment conflictiu. I els companys el van ningunejar fins uns extrems… Li va costar molt arribar a poder viure. I parlo només de menjar tres cops al dia i pagar un lloguer.

Suposo que tot depén d’on posa cadascú el llistó de dissensió. Allò que jo veig com un indici de disensió a tu et pot semblar pur conformisme.

Ja no parlo de disensió, sino de beligerància, i no només política. Coneixes aquí algun grup homosexual beligerant com els que hi havia a Anglaterra?

Ara no caic, però recordo que quan Albert Pla tocava “La dejo o no la dejo” (la cançó on el nòvio d’una terrorista no sabia si tallar amb ella o no), molta gent es va posar en guàrdia. Allò era o no era beligerància?

En qualsevol cas, anava més enllà d’aquest model de cohesió on se suposa que només hi ha bogeria. En aquest cas el que hi ha és algú que diu: faré un objecte cultural i m’importa un pepino la seva repercusió moral i política.

Cal recordar que veniem del franquisme. Potser és humà que artistes i societat ens haguem apalancat en aquest model còmode i poc crític…

I tothom venia d’una època en què no existia la professionalitat cultural. Però ara veurem desaparèixer tots els tècnics culturals de l’Estat. I amb ells, tota una sèrie de pintors, d’escriptors… Tots perdran la seva feina. Ben aviat a un regidor de cultura d’un poble li costarà reconèixer un objecte cultural perquè amb el canvi de cànon cultural tota la seva cultura desapareixerà.

No creus també que l’artista és menys crític amb governs d’esquerra per por a fer el joc a la dreta? I això no és un tret característic de la CT: s’ha vist amb Blair a Anglaterra i ara a Estats Units amb Obama.
Ja que cites Estats Units, allà existeix el mercat, però no hi ha només una cultura: n’hi ha milers. Allà hi ha comunitats de 10.000 persones disposades a pagar perquè s’editi el seu llibre. Hem d’aspirar a això, a descentralitzar la cultura. I no ens hem de conformar amb dues cultures: la de la transició i l’altra. Hem d’aspirar a quatre mil comunitats diferents d’usuaris de cultura. No vull que això de la CT sembli un dogma. Jo només plantejo un punt de vista. Jo soc periodista: no aporto cap solució. Però, de fet, proposo trencar amb qualsevol dogmatisme: jo vull deu mil cultures paral.leles.

Fins i tot quan s’engresca amb un argument, el llença com un secret a l’oïda. Quan acaba de respondre, se li acut un exemple més. I llavors una puntualització. I una acotació al marge. Amb el xiuxiueig subversiu i la mirada fixa en l’interlocutor, crea un efecte hipnòtic semblant al de la serp d’”El llibre de la selva”. S’ha fumat cinc mitges cigarretes en una hora. Ahir va enllestir una feina en la sèrie de TV3 “Gran nord”. “Demà torno a fer de periodista”, diu amb l’eufòria del futbolista que porta tres mesos lesionat. Se’l veu amb ganes de tocar pilota. Ara, però, les regles del joc ha canviat.

“L’Estat ha llençat la tovallola. Ara l’únic que pot fer és prohibir-te fumar. Pot tocar els collons, però no pot fer política. La única que pot fer és donar la raó al mercat. I això fa”, diu. Està tan engrescat amb el 15-M que profetitza canvis imminents. “En cinc anys o abans hi haurà productes periodístics sorprenents. Tota aquesta gent que fa columnisme en blanc, humor en blanc, moralina en blanc, denúncia en blanc… Desapareixerà tota perquè hi haurà objectes culturals de debó: beligerants. Això és un canvi de paradigma i els canvis de paradigma són ràpids. I quan guanyi el PP s’accelerarà més perquè collarà més fort la cultura i farà el ridícul”.


Martínez reconeix que ha passat tants anys estudiant la funció de l’Estat en la cultura que ha descuidat l’observació del mercat. I aquest és el nou camp de batalla: “La bona notícia és que l’Estat no podrá dominar res, però ara el dolent serà el mercat. El mercat no dialoga i, com s’ha vist des del 2007, té una set tremenda. Hem de plantejar-nos com sobreviure amb dignitat com a lectors i com a creadors”. Però tot el sol que fa aquest matí, el seu entusiasme encara enlluerna més. “Espero que d’aquí uns anys un ‘pazguato’ pugui vendre cent mil llibres perquè una comunitat de lectors l’ha evaluat positivament; i que no hagi de sortir cada dia a la tele, que sigui el contramercat. Perquè quan estiguem abandonats al mercat necessitarem una indústria de la crítica que ara mateix no existeix”.

Què et fa pensar que una societat que va sortir del franquisme per entrar en una etapa críticament feble tindrà prou força per combatre una dictadura encara més salvatge com la del mercat?

No cal massa força per fer crítica literària. Aquest any he conegut gent de vint-i-pocs anys, grans consumidors culturals, que fan crítica de manera innata. Pots estar-hi més o menys d’acord, però tenen deu mil lectors que valoren la seva opinió. No sé com s’ho han fet, però han llegit el que havien de llegir. Han llegit poca literatura espanyola. No s’ha format a l’Estat: ni a l’ensenyança ni a la universitat. Tenen una cultura anglosaxona que els impedeix haver viscut la cultura de la transició. I em tenen fascinat.

A ‘Nativa’ s’ha apuntat què el problema de les polítiques culturals és que només responen als precs de la indústria i el creador i consideren la societat un subjecte passiu: el consumidor. Assumir que la societat té el dret i el deure de demanar una cultura, fins i tot generar-la, s’acosta a la teva idea de cultura horitzontal, tot i que no crec que els qui l’han exposat es plantegin encara aquest rebuig a les polítiques culturals.

El contrari a una cultura vertical i autoritària com la CT no és una cultura llibertària. És l’establiment, en règim d’igualtat o, al menys, de competència, de diverses cultures. És, doncs, una societat més lliure. Fins i tot culturalment. El paper de l’Estat en tot això? Hem d’aprendre a mirar l’Estat –l’Estat central, l’Autonomia, l’Ajuntament- amb cara de pòquer. I, sobre tot, quan fa polítiques culturals. Els Estats, de fet, no fan polítiques culturals. Fan polítiques. Quan fan cultura estan fent política i ideologia.

No creus que al 2045 podem estar no només penedits si no avergonyits d’haver cregut que era possible aquesta guerra de guerrilles i que, com havia de ser, el mercat haurà imposat una única cultura, la seva?

És clar. La CT ha estat un festival diari contra la llibertat d’expressió. Però el futur és brutal. Una de les proves de la seva brutalitat és la desaparició de la CT, la progressiva desaparició de l’Estat. En els darrers tres anys hem pogut veure que l’Estat fa dècades que no existeix més enllà del que el mercat necessita com a Estat. En tot cas, serà atractiu disposar d’una sèrie de cultures, d’aportacions culturals i creacions, que ens ajudin a veure la violència d’un món governat per la banca. Serà divertit veure que l’Estat no té un programa cultural, una agenda de temes, un límit de la llibertat, una autoritat que assenyali qui és freaky i què és cultura. I d’altra banda, què és la cultura? Guerra de guerrilles o música d’ascensor? En quina de les dues categories rau el ridícul i el fracàs que apuntes com a futurible?

Quan donem per acabada l’entrevista, el Guillem deixa anar: “Espero haver-te contagiat el meu entusiasme”. I recolzats a la barra del bar, mentre esperem per pagar les begudes, afegeix: “Saps? Hi ha una cançó d’Astrud que explica perfectament tot això de la CT: ‘Hay un hombre en España’”.