Huelga en el metro

Estoy de acuerdo con lo que dice I. Rosa sobre la huelga de metro en Madrid. Contra recortes salvajes y convenios abusivos, huelgas salvajes y parones a la altura.

Cocina institucional tradicional. 

Hoy: «Huelga dulce»

Ingredientes:

– Una medida de protesta.
– Instituciones elitistas y poco democráticas.
– NeoPopulismo

Elaboración: 

Coja usted una medida de protesta que sea una putada para el poder: por ejemplo, un paro en el transporte público de una ciudad grande. La deja usted macerar con un convenio entre dos instituciones que sólo representan a sus madamases. La maceración produce unos servicios mínimos que eliminan el gusto agrio y el conflicto real dejando un sabor dulce. La adereza a continuación con algo de NeoPopulismo de ese que dice en la etiqueta: «La gente no tiene la culpa de que unos energúmenos quieran paralizar la ciudad». Dejar en el frigorífico durante media hora para enfriar cualquier tipo de réplica.

Ya tiene usted una huelga que endulza el paladar y se digiere fácilmente.

MOBILIARIO JEMER

Mesa-cama-sofá-reja-visillo: una sola pieza, al modo de un somier de listones de madera con cuatro patas.

Esto, más la hamaca, conforman todos muebles de una casa camboyana. ¿Para qué más?

En la primera pieza – sin colchón alguno – hacen el amor (supongo) y les he visto, sentarse con la familia y los visitantes, seleccionar verduras o frutos, jugar con los niños (esto, lo que más), tumbarse a la bartola, sestear; levantarla por un lado, poner un reja, para apartarse del resto y conversar.

Un atractivo más de esta cultura. Convierte a los encamados de J.C. Onetti – sus familiares; que, como él mismo, llegado un punto deciden no abandonar la cama, hasta que la muerte les obligue a ello – en gente corriente y moliente.

Un país de encamados, donde dormir y amar equivalen a trabajar.

EL REINO DE LAS POLLAS



En Camboya, en Kbal Spean (1050-1066) los eremitas Jemeres tallaron miles de vergas en el lecho del río Siem Riep. Esas pollas aseguran la fertilidad de las aguas que riegan. El agua confluye en vulvas cuadradas, y discurre por los senos de las imágenes de Visnú, Brahma y Siva; las tres deidades del hinduismo, entrelazadas entre sí y con sus amantes en flores de loto permanentemente mojadas.

El imperio Jemer hizo del culto a los lingams – falos de piedra, siempre regados por el agua y que ocupan el lugar más sagrado, y el más alto, de sus templos – su emblema.

Empiezo a comprender a Pol Pot. Reivindicó esta iconografía más que la del “realismo” comunista: Si en tus orígenes culturales cuentas con 11.000 vergas (sobre ellas escribiría Apollinaire – link al Jordi – anticipando las masacre de la I Guerra Mundial) nada importa. Al contrario, resulta necesario encharcar tu país en sangre. Porque en esta locura de dioses poseídos por el arrebato la sangre anticipa fertilidad.

Apunte: comparar este culto desaforado a la polla – insisto, obra de eremitas – con las no menos arrebatadas mariconerías de San Juan de la Cruz, aunque copiadas de sus amantes musulmanes:

Gocémonos, amado,

y vámonos a ver en tu hermosura

al monte o al collado

do mana el agua pura;

entremos más adentro en la espesura.

Besos, desde lo más profundo del imperio Jemer.

Transición política y storytelling (II): «Requiem por un imperio»

Si «A diez segundos del infierno» trataba sobre la desnazificación desde la perspectiva de los ciudadanos ordinarios, «Requiem por un  Imperio» («Taking sides») lo hace desde el ángulo de una elite intelectual que apoyó al nazismo; en este caso, desde la persona del director de la Filarmónica de Berlín, Wilhelm Furtwängler. La película funciona por inducción, presentando un caso particular que el espectador tiene que generalizar. 

La desnazificación  pretendía depurar la sociedad germana de todo rastro del nazismo en las instituciones y la vida pública tras la Segunda Guerra Mundial. Esta es una cuestión extraña en nuestro país, que no ha tenido un proceso propio de desfranquización.

Tras la caída de Hitler, los estadounidenses interrogaron a este señor, a Furtwängler, para revelar hasta que punto se había comprometido con los nazis y si su comportamiento exigía un castigo, un proceso de depuración. No deja de ser complicado demostrar esto y así lo parece en la película. Una pregunta que surge es hasta dónde hay que purgar esa sociedad y de qué manera hay que hacerlo. ¿Hasta qué punto una sociedad es cómplice de lo que hace su Gobierno?
 
Los estadounidenses llegaron a la zona de ocupación que les tocaba en Alemania y descubrieron los millones de cuerpos exangües de los campos de concentración. Se puso de moda llevar a los alemanes a estos campos para que miraran a punta de pistola las montañas de cuerpos que las excavadoras barrían hacia fosas comunes.

Sobre la colaboración abierta, encubierta o por omisión, en el final de la película hay un inserto de una filmación antigua en la que se ve a Furtwängler estrechando la mano de Hitler en un concierto. Tras el gesto de subir al escenario y felicitar al director, nada común en Hitler, el plano medio se cierra (gracias al tratamiento digital posterior de la película moderna, no de la antigua) y podemos observar cómo Furtwängler se pasa un pañuelo de la mano izquierda a la derecha… ¿quizás para limpierse el sudor o puede que para lavarse simbólicamente? He conseguido un clip que muestra esto. Ahí está toda la jerarquía nazi, el día del cumpleaños de Hitler.

«Informe Semanal» cubrió el Congreso de Comunicación Política en Bilbo

Os dejo un enlace con un reportaje de «Informe Semanal», «Estrategas del poder«, emitido el sábado 26 de junio. Intenté subirlo a YouTube pero es demasiado largo. El reportaje trata sobre la comunicación política a propósito del Congreso al que asistí hace ahora diez días.

No se han comido demasiado el coco los de RTVE. Han ido al Congreso de Comunicación Política de Bilbo y han entrevistado a Stan Greenberg (consultor de Clinton, Mandela, Obama y, sobre todo, de los guionistas de «El ala oeste de la Casa Blanca»), Lakoff (el lingüista que más libros sobre elefantes vende a los militantes del PSOE, aunque después éstos no se los lean), un tipo llamado Apicella (que habló sobre neuropolítica y del que hemos hablado ya aquí), un consultor chileno de nombre José Miguel Izquierdo, que cargaba contra Hugo Chávez en el reportaje pero que en el Congreso habló de cómo él ganó el poder para Sebastián Piñera engañando a las masas con sus cursos en Harvard y copiándole a Bachelet sus ideas. Y después la representación patria con Luis Arroyo y María José Canel.

El reportaje de «Informe Semanal» es flojito pero no hay duda de que es un éxito contar con acceso a TVE1. Eso tiene un precio que sale de los bolsillos de los socios. Con los 60.000 euros que han recaudado de las inscripciones al congreso, los organizadores han podido traerse a todos estos gurús que costaban justo 60.000 euros, o, al menos, esas son las cifras que el comité organizador presentó en la Asamblea General de Socios. Varios socios se quejaron. Surgió un debate sobre si el Congreso era demasiado caro o no. En mi opinión sí lo fue. Al menos para gente como yo, con mi salario. Me recordaba a aquello que decía Florentino Pérez, alias ACS, sobre los Zidanes y los Pavones (o lo que es igual, los galácticos o los canteranos). 

Creo que lo idóneo hubiera sido, puesto que nosotros íbamos a pagar a los super-expertos, que nosotros debatíéramos si queríamos a los más caros (los que vinieron) o algo más modesto pero con lo que atraer a más gente interesada en el tema. Es cierto que sólo con esta gente se convence a los medios, en este caso a un programa de TVE1. Los medios sólo quieren a los gurús que no descuelgan el teléfono por menos de varios miles de euros. ¿Es lo que conviene a todos los socios? No lo creo. La presencia de estos gurús no garantiza un éxito intelectual. Peor, para algunos de los expertos, estos encuentros puede convertirse en un lugar donde el carisma se retroalimenta con el fin de ganar más pasta en la siguiente cita.
Desde un punto de vista crítico, el reportaje de «Informe Semanal» está personalizado en pocos individuos que roban el protagonismo a las demasiadas cuestiones que se plantean, que son interesantes pero a las que les falta una articulación… siempre en mi humildísísísíma opinión.

El eclipse

Recuerdo un hecho insólito que viví hace años. Organizamos una protesta en el ayuntamiento. Para ello conseguimos unos pases especiales de prensa, con el propósito de boicotear una presentación institucional en la misma Casa de la Villa de Madrid. Al empezar su discurso el alcalde, nos pusimos a gritar consignas, subidos por la tensión del momento, la presencia de verdaderos periodistas y los empujones de los matones que protegen a nuestros políticos…

El edil, muy fino, decidió aguantar el chaparrón, pero quizá ante la presencia de la prensa, en vez de sacarnos de allí a trompazos, nos invitó curiosamente a tomar la palabra. Literalmente nos cedió su micro. Entonces, una tímida activista se acercó al estrado emocionada. Habló y las consignas entonces sonaron raras, como huecas, no por que tuvieran sentido, que lo tenían y mucho, sino por que su tono entonces no correspondía. Al acabar, con falsa cortesía, nos sacaron de allí y su acto siguió, no me cabe duda, sin más altercados.

Aunque para muchos de los activistas participantes, aquello fue una gran victoria. Yo por desgracia no lo veía de ese modo.

Esta mañana, leo como el Museo Picasso de Barcelona, una de sus instituciones culturales más señeras y con más visitas de esa urbe, tiene también cuenta como usuario de la red Tea-tron. Y este hecho baladí, me entristece y me hace pensar en lo confuso que es todo. Y más cuando se que es una red autogestionaria, sin ayudas públicas de ningún tipo, y por tanto con un futuro muy incierto. Tea-tron, por si no lo saben, padece una precariedad económica aguda…

Me entristece, a pesar de que se que esa gente del Museo de marras, sólo intenta, como todas, ganar algo de visibilidad (y más si es gratuita). Tienen derecho, yo mismo tengo una cuenta hace mucho, y ni siquiera he pujado por una triste camiseta. Sólo donantes anónimos y gente como el Antic Teatre, que hace tiempo incluye publicidad, y colaboran en  el sustento económico de esta gente que han creado, la red escénica online más interesante de la península.

En cualquier caso, sigo desengañado, confuso, como tras aquel incidente en el ayuntamiento de Madrid.

Creo que no me gusta lo que hacen con nosotros las instituciones políticas o culturales. No, no me gusta, nada.

Saudade y viaje

No sé cómo será la conexión a la red en Camboya.

Perdonen el exceso.
Me quedan unas horas antes de pillar el avión y he decidido aprovechar el tiempo.
Paso de salir de nuevo a la calle.
Ya he visto demasiado.

Os entrego algunas fotos.
En el infierno, también hay amor.

Siento ya saudade de
– los hombres con los que nunca me senté a hablar,
– los ojos que casi perdí en busca de emoción,
– las flores que no besé,
– los rasguños de pasión políglota sobre un árbol desnudo, de nombre desconocido,
– las oraciones que nunca pronuncié…
y el milagro que nunca aconteció.

Y mejor. Sólo así cobra sentido un nuevo viaje.

Bye, bye Singapur…

No he tenido ningún orgasmo en esta ciudad.
No soy estalinista. Ni se me levanta, de tanto sudor.
Zizek es un mamón con ganas de dar la nota.

Lleva razón si consideras:
– Que la inmensa mayoría de la gente vive en viviendas de protección oficial, con cobertura sanitaria y educativa al 100%.
– Los salarios son ínfimos. La tasa de crecimiento imparable.
– No hay un solo papel tirado en ninguna parte. Menos aún chicles pegados en el suelo: está «prohibido» importarlos.
– Se podría comer en la acera. Pero/porque no se ven los indigentes (sólo un borrachuzo somnoliento en una esquina, en cinco días).
– Tiene uno de los índices de «inseguridad» – para ricos y propietarios – más bajos del planeta.
– Apenas ves policías, todos son secretas.
– El partido es – de facto – único. Le llaman democracia y (como todas) no lo es.
– ¿Otro? monopolio de facto controla los medios.
– Políticos y periodistas «libres» no salen de los juzgados en cuanto se sueltan la melena… y los asiáticos no acostumbran a dejársela crecer.

Pierde Zizek la razón al invocar la aberración del «socialismo real» obviando que:
– Nunca tan presente como aquí está la sociedad de clases.
– Las desigualdades de ingresos resultan gigantescas, sobre la base de una clase laboral exprimida y a pleno empleo.
– Las tres etnias (porque los ingleses eran otra cosa, civilizadores)- chinos, árabes e hindús – han permanecido siempre en un apartheid casi absoluto… sólo se ven unidos en/por el centro comercial.
– Apenas se ven parejas, empresas, vecindarios mixtos, mestizos… excepto entre occidentales y muñequitas orientales.
– En Singapur todos los caminos llevan al shopping mall: cinco intentos hoy, antes de encontrar el sentido contrario de una calle. Las salidas del metro, los pasos subterráneos y los de nivel te introducen, aunque no quieras, en centros comerciales; que, como en todas partes, son un laberinto de Dédalo. Aquí los recorre el toro de Wall Street (el mismo que el de Intereconomía). El Minotauro capitalista se lleva todo por delante.
– Esto es China, no la URSS, dentro de (¿muy?) poco: maoismo de mercado global… Alimentado con mano de obra y garrras de consumo masivas. Con una nomenklatura, claro, pero esta vez no de cuadros del régimen, sino de directivos y altos ejecutivos de firmas corporativas y financieras; crecientemente, en manos de chinos.

Hace unos días inauguraron la mayor piscina del mundo sobre la terraza de un hotel. Es el pepino de la izquierda. Abajo abrieron uno de los mayores casinos del mundo. El juego estaba prohibido hasta hace poco. Magnates chinos con sus putas de lujo, abuelas mandarinas cargadas de joyas con sus nietas de shopping. Navegaban en barquichuelas por un canal que recorría la planta baja del centro comercial que abrieron enfrente. Es la foto de la derecha.

Ayer condenaron a un suizo por hacer una pintada en un vagón de metro. Tuvo que importar antes los sprays. También están prohibidos. Pena: 3 zurriagazos y cinco meses en prisión. Quien me hable de represión estalinista en Cuba o de la sharia de los países islámicos, que venga aquí a grafitear.

Esta madrugada me largo a Camboya. Los jemeres rojos intentaron el «gran salto adelante» de Mao en plan express… y en tres años mataron a un tercio de la población. Los camboyanos fueron corderos sacrificados en nombre de la Guerra Fría. Sus verdugos recibieron el apoyo de quienes vencieron aquella guerra. Ellos son ahora uno de los pueblos más empobrecidos y mutilados (literalmente) del mundo.

Camboya es la cara oculta de Singapur… El desastre de la revolución campesina, frente al maoismo de mercado. Tras las luces del centro comercial, el atardecer en los campos de la muerte. Video, aquí… y cuidadín: genocidio en nombre del socialismo/comunismo, SÍ; PERO apoyado por China y EE.UU. TAMBIÉN.

Congreso sin red… y hotel sin cabina telefónica

Dos días más tarde de haber comenzado, me presento al Congreso. Lo recomendado en el primer post de este Cuaderno de Singapur funcionó: llegar exhausto al registro, balbucear el nombre falso, más verdadero que ningún otro, Jon Manteca, deletrearlo ante la estupefacción del sujeto que da los programas y acreditaciones. Con todo el cinismo, llegar incluso a preguntar si necesitan mi pasaporte… Pillar la tarjeta con mi nombre, como la que también cuelga de los cuellos de oveja de los congresistas, y largarse pitando… Silvando.

Es el primer congreso al que asisto que se celebra en un centro comercial. Nos han reunido en dos pisos de una torre del Suntec. Por abajo y por arriba, a derecha e izquierda de quienes pretenden debatir sobre comunicación, los asiáticos con pasta y en masa compran y venden, sin pausa y a toda ostia.

En los cubículos donde se celebra el congreso se reúnen tantos ponentes como espectadores. Prueba de que nadie más que ellos compran sus discursos. Evidencia de su endogamia. Luego van llegando más. La universidad siempre llega tarde. Me siento atrás y veo a algunos a punto de caer al suelo. Cabecean, dicen que por el jet-lag. De hecho duermen el sueño de los justos.

Acaban las presentaciones, salen de su somnolencia y hacen las preguntas de siempre, las que nunca sobran, cualquiera que sea el tema o el enfoque. “No acabo de entender cómo ha operacionalizado usted las variables”, si se trata de una ponencia con números. O «¿qué epistemología sustenta su heurística interpretativa?» si se trata de un rollo sobre otro rollo.Y todos los ponentes siempre responden que así o asá, pero que bien pudiera haber sido sisí o sasá; ji, ji, ja, ja… y a la siguiente.

Último apunte. En línea, que no online, con el último post. En dos putas plantas de un macro-centro-comercial como este, con cinco rascacielos que imitan los dedos de una mano, no existe otro acceso a Internet que el que muestra la foto.

Sólo diez conexiones para enchufar otros tantos portátiles; aunque hayamos venido una porrada de gente. En la foto está mi nuevo colega, Wong (como Cleopatra). Me dijo que era canadiense, pero que hacía aquí la tesis. Mencionó que Singapur era la ciudad más free wifi del planeta, que bastaba con comprar una tarjeta de teléfono y marcar tu código en él… Pero él estaba allí, sentadito y pegado al cable. No entiendo nada. No se explica.

Fuimos a por cerveza, y luego a por otros espirituosos asiáticos, de esos que contienen bichos blanquecinos flotando en la botella… Creo que Wong (ojalá hubiese sido Cleopatra) me acabó llevando al hotel. Me desperté con el pelo como él. Cuando bajé a recepción la cabina telefónica que había dentro del hotel (en la calle no existen) había desaparecido… sólo quedaban algunos cristales del destrozo. Los siete chinos, casi menores de edad, que están siempre parapetados tras el mostrador del hall, me sonrieron aún más que lo normal. Sus ojillos, cargados de miedo, apenas parecían rendijas… El licor de lagartija que me hizo beber Wong (el canadiense, ¿Cleopatra?) había sacado de mí lo peor, o lo mejor… ¡Qué revival! ¡Esto sí que es renacer en Asia! Creo en la reencarnación.

Desde Singapur con nostalgia y una nueva vida… Reviviendo lo que nunca debimos dejar de ser. Porque nunca más repugnantemente cierto ahora que «El mejor sitio para descansar es la Universidad», como también canta Triángulo de Amor bizarro.

Enseñando el cuchillo en Singapur.


«Lllevar navaja siempre es conveniente», dice Triángulo de Amor Bizarro.

Hubiera querido presentarme en el congreso de esta guisa. Como el pavo de la izquierda. Diciendo: ¡Os convertiré en ofrenda… sus vais a enterar!

Por fin, logro subir imágenes al blog. Lo hago desde el hall del hotel. Parapetado tras una columna, he pillado un hilllo de wifi lo bastante potente. Nadie me ve. Pero miro al techo y descubro una cámara justo encima. Paso. Sigo. Malo será…

Las imágenes son de una exposición en el Museo de Arte Nacional sobre los orígenes del cine en Singapur. Las raíces del apogeo experimentado décadas más tarde con la peli de Cleopatra Wong, la excusa que me ha traído hasta aquí.

Si hubiese logrado llegar a presentar mi ponencia (otro día cuento por qué no pude) hubiera querido concluirla proyectando la imagen completa de la derecha. Afirmando antes de la escabechina malaya a la que procedería antes de que abandonasen la sala: «Os ofrendo a los dioses de la Academia, porque hace tiempo no representáis más que eso: Vidas imitadas». Y pagarían cara su impostura.